sábado, 4 de julio de 2015

La dura misión del profeta

La palabra profeta no significa principalmente la capacidad de predecir el futuro,sino más bien la misión de hablar de parte de Dios. La Biblia utiliza el término "hombre de Dios"  y también "vidente" para referirse a los profetas. Los profetas reciben una vocación y una misión de parte de Dios y normalmente es dura y difícil de realizar. El caso emblemático es el del profeta Jeremías que  a partir de su juventud cuando Dios lo llamó se dedicó a presentar el mensaje de Dios a un pueblo, a los reyes y demás altos cargos de la Judea del siglo VI antes de Cristo y no le hicieron caso. Dios lo mandó dictar su mensaje a su secretario Baruc y se dieron al rey, que al leerlo iba quemando cada página. Lo metieron en un hoyo. Incluso se quejó amargamente a Dios por dureza de la misión profética y del hecho de que no le hacían caso.

Hoy hemos escuchado un pasaje del profeta Ezequiel, que recibió un vocación profética en Babilonia, lo que es ahora Iraq, adonde había sido exiliado con otros muchos en el año 593 a. C. Le tocó presentar el mensaje de Dios a sus compañeros de exilio que se sentían desesperados y no comprendía cómo pudo el rey de Babilonia atacar Jerusalén y llevarlos al exilio. Les parecía que Dios los había abandonado. En primer lugar, Ezequiel indica que el Espíritu entró en él y lo puso de pie y le entregó el mensaje a entregar al pueblo. Los llama "un pueblo rebelde", y no solo sus contemporáneos sino también sus antepasados habían rebelado contra Dios, no cumpliendo su ley, poniendo su confianza en alianzas con grandes potencias etc. Los llama "duros y obstinados".

El profeta es uno que se ha sentido fuertemente sacudido por el Espíritu de Dios y con una obligación grave de comunicar al pueblo el mensaje recibido de parte de Dios. Para Jeremías era como fuego dentro de su corazón y pese a sentir la dureza de la misión, el rechazo del pueblo, no podía dejar de proclamar lo que el Señor le mandaba.

Ezequiel fue enviado a su propio pueblo "duro de cerviz, obstinado  y rebelde". Lo importante es que el profeta les anuncie la palabra de Dios, aunque sean "una casa rebelde y sabrán que un profeta ha estado en medio de ellos". También Jesús, según lo que hemos escuchado en el evangelio de hoy, encontró esa misma dureza en los de su pueblo. Ellos lo menospreciaban porque lo conocían, conocían a su Madre, María y as sus demás familiares, y se preguntaban de donde le salió todo eso. El mismo Jesús comentó: "Ningún profeta está sin honor excepto en su lugar de nacimiento y en su propia casa".

La misión profética de Jesús se comunicó a la Iglesia e incluso a cada uno de nosotros por nuestro bautismo. Jesús es Profeta, Sacerdote y Rey, y nosotros participamos por nuestro bautismo en estos tres oficios o misiones de Jesús en medio de su Iglesia. ¿Cómo se puede ser profeta hoy en día? Los profetas fueron enviados por Dios sobre todo en momentos de crisis del pueblo, cuando peligraba su fe. ¿Acaso hoy en día en la Iglesia no hay problemas, rechazo de la doctrina de la Iglesia incluso de parte de los mismos católicos? ¿Cómo es que tantos que fueron bautizados católicos se van con las sectas evangélicas donde aprenden a odiar a la Iglesia? Si hacemos un examen de conciencia, no solo personal, sino también si examinamos la sociedad en la que vivimos, veremos que está lejos de ser lo que Dios quiere. ¿Cuántos verdaderamente se guían en su vida por los mandamientos de la ley de Dios? Hagamos un repaso de los diez mandamientos de la ley de Dios para descubrir cómo vamos nosotros y la misma sociedad en su cumplimiento? Recientemente ha habido propuestas de ley acerca del aborto en caso de violaciones que sería luego una coladera para más casos; igualmente el así llamado matrimonio gay etc. Solo la mitad de las parejas están casadas siquiera civilmente, menos gozan de la gracia del Sacramento del Matrimonio. El adulterio está a la orden del día.

Todos somos conscientes de la importancia fundamental de la participación en la misa dominical para cualquier católico. El Concilio Vaticano II afirma que es el centro y culmen de toda la vida cristiana. ¿Y qué porcentaje de los católicos peruanos  participan regularmente en la Misa dominical? ¿Veinte por ciento? Tienen tiempo para ir al mercado y hacer una gran cantidad de cosas consideradas urgentes el domingo, mientras no se dan cuenta de lo que es la cosa más importante. No atienden a la convocación del Señor para que estén con Él y reciban la fuerza de su Palabra y de la comunión con él para alcanzar la verdadera felicidad, la paz y poder tener la fuerza para amar a Dios y el prójimo como Él quiere.
¿Nosotros hemos hecho algo para invitar a familiares, amigos o compañeros de trabajo para que vuelvan a la Iglesia, a participar en la Santa Misa? Es cierto que hay madres de familia que urgen a los hijos a que no abandonan la práctica de la participación en la Misa y también que participen en algún grupo parroquial u otro. No es fácil y a veces los que invitamos nos echan en cara nuestros defectos como pretexto. ¿Y si no hiciéramos ningún esfuerzo por mejorar nuestra vida, por ser virtuosos, solidarios, caritativos y comprensivos, y si no contáramos con la fuerza que viene del Señor, no es cierto que nuestro comportamiento sería peor? Los que nos dicen estas cosas manifiestan su falta de sensibilidad, de virtud,de caridad y manifiestan que tienen una gran necesidad de la ayuda del Señor para poner en orden su vida. Hagamos un esfuerzo por vivir la vocación profética que hemos recibido en el bautismo intentando acercar a otros a la Iglesia que es Cuerpo y Esposo de Jesucristo, Casa de Dios y su morada en medio de los hombres.


sábado, 27 de junio de 2015

DIOS NO HIZO LA MUERTE

Nuestra primera lectura de hoy tomada del Libro de la Sabiduría, considerado por los exegetas el último libro del Antiguo Testamento escrito en el siglo anterior al nacimiento de Jesús, incluso alrededor del año 50 a.C, afirma: "Dios no hizo la muerte, ni goza destruyendo a los vivientes. Todo lo creó para que subsistiera...." Tal afirmación tan rotunda parece contradecir una realidad empírica que podemos constatar todos los días, es decir, el hecho de que todo ser viviente necesariamente cumple su ciclo de vida y muere, así también el hombre que forma parte, aunque en la cúspide de los seres vivientes. Los seres materiales como los edificios antiguos nos quedan como ruinas, pero con el paso del tiempo  se van deteriorando inexorablemente, cuánto más cualquier ser viviente. Todos están destinados a morir,  a desaparecer. ¿Cómo se puede explicar esta afirmación de la Biblia?

En primer lugar, en la Biblia el concepto de vida no se reduce a la vida biológica. Más bien es un concepto teológico. Dios es el que vive por antonomasia y vivir significa estar en comunión con él. Esta idea queda simbolizada en el libro del Génesis en el relato de Adán y Eva en el paraíso. Ellos se encontraban en comunión con Dios, que según el modo antropomórfico de expresarse el autor sagrado, paseaba en el jardín en el fresco de la tarde. Obviamente no hemos de tomar tales afirmaciones en el sentido literal, sino simbólico. Luego cuando se rebelaron contra Dios y fueron expulsados del paraíso, su situación cambió radicalmente. Es decir, el pecado provocó un cambio radical en la vida del hombre y en el mundo entero, pues en buena medida la Biblia es un relato de los estragos provocados por la multiplicación del pecado y al mismo tiempo el hecho de que a pesar de todo Dios jamás se desesperó del hombre sino incluso hasta mandar a su Hijo a este mundo para llegar al extremo de la muerte en la cruz. Por lo tanto, podemos afirmar que aquí no se trata de contradecir un hecho evidente como es la muerte inevitable de cada ser vivo.El pecado provocó una situación de des-gracia, de falta de aquella comunión e intimidad con Dios que se tenía que realizar en la vida de todos los hombres. El pecado original fue una suerte de encrucijada y nuestro primeros padres escogieron la vía equivocada de manera que todos fuimos afectados por esta primera opción. Dios no abandonó al hombre sino, como dice la Cuarta Plegaria Eucarística, "tendiste la mano a todos para que lo encuentre el que lo busque". Abrió otro camino, pero ese camino pasa por la cruz, pues a través de la muerte de su Hijo en la cruz y su resurrección  abrió el camino al cielo para todos nosotros cargando sobre sí todo el peso del pecado del hombre desde Adán en adelante.

En segundo lugar, este cambio radical que produjo el primer pecado y que fue reafirmado por todos los pecados posteriores provocó un cambio radical en el modo como el hombre experimenta y anticipa la muerte. Hoy en día tratamos por todos los medios de no pensar en la muerte y prolongar la vida con la esperanza de que cada vez más va a haber mejores servicios médicos que nos ayudarán a evitar el dolor y vivir más años. En todo caso la idea de la muerte, sea la propia como la de nuestros seres querido provoca en nosotros una tremenda angustia, un rechazo instintivo no solamente al dolor que suele acompañar el hecho de morir sino todo el misterio de la muerte, el no saber qué viene después etc. Además, si reflexionamos sobre nuestra vida seguramente encontramos muchas deficiencias, egoísmo, defectos no superados y virtudes no cultivadas. Recordemos la parábola del mayordomo según la cual su señor le dice: "Dame cuenta de tu administración porque ya no vas a ser administrador".

¿Podemos imaginarnos cómo pudiera  ser la muerte  sin el pecado? La tradición cristiana sostiene que la Santísima Virgen María "se durmió" y la fiesta que llamamos la Asunción se llamaba la Dormición o también el Tránsito. Ella estando totalmente libre de cualquier pecado, tanto original como personal, experimentó la muerte como una dormición. Tanto el texto de la definición dogmática del misterio de la Asunción de parte del Papa Pío XII en 1950, como el Catecismo dicen que "terminada su vida terrena", fue asunta al cielo. Obviamente cuando nos retiramos a dormir no andamos con angustia sino que tranquilamente pasamos de estar despiertos a dormidos sin darnos cuenta, tranquila y serenamente. Algo así debió de ser el paso de María a la vida eterna y hubiera sido la nuestro si no hubiera habido pecado.

También nuestro evangelio de hoy trata el tema de la muerte. el jefe de la sinagoga Jairo, pidió insistentemente a Jesús que fuera a curar a su hija que estaba en grave peligro de muerte. Jesús se pone en camino hacia la casa de Jairo y en el camino se presenta la mujer con el flujo de sangre que toca el manto de Jesús y la cura de su enfermedad. Finalmente llega a la casa de Jairo y le dicen a éste que la niña ya ha muerte y para qué molestar al Maestro. De hecho ya estaban la plañideras que en aquella época como en épocas posteriores se dedicaban a llorar y lamentar la muerte de una persona. Jesús  le dice al jefe de la sinagoga, "No temas, basta que tengas fe". Esta invitación de poner nuestra confianza totalmente en el Señor es algo que se repite constantemente en toda la Biblia. Así también con Jesús,  y sólo con la fe Jesús puede hacer milagros, pues en una ocasión dice el evangelista que no pudo hacer milagros porque la gente no tenía fe. Jesús dice que la niña no está muerta sino que duerme. Podemos imaginarnos cómo la gente y los familiares tomaron esta afirmación. Parecería un insulto y una tomadura de pelo y de hecho la gente se mofa de él. Notemos que dice que "duerme".

