sábado, 23 de abril de 2022

EL APOCALIPSIS I

HOMILÍA PARA EL SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA, 24 DE ABRIL DE 2022.


Este segundo domingo de Pascua corresponde al octavo día de la Pascua. El octavo día es un concepto muy importante y reiterado en la Biblia. Volviendo al primer capítulo del Génesis encontramos los siete días de la creación siendo el domingo el primero y el último el sábado o día de descanso. Sigue luego el octavo día que es también domingo y corresponde al día de la nueva creación, del nuevo mundo inaugurado por la resurrección de Jesucristo Nuestro Señor. Ya he comentado que la resurrección es el misterio central e imprescindible del cristianismo. San Pablo en el c. 15 de su primera carta a los corintios lo expresa claramente. Si Jesucristo no ha resucitado y por lo cual tampoco nosotros tenemos esperanza alguna de la resurrección y la nueva vida que se nos ha prometido en el bautismo, el cristianismo es un fraude y nosotros los más miserables habiendo puesto nuestra esperanza en un fraude. Sin la resurrección de Jesús, la Iglesia no existiría y el mundo sería otro.


También este domingo ha sido declarado Domingo de la Misericordia por el Papa San Juan Pablo II, siguiendo la petición de Nuestro Señor comunicada por la monja polaca San Faustina de establecer esta conmemoración de la misericordia en este domingo. Además, hoy damos inicio a una serie de lecturas, la segunda, tomada del Libro del Apocalipsis. No es que se lee con frecuencia este libro en nuestra liturgia, vamos a comentarlo dentro de lo posible en las próximas siete domingos del Tiempo de Pascua. Es un libro sumamente apropiado para el tiempo de Pascua. Se trata del último libro de la Biblia y esto no es algo de poco monto. La Biblia, tanto el antiguo como el nuevo testamento, es un conjunto de libros o escritos de diversas índoles considerados inspirados por Dios, no dictados como los musulmanes piensan acerca del Corán como dictado por el Arcángel Gabriel a Mahoma. Los autores bíblicos movidos por Dios, escribieron con su propio estilo, sus propias palabras. En el caso del Antiguo Testamento, se fueron ordenando a lo largo de los siglos llegando a completarse en los últimos siglos antes de Cristo. El Nuevo Testamento, de manera similar se fue compilando a lo largo de los siglos II y III de manera especial. Ya en el siglo IV con San Atanasio de Alejandría se había establecido el canon bíblico completo que tenemos ahora y finalmente fue definido por el Concilio de Trento en el siglo XVI como definitivo de manera que no no se puede añadir ni quitar nada de lo definido por ese concilio ecuménico. Algunos escritos demoraron más tiempo que otros en ser incorporados al Canon, entre ellos está nel Apocalipsis, la Carda de Santiago, y la de los Hebreos. En este momento no es el caso de entrar en este tema, pero señalar que el Libro del Apocalipsis ha sido colocado al final como el último. Más adelante, cuando lleguemos a comentar los últimos capítulos volveremos a este tema.


La palabra apocalipsis significa revelación, palabra que significa recorrer el velo. Así comienza nuestro libro: Revelación de Jesucristo: se la concedió Dios para manifestar a sus siervos lo que ha de suceder pronto, y envió a su ángel para dárselo a conocer a su siervo Juan.

Un ángel ha sido enviado a comunicar el mensaje del libro a un cierto Juan que sería el vidente. Tradicionalmente, al menos desde el siglo IV, este Juan es conocido como el mismo a quien se atribuye el cuarto evangelio. Sin embargo, en épocas más recientes los autores no ven tan claro que sea de San Juan Evangelista, hijo de Zebedeo. Esto se basa en un análisis del lenguaje que maneja. El ángel mencionado pudiera ser el mismo Jesucristo que comunica su mensaje a este Juan. Conviene señalar que en la iglesia primitiva había muchos profetas que tenían una posición importante y San Pablo los coloca después de los mismos apóstoles.


