sábado, 28 de febrero de 2015

HOMILÍA, II DOMINGO DE CUARESMA, CICLO B

DOMINGO II DE CUARESMA, CICLO B

Podría llamarnos la atención el hecho de que la Iglesia nos propone el episodio de la Transfiguración en este segundo domingo de Cuaresma luego de haber contemplado a Jesús luchando contra el demonio en el desierto el domingo pasado. En realidad, en todos los tres evangelios sinópticos este episodio se presenta en un momento central del misterio de Jesús en Galilea, y de manera particular en San Marcos. El Evangelio de San Marcos tiene su punto central en el episodio de la confesión de fe de Pedro en Cesarea Filipo. Ya desde el inicio del evangelio, se nos presentan la pregunta de ¿quién es Jesús? Tanto su predicación y sus milagros provocan asombro en sus oyentes porque ven su autoridad, su poder y la convicción con la que habla. Una primera gran respuesta viene con esta confesión de Pedro, que Jesús es el Cristo, o Mesías, el Hijo de Dios, que es precisamente lo que San Marcos se propone demostrar en el primer versículo.  de su evangelio: "Evangelio de Jesús, Mesías, Hijo de Dios". También le interesa corregir el posible mal entendido acerca de la naturaleza de la misión mesiánico de Jesús, porque a partir de este momento central en su evangelio comienza a insistir en el hecho de que Jesús va a ser condenado por los sacerdotes y  escribas, va a morir en la cruz y al tercer día resucitar. Sabemos que San Marcos acompañó a San Pedro en su predicación en Roma y le da mucha importancia a este episodio de la Transfiguración.

Los apóstoles, como nosotros también,  necesitamos el estímulo de la gloria de la resurrección,  adelantada en la Transfiguración para poder saber quién es Jesús y cómo vale la pena seguirlo hasta
la cruz. En primer lugar, escoge a tres de ellos, los más allegados a Él, Pedro, Santiago y Juan y suben a una montaña alta. En la Biblia la montaña tiene un lugar importante como escena del encuentro con Dios. Dios mandó a Abrahán sacrificar a su hijo Isaac en la Montaña de Moria, que es precisamente el lugar donde se encuentra Jerusalén. Moisés tuvo la visión de la zarza ardiente enfrente de la Montaña de Sinaí, donde luego se le entregó las tablas de la ley y se hizo la Alianza con Dios que es el fundamento de toda la vida del Pueblo de Israel. Elías se retiro a esta misma montaña, llamada también Horeb, donde también se le apareció Dios en la briza suave de la mañana. Jerusalén está sobre el Monte Sión. Jesús dio la nueva ley en el Sermón de la Montaña en el Evangelio de San Mateo. Se retiraba con frecuencia a una montaña a pasar toda la noche en oración. Finalmente ascendió al cielo en el Monte de los Olivos.

La subida a la montaña implica dejar por un tiempo los negocios del mundo y entrar en el silencio en el que se encuentra a Dios. Antiguamente la gente tenía mucho tiempo de silencio, por ejemplo los que trabajaban en el campo. Hoy en día, casi siempre están “conectados” escuchando música con los celulares, viendo la TV. Cuando les ponen electricidad a la gente pobre en la Sierra y en la Selva, lo primero que hacen es comprar un televisor, un instrumento que cambia radicalmente su vida familiar. La encienden desde cuando se levantan hasta que se acuestan y en vez de conversar y compartir en familia rinden culto a todo lo que sale en este aparato. Hace un par de días de dio una manifestación en Lima en contra de la “telebasura”. Claro, pero nadie les pone una pistola delante para que enciendan el televisor y lo vean. Un buen propósito para la Cuaresma sería, además de hacer ayuno en lo referente a los alimentos, ayunar de la televisión y demás medios electrónicos. Luego en el tiempo que rescatamos podemos dedicar un mejor esfuerzo a la oración, elevar la mente y el corazón a Dios. Recordemos que según San Lucas, Jesús estaba orando el el momento de la Transfiguración. La oración en nuestro caso requiere el esfuerzo de eliminar los obstáculos, las distracciones y demás bulla. . Jesús invita a entrar en el propio cuarto y cerrar la puerta para encontrar allí a Dios como Padre.

La palabra transfigurción, en griego metamorfsé, significa ir más allá de la forma. Es decir, a los apóstoles se les dio la posibilidad de descubrir a Jesús no ya en su forma natural que conocían, sino en una nueva dimensión, es decir, su verdadera naturaleza de Hijo de Dios. San Marcos entrega unos detalles que los otros evangelistas no dan, probablemente los recibió de San Pedro, como he señalado arriba: sus vestiduras se hicieron resplandecientes, más blancas de lo que pudiera hacer cualquier batanero del mundo. Resplandecientes debido a la luz que irradiaba de Jesús. Recordemos que cuando los ángeles aparecieron cantando ante los pastores en Belén, apareció una luz grande. San Juan afirma que “Dios es luz y no hay en él tiniebla alguna”. Las tinieblas representan todo el mal y el pecado que hay en nuestro mundo. Muchos de los delitos se cometen de noche, por ejemplo los atracos, asaltos a casas etc. La blancura es símbolo de pureza y de esplendor. Jesús dice en el Sermón de la Montaña, “vosotros sois la luz del mundo”. Eso en cuanto estamos unidos a él y llamados a iluminar el mundo y dispersar las tinieblas. ¿Con más de 1000 millones de católicos bautizados ¿cómo es que hay tanta tiniebla en el mundo, tanta matanza, corrupción,
arbitrariedad, peleas, malos tratos y demás males? Es que la luz de Cristo no ha penetrado de verdad en nosotros todavií. Somos expertos y lamentarnos del mal que hay en otros sin reconocer el que hay dentro de nosotros.

Jesús estaba hablando con Moisés y Elías, representando ellos la ley y los profetas. San Lucas dice que hablaban de su “éxodo” o salida que se iba a dar en Jerusalén. Es decir, toda la vida de Jesús está enfocada hacia el momento culminante de su entrega total en la cruz. Precisamente para ayudar a los apóstoles a sobrellevar el escándalo de la cruz les hizo partícipes de esta experiencia en la montaña y les revela una nueva dimensión de su ser. El Papa Benedicto XVI explica en su libro Jesús de Nazaret que la resurrección de Jesús inaugura una nueva dimensión de la realidad. Nuestra participación en la Eucaristía nos coloca en el umbral de esa nueva dimensión. .

Luego San Pedro habla, como casi siempre. Solemos pensar mal de Pedro por decir, “qué bueno es estar aquí, hagamos tres tiendas, una para ti, otra para Moisés y otra para Elías!”. La tienda en la mente de un judío del siglo I le recordaría la Tienda del Encuentro en el desierto que era como un templo donde se encontraba el arca de la alianza con las dos tablas de la ley y a la que se podía acudir para orar ante el Señor. . Se trataría, pues de una ocasión para rendir culto a Dios. Además, Pedro no piensa en sí mismo ni propone que haya una tienda para él. Recordemos que una de las principales tareas de Jesús como Mesías iba a ser la de instaurar el verdadero culto, el culto razonable, es decir,  digno del hombre, y en espíritu y en verdad. Esta es una lección para nuestra vivencia de la Cuaresma, la de renovar nuestra participación en la Santa Misa, intentando poner más atención, que sea una ocasión de dar gracias al Señor (Eucaristía significa dar gracias), alabarlo, interceder por nuestro hermanos, vivos y difuntos y pedir lo que es conveniente, es decir, gracia para poder cumplir su voluntad. También podríamos hacer un esfuerzo por acudir a la misa algunos días durante la semana, participar en una hora santa o en el Via crucis.

También el evangelio que los apóstoles quedaron sobrecogidos de asombro. Al orar, también a nosotros nos conviene el asombro ante tanta maravilla que ha hecho y hace el Señor en nuestra propia vida y en el mundo entero. Luego, viene la voz del Padre desde la nube. La nube siempre señala la presencia de Dios en la Biblia. Sabemos que Jesucristo es la Palabra de Dios hecho hombre y todas sus palabras provienen del Padre, pero son raras las ocasiones en el evangelio en las que aparece la palabra misma del Padre. Aquí dice que Jesús es su Amado y manda escucharle. La escucha de la voz del Señor es oración. San Juan de la Cruz dijo que Dios en Jesús ha expresado todo lo que es y que no tiene ya nada más que comunicar. Podemos escuchar a Jesús a través de una atenta meditación del Evangelio, también a través de la voz de la Iglesia.  Dijo Jesús a los apóstoles en una ocasión: “el que a vosotros os escucha, a mí me escucha”. Escuchar no es fácil porque exige de nosotros atención y eso requiere un esfuerzo.