Jesús manda echar a toda la gente, plañideras y demás, llegando al lado de la niña muerta con sus padres. San Marcos nos conserva las mismas palabras que pronuncia Jesús en su propia lengua, el arameo: Talita koumi, que significa "Niña, levántate" y enseguida se levantó y la entregó a sus padres. En este caso en el  caso de la resurrección de Lázaro y del hijo de la viuda de Naín, se trata de una resucitación en la que Jesús hace volver a esta vida a estas tres personas. Sin embargo, no deja de ser un signo de lo que será luego la resurrección nuestro "en el Señor". San Pablo recuerda a los corintios el hecho de que si no creemos en la resurrección, en nuestra futura resurrección para estar con el Señor para siempre, somos las criaturas más miserables y nuestra fe es vana.

¿Cómo debemos abordar el tema de la muerte y la angustia que naturalmente provoca de manera que intentamos no pensar en ella. Ciertamente por no pensar en ella no va a dejar de tocar a nuestra puerta un día posiblemente en el momento que menos pensamos. Ante todo hemos de aumentar nuestra fe, nuestra confianza en Jesús que a través de la cruz nos ha liberado de la segunda muerte, o la muerte eterna. San Pablo enseña en su Carta a los Romanos que hemos "con-muerto con Cristo, hemos sido sepultados con él y hemos resucitado con él" (ver Rom 6,3-5), todo esto simbólicamente en el bautismo, pero no por simbólico menos real. Ya mencioné la importancia de la confianza en Dios, en la fe, expresada por Jesús en el momento de llegar a la casa de Jairo cuando le dijeron que la niña estaba muerta. Nosotros también tenemos que aumentar cada día nuestra confianza en el Señor, reforzar nuestra fe en su Palabra y en su Presencia en la Eucaristía y los demás sacramentos. La Iglesia se preocupa mucho porque los fieles que se encuentran en peligro de muerte sean socorridos por los sacramentos. Pide a los sacerdotes, de manera especial a los párrocos a dar una gran prioridad a este ministerio de acompañar y administrar el Sacramento de la Penitencia o la Reconciliación, de los Enfermos y la Eucaristía como viático a los moribundos. También hay hermosas oraciones en el ritual que pueden ayudar a consolar tanto a los familiares y amigos del moribundo como él mismo. Ante todo, lo que la Iglesia quiere para nosotros al momento de morir o poco antes es que recibamos la Eucaristía, para que de la mano del Señor en le Eucaristía como pan para el camino nos lleve consigo a la vida eterna. A lo largo de los siglos ha existido la convicción de que el demonio se hace muy diligente en el momento de la muerte de los fieles, de manera que se nos ofrece la fuerza para superar cualquier tentación en ese momento final.

Hoy en día, en la cultura secularista en la que vivimos, muchos, incluso católicos le dan más importancia a los cuidados médicos que posiblemente nos podrán alargar la vida terrena y se olvidan de la importancia de llegar bien preparados al encentro con el Señor como Juez de Vivos y Muertos. Es obvio que él quiere que lleguemos a la vida eterna con los ángeles y los santos, pero en el caso de un católico fiel que no se encuentra en el estado de pecado moral,  puede que haya aspectos de su vida que sean un obstáculo para que pueda llegar inmediatamente a gozar de  la vida eterna, egoísmos, vicios, falta de caridad fraterna, y otros pecados veniales. Si esta es el caso, nos tocaría lo que se llama el purgatorio, que es un estado de purificación para que podamos liberarnos de todo obstáculo y entrar en la plena comunión con el Señor en el cielo. Por este motivo oramos por los fieles difuntos y ofrecemos misas por su eterno descanso. Obviamente, lo mejor es llegar bien preparados a ese momento y no necesitar la purificación. En el libro del Daniel el Señor dice "Has sido pesado en la balanza y has sido encontrado falto de peso" (Dn 5,27). No nos olvidemos de las grandes verdades de nuestra vida, entre ellas la muerte y el juicio, no para vivir en la angustia, sino confiando en el Señor evitando el pecado y creciendo en el amor a Dios y al prójimo para que lleguemos a escuchar el juicio que el Señor quiere pronunciar sobre nuestra vida: "Vengan, benditos de mi Padre a recibir el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo" (Mt 25,34)


sábado, 20 de junio de 2015

Tormenta en el Lago de Galilea

 En el evangelio de este domingo hemos escuchado el relato de la tormenta en el mar de Galilea. Éste es uno de los relatos que se encuentra en los cuatro evangelios. Seguramente dejó una honda impresión en los apóstoles y lo fueron contando a sus comunidades y éstas a otro hasta que llegó a escribirse en primer lugar de la mano de San Marcos.

Siempre que nos encontramos a los apóstoles en una barca se nos viene la imagen de la Iglesia, la barca de San Pedro, zarandeada por las olas. Parece que aun hoy en el lago de Galilea surgen tormentas fuertes imprevistas de un momento a otro y provocan gran angustia entre los pescadores. Aquí se trata de una de estas tormentas. San Marcos nos da unos detalles de lo peligroso de la situación indicando que "las olas rompía contra la barca y se estaba llenando de agua". Jesús se encuentra dormido en la popa sobre un cojín".

Los Padres de la Iglesia han interpretado este episodio como la travesía de la Iglesia a lo  largo de los siglos por las aguas borrascosas de la historia en las que encuentra muchas tormentas. Si estudiamos siquiera someramente la historia de la Iglesia nos damos cuenta de que en bastantes ocasiones parecía que la Iglesia iba a hundirse ante las tormentas que la atacaban. Así fue en el silgo XVI cuando se dio la Reforma Protestante que provocó la división de la Iglesia con la consecuente pérdida de gran parte del norte de Europa y tremendas guerras religiosas que provocaron grandes estragos en muchos países. De manera semejante se dio otra crisis en la ocasión de la Revolución Francesa y el posterior régimen napoleónico provocó grandes perdidas para la Iglesia con muchos mártires. Sin embargo, aunque obviamente no salió ilesa de estas tormentas, fueron seguidas de períodos que dieron a la Iglesia  grandes santos y mucha  actividad misionera. La Iglesia se dirige "al otro lado", es decir, a la vida eterna e inevitablemente sufre muchos y graves embates del demonio.

Finalmente los apóstoles llenos de terror despiertan a Jesús y le dicen: "¿Maestro, no te importa que que naufragamos? El se levantó, increpó al viento y ordenó al lago: Calla, enmudece. Jesús les dice: ¿Por qué son cobardes? ¿Aún no tienen fe?
Aquí aparece una palabra clave, la fe. En el hebreo del Antiguo Testamento la palabra fe de la raíz aman, de la que proviene también la palabra amén, significa estar firme. En griego es pistis que significa no solamente acoger unas verdades doctrinales sino confiar. "Confiar en el Señor" es uno de los conceptos claves de toda la revelación bíblica resaltado en ambos testamentos. En el evangelio siempre es la condición para que Jesús pueda realizar cualquier milagro.

Puede parecer escandaloso que Jesús se encuentre dormido en medio de tanto peligro para los apóstoles o en el caso de la Iglesia a lo largo de los siglos, en medio de tantas tormentas y embates sobre ella. No es que no esté presente o se tenga cuidado de nosotros individualmente o como Iglesia, sino que nos hemos olvidado de Él hasta que llega la tormenta. San Agustín interpreta este episodio de esta manera: "Cuando se dice que duerme él, somos nosotros quiénes dormimos, y cuando se dice que se levanta él, somos nosotros quienes nos levantamos. El Señor dormía también el la nave, que zozobraba porque dormía Jesús. Si Jesús hubiese estado despierto, no hubiera zozobrado. Tu nave es tu corazón. Jesús estaba en la nave: la fe habita en tu corazón. Si traes a la memoria tu fe, no vacilará tu corazón; si olvidas la fe, Cristo duerme y el naufragio está a la puerta. Por tanto, haz lo que falta, para que si se encuentra dormido,(Comentario al salmo 34,1,3. 

Nuestro mundo contemporáneo se encuentra en una situación de olvido de Dios, o secularización. Cada vez más se organiza la sociedad como si Dios no existiera. El Estado propicia ataques constantes en contra de la familia y el matrimonio. Tenemos propuestas de ley para matar a través del aborto a los no nacidos concebidos como resultado de la violación. A  muchos señores congresistas les parece bien que en vez de que haya una víctima de la violación haya dos, la mujer y el no nacido totalmente inocente. Uno de ellos dijo que "el Estado no puede hacerse cargo de estos niños", por lo cual piensa que queda justificado el matarlos. Otra dijo que "el derecho a la vida no es absoluto". Pero si no es absoluto, ¿quién decide cuando se va a matar a los inocentes y a cuáles? Recientemente en Chile, se dio una manifestación ante el Palacio de la Moneda de parte de personas con Síndrome Down, pues en los así llamados "países desarrollados" que los países de América Latina desean emular, la casa totalidad de los fetos con síndrome Down son abortados. En esto consiste el progreso, como también el así llamado "matrimonio gay", que ni es matrimonio ni es gay, ni los que supuestamente se casan son capaces de casarse de verdad.

En la vida de un gran porcentaje de los Católicos la fe influye poco o nada en sus decisiones diarias. ¿En un país considerado católico como el Perú, cómo es que se dan tantas estafas, cómo es que la vida política consiste en tanta corrupción, peleas y acusaciones de unos contra otros, que la delincuencia aumente exponencialmente? ¿Qué pasa con la Iglesia cuando hay una sangría constante de católicos bautizados que se unen a las sectas evangélicas porque la Iglesia no se ha preocupado de convocarlos, evangelizarlos e integrarlos en la vida comunitaria de las parroquias?  ¿Cómo es que en el Perú la mitad de las parejas son de hecho, conviven sin el Sacramento del  Matrimonio, cosa que en otros países está en aumento y no se daba antes?  Luego en las familias se dan muchos conflictos, falta la paciencia y la capacidad de dialogar, de escuchar y comprender lo que pasa con el otro? ¿Cómo es que tantos católicos ni se esfuerzan por participar en la Eucaristía que es el gran Misterio de nuestra fe, la presencia y la visita del mismo Jesucristo, Dios y hombre a nosotros, la proclamación de su Palabra y el debido culto a Dios?  Todos estos y otros males se deben en buena medida a la pérdida o el debilitamiento de la fe en el corazón de muchos católicos, de manera que Jesús se encuentra dormido en nuestro interior y las virtudes, entre ellas la fe,  son como un músculo que si no se ejercita se debilita. Antes se requería dos generaciones para que los así llamados "católicos no practicantes" se convirtieran en ateos o agnósticos, ahora este período se ha reducido a una generación. Antes las ideas ateas, agnósticas y antireligiosas afectaban a una pequeña porción de la sociedad, algunos filósofos e intelectuales, mientras hoy en día influyen en todos a través de los medios de comunicación que promueven la frivolidad, la primacía de lo económico, los anti-valores.