La primera parte del libro consiste en un saludo y unas cartas dirigidas a las siete iglesias: Éfeso, Esmirna, Pérgamo, Tiatira, Sardes, Filadelfia y Laodicea. Todas estas ciudades se encuentran en lo que es ahora la parte sur este de Turquía o Asia Menor. San Pablo había evangelizado aquellos lugares y en el libro de los Hechos de los Apóstoles podemos encontrar abundante información sobre sus viajes en aquella zona. Se trataba de un lugar donde el cristianismo había sido arraigado fuertemente. El saludo se asemeja a los que San Pablo utilizaba en sus cartas: Gracias y paz a vosoros de parte de Aquel que es,que era y que va a venir (1,4). Jesucristo es aquel que es, que era y que vendrá. Se trata del Señor resucitado que, como afirma Juan en su Prólogo, el logos por el que todas las cosas fueron hechas, que también es Rey y Sacerdote que gobierna cielo y tierra. Es testigo fiel. Es el Primogénito de entre los muertos. Jesucristo es el primero en alcanzar la nueva vida, la nueva generación y se hace Rey y Sacerdote. A él le toca todo poder en el cielo y en la tierra y como es el primero, muchos lo van a seguir.


Después de la introducción vienen las siete cartas a las Iglesias de Asia. Primero el autor dice que un domingo cayó en éxtasis. Importante este detalle, pues la visión la tuvo un Día del Señor. SE encontraba en la Isla de Patmos que se encuentra en la costa de lo que es ahora Turquía. Se trata de una isla a donde enviaban los romanos los revoltosos, un poco como lo fue Australia al inicio de siglo XIX. SE supone que había una persecución y mayormente se piensa que se trata de una persecución de parte del Emperador Domiciano, que era conocido como un tirano. Sin embargo, hoy en día hay expertos que niegan que hubiera una gran persecución sino una local y de poca importancia. El vidente escuchó una voz potente que le ordenaba escribir lo que oía y veía en un libro. Había siete candelabros de oro, cosa que nos ha de recordar del candelabro de siete brazos de los judíos que había en el templo. El personaje que vio estaba en medio de los candelabros “una figura humana” vestido con una túnica “con un centurón de oro a la altura del pecho”. Al verlo el vidente cayó a sus pies como muerto”. Este tipo de vestido sería de un sacerdote o Sumo Sacerdote. Obviamente, se trata de Jesús que además le dice luego de haber colocado su mano derecha sobre él: “No temas. Yo soy el primero y el último, yo soy el que vive. Estaba muerto y, ya ves, vivo por los siglos y tengo las llaves de la muerte y del abismo. El Señor Jesús le manda escribir todo lo que ve.


Muchos piensan que el Apocalipsis trata del fin de los tiempos, pero si fuera así son se podría explicar que entrega un mensaje para todos lo tiempos, pues el fin del mundo vendrá en una época mientras el mensaje del Apocalipsis es para ahora y e futuro. Sí ha mucho desorden, una verdadera hecatombe. Esto se explica porque un mundo que no está sujeto al dominio de Jesucristo Rey del Universo es un caos. Es verdad que con su resurrección Jesús ha logrado la victoria sobre el mal, el pecado y el demonio, pero todavía no se manifiesta plenamente u eso no se dará hasta su segunda venida o parousía, palabra que significa llegada y se traduce al latín como advento. o llegada.


Estamos al final de una época y todo lo antiguo está pasando, por eso el caos, y todavía no aparece a nosotros el triunfo del Señor. Por ello, nos corresponde la vigilancia para estar listos y preparado para el momento que llegará el Señor para llevarnos consigo a la verdadera vida que ha conquistado con su muerte y resurrección.





 

sábado, 16 de abril de 2022

CRISTO HA MUERTO, CRISTO HA RESUCITADO, CRISTO VOLVERÁ A VENIR EN SU GLORIA

HOMILÍA DE DOMINGO DE LA RESURRECCIÓN 17 DE ABRIL DE 2022.


“Cristo ha muerto. Cristo ha resucitado. Cristo volverá”. Sabemos que todo lo que existe en nuestro mundo termina, llega a su fin. Las plantas, incluso los árboles majestuosos al final terminan mueren. Es verdad que no nos gusta pensar en la muerte. Hoy en día es un tema que no se debe mencionar. La muerte de un niño nos impresiona y pensamos que algo ha fallado, el niño no ha podido completar el tiempo que según la Biblia es el normal para el hombre “setenta años y ochenta para los que son fuertes”. No obstante el horror que nos provoca la muerte, el Papa San Juan Pablo II declaró que vivimos en “la cultura de la muerte”. Se refería en primer lugar al hecho de que millones de niños no nacidos son masacrados cada año sin siquiera tener la posibilidad de nacer. “Cristo ha muerto”. Sí murió de la manera más horrorosa a apenas 33 años. Todos los discípulos que estuvieron presentes cerca de la cruz, en su sepultura como María de Magdalena, José de Arimatea y Nicodemo y constataron el hecho de su muerta en la cruz y su sepultura obviamente pensaban que todo lo maravilloso que Jesús había logrado con su Palabra, con sus milagros extraordinarios había acamado. Como todo lo demás que existe en este mundo, había muerto y por eso sufrieron tanto. Como dijeron los dos discípulos de Emaús “nosotros pensábamos que él fuera a liberar a Israel”, pero pese a la gran esperanza que tenían, se acabó. Murió y fue sepultado. Hay biblistas y teólogos que han propuesto la teoría según la cual, los discípulos mantuvieron el gran recuerdo de Jesús y todo lo que hizo y de esa manera “resucitó”,pero esto es una falsedad que no tiene fundamento en el Nuevo Testamento.