Ojalá hoy el Señor nos conceda la gracia de descubrir un poquito más quién es Jesús, avanzar en el conocimiento de Él. También el hecho de meditar en este episodio tan importante del Evangelio debe llenarnos de alegría y empujarnos a pedir al Señor la gracia de una experiencia más íntima y personal de él. Cuando Jesús se encontró con la Samaritana cerca del pozo y ella fue a comunicar a sus paisanos lo que había experimentado, y Jesús había ido al pueblo, ellos contestaron que ellos mismos lo habían conocido y encontrado de manera que no dependían de lo que les contó la mujer. . No basta tener noticia de Jesús, de quién es, necesitamos ir más allá y lograr una experiencia personal de Él.´Así podremos darnos cuenta de  que lo que nos pide no es una carga pesada que no podemos soportar, sino que su “yugo es suave y su carga ligera".


lunes, 23 de febrero de 2015

COMENTARIO RESPECTO A LA HOMILÍA Y ALGUNAS OTRAS CUESTIONES LITÚRGICAS

La semana pasada la Sagrada Congregación para el culto divino y la disciplina de los sacramentos publicó el Directorio Homilético, ya prometido desde hace unos años en la Exhortación Apostólica Verbum Domini del Papa Benedicto XVI. En forma digital se puede encontrar buscando en Google y en forma escrita he visto que se vende en la web del Centro de Pastoral Litúrgica de Barcelona. No voy a resumir el contendido, pues cualquiera que le interesa lo puede encontrar en la web o en resumen en los portales católicos más conocidos como Acriprensa. En un primer capítulo da una buena síntesis de la naturaleza de la homilía basándose en diversos documentos del Magisterio desde la Presbyterorum Ordinis del Vaticano II hasta la Evangelii Gaudium del Papa Francisco. La parte central del documento es un análisis de la liturgia de los diversos tiempos litúrgicos del año empezando con la Cuaresma y la Pascua. Es la parte más útil para el homilista dado que le da una buena síntesis del sentido litúrgico de cada tiempo juntamente con puntos útiles acerca de las lecturas propuestas para cada tiempo o fiesta. Hay también un Apéndice que contiene referencias al Catecismo de la Iglesia Católica relación con las lecturas de los tres ciclos de los domingos de manera que se pueda servir de este esquema para realizar homilías biblico-catequéticas y así repasar todas los grandes misterios de la fe a lo largo de los tres años. Dado que muchos de los fieles que participan en la Misa no suelen acudir a otros grupos o actividades de catequesis o bíblicas, la homilía es la única ocasión que van a tener para profundizar en su fe.

Conviene señalar  que en los últimos años en la Iglesia se ha dado  mucha atención al tema de la homilía, en general crítica. Al menos, la impresión que se recibe es que algo va mal con las homilías que se predican en las parroquias. Los obispos reunidos en Sínodos y las correspondientes Exhortaciones Apostólicas de Benedicto XVI, Sacramentum Caritatis y Verbum Domini, como también la Evangelii Gaudium del Papa Francisco, en este caso incluyendo en este documento que viene siendo la exposición del programa para su Pontificado un largo apartado que entrega una serie de consejos sobe cómo debe ser una buena homilía. El muy conocido autor italiano, Vittorio Messori, que hace tres décadas hizo una entrevista/libro al entonces Cardenal Ratzinger, Informe sobre la fe y otra a San Juan Pablo II, Cruzando el umbral de la esperanza, publica ahora un libro llamado Cómo ir a misa y no perder la fe, juntamente con Nicola Bux, http://www.ociohispano.es/libro/como-ir-a-misa-y-no-perder-la-fe_1272
El libro contiene un capítulo sobre la homilía. Según el portal Religión en Libertad, http://religionenlibertad.com/vittorio-messori-lanza-tres-sugerencias-a-todos-los-sacerdotes-para-que-40684.htm, da unos  consejos al homilista: simplificar, contar historias y apuntar al adversario, es decir dramatizar. Afirma, tomando un ejemplo del fútbol: "Los partidos amistosos, subraya Messori, aburren" y  "Querer comunicar sin simplificar puede confundir en lugar de iluminar; olvidarse de personalizar lleva a la insignificancia de ideas que resbalan por la roca y no van a lo profundo; sin dramatizar, se consigue un discurso que, a falta de adversario, ya no es humano; se afloja, provocando no la atención y la pasión, sino las miradas al reloj para ver si la predicación está ya a punto de acabar." Insiste también en la necesidad de que el predicar tenga una, una sola idea o argumento que comunicar.

En cuanto a tener adversario, vemos que en el evangelio Jesús se encontraba constantemente con sus adversarios los fariseos, también los saduceos y los herodianos. Podemos imaginar el impacto que tuvo en su audiencia cuando lograba rebatirles. Un ejemplo claro es cuando le llevaron la moneda con la imagen del César y le preguntaron si es lícito pagar tributo al César o no. También San Pablo tuvo que enfrentarse constantemente con adversarios. Por eso probablemente es tan interesante la Carta a los Gálatas en la que prescinde de los acostumbrados saludos y entra de inmediato en controversia con los que cuestionaban su autoridad apostólica. Tanto en esta carta como en la segunda a los corintios, que también es polémica y probablemente un resumen de varias cartas, recurre a datos autobiográficos que siempre son interesantes.

Otro libro que recomiendo mucho a diáconos, sacerdotes y seminaristas sobre la homilía es: Chino Biscotin, Homilías más eficaces, Madrid, Edice, 2008. Está editado por la Conferencia Episcopal Española. El autor es un sacerdote italiano que tiene una gran experiencia en la tarea de dirigir talleres sobre la predicación a sacerdotes. Me parece que en el seminario, más allá del estudio de la homilía desde el´punto de vista de la liturgia y lo que enseñan los documentos de la Iglesia, se debería de organizar los cursos de oratoria y homilética como talleres. Se podría entregar un poco de teoría, luego hacer que los alumnos estudien algunos modelos, y luego hagan práctica. Tendrían que escribir su ejercicio y algunos de ellos impartirlo en la clase, seguida de una discusión sobre los aspectos positivos y lo que habría que mejorar. Creo que este tipo de taller se debería de dar a lo largo de todos los años de formación en el seminario. Dentro de lo posible se podría llevar al seminario expertos en comunicación verbal, por ejemplo los que entrenan a actores y locutores, pues hoy en día la gente está acostumbrada a ver a grandes comunicadores en la televisión y tenemos que competir con ellos.

Yo añadiría un punto que me queda en la memoria de las clases de oratorio y homilética que  recibí en el seminario: conocer la audiencia. El mismo traje no les queda a todos. Parece un consejo obvio, pero es fácil olvidarlo. No es lo mismo predicar en una misa en la que participa mayormente personas mayores que otra con la participación de muchos jóvenes. También hay que saber que la gente se distrae mucho. si ven televisión tres o cuatro horas al día, se les pasan delante miles de imágenes en rápida sucesión de manera que hay una obvia necesidad de filtrarlas. A veces me llama la atención al terminar de escuchar la confesión de una persona, pese a haberle indicado la penitencia, preguntan:" ¿cuál es la penitencia, Padre?". Pasa lo mismo en las clases. Hay que tener un objetivo específico para cada homilía. Puede ser explicar un aspecto de la doctrina, por ejemplo, el sacrificio de la misa; puede ser persuadirles a practicar la oración, el ayuno y la limosna en la Cuaresma. En este caso se les puede recomendar el rezo del rosario, de oraciones breves aprovechando momentos muertos durante el día, al andar en auto, al caminar por la calle etc. En cuanto al ayuno, hoy día dado que el ayuno con fines religiosos casi ha desaparecido de la Iglesia, habría que explicarles su valor y darles unas pautas concretas para hacerlo en la cuaresma. En cuanto a la limosna, se les podría sugerir modos de intensificar la ayuda a los más necesitados durante al Cuaresma, como por ejemplo dando alguna limosna a un pobre en la calle, colaborar en alguna colecta pública, al comprar algo buscar no lo que a uno más le gusta, sino algo de menor precio y dar lo que se ha ahorrado a una causa para ayudar a pobres.

Otro problema que tenemos los sacerdotes en relación con las homilías es la utilización de terminología teológica técnica, que posiblemente antes,  el común de los fieles comprendía bastante bien, como salvación, sacrificio, redención, expiación, pecado original, gracia etc. Si bien es cierto que el la Iglesia no puede prescindir de este tipo de terminología, e incluso conviene que los fieles comprendan estos términos, pero hay que  explicarlos con la ayuda de ejemplos antes de introducirlos. Parte del problema que aquí se presenta es que con frecuencia no se lograr conectar el significado de estos conceptos a la situación real de vida de la gente, cosa que Jesús hacía magistralmente a través de las parábolas y ejemplos concretos de la vida agrícola de Galilea.

Un alumno del seminario que ha hecho su tesina de bachillerato sobre los motivos por los que los católicos se van a las sectas evangélicas descubrió que uno de ellos es precisamente el tipo de predicación que realizan ellos comparado con la nuestra. Ellos apelan fuertemente a las emociones y nosotros, luego de haber estudiado filosofía y teología a lo largo de siete años parecemos muy cerebrales y movemos poco a la gente a través de las emociones. En realidad las emociones son muy importante para la motivación. Eso lo saben perfectamente los expertos en publicidad de manera que con frecuencia manipulan provocando unas emociones que relacionan con el producto que quieren que uno compre.  No estoy diciendo que debemos imitarles a ellos en los excesos que pudieran tener en este aspecto, pero si el predicador no manifiesta entusiasmo y una cierta pasión en lo que predica, es poco probable que vaya a mover a la audiencia. En pocas palabras, como dicen los españoles, "hay que mojarse". San Pablo escribe así a los corintios:

"¡Corintios! os hemos hablado con toda franqueza; nuestro corazón se ha abierto de par en par. No está cerrado nuestro corazón para vosotros; los vuestros sí que están para nosotros. Correspondednos; os hablo como hijos. Abríos también vosotros (2 Co 6, 11-13). 