Si debido al debilitamiento de nuestra fe Jesús parece ausente, dormido dentro de nosotros, puede que las sacudidas de las tormentas que todos tenemos que enfrentar en la vida sea la manera que Dios tiene para despertarnos de nuestro letargo espiritual y lograr que de una vez pongamos nuestra confianza en el Señor. Hace un par de días leía un articulo en Internet acerca de la esclavitud. Los tremendos sufrimientos de los esclavos africanos traídos a América a partir del siglo XVI son bien conocidos, pero en aquellos siglos se dio otra esclavitud en el mundo mediterráneo, de manera especial en Italia y España de parte de piratas musulmanes que atacaban los pueblos y ciudades costeros y llevaba al norte de África un gran número de personas para convertirlas en esclavas (de allí el dicho "moros en la costa"). El tratamiento que les propinaban sus captores musulmanes era absolutamente atroz, de manera que se calcula que un 20% de las víctimas moría cada año. El artículo entrega unos detalles espeluzantes acerca de las condiciones en las que tenían que vivir estas personas raptadas de sus pueblos natales. Probablemente el personaje más famoso que sufrió este tipo de esclavitud fue el gran novelista Miguel de Cervantes, que fue liberado por los Padres Trinitarios que juntamente con los Padres Mercedarios se dedicaban a la misión de la redención de los cautivos de las mazmorras moras. Él manifestó un gran espíritu cristiano en tales circunstancias permitiendo que otros fueran liberados antes de él.  Lo que más me impresionó del artículo que se basa en un estudio serio de un norteamericano llamado Davis, fue la fe de esta gente. Resulta que siempre se encontraban unos sacerdotes también ellos raptados y hechos esclavos en África. Los esclavos procuraban encontrar oportunidades para confesarse con uno de los sacerdotes y en el caso frecuente de peligro de muerte recibir el Sacramento de la Unción de los Enfermos, pese a que tenían que trabajar turnos extra para que los sacerdotes pudieran dedicar tiempo a estos ministerios. Muchos de ellos también veían su estado de esclavitud como una suerte de penitencia permitida por Dios por sus pecados. En cambio, nosotros que tenemos cerca la Iglesia a veces no somos capaces de organizar nuestro domingo para participar en la Santa Misa.

Ojalá el Señor nos dé la gracia hoy de despertar de letargo espiritual en el que posiblemente vivimos y lograr también que el Señor se despierte en nuestros corazones para que aumente cada día nuestra fe.

sábado, 13 de junio de 2015

Caminamos por la fe, no por la vista

Este domingo volvemos al Tiempo Ordinario o Tiempo Durante el Año que nos llevará hasta el final del Años Litúrgico que culmina con la Solemnidad de Jesucristo Rey del Universo.

¿Qué significa la frase de San Pablo tomada de sus Segunda Carta a los Corintios que escuchamos hoy como segunda lectura? La meta de nuestro camino es la comunión con Dios Padre a través de Jesucristo Nuestro Señor por la acción del Espíritu Santo y con todos los ángeles y santos, o lo que llamamos el cielo. No es que la razón no tenga un papel importante en nuestra vida y que de alguna manera participe de la Providencia de Dios al guiarnos por este mundo, pero como nuestra meta está más allá de la capacidad de la razón y no podemos alcanzarla por medios meramente humanas, se requiere la fe en Dios.

Nuestra primera lectura está tomada del Profeta Ezequiel. Él fue uno de los exiliados que fueron llevados de Jerusalén a Babilonia en la primera deportación del año 693 antes de Cristo. Recibió su misión profética en Babilonia y se dirigía a sus compañeros en el exilio. Ciertamente ellos tenían motivos para estar desesperados, pues formaban parte de la élite del país y fueron expulsados de sus casas y de su tierra y llevados a una tierra extraña. Se trataba de una verdadera crisis de fe, pues ¿cómo es que Yavhé su Dios los había abandonado y permitido que el rey de Babilonia les hiciera un semejante barbaridad?

Dios, a través del profeta les hace a aquel grupo de exiliados desesperados una gran promesa: Tomaré la copa de un cedro del cedro alto y encumbrado; cortaré un brote de la más alta de sus ramas y yo o plantaré en un monte elevado y señero" (17,22). Se trata de una promesa poco verosímil en las circunstancias.  Es una promesa de la restauración del pueblo de Israel en su tierra e incluso promete que "a la sombra de su ramaje anidarán todas las aves". Es decir, que Israel volverá a triunfar precisamente porque "yo, el Señor, lo digo y lo hago".   Aquí se necesita una gran dosis de fe, pues lo que promete el Señor parece simplemente fuera de toda posibilidad en aquel momento.

EL evangelio que hemos escuchado hoy está tomado de San Marcos, nuestro evangelio de este año y nos presenta tres parábolas. En primer lugar Jesús cuenta que el crecimiento del  Reino de Dios se parece al de la semilla de que agricultor sembró en su campo y día a día se levanta, se acuesta y sin saber cómo va creciendo la semilla hasta dar su fruto. San Pablo dice que "estamos llenos de confianza" intenta agradar al Señor sea que se encuentra "el el cuerpo", es decir, todavía en este mundo o con el Señor en el cielo. La confianza es un aspecto fundamental de la fe. Ciertamente, la fe incluye el hecho de que creemos en una doctrina revelada por el Señor que profesamos en el Credo, pero también ponemos nuestra confianza en el Señor y tenemos la seguridad de que el Reino va creciendo y avanzando, incluso cuando estamos dormidos. Nuestra recompensa, la meta del camino en el que estamos caminando depende de "nuestra vida en el cuerpo, de  lo que hacemos cada día en este mundo, de si caminamos según la fe.

Jesús procede a contar la parábola de la semilla de mostaza, que el reino de Dios es semejante a tal semilla, "la más pequeña de todas las semillas", pero poco a poco va creciendo y se va convirtiendo en un arbusto frondoso y volvemos a encontrar la misma afirmación acerca de que "las aves del cielo hacen sus nidos en él".  ¿Qué significa esto? Aquí Jesús se refiere a su Iglesia, que en los primerísimos tiempos, como podemos leer en los Hechos de los Apóstoles, era casi nada, como la semilla más pequeña de todas. Sin embargo, a lo largo de los siglos, incluso en la misma época en la que vivían los apóstoles, se extendió a muchos países y poco a poco fue transformando el mundo, el interior de las personas y contribuyendo al establecimiento del Reino de Dios en el mundo. Las obras de Dios funcionan así, comienzan con unos pequeños inicios que comparado con las grandes instituciones del mundo, por ejemplo, en tiempos de Jesús y los apóstoles, el Imperio Romano, sin embargo como una buena semilla, aunque pequeña, tenía la virtualidad de crecer y llegar a ser muy grande y frondosa. Por ello, los apóstoles tenían que tener una grandísima dosis de fe para lanzarse al mundo hostil tanto de los propios judíos como los paganos con el mensaje de Jesús y su testimonio.

Nuestra fe proviene del testimonio de los apóstoles que proclamaron con tanta convicción la buena noticia de la muerte y resurrección de Jesús, que el mundo, la vida de cada persona en ella no estaban abandonados al mero destino y a la fatalidad. Ellos habían visto, escuchado y tocado a Jesucristo "el Señor de la vida" tanto antes de su muerte en la cruz como después cuando resucitó a una vida nueva y plena como  "primicia", o el "primer nacido de entre los muertos", que no todo termina en el mal y la muerte sino que Dios, "nos ha hecho nacer de nuevo para una esperanza viva, a una herencia que no puede destruirse, ni mancharse, ni marchitarse, reservada para ustedes en el cielo. Porque gracias a la fe, el poder de Dios los protege para que alcancen la salvación dispuesto a revelarse el último día" (1 Pe 1,3-5)

¿Cómo  caminar según la fe? Ciertamente, tiene un componente de interés en conocer la Palabra de Dios que se encuentra en la Sagrada Biblia y que explica la Iglesia, pues en nuestro bautismo fuimos bautizados en la fe de la Iglesia. Muchos católicos tienen un conocimiento vago e impreciso de lo que enseña la Iglesia. Existe el Catecismo de la Iglesia Católica y su Compendio, que es una versión más breve en la forma de preguntas y respuestas. Podríamos escuchar Radio María que nos puede ayudar a conocer la doctrina de la Iglesia, la vida de los santos, que también es de gran importancia. San Lucas en dos ocasiones nos recuerda en su relato del nacimiento e infancia de Jesús que María meditaba y ponderaba en su corazón las cosas que iba viviendo, los misterios en los que ella misma iba participando. Nosotros debemos imitar este ejemplo y no es que nos exija una gran cantidad de tiempo. Muchos santos se preguntaban en cada circunstancia "¿que haría Jesús en esta situación?"  Si nos hacemos esta pregunta a lo largo de nuestro día y rescatamos momentos muertos para elevar nuestra mente y nuestro corazón al Señor, aumentando nuestra fe y amor a Dios de esta manera, el Espíritu Santo nos iluminará y nos indicará el camino a seguir en cada circunstancia.  También tenemos a nuestro Ángel de la Guarda a quien debemos de acudir en cada circunstancia para que nos guíe y conduzca por el camino de la fe y el seguimiento del Señor, pues si caminamos por la senda de la fe, necesitamos aumentar esa fe cada día pidiendo al Señor la gracia de aumentar nuestra fe, y a María Santísima y los santos que intercedan por nosotros y nos acompañan por el camino de la fe, que a veces puede ser oscuro.

sábado, 6 de junio de 2015

El Cuerpo y la Sangre del Señor como Sacrificio

Este domingo la Iglesia celebra la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre del Señor, tradicionalmente conocida como Corpus Christi. Hay que decir que impresiona profundamente la unanimidad de los Padres de la Iglesia acerca de la doctrina de la Eucaristía, tanto como Presencia Real o lo que en la Edad Media se llegó a denomina transubstanciación, es decir que toda la realidad de Jesucristo, su cuerpo y sangre, humanidad y divinidad se hace presente en las especies del pan y de vino, se transforma, como también el otro aspecto fundamental de la doctrina eucarística o el sacrificio de la misa. A lo largo de la Edad Media se dieron varias controversias acerca de la presencia de Jesús en la Eucaristía, y al llegar al siglo XII, fue Santo Tomás de Aquino quien entregó a la Iglesia la síntesis más acabada de la doctrina de la Eucaristía, tanto el aspecto de su presencia real en las especies del pan y del vino, como el aspecto sacrificial, como prolongación y actualización el único sacrificio de Jesucristo en la cruz.

También en el siglo XII, probablemente como resultado de los cuestionamientos de la doctrina de la transformación del pan y del vino en el cuerpo y sangre de Cristo, un cierto número de sacerdotes y fieles llegaron a dudar de este dogma. En la época se dieron varios milagros eucarísticos, el más famoso siendo el que se dio en Bolsena cerca del a Catedral de Orvieto, una pequeña ciudad no lejos de Roma, cuando al celebrar la misa un sacerdote proveniente de Bohemia, el corporal quedó manchado con la sangre del Señor. Esta reliquia queda el la misma catedral hasta el día de hoy. También una monja en Lieja en lo que es ahora Bélgica, recibió una revelación privada del Señor que le pedía que la Iglesia instituyera esta fiesta del Cuerpo y la Sangre del Señor.

Las controversias se volvieron a dar en la época de la Reforma Protestante. Lutero no estaba dispuesto a rechazar la doctrina de la presencia de Jesús en las especies del pan y del vino, pero introdujo un concepto equivocado que se denomina impanación, o la permanencia del pan mientras se afirma la presencia del cuerpo de Jesús, mientras Zwinglio, reformador suizo, sostenía una concepción simbólica de la Eucaristía. Debido a su falta de comprensión de la verdadera naturaleza de la Eucaristía como sacrificio y su deficiente conocimiento tanto de la Sagrada Escritura como de los Padres de la Iglesia, los Protestantes rechazaron tajantemente la doctrina católica del sacrificio de la misa, o de la renovación el único sacrificio de Cristo en la cruz en la celebración de la Santa Misa.  Tal petición fue aprobada por el obispo del lugar, y posteriormente por el Papa Urbano IV que era del mismo lugar y conocía los hechos. El Papa  encomendó a Santo Tomás de Aquino la redacción del Oficio Divino para la nueva fiesta. El Santo Doctor puso manos a la obra y compuso los maravillosos himnos conocidos hasta el día de hoy como Pange Lingua Gloriosa, Lauda Sion Salvatorem, Adoro devote.