“Cristo ha resucitado”. Ni María Magdalena, ni las otras mujeres, ni San Pedro, ni San Juan ni nadie esperaba que al llegar al sepulcro el domingo en la mañana el tercer día desde la muerte de Jesús que Jesus “ha resucitado”. Llegaron al sepulcro y descubrieron que su cuerpo no se encontraba en el sepulcro. Lo primero que se le ocurrió a María Magdalena era que habían robado el cuerpo, y cuando vio un hombre en el huerto, suponiendo que se trataba del hortelano, y quería saber donde lo habían llevado para que ella fuera a recuperarlo. Ciertamente, el hecho de haber descubierto que la tumba estaba vacía de parte de María Magdalena no es un prueba de la resurrección pero sin este hecho los apóstoles no hubieran proclamado que Jesús había resucitado. Es cierto que algunos judíos, particularmente los fariseos, esperaban una resurrección de los justos al final de los tiempos, pero nadie esperaba que tal hecho pudiera adelantarse y darse en el caso de Jesús.


La importancia de la resurrección de Jesús de entre los muertos no se puede exagerar, San Pablo dice claramente a los Corintios, que si Cristo no ha resucitado nuestra predicación es vana, no tiene ningún sentido. El misterio de la resurrección es el centro de toda la fe cristiana. Si no resucitó San Pablo afirma que somos las personas más miserables. San Pedro afirma en su discurso en le Día de Pentecostés: Israelitas, escuchad estas palabras: A Jesús, el Nazoreno, hombre acreditado por Dios entre vosotros con milagros, prodigios y señales que Dios hizo por su medio entre vosotros, como vosotros mismos sabéis, a éste, que fue entregado según el determinado designio y previo conocimiento de Dios, vosotros le matasteis clavándole en la cruz por mano de los impíos; 24 a éste, pues, Dios le resucitó librándole de los dolores del Hades, pues no era posible que quedase bajo su dominio”. SE trata del primer discurso público en el mismo día de Pentecostés.


San Pablo afirma que él recibió el mensaje de la resurrección de Jesús “os transmití ,en primer lugara mi vez recibí, que Cristo murió por nuestros pecados, según las Escrituras, que fue sepultado y que resucitó al tercer dia...Y se no resucitó Cristo, vacía es nuestra fe, vacía es también vuestra fe”. Más clara el agua, es decir, la fe en la resurrección es la piedra angular de nuestra fe cristiana. A lo largo de lo siglos, los cristianos se saludaban con gran alegría en este día “Cristo ha resucitado. Verdaderamente ha resucitado”.


Este hecho es la prueba definitiva de que lo que hay en nuestro mundo, todo lo que experimentamos en este mundo pasajero no es todo lo que existe. Con la resurrección de Jesucristo, afirma el Papa Benedicto XVI, se ha descubierto una nueva dimensión de la realidad. Nuestra existencia no termina en este mundo. Por eso, al descubrir el hecho de que Jesús había resucitado de entre los muertos, los apóstoles y discípulos que tuvieron la gracia de experimentar sus apariciones se llenaban de alegría. También nosotros podemos experimentar esta misma alegría y tener una gran esperanza de encontrarnos con el Señor Resucitado, como escribe San Pedro en su primera carta: Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien por su gran misericordia, mediante la resurrección de Jesucristo de entre los muertos, nos ha reengendrado a una esperanza viva, a una herencia incorruptible, inmaculada e inmarcesible , reservada en los cielos para vosotros”


 

sábado, 2 de abril de 2022

NO PEQUES MÁS

HOMILÍA PARA EL QUINTO DOMINGO DE CUARESMA CICLO C, 3 DE ABRIL DE 2022.