Posiblemente nos dan un poco de miedo las emociones, pues no siempre son fáciles de controlar y nos dan malas pasadas. Sin embargo, constituyen un elemento esencial del ser humano, que no es un ángel. Puede que unos padres amen mucho a sus hijos y se sacrifiquen por ellos, buscando entregarles lo mejor en cuanto a educación etc. Pero si no expresan ese amor a través del cariño, de manifestaciones corporales como abrazos y besos, los niños no lograrán experimentar ese amor y no será verdaderamente humano. La Sagrada Escritura recurre a expresiones e imágenes  muy humanas como "entrañas de misericordia", como también la reacción del padre en la parábola del Hijo Pródigo al acoger al hijo perdido que retorna a la casa paterna.

Messori recomienda que el homilista cuenta historias, sobre todo de su propia experiencia, aunque otros lo desaconsejan porque por el peligro de narcisismo que es algo que el clero tiene que cuidar. Si ayuda a ilustrar el tema de la homilía y a alcanzar el objetivo que se ha propuesto el predicador, podrían ser un buen elemento, pero tampoco en exceso.

El signo de la paz.

En el Sínodo de Obispos de 2005 acerca de la Eucaristía se discutió acerca de la conveniencia o no de cambiar el signo de la paz a otro momento de la celebración de la Eucaristía. De hecho, se autorizó al Camino Neocatecumal en sus misas tenerlo después de las intercesiones, tal y cómo se encuentra en la descripción de la celebración de la Eucaristía de San Justino en su primera Apología. El Papa Benedicto XVI encomendó a la Sagrada Congregación de la Disciplina de los Sacramentos y el Culto Divino el estudio de la cuestión y una consulta a las Conferencias Episcopales. Como resultado de este proceso se envió una carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales del mundo fechada el 12 de julio 2014 y firmada por el Cardenal Antonio Cañizares Llovera, entonces Prefecto de la misma Congregación:  http://vaticaninsider.lastampa.it/fileadmin/user_upload/File_Versione_originale/Rito_de_la_Paz.pdf

Se llama "Carta circular: El significado del ritual del Don de la Paz en la Misa". Luego de resumir el significado del don de la paz en la Eucaristía y de señalar que la mayoría de las Conferencias Episcopales consideran mejor no hacer cambios en cuanto al momento de la misa en el que se realiza, indica la conveniencia de una catequesis oportuna en caso en que los fieles no comprenden su significado, además de recordar que según las circunstancias se puede omitir.

Luego la carta indica algunos abusos que habría que evitar: la introducción de un canto por la paz inexistente en el Rito Romano; el desplazamiento de los fieles para darse la paz o que el sacerdote abandone el altar para dar la paz a algunos fieles. También indica que en ocasiones como la celebración del Bautismo, Primeras Comuniones, Ordenaciones y Profesiones Religiosas y Exequias se ha de evitar que se convierta el rito de la paz en una oportunidad para ofrecer felicitaciones o condolencias. Conviene indicarles este hecho e invitarles a esperar hasta después de la Misa para las felicitaciones, pues el rito de la paz invoca el don de la paz que el Señor quiere dar y no una felicitación.

Mi observación personal es que probablemente la carta se habrá quedado en la Conferencia Episcopal o en el despacho del Obispo sin que dieran a conocer su contenido a los sacerdotes, diáconos y fieles. Esto porque he podido constatar que en muchas ocasiones se sigue cantando un canto para la paz, no se ha intentado dar ninguna catequesis a los fieles respecto al verdadero sentido de este gesto. No cabe duda que muchos de ellos lo ven como un saludo entre ellos, una felicitación o momento de expresar condolencias. Esto se debe a mi parecer a la degradación del verdadero sentido de la liturgia como acción sagrada y culto a Dios, no un instrumento para construir comunidad. Cuando hay abusos, Roma suele publicar un documento o enviar una carta a los Presidentes de las Conferencias Episcopales y luego no pasa nada, todo sigue igual.

Otros abusos litúrgicos comunes 

La misma Congregación a lo largo del Pontificado de San Juan Pablo II ha publicado varios documentos que resumen los abusos litúrgicos que quiere erradicar, pero lamentablemente la multiplicación de los documentos indica la futilidad de sus intentos. El mismo Concilio Vaticano II, en su Constitución sobre la Liturgia, Sacrosanctum Conilium indica que ninguno, ni sacerdote puede cambiar nada en la liturgia, que le corresponde a la autoridad eclesiástica la ordenación de la liturgia, ante todo la Santa Sede, quedando las Conferencias Episcopales facultadas para proponer adaptaciones según el caso. En primer lugar, en cuanto a la celebración de la Eucaristía, está la Institución General del Misal Romano cuya tercera edición fue publicada en 2002. Obviamente es un documento muy importante para el sacerdote como guía de cómo ha de celebrar la Eucaristía, pues la liturgia, es acción sacerdotal de Jesucristo en comunión con su Iglesia, por lo tanto es de la Iglesia, y no está sometida al arbitrio, ni a la devoción personal de cada sacerdote, o por ende cada obispo. Cuando he enseñado liturgia he mandado a los seminarista leer este documento y entregar un resumen. Me da la impresión de que muchos sacerdotes no lo han leído nunca. Explica la naturaleza de cada uno de los ritos y aspectos de la celebración de la Eucaristía indicando cómo se han de realizar.
http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20030317_ordinamento-messale_sp.html
Debido a que la celebración de la Eucaristía es el principal acto del  ministerio del sacerdote, uno pensaría que la realizaría con el máximo esmero. Antes del Vaticano II, se llegó a excesos en lo que se llamaba rubricismo, expresado en los manuales de liturgia que se manejaban en los seminarios de entonces. Alguno se puso a contar cuántos pecados mortales pudiera cometer un sacerdote en el caso de descuidar ritos y las rúbricas (indicaciones escritas en letra roja), y concluyó que podía cometer hasta 120. Como el ser humano funciona como un péndulo, se ha ido de ese extremo al otro de  ir inventando la liturgia al aire de cada sacerdote, pese a que el Papa Juan Pablo II indicó que los fieles tienen DERECHO de participar en la liturgia celebrada según las normas establecidas por la Iglesia. El que insiste en cumplir fielmente lo que está prescrito en las normas y rúbricas es considerado "rígido".

El documento más reciente y más completo publicado por la Congregación de la Disciplina de los Sacramentos y el Culto Divino  acerca de la celebración de la Eucaristía se titula Redemptoris Sacramentum y tiene como subtítulo Sobre algunas cosas que se han de observar o evitar acerca de la Santísima Eucaristía  http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/ccdds/documents/rc_con_ccdds_doc_20040423_redemptionis-sacramentum_sp.html
Fue publicada en la misma época que la última encíclica de San Juan Pablo II, que trata de la la Eucaristía. Contiene un apartado acerca del Obispo Diocesano como Gran Sacerdote de su Grey. No se puede esperar que todos los obispos sean expertos en liturgia, pero conviene que tengan tanto un Maestros de Ceremonias que conozca bien su oficio y que le obedezcan en las celebraciones, y también que la diócesis tenga una Comisión de Liturgia, cosa que no muchas tienen, tal vez por ser demasiado pequeñas y no contar con gente experta para participar en ella. Lo cierto es que muchos de los abusos los practican los mismos obispos. Señala que "Explique el auténtico sentido de los ritos y de los textos litúrgicos y eduque en el espíritu de la sagrada Liturgia a los presbíteros, diáconos y fieles laicos, para que todos sean conducidos a una celebración activa y fructuosa de la Eucaristía".(22). No necesariamente tiene que cumplir esta tarea personalmente, sino que puede encomendarla a uno que tenga conocimiento del tema.