La fiesta tuvo una gran aceptación de parte de los fieles católicos en todo el mundo de entonces. También después del Concilio de Trento, que también reafirmó la verdadera doctrina católica acerca de la Eucaristía, la fiesta del Corpus Christi con su solemne procesión adquirió un auge extraordinario como manifestación de la fe del pueblo católico en la Eucaristía, llegando así hasta nuestro días.

A partir de la reforma litúrgica mandada por el Concilio Vaticano II, muchos prefirieron ponen énfasis en el aspecto de banquete sagrado en referencia a la Eucaristía, olvidando o dejando en la sombra la doctrina del del sacrificio de la misa. No cabe duda de la veracidad de la doctrina de la Eucaristía como banquete, pues el mismo Santo Tomás de Aquino no deja de ponerlo de relieve, pero no está en pugna con el aspecto sacrificial.

Hoy en día el concepto de sacrificio se entiende poco, a no ser referido a algo difícil que uno está obligado a realizar. En cambio en la antiguedad, y de manera especial entre los judíos,  los sacrificios eran algo muy importantes en la vida de cualquier judío contemporáneo de Jesús. Es difícil exagerar la importancia del tiempo en la vida del pueblo, y el templo, obviamente era el lugar donde se realizaban los sacrificios. Había varios tipos de sacrificio, los holocaustos, tal vez los más conocidos, en cuyo caso de quemaba la víctima entera como ofrenda a Dios, representando simbólicamente la ofrenda de la vida entera al Señor. Había sacrificios de comunión en cuyo caso se quemaba parte del animal ofrecido, normalmente la parte más grasosa que ellos consideraban con la parte más valiosa, y otra parte se entregaba al sacerdote que realizaba el sacrificio, y parte se comía como símbolo de la comunión con Dios. No se ofrecía solamente animales sino también frutos y cereales, particularmente las primicias de la cosecha se ofrecían a Dios como acción de gracias por la cosecha.

Nuestras tres lecturas hoy se refieren a los sacrificios de sangre, en primer lugar en el libro del Éxodo con Moisés en el desierto. Se trata del sacrificio con el que se selló la alianza, o pacto sagrado del pueblo con Dios, su Señor, Ellos se comprometen cumplir todo lo que el Señor les manda. Se dice que Moisés tomó la mitad de la sangre y la colocó en recipientes grandes y la otra mitad la roció sobre el altar. Luego tomó el libro de la Alianza, es decir lo que al alianza estipulaba, sobre todo los diez mandamientos, y la gente prometió cumplirlos. Luego aspersó la sangre sobre el pueblo diciendo: "Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha hecho con ustedes de acuerdo con todas éstas sus palabras". Notemos que la sangre en la Biblia simboliza la vida.

Nuestra segunda lectura es un pasaje tomada de la Carta a los Hebreos. Se trata tal vez no de una carta, sino más bien una homilía. Se ha atribuido tradicionalmente a San Pablo, aunque hoy en día prácticamente no se considera directamente de San Pablo, aunque tal vez de alguno de sus discípulos, y sería de alrededor del año 80. Aquí tenemos una comparación entre la Antigua y la Nueva Alianza. A Jesucristo se le presenta como Sumo Sacerdote, cosa que no era común antes, pues entre los cristianos de los primeros tiempo, no es que el sacerdocio del templo de Jerusalén haya tenido gran prestigio debido a su actitud negativa respecto a Jesús en la Pasión y posteriormente a los apóstoles.

Nuestro pasaje de hoy  de la Carta a los Hebreos se refiere a la celebración de la Fiesta de Yom Kippur o la Expiación,  que se celebra el el mes de octubre. Entre los ritos prescritos para esta fiesta que tenía que ver con el perdón de los pecados del pueblo, el Sumo Sacerdote entraba por única vez en todo el año en la parte interior del Templo llamada Santo de los Santos, o lugar más santo. El primer templo de Jerusalén  fue construido por el Rey Salomón alrededor del año 950 y en esta parte interior se encontraba el arca de la alianza, una suerte de cofre con una escultura en madera de dos serafines encima y dentro contenía las tablas del decálogo entregadas a Moises en Sinaí y unos restos del maná, el alimento de los israelitas en el desierto. En 587 o 586, según el cálculo que uno sigue, ese tiemplo fue destruido por los babilónicos bajo el Rey Naboconodosor. Luego del exilio de Babilonio  fue reconstruido y a unas décadas del tiempo de Jesús fue ampliado y embellecido por el Rey Herodes el Grande. El Sumo Sacerdote aspersaba el recinto interior con la sangre del sacrificio de la expiación pidiendo a Dos el perdón de los pecados. El autor de la Carta a los Hebreos toma este episodio anual de los judíos y utilizando todo el lenguaje sacrificial del Antiguo Testamento afirma que: Jesucristo como nuevo Sumo Sacerdote entró una vez por todas en el santuario, no con la sangre de machos cabríos o toros. "Y se la sangre de machos cabríos y toros y la aspersión de las cenizas de un becerro pueden santificar a los que están manchados , cuánto más la sangre de Cristo, que a través del espíritu eterno se ofreció a sí mismo a Dios sin mancha, podrá limpiar nuestras conciencias de las obras muertas para rendir culto al Dios vivo".  Aquí obviamente, el autor se refiere a la ofrenda de sí mismo de parte de Jesús al Padre realizada una vez para siempre en la cruz.

Nuestro evangelio de hoy tomado del relato de la Última Cena según San Marcos utiliza también lenguaje sacrificial al referirse a la institución de la Eucaristía de parte de Jesús. En primer lugar, se trata de la celebración de la fiesta de la Pascua en la que se sacrificaba el cordero pascual en memoria de la intervención maravillosa de Dios a favor de su pueblo liberándolo de la opresión del Faraón en Egipto. Jesús introduce algo nuevo en la tradicional cena pascual de los judíos cuando dice "Tomen, esto es muy cuerpo". Y de manera similar tomó el cáliz dio gracias y lo pasó a ellos y todos bebieron de él. "Este es la sangre de la alianza, que será derramado por muchos. Les aseguro que no beberé más el fruto de la vid hasta el que que lo beba de nuevo en el reino de Dios".  Recordemos que en el libro del Éxodo, nuestra primer lectura, se trataba de sellar la alianza con Dios en Sinaí de la mano de Moisés con el sacrificio y la aspersión del altar y del pueblo con la sangre del animal sacrificado. Ahora se trata de la entrega, la ofrenda de Jesús, de su vida entera simbolizada por su sangre derramado el día siguiente en la cruz. Luego les mandó hacer lo mismo en memoria de Él.

Desde el mismos inicios de la vida de la Iglesia, como nos indica San Pablo en su primera carta a los corintios, c. 11,  se cumplía este mandato de Jesús, se renovab o se actualizaba ese mismo y único sacrificio de Jesús en la cruz, realizada una vez para siempre a través del sacrificio de la Misa.

Cuando Jesús manda a los apóstoles "haced esto en memoria mía", no se trata solamente de la repetición de un rito o un recuerdo meramente psicológico, sino de un compromiso de ofrecer nuestra vida en ofrenda, como sacrificio en comunión con él. Vivir según el modelo, el paradigma que él nos dejó. San Juan lo resume al inicio de su relato de la última cena cuando escribe: "Habiendo amado a los suyos que estaban en el mundo, los amó hasta el fin". Al recibir la sagrada comunión, el ministro nos dice "el cuerpo de Cristo" y respondemos "Amén", es decir, se nos entrega al mismo Jesús, su cuerpo, su vida entera y nosotros nos comprometemos en la fe a aceptarlo y vivir de la misma manera que Él, es decir, entregando la propia vida por los hermanos, que es la máxima señal de amor.

sábado, 23 de mayo de 2015

PENTECOSTÉS Y EL DON DE LENGUAS

Los cincuenta días de Pascua culminan con la gran fiesta de Pentecostés. Corresponde a la segunda gran fiesta de peregrinación del Pueblo de Israel y era la fiesta de la cosecha de la cebada. Así como la Pascua hacía memoria de del "paso" o "tránsito" del pueblo desde la opresión bajo el Faraón en Egipto  por el Mar de las Cañas llegando al desierto, donde iba a peregrinar el pueblo a lo largo de toda una generación para llegar finalmente a la tierra prometida, Pentecostés era la fiesta de la Alianza en el Monte de Sinaí, un momento fundamental en toda la historia de Israel. Para nosotros, cristianos, se trata del inicio de una nueva etapa en la historia de la salvación, la venida del Espíritu Santo y el nacimiento de la Iglesia, el nuevo Pueblo de Dios, Cuerpo y Esposa de Cristo guiada por la historia por el Espíritu Santo, tal y cómo Jesús había prometido en su discurso de despedida a los apóstoles en la Última Cena. "Si no me voy, no vendrá a ustedes el Defensor, pero si me voy, lo enviaré a ustedes. Cuando él venga, convencerá al mundo de un pecado, de una justicia y de una sentencia" (Jn 16,7-8). "Cuando venga el Espíritu de la verdad, los guiará hasta la verdad plena" (ibid v 19).

En nuestra primera lectura del Libro de los Hechos de los Apóstoles, San Lucas acude a elementos tomados del Antiguo Testamento para ayudarnos a captar éste, el episodio más significativo en toda la obra, Hay un viento muy fuerte que sacude la casa (recordemos que la misma palabra que significa "espíritu" en griego pneuma significa viento) y lenguas de fuego. Tradicionalmente el fuego y el calor  simbolizan el amor.. El Espíritu Santo es el don por antonomasia, es decir el amor del Padre al Hijo en la Trinidad, que es la Persona del Espíritu Santo. Es "el don de Dios altísimo", y por ellos comunicación. Las tres divinas personas que viven en eterna comunión han querido hacernos a nosotros partícipes de esa misma vida gracias a nuestra identificación con Jesús que se dio en el bautismo y se refuerza en la confirmación que es precisamente el Sacramento de Pentecostés, es decir de la comunicación del Espíritu Santo y la fundación de la Iglesia.

Escribe San Lucas: Se llenaron todos de Espíritu Santo y empezaron a hablar en lenguas extranjeros, según el Espíritu les permitía expresarse" (Hechos 2,4). Es decir, la primera manifestación de la presencia y actuación del Espíritu en ellos fue precisamente la de poder expresarse en lenguas extranjeras. ¿Qué significa esto? Es más, se nos presenta un larga lista de lugares desde donde había llegado gente a Jerusalén para la celebración de la fiesta judía de Pentecostés, o de la Alianza, pues era una fiesta de peregrinación a Jerusalén, como lo era también la Pascua. "¿Acaso los que hablan son todos galileos? ¿Cómo es que cada uno los oimos en nuestra lengua nativa¡ Partos, medos y elamitas, habitantes de Mesopotamia, Judea y Capadocia, Ponto y Asia, Frigia y Panfilia, Egipto y los distritos de Libia junta a Cirene, romanos y residentes, judíos y prosélitos, cretenses y árabes: todos los oímos contar en nuestras lenguas, las maravillas de Dios" (2,7-11).

Los que hemos aprendido lenguas extranjeras sabemos que es una tarea no fácil e implica entrar en un nuevo mundo cultural, una visión del mundo en la que no participábamos antes. Yo he aprendido varias lenguas, siendo el inglés mi lengua materna. A los cinco años nos enseñaron gaelico, o la lengua propia de Irlanda aunque ya no es comúnmente hablada, luego estudió francés y latín a los 12 años, posteriormente el español y el griego bíblico, el italiano. Estaba estudiando alemán pero no perseveré en el intento. Llevo casi cuarenta y cinco años hablando español y he vivido en cuatro países de habla hispana. Esto me ha abierto todo un mundo, con su cultura expresada en su historia, literatura y demás expresiones culturales.