En esta homilía voy a seguir una pauta dada por Monseñor Robert Barron, muy conocido como predicador y escritor. En primer lugar llama la atención sobre el pasaje del Profeta Ezequiel, en la época del exilio en Babilonia cuando tanto el templo como la ciudad de Jerusalén fueron destruidos por el Rey Nabocadonosor de Babilonia en el año 587/586 a. C. Exequiel se encontraba en Babilonia y tuvo una visión de la gloria de Dios separándose del templo como una nube y yendo hacia oriente, hace el Monte de Olivos. Aunque después el templo fue reconstruido, no hay ningúna mención de la vuelta de la gloria del Señor al templo en el Antiguo Testamento. En el c, 8 del Evangelio de Juan, se dice: “Más Jesús se fue al monte de los Olivos. Pero de madrugada se presentó otra vez en el tiemplo, y todo el pueblo acudía a él. Por lo tanto, podemos ver la vuelta de Jesús del Monte de los Olivos como el retorno de la gloria de Dios al templo donde se puso a predicar a la gente.


En segundo lugar, Monseñor Barron parte de un aspecto del pensamiento de un gran filósofo francés, René Girard, un católico devoto sobre el conflicto entre humanos y de manera concreta sobre la costumbre de provocar unos chivos expiatorios (“scapegoating) en inglés. La teoría de Girard se denomina “deseo mimético”. La teoría de Girard se expresa muy bien en nuestro pasaje evangélico de hoy.


Se trata de la mujer pillada en flagrante adulterio que se encuentra en el c. 8 del Evangelio de San Juan. Se trata de un pasaje que pareciera más común en el Evangelio de San Lucas o San Mateo, de manera que algunos autores consideran que fue agregado al de San Juan posteriormente. En primer lugar, “los escribas y fariseos le llevan una mujer sorprendida en adultera, la ponen en medio y le dicen: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en flagrante adulterio. Uno pudiera preguntarse cómo fue descubierta en flagrante adulterio. La llevan al templo donde había una muchadumbre y anuncian que fue pillada en flagrante adulterio. Por un lado, se trata de un ataque a Jesús, porque le presentan con un dilema. Si fuera a no reconocer que se trataba de un pecado grave, ya se confirman en su idea de que no puede ser el Mesías, porque el mismo Moisés había declarado en la ley que una adultera fuera apedreada. Por otro lado, podría parecer poco misericordia. De hecho, San Agustín comentaba que el episodio trataba de miseria y misericordia. Ciertamente, es un típico ejemplo del chivo expiatorio.

El mecanismo del chivo expiatorio es bien conocido e incluso niños lo utilizan en el colegio contra otros. Se va formando un grupo se va formando gracias al chismorreo, pues era verdad que la mujer había pecado, pero no es la única que peca aquí. No aparece el hombre con el que cometió el pecado. No hay ningún interés en el caso de los fariseos y escribas a lograr que la mujer se arrepienta como hace Jesús sino presentarse como los defensores de la ley sin un mínimo de compasión hacia la mujer. Más bien ellos se presentan como los virtuosos, los que quieren aplicar la ley a rajatabla.

Jesús se agacha y se pone a escribir en el suelo. Curiosamente, ésta el la única ocasión en la que Jesús escribe algo. No sabemos lo que escribió. Algunos de los grandes Padres de la Iglesia como San Agustín, especulaban que Jesús escribía los pecados de los acusadores de la mujer, pero no sabemos porque el evangelio no nos entrega este detalle. Lo que sí sabemos es que los acusadores iban abandonando la escena uno detrás del otro, comenzando con los mayores. Al final, Jesús se levanta y encuentra que la mujer se quedó sola. Jesús le pregunta si nadie la había acusado y dijo que no. Luego dijo Jesús “tampoco yo te acusa”. “Vete y no peques más”. Fácilmente, podemos imaginarnos el alivio que sentiría la mujer al escuchar estas palabras de Jesús. Hay un abismo entre los esfuerzos de los fariseos y escribas al intentar crear un chivo expiatorio y la actitud de Jesús, que no quiere condenarla, pero le dice la palabra más oportuna “no peques más”. Obviamente, Jesús no iba aceptar el pecado, pero con su actitud de misericordia, supera la miserid de los fariseos. El domingo pasado, hemos reflexionado sobre los dos hijos, ambos muy lejos de la actitud del padre, pero el primero realmente se arrepiente mientras el mayor manifiesta una actitud de “miseria”, no sabemos si entró y participó de la fiesta. En ambos casos encontramos un modelo de comportamiento en el caso de Jesús o el padre cuya actitud logra no hacer leña del árbol caído sino lograr que se arrepiente el pecador.