Esta instrucción tiene unas palabras serias para los presbíteros: "No vacíen el propio ministerio de su significado profundo, deformando de manera arbitraria la celebración litúrgica, ya sea con cambios, con mutilaciones o con añadidos. En efecto, dice San Ambrosio: «No en si, [...] sino en nosotros es herida la Iglesia. Por lo tanto, tengamos cuidado para que nuestras caídas no hieran la Iglesia». Es decir, que no sea ofendida la Iglesia de Dios por los sacerdotes, que tan solemnemente se han ofrecido, ellos mismos, al ministerio" 

 Llama la atención la dureza y la contundencia con las que esta Instrucción condena los abusos litúrgico. Aunque la cita sea larga no me resisto a copiarla para que sea vea qué es lo que dice y esto no es todo. Se confirma el refrán según el cal la ignorancia es atrevida: " El Misterio de la Eucaristía es demasiado grande «para que alguien pueda permitirse tratarlo a su arbitrio personal, lo que no respetaría ni su carácter sagrado ni su dimensión universal». Quien actúa contra esto, cediendo a sus propias inspiraciones, aunque sea sacerdote, atenta contra la unidad substancial del Rito romano, que se debe cuidar con decisión, y realiza acciones que de ningún modo corresponden con el hambre y la sed del Dios vivo, que el pueblo de nuestros tiempos experimenta, ni a un auténtico celo pastoral, ni sirve a la adecuada renovación litúrgica, sino que más bien defrauda el patrimonio y la herencia de los fieles. Los actos arbitrarios no benefician la verdadera renovación, sino que lesionan el verdadero derecho de los fieles a la acción litúrgica, que es expresión de la vida de la Iglesia, según su tradición y disciplina. Además, introducen en la misma celebración de la Eucaristía elementos de discordia y la deforman, cuando ella tiende, por su propia naturaleza y de forma eminente, a significar y realizar admirablemente la comunión con la vida divina y la unidad del pueblo de Dios. De estos actos arbitrarios se deriva incertidumbre en la doctrina, duda y escándalo para el pueblo de Dios y, casi inevitablemente, una violenta repugnancia que confunde y aflige con fuerza a muchos fieles en nuestros tiempos, en que frecuentemente la vida cristiana sufre el ambiente, muy difícil, de la «secularización».

A continuación quiero señalar algunos abusos concretos que comúnmente se cometen. En primer lugar, en cuanto al saludo, pareciera obvio, siendo la liturgia una acción sagrada, no una mera reunión comunitaria, no corresponde saludar con "Buenos días". En algunos casos he escuchado que el sacerdote repite sus "Buenos días" en voz más alta para que los fieles le contesten. Nada de esto esta previsto y está totalmente fuera de tono en la liturgia.  En este sentido la Redemptoris Sacramento (RS)  señala: Es necesario reconocer que la Iglesia no se reúne por voluntad humana, sino convocada por Dios en el Espíritu Santo, y responde por la fe a su llamada gratuita (en efecto, ekklesia tiene relación con Klesis, esto es, llamada)" Tiene que ceñirse a los saludos presentados en el Misal, pues hay varias opciones y algunos corresponden al tiempo litúrgico. Incluso antes del saludo algunos sacerdotes leen una larga lista de intenciones pero tampoco esta previsto eso. Luego del Saludo, la Institución General (IGMR) señala que el sacerdote, el diácono o un laico puede hacer una introducción a la liturgia del día " con brevísimas palabras" (50).

Otro error común es que a lo largo de esta primera parte de  la misa, luego de haber besado el altar y eventualmente haberlo incensado, el sacerdote no debe  volver al altar hasta la Presentación de las Ofrendas. Tampoco debería de colocarse el misal con su atril sobre el altar hasta el momento oportuno y retirarlo luego porque el altar representa a Cristo y no es para guardar cosas.

Luego de que el celebrante haya invitado al rito penitencial, se debería de hacer un breve silencio que sirve para una reflexión sobre el hecho de que somos pecadores y pedimos perdón por nuestros pecados. Ha de seguir el Señor ten piedad tiene que cantarse o recitarse siempre. Antiguamente era la contestación de litanías, que es una opción que hoy día existe también.

El IGMR indica claramente que el Gloria no puede cambiarse por otro himno, habiendo valorado el hecho de su antiguedad. Por lo que he observado, tanto en el caso del Gloria, como en el  Sanctus y Agnus Dei,  que compositores se han dado la libertad de componer otros textos, a veces con cierta similitud al original, pero se trata de textos fijos que llevan hasta 1700 años en la liturgia y no sólo la liturgia romana. A veces el Gloria que se canta no tiene más semejanza a la versión original que la palabra Gloria. Además, ninguno de estas versiones tiene la profundidad teológica de la versión  original. De hecho, la Iglesia antigua contaba con una gran variedad de himnos y pocos nos han llegado a nosotros. Uno de ellos es el Gloria. Se tomó de las Laudes de la liturgia bizantina y pasó a formar parte de la misa de rito romano alrededor del siglo VII.

Después de haber invitado a la oración al inicio de la oración Colecta corresponde un silencio. Los silencios tienen una gran importancia en la liturgia y no se deben de suprimir, pues también forman parte de la participatio actuosa a la que invitaba el Papa San Pío X y que fue retomada por el Vaticano II. También el Papa Benedicto XVI le da mucha importancia. Al final de la oración, como es tradicional en la liturgia romana, la oración se dirige al Padre por Jesucristo Nuestro Señor en la unidad del Espíritu Santo. En esta ocasión, como también en las Laudes y Vísperas se dice la fórmula completa, mientras en la Oración sobre la Ofendas y la que sigue al comunión se dice la forma preve Por Jesucristo Nuestro Señor. 

Refiriéndose a la lectura de la Palabra de Dios la IGRM exhorta a invitar cualquier tipo de prisa, cosa que corresponde a todas las partes de la misa. Las lecturas han de proclamarse siempre desde el ambón, y conviene agregar que el ambón no debe de servir para dar avisos u otros menesteres, sino sólo para la proclamación de la Palabra de Dios o la homilía y también la Oración de los fieles, que también forma parte de la Liturgia de la Palabra.

En cuanto a la homilía, se recomienda vivamente que también en las misas entre semana se dé una breve homilía. Esto ha sido reiterado por el Papa Benedicto XVI en su Exhortación Apostólica Possinodal Verbum Domini. He visto a un sacerdote en alguna parte dar su homilía mientras caminaba arriba y abajo por la nave central con la ayuda de un micrófono inalámbrico, cosa que no contribuye a una buena comunicación, pues los fieles no lo pueden ver. Afortunadamente esto no es común, y al parecer una ocurrencia de este sacerdote, que seguramente lo hace con buena voluntad. También la RS indica que la prohibición de predicar en la Eucaristía a los laicos y se extiende a alumnos de seminarios, un abuso que he visto varias veces (64)

En cuanto a la presentación de los dones, he observado que se presentan muchas cosas, por ejemplo, una vela, unas flores, víveres, pero sin presentar el pan y el vino para la Eucaristía, que es el fin principal de esta procesión. La IGMR indica que el dinero de la colecta se pueda llevar al altar en este momento también. Creo que ésta es una buena costumbre, que en mi experiencia he visto hacerse solamente en Estados Unidos. Hay personas que piensan que el dinero es algo "sucio" que no es digno de entrar en la celebración de la Eucaristía, pero eso es falso. El dinero simboliza los bienes necesarios para la vida, o sea en cierto sentido la vida misma, y el fin de la colecta es, por un lado, cooperar a solventar los gastos de la Iglesia, cosa que es un deber de todo fiel, y por otro, socorrer a los pobres.

Otro abuso que no está mencionado específicamente en los documentos, probablemente porque no se había extendido todavía, es el de cantar otro texto luego recitar el Padre Nuestro para luego seguir cantando, pese a que el embolismo que viene después de la oración dominical ha de seguirla inmediatamente, pues es un desarrollo de la última petición de la misma.

 La IGMR señala que después del Cordero de Dios: " El sacerdote se prepara para recibir fructuosamente el Cuerpo y la Sangre de Cristo con una oración en secreto. Los fieles hacen lo mismo orando en silencio" (84). Sin embargo, en la practica totalidad de misas concelebradas en las que he participado el sacerdote ha rezado la oración correspondiente a su propio preparación personal durante el canto de Cordero de Dios, o la reza en voz alta. La rúbrica indica que se ha de rezar en silencio. Es otro ejemplo de la eliminación de los momentos de silencio en la Misa. La reforma litúrgica promovida por el Vaticano II ha dejado intactas estas oraciones en silencio de parte del sacerdote, y no corresponde decirlas en voz alta, pues no se trata de oraciones para ser proclamada para todos los fieles. Lo mismo dígase de la invocación que le toca recitar al sacerdote cuando recibe la comunión: El cuerpo de Cristo (o la sangre) guarde mi alma para la vida eterna, Las mismas palabras indican que se refieren solamente al sacerdote y por ellos se recitan en silencio.

En casi todas las parroquias que conozco, se guardan el en sagrario hasta cuatro o cinco cálices llenos de hostias consagradas. Sin embargo, la IGRM señaña: "Es muy de desear que los fieles, como está obligado a hacerlo también el mismo sacerdote, reciban el Cuerpo del Señor de las hostias consagradas en esa misma Misa( # 85) Ciertamente es una recomendación en el caso de los fieles, pero en general se podría cumplir si se contara el número de personas que comulgan en una misa y colocar ese número de hostias en los copones, siempre teniendo algunas más reservadas en el sagrario para que nadie que desea comulga se quede sin la Eucaristía por haberse acabado las formas.

El canto debería de iniciar mientras el sacerdote comulga, cosa que normalmente no sucede. Tampoco los miembros del coro suelen comulgar. En cuanto al coro, parece que los de los coros no son conscientes que la principal misión del coro es apoyar el canto del pueblo, no sustituirlos cantando siempre cantos que los fieles desconocen. Después de la comunión, se recomienda un período de silencio.