Recordemos la historia de la torre de Babel en el c. 11 del libro del Génesis. Debido a la arrogancia de la gente que quería llegar al cielo a través de una torre hecha con la tecnología del mundo antiguo, es decir ladrillos y alquitrán, expresaban su autonomía y olvido de su dependencia de Dios. Él los castigó dispersándolos de manera que ya no podían entenderse entre sí en la misma lengua. Sabemos que la palabra "diablo" significa "dividir", "separar", de manera que el pecado, la arrogancia, o lo que los griegos llaman hubris  logró la división y la separación del hombre. El plan de Dios consiste en que toda la humanidad experimente comunión, fraternidad, armonía y la capacidad de comunicarse entre sí, de manera que Pentecostés con la efusión del mismo Espíritu y la superación de la barrera de las lenguas y culturas significa el deshacerse del castigo impuesto a los de la torre de Babel. Esto se comprende mejor si recordamos, como enseña San Agustín, que el Espíritu Santo es el vínculo de amor del Padre con el Hijo.

También, como hemos señalado más arriba, Pentecostés es la fiesta del nacimiento de la Iglesia, que según el Concilio Vaticano II, es "signo e instrumento del amor de Dios y de la unidad del género humano". ¿Cuántos sufrimientos se dan en las familias, entre vecinos, compañeros de trabajo, en los grupos parroquiales,  y en la misma sociedad debido a la dificultad en comunicarnos y no abrirnos a lo que quiere decir el otro? Esto se debe a la acción del diablo, que intenta separar, dividir y crear peleas entre las personas, y en comunión con él el egoísmo, la arrogancia, el poco esfuerzo por comprender al otro.

En estos día constatamos en el país y en el mundo entero unos brotes preocupantes de violencia, terrorismo, la toma de carreteras, manifestaciones violentas con el resultado de muertes y agresiones a miembros de las Fuerza del Orden y de los mismos manifestantes, sin mencionar los diversos tipos de violencia, amenazas, sicariato que se repiten diariamente en los medios de comunicación. Elevemos hoy en esta fiesta de Pentecostés una súplica ardiente al Señor  y al Espíritu Santo para que aprendamos a comunicarnos, a buscar la paz, la armonía, la paciencia, la bondad dentro de las familias y las comunidades para que cese todo ese mal de la violencia y se aprenda que no es medio para resolver conflictos.





sábado, 16 de mayo de 2015

LA ASCENSIÓN, LA UNIÓN DE CIELO Y TIERRA

El Libro de los Hechos de los Apóstoles comienza con el episodio de la Ascensión, es decir, el último acto de Jesús en esta tierra y su partida hacia "el cielo". ¿Y el cielo, qué y cómo será? Los niños tienen su concepción del cielo que incluye un lugar de abundantes juegos, caramelos y otras muchas cosas que aprecian y quieren tener. Los musulmanes, siguiendo el Corán y correspondiendo a una concepción primitiva del beduino del desierto de Arabia del siglo VII, conciben el cielo como una suerte de palacio lleno de grandes aposentos con 72 vírgenes a disposición de cada uno de ellos para abundante placer sexual. Es más, bastantes de ellos consideran que suicidándose en medio de una calle o un terminal de bus o un aereopuerto habiéndose ceñido con paquetes de explosivos los convierten en mártires y les de un billete directo al cielo que imaginan así. Algunos  filósofos del siglo XVIII, denominado siglo de las luces, es decir, el racionalismo,  veían a Dios como un ser ocioso que moraba en un cielo lejano, que sí había creado el mundo y había establecido las leyes del cosmos, pero prácticamente  no intervenía en él, de manera que habría un separación radical del cielo de la tierra. Serían un edifico de dos pisos pero sin escalera alguna para acceder al segundo. Más adelante con la llegada de los filósofos ateos como Marx, Feuerbach y Freud ya descartaron el cielo, considerándolo como una proyección peligroso de las vanas esperanzas del hombre de este mundo. Peligroso, porque sería una distracción de su verdadera tarea, la de dedicarse a vivir y gozar del mundo presente y no andar tras "una torta en el cielo".

Tal separación del cielo y la tierra, como la concebían estos filósofos de la Ilustración, no es bíblica. Hay pocas cosas más contrarias a la concepción bíblica de Dios que un dios lejano y separado que no manifiesta ningún interés por los asuntos humanos de este mundo. A partir del libro del Génesis, pasando por los demás libros del Pentateuco, los históricos, proféticos, salmos y sapienciales Dios se involucra radicalmente en el mundo y la vida de los hombres, en su historia, de manera muy especial creando su propio pueblo a partir de Abrahán, siguiendo sus pasos hasta su bajada a Egipto, luego su liberación de la mano de Moisés, comprometiéndose con ese pueblo con la Alianza de Sinaí, interviniendo a cada para proteger y salvarlo como se constata en los libros que van de Josué y al Segundo de los Reyes, y luego en todos los profetas. Su solicitud por la humanidad no se reduce a un solo pueblo, aunque fuera su propio pueblo elegido. Ese mismo pueblo de Dios iba a ser instrumento de salvación para todos los pueblos. Toda esta historia de amor y de misericordia de parte de Dios hacia los hombres tiene su culmen en el nacimiento, vida, muerte y resurrección, Ascensión de Jesús al cielo, y la fundación de la Iglesia con la venida del Espíritu Santo en Pentecostés.

La Biblia utiliza una división tripartita de la realidad, cielo, tierra y abismo o infierno. Ésta no es una división física sino un modo de ayudar a nuestra inteligencia limitada que depende de los sentidos y en concreto de la imaginación para poder captar mejor estas realidades. Jesús, Hijo de Dios, vino al mundo con la misión de proclamar y establecer el Reino de Dios, es decir, el reinado, la soberanía, el orden de Dios entre los hombres. Lo expresa en el Padre Nuestro: "Venga tu reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo". Todo el Antiguo Testamento es promesa, pero al mismo tiempo promesa que se  encuentra con la rebeldía del pueblo, de tal manera que en el Libro de Ezequiel se le llama al pueblo "rebelde". En el Libro de Jeremías (31,31-33) Dios prometa una nueva alianza, ya  no escrita piedra sin el el corazón de los hombres. Esto lo ha hecho Jesús, adelantándose en la Última Cena, como escuchamos en las palabras de la consagración del vino en la misa, y realizándolo en su muerte en la cruz y su resurrección. El misterio de la resurrección se completa con su Ascensión o exaltación a la derecha de Dios Padre, de donde volverá "para juzgar a vivos y muertos", como dice el Credo.

En nuestra primera lectura de hoy, hay unas palabras del ángel que aparece a los apóstoles que se nos pueden escapar: "¿Hombres de Galilea, por qué se quedan allí viendo al cielo. Ese mismo Jesús que han visto subir al cielo, de la misma manera retornará". Luego los manda a esperar la llegada del Espíritu Santo y a proclamar esta gran noticia empezando desde Jerusalén. Jesús ha  completado una etapa de su misión y da inicio a otra nueva dimensión misterioso. Por un lado, parece que se ha ido y por eso los apóstoles están mirando con añoranza hacia el cielo, pero por otro, se ha quedado y por la acción del Espíritu Santo va formando su Iglesia que tiene la tarea de completar su misión hasta su retorno gloriosa en la parusía o segunda venida.

En el Credo también decimos que Jesús está sentado a la derecha del Padre en su gloria. También en el libro del Apocalipsis encontramos esta imagen. En tiempos bíblicos, los reyes tenían al personaje más poderoso, el visir, o principal ministro sentado a la derecha de su trono a quien le correspondía ejecutar todo lo que mandaba el rey. Así, en la Ascensión, Jesús es coronado de poder y gloria para guiar a su Iglesia a lo largo de los siglos.

En nuestra segunda lectura, de la Carta de San Pablo a los Efesios, el apóstol también dice que "Jesús está sentado a  la derecha de Dios en el cielo pro encima de las principalidades, potestades, virtudes y dominaciones", como también nuestro evangelio de hoy de San Marcos. Pero también el evangelio incluye la misión entregada por Jesús a los once apóstoles a predicar su reino en todas partes, y que "el continuaba a trabajar con ellos por todas partes y confirmar el mensaje a través de los signos que los acompañaban". Es decir, que Jesús, aunque parece que se va de este mundo, en realidad se queda y actúa ya a través de la predicación de los apóstoles, de los milagros que ellos también realizaron, a través de su Iglesia. Jesús depende de nosotros para seguir cumpliendo su misión en el mundo hasta el final de los tiempos. Necesita de cada uno en el lugar  y en la misión que le corresponde, seamos padres de familia, jóvenes, niños, abuelos, sacerdotes o personas consagradas, y no sobra ninguno.




sábado, 2 de mayo de 2015

La unión con Jesucristo

La vid y los sarmientos.

A lo largo del Evangelio Jesús hace una serie de declaraciones verdaderamente extraordinarias, incluso inauditas. "Yo soy la luz del mundo", "Yo soy el verdadero pan de vida. El que come este pan vivirá eternamente", "Yo soy el Buen Pastor". "Sin mí no pueden hacer nada",  y hoy escuchamos en nuestro pasaje del evangelio, "Yo soy la verdadera vida" .  Lo más que decían los antiguos profetas de Israel era que sus declaraciones eran "oráculo del Señor". Ningún otro profeta o fundador de una religión ni hombre santo se ha atrevido a decir nada semejante. En los cuatro evangelios, no sólo la gente y los discípulos se dan cuenta de que Jesús era totalmente único, extraordinario, que hablaba con autoridad, no como los escribas y los fariseos, sino que expulsaba a los demonios con la mayor facilidad, e igualmente hacía milagros incluso en beneficio de personas ausentes, sin ningún alarde de magia, ni siquiera sin esfuerzo, con el poder de su palabra.

A diferencia del caso de cualquier otro líder religioso, político, gran liberador de su pueblo, como pudiera ser Ghandi u otros, el seguidor de Jesús está llamado a conformar su vida Él de manera que hay una unión tan íntima como la de la vida y el sarmiento. San Pablo llega a decir "para mí vivir es Cristo".

Volviendo a nuestro evangelio de hoy, dice Jesús que la unión del discípulo con el se parece a la del sarmiento con la vida, es decir, una unión vital. Si él es la vida, la luz del mundo y también nosotros tenemos que ser luz para los demás, es absolutamente necesario estar unidos a él de manera vital. Muchas personas consideran muy difíciles las condiciones para la unión y seguimiento de Cristo. Es más, Jesús dice que el que no está unido a él no da fruto y el Padre "corta los sarmientos que en mí no dan fruto; los que dan fruto los poda, para que den aún más". Hoy en día la sociedad está a favor de la inclusión y contraria a la exclusión. Aquello de cortar los sarmientos que no dan fruto,  y quemarlos parece inaceptable a muchos.

Muchas personas consideran que tienen mal carácter, que nacieron así y que la cosa no tiene remedio. Gritan a los niños, provocan conflictos en la familia y no ven el modo de superarse, pese a los buenos deseos que tienen. Otros piensan que son "buena gente" porque acuden a la misa o forman parte de algún grupo parroquial, pero no se empeñan a fondo en superar sus vicios y practicar la virtud, sobre todo la caridad y la paciencia, o piensan que tienen que mentir o las mentiras que dicen son "piadosas" y evitan hacer sufrir a otros. ¿Cuáles son los frutos que tanto el Padre como Jesús esperan de nosotros? Ciertamente tanto el Padre como Jesús se manifiestan como misericordiosos en todos los evangelios, pero eso no nos ahorra a nosotros la sinceridad en nuestros esfuerzos en dar el fruto que el Señor busca. Recordemos el episodio en el evangelio de la higuera estéril. Allí también dice el señor de la viña, que hay que cortarlo "'¿para qué va a ocupar espacio?" si no da fruto. Según el relato del juicio final en Mateo 25,31-46, los frutos que Dios busca son ante todo la caridad fraterna, el acudir en ayuda a los más necesitados, los hambrientos, los enfermos, encarcelados, etc. y el mismo Señor se identifica con ellos.