 Si Ministros Extraordinarios distribuyen la comunión: "Estos ministros no se acerquen al altar antes de que el sacerdote haya comulgado, y siempre reciban de la mano del sacerdote celebrante el vaso que contiene las especies de la Santísima Eucaristía que van a ser distribuidas a los fieles" (IGMR) 163). También está prescrito que antes de proceder a distribuir la comunión a los fieles, los sacerdotes concelebrantes deben comulgar. En  todas las misas concelebradas en las que he participado en el Perú, no se ha hecho así. Sin embargo, no se puede decir que no se puede hacer por el número de sacerdotes. En Roma me tocó concelebrar en la Misa Crismal dos veces con San Juan Pablo II, y se hizo así pese a que hubo más de 2000 sacerdotes. También en Melbourne en Australia, con un número mayor que aquí, se hacía así. Si hay diáconos, ellos podrían d entregar las hostias pasando las patenas para que cada uno retire una a los sacerdotes concelebrantes, o en su ausencia de diáconos, lo pueden hacer algunos de los concelebrantes. Se podría proporcionar un número suficiente de cálices para que puedan comulgar  y pasarlo al sacerdote a su lado. Tampoco los sacerdotes deberían de estar lejos del altar en los bancos entre los fieles. Al menos durante la Plegaria Eucarística deberían de acercarse y estar cerca del obispo, como corresponde.

En esta tercera edición de la IGMR se permite a los concelebrantes comulgar por intinción. A mi parecer es mejor que se beba del cáliz, pues así se cumple el signo y se realiza lo mandado por el Señor: "Tomad y bebed". Considero también que sería bueno que se diera la Sangre del Señor a beber también a los fieles, como se hace en Estados Unidos, pero eso depende de la Conferencia Episcopal, aunque también hay que decir que no se debe de hacer cuando se hay un gran número de fieles (RS 102).

Algunas otras normas referentes a las misas concelebradas: se permite, en caso de necesidad, cuando hay muchos concelebrantes que se revistan solamente de alba y estola, lo cual indica que si no se da esta circunstancia deberían ponerse también casulla.

No está permitido que los fieles tomen la comunión ellos mismos. Tampoco se le permite al diácono hacerlo ni se debe dar la hostia antes como se hace con los sacerdotes concelebrantes: "Habiendo comulgado el sacerdote, el diácono recibe del mismo sacerdote la Comunión bajo las dos especies y después ayuda al sacerdote a distribuir la Comunión al pueblo" (IGMR 182).Antes de proceder a dar avisos se ha de rezar la Oración después de la comunión.

Otros abusos que he observado y que están completamente prohibidos son: realizar una dramatización de la escena de la Natividad del Niño Jesús durante la Misa, o realizar exposición del Santísmo durante la Misa y una procesión con la -Custodia dentro de la iglesia. También he podido observar que no es poco común que algunos sacerdotes concelebrantes se pongan a charlar entre sí durante la misa, por ejemplo cuando se dan momentos de silencio o cuando se está destribuyendo  la Sagrada Comunión a los fieles. No parece que tengan un concepto de lo que es la Sagrada Liturgia. El sacerdote no está obligado a concelebrar, de manera que si tienen tantas ganas de charlar, que se abstengan de concelebrar y se dediquen a charlar entre sí.

Me he restringido a comentar acerca de los abusos que he observado y los que comúnmente se dan. Ambos documentos entran en muchos detalles sobre otros aspectos de la celebración de la Eucaristía que no he comentado porque no he visto que haya abusos acerca de ellos.

Los sacerdotes que han estudiado la liturgia en el seminario posiblemente se han olvidado algunos cosas, cosa normal. Un modo de mantenerse al día y renovarse sería ofrecer a los miembros del grupo litúrgico de la parroquia un pequeño cursos acerca de la liturgia, pues no hay mejor manera de aprender o volver a recordar que tener que enseñar a otros. No es mi intención dar la impresión que el cumplimiento de las rúbricas es lo más importante en la liturgia, pero creo que contribuye a expresar la fe en la Presencia Real del Señor en la Eucaristía y ojalá mover a los fieles a participar fervorosamente en la Eucaristía.

Las así llamadas "Misas temáticas" están prohibidas, por lo tanto a mi parecer también las así llamadas "Misas de sanación". Se dan Misas en las que alguna persona, laica o sacerdote impone las manos a los fieles reunidas pidiendo la sanación. En primer lugar, el concepto de salud que comúnmente se tiene no incluye la salud espiritual. La palabra salud proviene del latín y coincide con salvación. Nuestra gran necesidad es la salvación del pecado y la muerte que el Señor nos concede por su gracia en el bautismo y a lo largo de nuestra vida ante todo en la Eucaristía, como en los demás sacramentos. Se podría celebrar el Sacramento del los Enfermos dentro de la Misa, y en algunas ocasiones conviene, como por ejemplo, el 11 de febrero declarado por San Juan Pablo II como Dia internacional de los enfermos. Esto requiere una cierta comprensión del sacramento de parte de los fieles, porque no es poco común que cuando se hace este tipo de celebración comunitaria se acercan personas que no están enfermas. He tenido caso de algunos que me han dicho que van a viajar y por este motivo se presentan. El más grande de todos los sacramentos, la Eucaristía se celebra diariamente y es la principal fuente de gracia para cualquier fiel, mientras el Sacramento de los Enfermos requiere que padezcan de una enfermedad de cierta gravedad o debilidad debido a la ancianidad. Fuera de este caso, no veo cómo se puede justificar la así llamada "Misa de Sanación". Puede provocar el engaño de hacer pensar a los fieles que se van a producir curaciones milagrosas.

Para terminar, señalo otro abuso común que es totalmente anti-litúrgico: los aplausos. La liturgia no es un teatro sino culto a Dios o acción sacerdotal de la Iglesia  en unión con Jesucristo Nuestro Señor, y en ella no tiene cabida los aplausos a personas.

Conclusión

Para concluir estos apuntes acerca de la homilía y varios aspectos de la celebración de la Eucaristía en los que con frecuencia se cae en abusos, creo podemos traer a la memoria las palabras del Papa Benedicto XVI en Sacramentum Caritatis acerca del ars celebrandi:

 En los trabajos sinodales se ha insistido varias veces en la necesidad de superar cualquier posible separación entre el ars celebrandi, es decir, el arte de celebrar rectamente, y la participación plena, activa y fructuosa de todos los fieles. Efectivamente, el primer modo con el que se favorece la participación del Pueblo de Dios en el Rito sagrado es la adecuada celebración del Rito mismo. El ars celebrandi es la mejor premisa para la actuosa participatio.[114] El ars celebrandi proviene de la obediencia fiel a las normas litúrgicas en su plenitud, pues es precisamente este modo de celebrar lo que asegura desde hace dos mil años la vida de fe de todos los creyentes, los cuales están llamados a vivir la celebración como Pueblo de Dios, sacerdocio real, nación santa (cf. 1 P2,4-5.9).


Por lo tanto el Papa llama la atención sobre los siguientes elementos:
1. Fidelidad a los textos y rúbricas de la Iglesia
2. Una comprensión llena de oración de los textos litúrgicos, fiestas y tiempos
3. Un sentido de reverencia en la interacción entre el celebrante y los ministros
4. Una adecuada preparación para la celebración.
(ver http://www.usccb.org/prayer-and-worship/sacred-art-and-music/ars-celebrandi).

No se trata pues de un prurito de quisquillosidad ni de ser "policía litúrgica".  Si en el seminario se vive bien la liturgia de acuerdo con la Instrucción sobre la formación litúrgica en los seminarios (http://www.conferenciaepiscopal.es/images/stories/documentos/santasede/1979FormacionLiturgicaSeminarios.pdf) y se imparte unos buenos cursos de liturgia, será más fácil que los seminaristas lleguen a las sagradas órdenes con el verdadero sentido litúrgico que los llevará a seguir las normas y rúbricas con normalidad y así moverán a los fieles a una participación más activa y fructuosa.








sábado, 21 de febrero de 2015

PRIMER DOMINGO DE CUARESMA, CICLO B

La palabra cuaresma proviene de la palabra cuarenta y recuerda los cuarenta días de oración y ayuno de Jesús en el desierto, que según el Evangelio de San Marcos que acabamos de escuchar, estaba con “las bestias” y los ángeles lo atendían”. Probablemente en el siglo III, se instituyó este tiempo de Cuaresma como un período de preparación intensa para los catecúmenos que llevaban ya tiempo preparándose para su eventual bautismo e incorporación a la Iglesia. Los Padres de la Iglesia como San Cirilo de Jerusalén, San Juan Crisóstomo, San Ambrosio y San Agustín entre otros, se dedicaban a dar una catequesis a estos catecúmenos para explicarles tanto el significado de los ritos como el verdadero sentido de la vida cristiana en medio de un mundo marcado por el pecado y la muerte. También se celebraban otros ritos como la entrega del Credo y del Padre Nuestro, y luego tenían que aprenderlos de memoria y volver a recitarlos. Todos los ritos están enfocados hacia la celebración del Misterio Pascual, es decir el paso de Jesús a través del dolor y la cruz al triunfo de la resurrección, y por ende del cristiano de las tinieblas del pecado y de la muerte a la vida nueva en unión con Jesús, como lo explica San Pablo en su Carta a los Romanos (6,6-11).

En nuestro tiempo la Iglesia, a través de la selección de las lecturas de la Palabra de Dios, nos propone un camino de conversión que implica una vuelta a los fundamentos de la vida cristiana, resumida en la llamada a intensificar la oración, el ayuno y en general la penitencia y la limosna. Además de escuchar el relato de la estadía de Jesús en el desierto, hemos escuchado un pasaje del Libro del Génesis referente al tiempo de Noé y el Arca. Creo que un repaso de toda la historia de Noé nos ayudará a cumplir la tarea de reforzamiento de los fundamentos de nuestra vida cristiana y espiritual. Veamos algo del contexto del relato y las lecciones que los Padres de la Iglesia han sacado del mismo para darnos cuenta, por un lado, de la verdadera realidad del pecado y lo que ha provocado en el mundo, y por otro, el hecho de que Dios nunca se queda indiferente ante la suerte del hombre y de su creación entera.

Los relatos del origen del mundo en las civilizaciones antiguas siempre presentan un principio malo que malogra el universo, pero nada de esto hay en la Biblia. Dios ha creado todo de la nada y lo ha ordenado de manea maravillosa: el cielo, la tierra, el mar, los animales, peces, incluso los insectos, todos forman parte de una armonía maravillosa con el hombre encima de todo como mayordomo de Dios y para que todo el universo dé gloria a Dios a través del hombre. El hombre es una combinación de polvo de la tierra y soplo divino, es decir, creado a imagen y semejanza de Dios. Todo es bueno, incluso hermoso. En el capítulo tercero del Génesis encontramos el relato del primer pecado, debido ante todo a la astucia de la serpiente, simbolizando al diablo, y el del deseo del hombre de “ser como Dios” renunciando así a su condición de criatura dependiente de Dios y al respeto al orden establecido por Dios en su creación. Se crea una situación totalmente nueva y nefasta en cuanto que se rompe la armonía que existía entre el hombre y Dios, entre el mismo Adán y Eva que se ponen a echarse mutuamente la culpa del desastre y entre ellos y la misma naturaleza, pues incluso la tierra de donde habían salido queda maldecida debido a su soberbia y arrogancia.

Los siguientes capítulos del Génesis nos entregan la historia de la multiplicación del pecado, empezando con el asesinato de Abel de parte de Caín, hasta que en el capítulo 6 se declara: ”Al ver que en la tierra crecía la maldad del hombre y que toda su actitud era siempre perversa, se arrepintió de haber creado al hombre en la tierra, y le pesó de corazón” (v. 5). Debido al desorden que el pecado había creado, Dios decide volver a empezar, pero nunca deja al hombre a su suerte, sino que encuentra a Noé y lanza un plan de rescate de la humanidad.

El hombre bíblico sentía un gran temor al agua, y si alguna vez se atrevía a realizar un viaje por mar, se quedaba pegado a la costa. Imaginémonos a Noé construyendo un enorme barco en medio del desierto y el ridículo que eso provocaría entre los vecinos. Pasa lo mismo hoy en día con el cristiano que quiere tomar en serio su fe y lo que manda Jesús. Igual que al principio, nuestros contemporáneos han decidido que la perversión, los diversos tipos de pecado son normales. No es que en otros tiempos los hombres no hubieran pecado, pero no intentaron cambiar el paradigma y considerar que lo que es malo es bueno. Así el asesinato, sicariato y todo tipo de violencia,que se presenta en primer lugar en la televisión y los videojuegos y luego sale a la calle, se convierte en normal. Lo mismo con la sexualidad, la fornicación ni se menciona, pues ya es normal, el adulterio se hace cada vez más común, la pornografía etc, hasta llegar a normalizar el sadomasoquismo como se ha hecho la semana pasado con la película 50 Sombras de Grey, pues el libro en el que se basa la película ha vendido 100 millones de ejemplares. Lo mismo dígase de los supuestos derechos gay. Si alguno se opone a esto basándose en la doctrina bíblica y católica es probable que dentro de poco lo llevarán ante un juez por algún tipo de delito inventado de discriminación, odio, o como dicen homofobia. Se ha vuelto al paganismo antiguo que condenaba San Pablo en estos términos: “Lo mismo los hombres: dejando la relación natural con la mujer se encendieron en deseo mutuo, cometiendo infamias hombres con hombres, y recibiendo en su persona la paga merecida por su extravío... Están repletos de injusticia, maldad, codicia, malignidad; están llenos de envidia, homicidios, discordias, fraudes, perversión; son difamadores, calumniadores, enemigos de Dios,soberbios, arrogantes, fanfarrones, ingeniosos para el mal, rebeldes con sus padres, sin juicio, desleales, crueles, despiadados” (Rom 1, 27.29-31).

Tradicionalmente Noé ha sido visto como prefigura de Cristo y el Arca de la Iglesia. Así como Dios dio un nuevo inicio a su creación a través del Arca, que era un microcosmos de la original creación, también a través de su Hijo Jesucristo Nuestro Señor, inaugura la nueva creación y nosotros entramos en ella a través del agua del bautismo. La Iglesia es la avanzada de esta nueva creación que se completará en el cielo. De hecho, las catedrales góticas medievales eran vistas como un barco con sus remos, y la parte central se llama nave. Cualquiera que sigue un poco las noticias se da cuenta del caos que se va creando en el mundo. La política funciona gracias a las acusaciones y denuncias, la crispación. La gente se queja de la corrupción. En Lima hicieron una encuesta y un grandísimo porcentaje de la gente condenaba la corrupción, pero muchos de ellos están dispuesto a pasar un billete a un policía para salir de un apuro y evitar una multa. ¿No se dan cuenta de lo corruptos que son ellos? A otros les ofrecen objetos robados a precios irrisorios y no son capaces de resistir la tentación de comprar especies robadas, que es delito,y  ni se dan cuenta de que lo robado será siempre de su legítimo dueño. No digamos ya de los que se apoderan de terrenos de otros con la colaboración de notarios y otros funcionarios corruptos. De hecho, mucha gente se rasga las vestiduras al constatar el mal que hay en otros, en la sociedad, en los políticos, pero no ven el mal que llevan dentro en su propio corazón que los lleva a juzgar y condenar a otros, a la envidia, los celos, la violencia intrafamiliar etc.

En cambio, el Señor nos convoca a su Iglesia para confesar nuestros pecados, para unir nuestras voces en la armonía de un canto de alabanza a Él, a recibir el alimento de su palabra para que forme nuestras conciencia, y el alimento de su cuerpo para fortalecernos en el esfuerzo por hacer el bien, por ser luz en el mundo en medio de tanta tiniebla. Como hemos señalado arriba, la Cuaresma era inicialmente un tiempo de preparación intenso para el bautismo, como lo fueron los cuarenta días en el desierto para Jesús para su vida pública y eventualmente para enfrentarse con la prueba extrema de la cruz. El Sacramento del Bautismo se denominaba iluminación fotismós en griego. ¿Somos nosotros la luz del mundo, como dijo Jesús en el Sermón de la Montaña? ¿A quién ha llegado nuestra luz? Ahora es el momento propicio para expulsar las tinieblas que hay dentro de nosotros y empezar a cumplir esta misión que tenemos desde nuestro bautismo.

La Biblia cuenta que una vez que había bajado el agua, Noé abrió la ventaba del arca y una vez que se había secado la tierra, Dios mandó a Noé salir del arca. “Noé construyó un altar al Señor, tomó animales y aves de toda especie pura y los ofrecieron en holocausto sobre el altar. El Señor olió el aroma agradable” y prometió no volver a maldecir la tierra a causa del hombre, como hemos escuchado en la primera lectura de hoy.

También al final de la misa, el sacerdote nos despide enviándonos a llevar la paz, la luz la alegría del Señor con nosotros y a comunicarla a los demás. Jesucristo es el verdadero médico del alma que nos cura de nuestros pecados y vicios, pero primero tenemos que reconocerlos. En la Cuaresma, podríamos proponernos venir al a misa durante algunos días de la semana, rezar el rosario u otras oraciones más breves a largo del día, ¿Por qué no elevar nuestra mente y corazón al Señor en los momentos muertos? También podemos hacer algo para practicar el ayuno, tanto en relación con la comida como en otros aspectos de nuestra vida. ¿Cuánto tiempo dedicamos a ver la televisión? ¿Es tiempo bien utilizado? Si ofendemos a otros con nuestras palabras podríamos hacer un esfuerzo por controlar la lengua, como nos enseña la Carta de Santiago, que también podríamos leer en el tiempo de cuaresma, tal vez haciendo buen uso del tiempo que ahorremos al no ver la televisión. Podríamos esforzarnos un poco para cuidar el medio ambiente y no afear la ciudad tirando basura por cualquier lugar o soltando perros por la calle para que molesten a los vecinos.  Preguntémonos qué podemos hacer para practicar la limosna. Estas prácticas nos ayudan a refrenar nuestras pasiones, nos dice una de las oraciones de la liturgia en estos días de Cuaresma. 