Tanto en el Evangelio de San Juan como en su Primera Carta,  no deja de repetir "el que me ama guardará mis mandamientos". Un poco antes de nuestro evangelio de hoy que se encuentra en el c. 15 de San Juan, tenemos la escena del lavatorio de los pies. Allí dice Jesús: "¿Comprenden lo que acabo de hacer? Ustedes me llaman maestro y señor, y dicen bien. Pero si yo, que soy maestro y señor, les he lavado los pies unos a otros. Les he dado un ejemplo para que hagan lo mismo que yo hice con ustedes" (12-15).  Muchas personas piensan que les es imposible perdonar una ofensa, que tal ofensa ha sido demasiado pesada y dolorosa para ellas y en no pocos casos viven años de resentimiento y rencor hacia el que los ofendió. ¿Qué hacer?

Ciertamente por nuestra naturaleza humana y sus fuerzas frágiles no somos capaces de perdonar, ni tenemos la misma mentalidad o las mismas actitudes que las de Jesús. Por eso, Él dice que sin Él no podemos hacer nada. Pensemos bien en lo que significa eso y en quién es Él. En el Prólogo del Evangelio de San Juan leemos que en Él, por Él y para Él todo ha sido creado. En la Carta a los Colosenses, San Pablo escribe: "El es imagen del Dios invisible, primogénito de toda la creación, porque por él fue creado todo, en el cielo y en la tierra, lo visible y lo invisible...El es anterior a todo y todo se mantiene en él (Col 1,17-17).

Sí es cierto que no podemos perdonar, no podemos amar como Jesús nos pide, pero si de verdad estamos en comunión con él "como el sarmiento y la vid", todo cambio. No estamos solos ni dependientes de nuestras propias fuerzas para lograr hacer el bien, cumplir sus mandamientos, sin Él nos da la fuerza. Nos envía su Espíritu que es fuerza y poder de Dios para alcanzar hacer lo que por nuestra naturaleza herida por el pecado, y por nuestras malas tendencias no podríamos hacer solos. Pero también tenemos que darnos cuenta que esta identificación no es no es algo que podemos alcanzar en un día y sin grandes esfuerzos, pues dice que el Padre hace la poda. Es un proceso doloroso pero necesario.

Para muchos, de acuerdo con la mentalidad contemporánea,  el gran mal del mundo es el sufrimiento, pero aquí en el evangelio parece que el mismo Padre es el que provoca el dolor y el sufrimiento. Si no se poda un árbol frutal, no da el fruto que se puede esperar de él. Así nosotros también, necesitamos de una "poda". Por ello, la Iglesia nos propone tiempos de penitencia como la Cuaresma para que podamos examinar bien nuestra conciencia  darnos cuenta de que no vamos tan bien que digamos. Pasa también lo mismo con la casa. De vez en cuando tenemos que darle una limpieza a fondo, fumigarla para eliminar insectos desagradables como las cucarachas.

Aquí en el Evangelio de San Juan, Jesús repite algo que también encontramos en los otros evangelios, cuando proclama que todo lo que le pedimos "en su nombre lo hará". Pedir en su nombre sólo se puede hacer si estamos en unión con Él, como dice San Pablo, "ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí". Si estamos sinceramente en comunión con Él, pediremos solamente lo que más nos conviene. En el Evangelio de San Lucas, añade que lo que nos dará es el Espíritu Santo, pues con él tenemos todo lo que necesitamos para vivir una vida según la voluntad de Dios y unir el cielo con la tierra, como lo que pedimos en el Padre Nuestro "Venga tu reino, hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo". Cuando San Agustín dice "ama y haz lo que quieras", se asemeja a esto que dice Jesús. No pediremos ni haremos lo que no está conforme a la voluntad del Señor.

Mientras estamos en este período de Pascua, aprovechemos para darnos cuenta de quién es el Señor, que en el bautismo nos ha incorporado a Él, nos ha comunicado el Espíritu Santo, que es el que lo guió a lo largo de todo su vida, hasta la cruz y lo comunicó a la Iglesia en Pentecostés, que no estamos solos, que no debemos desfallecer en nuestra lucha por seguirlo, que sin él no podemos hacer nada que valga la pena, y sobre todo no podemos alcanzar la meta de nuestra vida.
































































































































































































































































































































































































































viernes, 1 de mayo de 2015

¿Por qué las mujeres no quiren tener hijos

MUJERES QUE NO QUIEREN TENER HIJOS.

Primero, tenemos que preguntarnos si es cierto o no que las mujeres no quieren tener hijos. Al parecer las europeas y en general las del así llamado Primer Mundo o de los países desarrollados no quieren tener hijos o cuando mucho se contentan con uno. Cuando era párroco en un pequeños pueblo en España, me comentó una mujer que ya llevaba dos años de casada que consideraba que tener hijos era algo tan comprometedor que ella no se sentía preparado para asumir un deber y unas obligaciones tan tremendas. En las charlas prematrimoniales les hablaba del tema de los hijos y en general notaba que los hombres querían tener varios hijos y las mujeres eran reticentes. ¿No es cierto que el instinto de la maternidad es de los más fuertes y el deseo de propagar la especie es algo inscrito en la naturaleza, no solo de los hombres, sino de todo ser vivo.

Hace rato estuve viendo una web en inglés procedente de Estados Unidos que afirmaba que los hombres ya no quieren casarse, debido principalmente al derrotero del feminismo radical que afecta la sociedad de tal manera que se tiende a despreciar al varón en la sociedad. La práctica totalidad de los comentarios de los lectores de esa web estaban de acuerdo que casarse es algo sumamente complicado para un hombre norteamericano en los tiempos que curren. Uno comentaba que era dueño de una gasolinera cerca de la cual pasaba una gran autopista, de manera que con ese negocio próspero tenía unos excelentes ingresos y una buena situación económica. Se casó, y a los noventa días, la mujer lo divorció. Tuvo que pagarle $100,000 y probablemente quedó en la ruina económica.  En Estados Unidos, hasta 73% de los divorcios son a petición de la mujer. Es más, hay abogados inescrupulosos que asesoran a las mujeres en casos de divorcio para que hagan denuncias falsas de maltrato. En tales casos, la desgracia del hombre está asegurada. Si ella es la que le agrede a él, lo pega con un bat de beisbol, por ejemplo, y se le ocurre llamar a la policía, ¿a quién detienen? Pues, a él. Es más, probablemente acabará en la cárcel, perderá su casa y no podrá ver a sus hijos. De este tipo de casos hubo varios.

Si uno le hace caso a la prensa, pensaría que el problema de la violencia y maltrato doméstico es 100% de hombre sobre mujeres. Sin embargo, estudios en Estados Unidos y el Reino Unido manifiestan que se trata más bien de 60% de hombre contra mujer y 40% de mujeres sobre hombres. En este último caso es muy difícil de tener porcentajes correctos porque la mayoría de los hombres agredidos por mujeres no denuncian, por razones obvias y sobre todo porque el sistema de justicia es totalmente contrario al varón. Es más, muchas de las denuncias por violación son falsas. Todo esto como resultado nefasto del feminismo reinante en las sociedades occidentales. Pues, lo que tenemos es que muchos hombres no quieren casarse y muchas mujeres, aunque casadas no quieren tener hijos.

A continuación copia algunos comentarios que he encontrado en otra web, esta vez proveniente de México, en el que la práctica totalidad de las mujeres que comentan el artículos sobre el tema se manifiesta contraria a tener hijos:

 Una comenta: Si yo hubiera sabido lo que iba a sufrir no los hubiera tenido, y más porque mis hijos nunca lo han apreciado. 

Parece que ésta, como otras muchas, no se da cuenta de que no hay amor sin sufrimiento y que gracias al sufrimiento el hombre madura y crece llegando a ser mejor persona. 


Otra prosigue: 

"La verdad los niños son muy bellos pero solo me gusta tenerlos por un rato, por eso nunca quise tener hijos, siempre pensé que tenerlos es sacrificarse demasiado y sacrificar muchas otras cosas, casi olvidarse de uno mismo, estoy de acuerdo con eso de que las madres son maravillosas porque lo entregan todo por sus hijos, en especial mi madre que tuvo 9 pero yo quise pensar mas en mi, y no me arrepiento, a veces son tan complicados los adolescentes y necios los niños que cuando veo a los padres todos atormentados siempre me repito adentro de mi,: menos mal que yo no tengo esos diablitos". 

Lo mismo, tener hijos es sacrificar demasiado, "casi olvidarse de uno mismo". Ésta desconoce la ley de la vida que entregó Jesús: El que quiere salvar su vida  ha de perderla, como Él que entregó su vida en la cruz con su amor extremo, que luego alcanzó el triunfo verdadero en la nueva vida de la resurrección. Como en todos los comentarios de este artículo, priva el egoísmo: "quise pensar mas en mi, y no me arrepiento". 

Aquí va otro comentario, bastante penoso:

"De verdad que se ven tantos casos en que los hijos no le sirven a sus padres si no para darles dolores de cabeza, pienso que ser madre es lo mas bello que me ha pasaos (sic)  en mi vida, pero si lo hubiera pensado mejor, no los habría tenido, es tanto el sacrificio y el compromiso con mis niños, que no tengo tiempo para mi y eso me aflige.. Y cuando uno esta viejo empiezan los hijos a pelearse por quien va a quedarse con la vieja por que ya estorba.. Muy triste". 

Ella ve a los hijos como algo que ha de servir, es decir, utilitariamente. No ve más que dolores de cabeza. Otra vez, egoísmo, pues lamenta no haber tenido tiempo para sí. Comparte con muchas familias el hecho del cuidado de los padres. Tal vez los educó a ser egoístas y lo que sembró, recoge ahora. 

Otra que da más de lo mismo, pena, dolor, pues se arrepiente de haber tenido a los hijos: 

"Efectivamente, siendo una persona racional, al darte cuenta que los hijos son una responsabilidad que marcará toda tu existencia, que de la madre depende, como vivirán sus hijos, si no se tiene, ni la preparación, ni el dinero , ni la madurez, lo mejor es no traer hijos al mundo, que no tendrán un buen nivel de vida y mucho menos serán felices ". 

http://www.mamanatural.com.mx/2013/08/por-que-algunas-mujeres-deciden-no-tener-hijos/

En todos los comentarios se nota una falta de visión de fe, del proyecto de Dios para cada persona, una conciencia de lo que es el verdadero amor que se puede vivir en el matrimonio y la familia. Tienen una visión utilitaria y materialista de lo que es una gran misión, la de colaborar con Dios para que nazcan nuevo hijos suyos, la misión de colaborar en su educación  y en el proceso salir del egoísmo que caracteriza todos los comentarios que se encuentran en este blog y en otros similares. No estoy diciendo que este tipo de mujer sea mayoría, y es de suponer que mayormente serían ellas las que entren y comenten en un blog que trata del este tema. También se nota una cierta culpabilidad de parte de algunas de ellas. 

Parte del problema es que hoy en día con el feminismo radical que tiene mucha influencia en los medios y en la política, se considera que la mujer ha de realizarse principalmente a través de una carrera profesional y criar hijos le resulta un estorbo ante las expectativas del mundo profesional y empresarial con la ley de la competitividad. En fin, se tiene que masculinizar, mientras el varón se tiene que feminizar. El mundo al revés. Estamos en un dictadura de lo económico y en el pansexualismo, y con frecuencia se quiere la adolescencia perpetua, el así llamado Síndrome de Peter Pan. 

¿La  próxima sesión del  Sínodo de Obispos que celebrará en octubre de esta año dará algunas pautas acerca de este problema de no querer tener hijos. Claro, es resultado directo del uso de los anticonceptivos y el convertir la sexualidad humana en una fuente de placer, olvidando los otros muchos valores que tiene, como la unión de las personas, grandes oportunidades para olvidarse de uno mismo y entregarse a otros, que es el único modo de crecer, madurar y ser personas humanas verdaderas, según el proyecto de Dios, realizado en primer lugar en Jesucristo, en su Santísima Madre y en tantos santos. Dijo Jesús: "No hay amor más grande que el da la vida por el amigo". Una de las que comenta en el blog cuenta que quedó embarazada porque fallaron los anticonceptivos. La mentalidad anticonceptivo, anti-vida está llevando al suicido demográfico de los así llamados países desarrollados, con Japón y Europa en la delantera y Estados Unidos no tan atrás. Si no fuera por los inmigrantes hispanos a Estados Unidos probablemente estaría en la misma crisis demográfica de la población con un aumento desproporcionado del número de personas mayores. En Europa dentro de una generación la gran mayoría de los jóvenes serán musulmanes, con todo el cúmulo de problemas que eso implica, porque no son capaces de integrarse en la sociedad, y una vez que llegan a un 10% de la población, intentan imponer su ley sharía barbárica al resto de la población. Todo esto resultado de la falta de esperanza y del egoísmo de la generación actual. 

Al parecer el Cardinal Kasper y el resto de los obispos alemanes han secuestrado este Sínodo con la propuesta imposible de dar la comunión a los divorciados y vueltos a casar civilmente. A no ser que haya un gran vuelco, comparado con lo que hubo en la sesión de octubre de 2014, personalmente no espero prácticamente nada de este Sínodo. Habrá que rezar mucho para que mi predicción no se cumpla. 










sábado, 25 de abril de 2015

EL BUEN PASTOR

IV DOMINGO DE PASCUA. EL BUEN PASTOR

En este domingo es tradicional la lectura del Evangelio de San Juan c. 10, en la que Jesús se proclama EL BUEN PASTOR. La imagen de un Jesús joven que lleva una oveja sobre los hombros es una de las más antiguas que se encuentran en la Roma de las catacumbas, de manera que para los cristianos de los primeros siglos era la imagen de Jesús más querida por aquellos cristianos.

 Desde el tiempo del Papa Beato Pablo VI, se celebra también en este domingo, el Día de Oraciones por las Vocaciones Sacerdotales y a la Vida Consagrada. Ya el mismo Jesús dijo que "la mies es mucha y los operarios pocos", pero no hace muchos años o décadas no había una escasez tan apremiante de vocaciones. En el pueblo donde yo me crié en Irlanda, que tenía en aquel entonces unos 3000 habitantes, cada año salían 3 o cuatro vocaciones al sacerdocio, sin mencionar religiosas. Ahora estamos en la época de secularismo, relativismos, consumismo y otros varios "ismos", sin olvidar la revolución sexual,  y en esta época posmoderna al joven o la joven le cuesta mucho lanzarse con generosidad a consagrar su vida a la vocación del seguimiento de Jesucristo consagrándose a la misión evangelizadora de la Iglesia. Además, en la vieja Europa, (poblada ya por más y más ancianos y menos jóvenes) hay menos posibles vocaciones porque hay menos generosidad ente los padres para traer hijos al mundo, gracias en gran medida al uso de los anticonceptivos y la mentalidad anti-vida y pro-consumo, juntamente con el sistema económico y el gran número de parados. Algunos, incluso obispos,  proponen convertir la tradición bimilenial de la Iglesia de tener un clero célibe o en la Iglesia antigua continente, es decir, se ordenaba a personas casadas pero tenían que comprometerse ellos y sus esposas a seguir la "lex continentiae". Si la Iglesia logra impulsar la misión evangelizadora, si logra tener un número suficiente de sacerdotes celosos y santos que inspiren a los jóvenes a seguir al Señor, si logra  atender pastoralmente mejor a las familias, además de la oración creo que va a tener las vocaciones que necesita, aunque no siempre en suficiente número. Tengamos muy presente esta intención en este IV Domingo de Pascua. 

El tema de Dios  como Pastor de su Pueblo, y de los reyes llamados a ser pastores es muy frecuente en todo el Antiguo Testamento. Tenemos el conocido Salmo 23, "El Señor es mi Pastor, nada me falta", en el c. 37 del libro de Ezequiel, el Señor promete a través de las palabras del profeta, que dado el fracaso de los reyes y su infidelidad, él mismo sería el Pastor de su Pueblo, Israel. Obviamente este sería el contexto de la declaración de Jesús que Él es el Buen Pastor. Lo que Dios había prometido a través de Ezequiel se cumple en Jesús. Esta afirmación sería también una clara afirmación de su divinidad, como lo son las palabras del Prólogo del mismo Evangelio de San Juan, "El Verbo era Dios".

Estamos tan acostumbrados a esta noción de Jesús como Buen Pastor y  la pastoral, que casi no nos damos cuenta de lo que implica que Jesús sea el Buen Pastor que da la vida por las ovejas. Sin duda nos parece bien que un pastor cuide sus ovejas, que las guíe a buenos pastos, que haga todo lo posible para defenderlas cuando aparece un lobo o una jauría de lobos. Pero también nos parece normal que en el caso de haber hecho todo los posible para defender su rebaño de los lobos, y los lobos comiencen a atacarlo a él, que se dé a la fuga para salvar su propia vida, pues la vida de una persona no tiene ninguna comparación con la de unas ovejas. Sin embargo, ésta no es la lógica que sigue Jesús. Él como Buen Pastor está llamado a entregar su vida por sus ovejas, es decir todos nosotros y lo hizo en la cruz. ¿No parece exagerado esto también en cuanto que gran parte del Antiguo Testamento nos cuenta la infidelidad del pueblo, la multiplicación de los pecados, sobre todo la idolatría, pues todo pecado grave es una idolatría en cuanto que a través de él colocamos a otra cosa en el lugar de Dios, lo convertimos en ídolo y le rendimos culto? La lógica de Dios no es la nuestra. Recordemos la parábola de los viñadores malvados y cómo el dueño de la viña les arrendó su viña para que produjeran su fruto, El dueño de marchó de viaje y cuando mandó a sus servidores a cobrar luego de la cosecha, no quisieron pagar, los  atacaron  incluso mataron a uno de ellos. Luego mandó más, y les pasó lo mismo. Luego decide enviar a su hijo con la esperanza de que lo fueran a respetar, pero se dijeron ente sí, que es el heredero y lo mataron "fuera de la viña". ¿Pero qué dueño de una viña arrendada cuyos inquilinos no pagaran lo debido. Ningún pastor dejaría abandonadas 99 ovejas en el desierto para buscar a una y luego hacer fiesta por haberla encontrado. Cualquiera lo consideraría irresponsable incluso loco.

Otro aspecto del cuidado del Pastor por sus ovejas es que ellas conocen su voz y que los llama por su nombre. "Yo soy el Buen Pastor. Conozco a mis ovejas y  mis ovejas me conocen a  mí, como el Padre me conoce y yo conozco al Padre y daré mi vida por estas ovejas".  Jesús afirma que conoce a cada uno personalmente y por su nombre y que las ovejas reconocen su voz. Esto nos puede parecer exagerado también porque posiblemente tenemos una noción de Dios como uno que no se involucra mucho en nuestras vidas y lo más que alcanza es conocernos por mediadores, pero no es así. Ya el salmo 139 expresa cómo nos conoce Dios: "Señor, tú me escrutas y conoces: sabes cuando me siento y cuando me levanto, mi pensamiento calas desde lejos: esté yo en camino o acostado, tú lo adviertes, familiares te son todas mis sendas" (S 139,1-2). Es más, las ovejas reconocen la voz del pastor y la siguen, cosa que no hacen con otro que no es el pastor.

Dios quiere que este aspecto de la misión de Jesús, el de ser Buen Pastor perdure en su Iglesia a través de nuestro obispos y sacerdotes. Promete en el libro de Jeremías que dará pastores a su pueblo. Por eso, estamos pidiendo al Señor que cumple para nosotros esta promesa. Pero podemos suponer que el Señor siempre cumple sus promesas, debido a que una de sus principales cualidades, según la experiencia de su pueblo Israel, es la de la fidelidad. Es constante y "eterna es su misericordia". Los pastores humanos, que han sido elegidos para representar al Señor no siempre han cumplido su misión con fidelidad, y debido a sus falencias han hecho mucho daño a la Iglesia, dificultado su testimonio en el mundo. En décadas recientes esta realidad se hizo más patente con la crisis de la pederastia de un cierto número de sacerdotes y el mal manejo del tema de parte de no pocos obispos. Además de pedir al Señor que mande operarios a su mies  en este Domingo de Oración por las Vocaciones, pidamos por la fidelidad y perseverancia de los que ya obran en la viña del Señor.

sábado, 18 de abril de 2015

La extraña resurección

Según el evangelio de San Lucas cuyo relato sobre la aparición de Jesús a los apóstoles poco después de la vuelta de los dos discípulos de Emaús a Jerusalén, que corresponde a este Tercer Domingo de Pascua, Jesús se apareció en medio de ellos y les saludó con el mismo saludo shalom que hemos escuchado en la aparición del domingo pasado en el Evangelio de San Juan. La reacción de ellos fue de pánico y temor porque pensaban que veían un duende o algún tipo de espíritu. Jesús tiene que asegurarles preguntándoles por qué estaban asustados y por qué se les ocurre tales ideas, es decir, la idea de que se trata de un espíritu. San Lucas explica que se había asustado por pura alegría. Es decir, la aparición de Jesús resucitado fue algo tan extraordinario e inaudita que no sabían reaccionar. Por una parte estaba la evidencia de la presencia de Jesús que era innegable, y por otra, sabían perfectamente que Él había muerto verdaderamente,que se había sellado el sepulcro, y por ello, encontrarlo vivo en medio de ellos no lo podían asimilar.

Nosotros podríamos pensar que la gente del mundo antiguo era crédula y dispuestos a creer en historias de duendes, fantasmas y otras cosas del mismo género, pero no es así. Seguramente, ellos conocían muchas historias de este tipo, y no se iban a dejar engañar tan fácilmente. Algunos exegetas han sugerido que la historia de la resurrección era producto de la imaginación de los discípulos de Jesús, que "la memoria de Jesús perduraba" y así lo proclamaron resucitado de  entre los muertos. Nada más lejos de la verdad y la realidad de la resurrección, pues está claro a partir de todos los relatos que en manera alguna esperaban algo tan inaudito. Aquí, Jesús les pide que le den algo de comer y dice que Él tiene carne y huesos como ellos. Le dan un pedazo de pescado y lo come. Con esto queda claro que no se trata de nada similar a fantasmas o duendes, sino su verdadero cuerpo con todos sus órganos.

Al igual en su predicación antes de su muerte, Jesús deja clarísimo que no vino para satisfacer las ansias o expectaciones de la gente. Una vez que termina de convencer a los apóstoles acerca de su verdadera identidad que en aquel momento les había extrañado y extrañado tanto, procede a entregarles una misión exigente. Les explica el sentido de su muerte y resurrección, "Según la escritura", que todo lo que quedó escrito en la Ley de Moisés, los Salmos y los Profetas tenía que cumplirse y de hecho se cumplió precisamente en su muerte y resurrección. Su misión de Mesías implicaba sufrimiento, dolor y muerte. "En nombre de Él la penitencia, para la remisión de los pecados será predicada a las naciones, empezando desde Jerusalén, y ellos son testigos de todo eso".