Que el Señor nos dé fuerza para no dejar pasar en vano esta oportunidad de fortalecernos para superar los pecados y vicios que tal vez hemos llegado a pensar que son imposibles de eliminar o normales.





lunes, 16 de febrero de 2015

SÍNDROME DE DESGASTE PROFESIONAL (BURNOUT) ENTRE SACERDOTES

En nuestros días se va descubriendo cada vez más situaciones que provocan problemas de tipo médico y psicológico. No sabemos si se daban en épocas anteriores. Los soldados que regresaron de la guerra de Iraq y de Afghanistán han padecido de diversos males no reconocidos antes. En las últimas décadas se ha descubierto el Síndrome de Fatiga Crónica, que consiste en un cansancio constante que dura al menos seis meses. En general cuando no se encuentra un modo específico de denominar tales males se les llama síndrome. Así tenemos lo que se llama en castellano Síndrome de desgaste profesional u ocupacional. Se suele utilizar el anglicismo burnout para describirlo. Se trataría de una sensación de estar completamente quemado (burn), mientras out indicaría que se trata de una situación extrema. Uno podría preguntarse si tales "síndromes" se daban en siglos anteriores, o si se debe a la vida cómoda que nos proporciona el mundo actual de manera que nos hemos desacostrumbado al sufrimiento extremo que era común antes. La guerra en la actualidad cuenta con un altísimo nivel de tecnología de manera que es mucho más difícil que el soldado se muera y más probable que se le proporcione un tratamiento adecuado, comparado con la I Guerra Mundial cuando en un día podrían morir decenas de miles de soldados en las trinchera sin haber logrado ningún objetivo. Tal vez existían tales síndromes y no se reconocían como tales precisamente porque era normal. Recientemente he visto la película Un Dios probihido que trata del martirio de un gran grupo de sacerdotes, seminaristas y hermanos legos de la Congregación de los Claretianos en Barbastro en Aragón en el verano de 1936. Más allá del tremendo testimonio de fe de estos jóvenes, impresiona el nivel extraordinario de estrés al que les sometieron los milicianos que los tuvieron presos en un colegio durante un par de semanas. A veces, los despertaban en la noche y los tenían amarrados en parejas habiendo anunciado que los iban a sacar a matar. Para liberarse de tal estrés los milicianos les pedían abandonar su vocación religiosa, pero ninguno de ellos cedió. Antes por el contrario fueron a su martirio cantando canciones religiosas. Luego de haber leído Bernal Diaz del Castillo's Historia verdadera de la conquista de la Nueva España, y  el relato de Nuñez de Balboa sobe sus correrías y exploraciones por lo que es ahora el Estado de Florida en Estados Unidos, si ellos sufrieron algún tipo de síndrome de ese tipo. Parece que no. Cabeza de Vaca, otro de los exploradores españoles del siglo XVI recurrió gran parte de lo que es ahora el sur de Estados Unidos, en general teniendo una buena relación con los nativos, terminó sus días en un monasterio en España. En fin, ¿qué nos pasa hoy día que no somos capaces de sufrir nada en comparación con ellos?

Un joven sacerdote australiano que era alumno mío en el seminario luego de unos cuantos años de ordenado le dio el síndrome de fatiga crónica. Era una persona muy responsable concienzudo que tomaba a pecho todos sus deberes. Se le ocurrió al obispo mandarlo a un centro especializado en el tratamiento de sacerdotes con problemas de tipo sexual y de adicción al alcohol. Al llegara allí y dándose cuenta de la naturaleza de ese centro, no quiso entrar. Se puso en comunicación con el ex-rector del seminario que es canonista y él le escribió al obispo para indicarle la inconveniencia de su ingreso a un centro de ese tipo, pues no tenía ningún problema de este tipo. Cuento esta anécdota como un ejemplo del hecho de que obispos y superiores eclesiásticos no siempre están al tanto de cómo se tiene que manejar este tipo de problema, lo mismo dígase del caso del desgaste.

Hace dos años encontré en una librería San Pablo en Madrid un libro titulado Sacerdocio y burnout. El desgaste en la vida sacerdotal, de Helena López de Mézerville, Ediciones San Pablo 2111. Se trata de un estudio en parte estadístico realizado por la autora, una psicóloga, acerca del tema de un grupo de 435 sacerdotes de México y varios países centroamericanas para su doctorado en la Universidad de Salamanca. Al prepara este comentario, he encontrado el estudio en forma digital en esta web: http://gredos.usal.es/jspui/bitstream/10366/76474/1/DES_Lopez_Herrera_H_Incidencia_del_sindrome.pdf

Dado que mis lectores pueden acudir a la web donde se encuentra el estudio de Helena López, me voy a limitar a hacer algún comentario al respecto, sin entra en detalles sobre la naturaleza y tratamiento de este síndrome que también atañe al sacerdote.

Conviene señalar que este problema del desgaste profesional se da con mayor frecuencia en las profesiones dedicadas a la ayuda del prójimo, como es el caso de la salud y de manera más aguda en las salas de emergencia. En este caso las exigencia sobre los médicos y demás profesionales de la salud proviene de fuera, sobre todo de la urgencia del tiempo. También se da entre las personas que se dedican a cuidar a ancianos, sean profesionales en asilos o simplemente familiares en la casa. El estrés es muy grande y con frecuencia la persona que cuida al anciano siente que los familiares se olvidan de su deber de colaborar dejando todo el peso de la tarea a esa persona concreta. En casos extremos como el cuidado de personas con alzheimer el estrés es mayor.

El sacerdote entra en esta categoría de personas dedicadas a ayudar a otros. El sacerdote siente las exigencias que le vienen de los feligreses que con frecuencia piensan que tiene que estar siempre a su disposición, debido a que siente que su vocación le obliga a estar siempre entregado a la misión. La cultura actual en la que todo mundo parece estar demasiado ocupado y entregado al activismo febril. El recurso a la tecnología agudiza este problema porque nos acostumbramos a que la computadora funcione, al celular del que no queremos perder ninguna llamada, al ver el reloj con frecuencia, en general a hacerlo todo con prisa y también con perfeccionismo. Los sacerdotes estamos expuestos a estos males también que tradicionalmente se dan con más frecuencia en el caso de los varones. Se trata también  de una falta  humildad y falta de mesura, pues se llega a pensar que todo depende de los esfuerzos de uno o que se no se está haciendo cosas uno es inútil. Se cuenta una anécdota sobre el Papa San Juan XIII, cuando le preguntaron cómo puede dormir tranquilo con la carga de tantas preocupaciones por toda la Iglesia. El papa respondió que todo lo encomendaba  Señor y dormía tranquilamente.

La Dra. López señala que en el Sínodo de Obispos de 1990 se escuchó el testimonio Jeanine Guindon una experta en el tema de este tipo de desgaste y agotamiento en el caso de los sacerdotes con el fin de que los obispos tomaran conciencia del tema. Indica que: "ciertos sacerdotes, a pesar de su generosidad y buenas intenciones, sufren enfermedades y hasta conflictos interiores que comprometen su ministerio, pues llegan a estar sumamente agotados, y a veces, este agotamiento lleva al fracaso humano de sus vidas" (p 60). El CELAM, como consecuencia de la Conferencia de La Aparecida creó un Observatorio encargado de avisar sobre situaciones de mayor relieve para la vida de la Iglesia en el continente. Se puede esperar que también tenga en cuenta esta problemática del agotamiento y desgaste de parte de los sacerdotes.

En 2005, la Conferencia Episcopal Chilena publicó un documento titulado Sugerencias a una pastoral para sacerdotes, No he podido encontrar este texto en Internet.

El Capítulo 4 )pp 69-85)  del libro tiene como título: "A los sacerdotes se les ve siempre muy ocupados y cansados". Aquí en primer lugar señala la importancia de un equilibrio entre las actividades externas y una vida espiritual intensa, y que la Iglesia, tanto en la etapa del seminario y posteriormente, debería de entregar a los seminaristas y sacerdotes las herramientas para desarrollar su capacidad de autocuidado espiritual, psicológico y físico. Le da mucha importancia al concepto de autocuidado, que pudiera parecer contrario a la ascética tradicional. No se trata, pues de egoísmo o vanidad, sino un ejercicio de prudencia que es una participación en la Providencia Divina. En el libro del Génesis, Dios encomendó al hombre el cuidado y desarrollo de toda la creación y eso incluye al hombre mismo.

A continuación expone los datos de una encuesta realizada con la participación de 881 sacerdotes de México, Costa Rica y Puerto Rico  con el fin de descubrir  la incidencia del desgaste profesional en los sacerdotes, exponerlo con un modelo científico, descubrir la influencia de la inteligencia en el caso del desgaste entre los sacerdotes y conocer su incidencia en su salud. Entrego  continuación los principales resultados del estudio:

De los 881 participantes en el estudio solamente 81 manifiestan que no están desgastado en ningún grado. No se sentían agotados, ni presentaban ningún signo de despersonalización y gozan de un alto nivel de realización personal. Otros que no forman parte de la categoría de desgastados son 335, es decir, un 40% del grupo. Estos presentaban fluctuaciones leves en algún síntoma del síndrome. La autora considera este hecho "muy preocupante, debido a las consecuencias sociales y espirituales de contar con una población tan reducida  de presbíteros saludables" (p 79).