En nuestro mundo actual el gran mal es el sufrimiento, el dolor y se llega a verdaderos extremos antes inimaginables para luchar contra el dolor y eliminar el sufrimiento. En cambio, Jesús manda a los apóstoles a predicar la penitencia y la remisión del pecado que están íntimamente relacionadas. Es el mismo mensaje que entregó Jesús al dar inicio a su predicación según el Evangelio de San Marcos, conviertanse. La penitencia implica en primer lugar reconocer que nos hemos equivocado de camino, que hemos pecado y hemos hecho mucho mal. Luego implica cambiar de rumbo, hacer lo que nos parece doloroso porque en vez de hacer algo placentero se trata manifestar este cambio de rumbo con obras claramente difíciles y penosas para nuestro orgullo y nuestra sensibilidad. Jesús no quiere ni necesita de predicadores que ablandan su mensaje, que reducen el cristianismo a una mensaje de buena voluntad, de cierta solidariedad, que lo reducen a una cierta filantropía. 

También en nuestra primera lectura de hoy, donde San Pedro se enfrenta con el Sinhedrín y acusa a sus miembros de haber entregado a Jesús Pilato y les dirige la siguiente exhortación: "Ahora, arrepiéntanse y conviértanse para que todos sus pecados sean perdonados, y así el Señor hará venir tiempos de consuelo y enviará a Jesús, el Mesías destinado desde el principio para ustedes" (He 3,1). Aquí San Pedro no tiene ningún  miedo de declarar a sus oyentes, los jefes de los judíos del Sinhedrín pecadores y necesitados de penitencia. Hoy en día muchos no quieren reconocer sus pecados y quieren que la Iglesia adecue su doctrina para acomodar su conciencia errónea.

También San Pablo está convencido de que no puede haber salvación alguna sin la fe en Jesucristo resucitado y así manifiesta esta verdad a los corintios : Ahora, hermanos quiero recordarles la Buena Noticia que les anuncié: la que ustedes escribieron y en la que perseveran fielmente, por ella son salvados, siempre que conserven el mensaje tal como yo se lo prediqué, de lo contrario habrían aceptado la fe en vano. Ante todo, les he transmitido lo que yo mismo había recibido: que Cristo murió por nuestros pecados según las Escrituras, que fue sepultado y resucitó  al tercer día según las Escrituras, que se apareció a Cefas y después a los Doce, luego  se apareció a más de quinientos a la vez..." (1 Co 15, 1-6).

Sí el hecho de la resurrección de Jesús es extraño, pero sin él no hay cristianismo, ni hay salvación. No podemos exagerar su importancia en nuestra vida concreta.






sábado, 11 de abril de 2015

LA DIVINA MISERICORDIA

SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA: DE LA DIVINA MISERICORDIA

Tradicionalmente este domingo se llamaba Dominica in albis, es decir, Domingo en Blanco. Esto porque al ser bautizados en la Vigilia Pascual a los neófitos se les colocaba una túnica blanca, simbolizando la pureza y la novedad de vida alcanzada en el bautismo. A lo largo de los días de la Octava de Pascua, los Padres de la Iglesia predicaban sermones acerca de los misterios, de manera especial, la Eucaristía. Esta predicación se llamaba Catequesis Mistegógica. La reforma litúrgica promovida por el Concilio Vaticano quiso recuperar el sentido original de la cincuentena de Pascua, desde el Domingo de la Resurrección al Domingo  de Pentecostés, siendo este domingo ya no el Primer Domingo después de Pascua, sino el Segundo Domingo de Pascua. San Agustín, el más grande de los Padres de la Iglesia y el más elocuente y profundo en su predicación acerca del misterio de la Pascua, llama este período pascual leatissimum spatium, un período de grandísima alegría.

"En 1931 en Polonia, la monja Sor Faustina Kowalaska recibió una revelación del Señor en la que veía una imagen de Él y el mismo Señor la mandó procurar que se pintara una imagen que recogiera las características de la imagen que ella vio:

La imagen del Señor de la Divina Misericordia fue pintada por ordenes dadas del propio Jesús el 22 de febrero de 1931 en Plock (Polonia): “Al anochecer -escribe Santa Faustina- estando en mi celda, ví al Señor Jesús vestido con una túnica blanca. Tenía una mano levantada para bendecir y con la otra tocaba la túnica sobre el pecho. De la abertura de la túnica en el pecho, salían dos grandes rayos: uno rojo y otro pálido.(..) Después de un momento, Jesús me dijo: "Pinta una imagen según el modelo que ves, y firma:  Jesús en Ti confío. Deseo que esta imagen sea venerada primero en su capilla y  (luego) en el mundo entero" (Diario, 47)" (http://www.jesusdivinamisericordia.org.mx/JDM.SSO.ES/laimagen.html). 

El Papa San Juan Pablo II, ya antes de llegar a ser papa, tenía una gran devoción al Señor de la Misericordia y estaba profundamente convencido de la necesidad de que se conociera y experimentara la misericordia de Dios en el siglo XX, el siglo probablemente de la mayor violencia de toda la historia. Por ello, le dio prioridad a la difusión de esta devoción de la Divina Misericordia en su Pontificado y escribió su segunda encíclica Dives in misericordia sobre este tema. Además, canonizó a Sor Faustina y gracias al impulso que le dio él, esta devoción se ha extendido a todo el mundo y en un grandísimo número de iglesia y hogares se encuentra la imagen. Millones de católicos practican este devoción.

La misericordia, el aspecto más exquisito del amor de Dios.

No cabe duda de que el Evangelio de San Juan y su Primera Carta pone un énfasis enorme en el amor de Dios, llegando a afirmar que Dios es amor. Desde el punto de vista de la etimología, misericordia significa conmoverse por el mal, la miseria de otro. Tiene que ver con la compasión, que significa "sufrir con". La experiencia bíblica de Dios, ya desde el Antiguo Testamento es totalmente diferente de concepto de los dioses paganos. Los paganos contemporáneos de los Israelitas, veían a sus dioses con temor, porque consideraban que si no los aplacaban, les harían un gran daño. Un Dios misericordia, rico en clemencia, siempre dispuesto a perdonar es una idea revolucionaria que se encuentra en la Biblia. Se utiliza la palabra hebrea hesed para expresar este amor misericordioso de Dios. El Papa San Juan Pablo II hace una larga explicación de esta palabra en su encíclica, Dives en misericordia, mencionada arriba.

En los evangelios, probablemente la imagen más impactante del Padre misericordioso es la del Hijo Pródigo. Muchos comentadores consideran que la parábola debería de llamarse no del Hijo Pródigo sino del Padre Misericordioso. El gran pintor holandés  del siglo XVII Rembrandt tiene la que probablemente es la pintura que mejor representa la escena de la vuelta del hijo a la casa paterna. También el Profeta Isaías trae a la memoria la imagen de una madre que no puede olvidarse de su hijo como una ayuda para conocer el amor y la misericordia de Dios: ¿Puede una madre olvidarse del hijo de sus entrañas? Aunque ella se olvidara, yo no me olvido de ti? (Is 9,5).

El amor y el cumplimiento de los mandamientos

Nuestra segunda lectura de hoy,  de la Primera Carta de San Juan, afirma: "El amor de Dios consiste en esto: que cumplamos sus mandamientos, y sus mandamientos no son pesados" . No basta especular sobre al grandeza del amor de Dios, ni llorar ante el crucifijo, ni dedicarse a hacer teología sobre el tema, lo primero es cumplir los mandamientos de la ley de Dios. Como dice el dicho popular obras son amores no buenas razones. También Jesús dice que no basta decirle "Señor, Señor", sino que hay que cumplir la voluntad de Dios. Pensemos hoy, pues, en los mandamientos que más descuidamos. Puede ser el primero si nos olvidamos de Dios y el hecho de que sí es el Señor, o el tercero, si no respondemos a la convocación del Señor de participar en la Sagrada Eucaristía cada domingo y hacer que el domingo sea de verdad Dia del Señor; o el sexto que hoy muchos le hacen caso omiso y consideran el sexo como una suerte de recreo; o el octavo que prohíbe la mentira.

Debemos de recordar que todos los atributos de Dios se identifican en Él. No podemos decir, que yo estoy a favor de la misericordia, pero la justicia no. Todo en Dios es absolutamente simple, y la única distinción que hay es la de las tres personas, de manera que la misericordia de Dios se identifica con su justicia, con su sabiduría, con su omnipotencia etc. Nuestra mente necesariamente tiene que distinguir, pero en Dios todo es simple.

La misericordia de Dios y el Sacramento de la Penitencia

Nuestro evangelio de hoy nos presenta la escena de la aparición de Jesús a los doce apóstoles en el Cenáculo en la tarde del domingo de la resurrección. Es lógico que al aparecer Jesús sin tener que pasar por ninguna puerta los apóstoles se hayan asustado. Ellos lo habían abandonado, Pedro lo había negado, de manera que podemos imaginarnos que tendrían miedo de que les echara en cara su pésimo comportamiento. Sin embargo, Jesús los saludo con esa palabra maravillosa shalom que significa que uno desea al otro la suma de todos los bienes mesiánicos incluyendo la plena reconciliación con Dios. Jesús repite el saludo hasta tres veces en este pasaje.

En ningún caso Jesús los recrimina, sino que renueva la misión que ya antes de su muerte les había confiado. En realidad se trata de la misma misión que Él había recibido del Padre y ahora la comunica a ellos. La misión necesita de la comunicación del Espíritu Santo. Por ellos dice Jesús: Recibid el Espíritu Santo. A quienes perdonéis los  pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos" (Jn 20,23). Se trata del texto más importante referente a la institución del Sacramento de la Penitencia.  Es el sacramento especialmente instituido por Jesús para manifestar la misericordia de Dios.

Tal vez el aspecto más doloroso que se ha manifestado en la Iglesia a partir del Concilio Vaticano II es el abandono de este sacramento de parte de un gran número de católicos de muchos países, algunos más que otros. El Papa Francisco ha colocado como eje de su Pontificado el tema de la misericordia y no sólo ha proclamado un próximo Año de la misericordia, que empezará el 8 de diciembre del presente año, sino también él mismo se ha puesto a confesar en San Pedro y ha acudido a un confesionario a confesarse él. ¿Es que hoy en día se peca menos que antes, o más bien se ha perdido el verdadero sentido del pecado? Hay personas a quienes les cuesta creer que Dios las puede perdonar. El reconocimiento de sus pecados es un don de la gracia, pero estas personas han de pedir a Dios la gracia de experimentar su infinita misericordia. Podrían repetir el Salmo Responsorial de hoy, 117, que el el salmo de la Pascua por excelencia: "Dad gracias porque es bueno, porque es eterna su misericordia". Es infinita y no tiene límites. Hay otros que tampoco son capaces de experimentar la misericordia de Dios porque gracias a racionalizaciones, se convencen de que son "buena gente" y que en realidad no tienen pecados. El que no se reconoce como pecador, tampoco puede tener la experiencia de la misericordia de Dios.

Conclusión

Abramos nuestros corazones en este domingo segundo de Pascua, Domingo de la Misericordia de Dios para que podamos de verdad encontrarnos con ese Dios que es misericordia y que tiene infinitas ganas de perdonarnos, de reconciliarnos con Él. Esto lo ha demostrado entregando a su propio Hijo hasta la muerte más horrorosa de la cruz. Examinemos bien nuestra conciencia y acudamos al sacramento de la Reconciliación o la Penitencia.