Un porcentaje de 33.4% del padrón , es decir, 295 sacerdotes que entran en la categoría "desgastdos intermedios", pues presentan índices notables de agotamiento y despersonalización. Finalmente, el grupo de sacerdotes "quemados" a un nivel alto constituye 26.2% del total, 231 presbíteros.

En cuanto a las enfermedades que manifiestan: 140 padecen de molestias somáticas, un 16%; 296 (36.3%)  padecía de insomnio; 301 (34.2%) sufrían problemas de ansiedad; 60 presbíteros (7%) sufrían episodios de pánico y crisis nerviosa.

140 (17%) sacerdotes afirmaron que les estaba costando mucho más tiempo que antes hacer las cosas y 97 (11%) afirmaron sentirse insatisfechos con su labor. Finalmente, 202 sacerdotes (23%) afirmaron que se sentían poco valiosos y 174  enfrentan la vida con "ciertos sentimientos de desesperanza y fatalismo". Esto indica que se sentían deprimidos en el momento de realizar la encuesta, no que se sentían tentados a atentar contra la propia vida.

La autora comenta que el estudio indica la necesidad que tienen los sacerdotes de potenciar su inteligencia emocional. Éste es un concepto muy manejado hoy en día por los psicólogos. Básicamente significa la capacidad de manejar los propios emociones de manera que uno pueda llegar a elegir las emociones que acepta tener, evitando las que no propician la paz y la felicidad. Implica un buen nivel de autoconocimiento. Hay que decir que la importancia del conocimiento propio no es algo que han descubierto los psicológos contempóraneos, sino que es uno de los principios fundamentales enseñados por todos los maestros de la vida espiritual. Santa Teresa de Jesús le da una gran importancia, al igual que San Ignacio, que da tanta importancia al examen de conciencia en su disciplina espiritual. Los varones solemos darle menos importancia a las emociones, privando la racionalidad. Tal vez en el caso del sacerdote la cosa sea más pronunciado debido a una formación más bien racional.

Luego el libro entrega una serie de consejos para que el sacerdote aprenda a cuidar mejor su salud, indicando lo que conviene comer, ejercicios de relajación y respiración diafragmática comúnmente conocidos. También se recomienda la musicoterapia como un instrumento apto para reducir el estrés. Hoy en día viene siendo cada vez más fácil conseguir buena música en Internet, legalmente y poder grabarla para su posterior escucha. Se recomienda grabar unas piezas y cantos que fácilmente se pueden escuchar antes de dormir e incluso cantar con la música, según el gusto de uno.  No estaría de más tener música durante las horas del día en el despacho o durante los viajes. La musicoterapia de empezó a desarrollar después de la Primera Guerra Mundial  en Estados Unidos cuando los médicos se dieron cuenta  que la escucha de música en los hospitales ayudaba mucho a los soldados a superar los traumas provocadas por esa guerra tan horrorosa llevada a cabo en las trincheras. Posteriormente se realizaron muchos estudios de manera que hoy en día es una terapia científica y eficaz.

No todos los problemas que provocan estrés y desgaste provienen del mismo sacerdote y su entorno. También los problemas de la diócesis o congregación como falta de comunión y fraternidad, falta de confianza entre el obispo o los superiores y los sacerdotes provocan estrés. Si no se respetan las normas establecidas y o los derechos de las personas, si se procede con arbitrariedad, o la acción de las autoridades es percibida de esta manera crea situaciones desagradables y propicios para el estrés y desgaste. Existe un Directorio del Ministerio Pastoral de los Obispos (Apostolorum Succesores  http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cbishops/documents/rc_con_cbishops_doc_20040222_apostolorum-successores_sp.html) que contiene indicaciones concretas sobre la relación del obispo con sus presbíteros: por ejemplo "En el ejercicio de su ministerio, el Obispo se comporte con sus sacerdotes no tanto como un mero gobernante con los propios súbditos, sino más bien como un padre y amigo.(191) Comprométase totalmente a favorecer un clima de afecto y de confianza, de modo que sus presbíteros respondan con una obediencia convencida, grata y segura.(192) El ejercicio de la obediencia se hace más suave, que no débil, si el Obispo, por cuanto sea posible y salvando siempre la justicia y la caridad, manifiesta a los interesados los motivos de sus disposiciones" (#76). Esto recoge algo que los psicológos señalan y es que si una persona colabora en una institución donde no tiene conocimiento de los motivos por los cuales se actúa tiende a sentir frustración. También indica que tiene que conocer a cada uno de sus sacerdotes, Hay obispos que dejan libre unas horas a la semana cuando cualquier sacerdote puede acudir a él para hablar de cualquier tema sin necesidad de conseguir una cita a través de una secretaria.

En definitiva, en relación con la salud, sea física, psíquica o espiritual, ha de regir nuestro comportamiento la prudencia. ni una atención excesiva como se nota en los medios de comunicación actuales, ni el descuido. Nuestro cometido es lograr la santidad en el estado de vida a la que nos ha llamado el Señor. El secreto de la santidad está en un cumplimiento cada vez más perfecto de la voluntad de Dios con amor, a ejemplo de Jesús. No debemos de caer en un tipo de pelagianismo pensando que todo depende de nosotros, ni tampoco la presunción pensando que en el fondo el Señor nos salvará aunque no pongamos lo que está de nuestra parte. Además, si como en nuestra época, hay una escasez de sacerdotes, tener un cuidado razonable y prudente de los diversos aspectos de la salud es un servicio a la Iglesia. El desgaste excesivo puede también poner el peligro la perseverancia en la vocación, otro motivo para tener el necesario cuidado. Creo que el libro de la Sra. Lópes contiene un buen análisis del tema y buenos consejos.















Homilía, VI Domingo de Tiempo Ordinario Ciclo B

HOMILÍA VI DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO, CICLO B

Lecturas: Lev 23,2-2.44-46; 1 cor 10,31-11,1; Mk 1,40-45.

La curación de un leproso.

El libro del Levítico es probablemente uno de los menos leídos en toda la Biblia. En parte es comprensible porque se trata de una serie de normas acerca del culto del tiempo y todo lo relacionado con el sacerdocio. A veces es tedioso y parece poco relacionado con nuestra vida de manera que es difícil encontrar en él una lección para nuestra vida concreta. Sin embargo, se trata del Código de Santidad. La santidad en la Biblia significa separación. Todo lo relacionado con Dios pide de nosotros un tratamiento muy especial, así el culto del templo. También la Biblia, incluso el Antiguo Testamento, enseña la cercanía de Dios con su pueblo, su amor y compasión, su deseo de perdonar, pero no olvida que entre Él y nosotros hay un abismo y este hecho pide de nosotros una atención especial.

Entre las muchas normas acerca de la pureza ritual están las que se refieren a la lepra. En aquella cultura se consideraba la lepra, y no solo la lepra sino toda enfermedad como un castigo de Dios para algún pecado. Esto lo podemos constatar en el Evangelio de San Juan en el episodio del ciego de nacimiento, cuando los discípulos le preguntan a Jesús, quién pecó, él o sus padres para que naciera ciego. En una sociedad primitiva que no entendía de diagnosis científica de enfermedades la persona con una enfermedad de la piel contagiosa tenía que acudir al sacerdote que daba algún tipo de diagnóstico. Si la persona era declarada leprosa, era excomulgado de la comunidad y tenía que andar lejos de cualquier otro y gritar IMPURO, al ver acercarse otra persona. La lepra provocaba impureza ritual, y contacto físico con la persona afectada inhabilitaba a la otra persona para la participación en el culto del templo. Por esta razón tanto el sacerdote como el levita en la Parábola del Buen Samaritano se van de largo, pues contacto con sangre provocaba impureza ritual.

La primera lectura sirve para dar contexto y una explicación de la situación que encontramos en el evangelio de hoy. Este pasaje se encuentra en el primer capítulo del Evangelio de Marcos en el contexto del día entero de ministerio de Jesús en los primeros tiempos de su vida pública en Galilea. Un leproso se entera de que Jesús está en la vecindad. El hombre se atreve a acercarse a Jesús, que como hemos indicado, no estaba permitido. El hombre se pone de rodillas en una actitud de humildad y también de alguna manera reconociendo el poder divino que mana de Jesús. Le dice: “Si quieres, puedes puedes limpiarme”. El hombre habría tenido noticia de la multitud de milagros que Jesús había hecho y tenía plena confianza de que Jesús tenía el poder de curarlo. Posiblemente se sentía indigno, pues luego de largo tiempo alejado de la comunidad y probablemente había asimilado la idea según la cual su condición era resultado de su pecado, expresa su petición de esta manera.

San Marcos señala, como en otras ocasiones, que Jesús sentía lástima del hombre. Ciertamente es un sentimiento humano, pero en el caso de Jesús su compasión es más profunda porque expresa el amor infinito de Dios, su compasión hacia todos los pecadores que se acercan a Él con verdadero arrepentimiento, como queda reflejado por San Lucas en la parábola del Hijo Pródigo. Todos los actos de Jesús son una revelación del amor, de la misericordia, de la bondad de Dios. Llama la atención también que la reacción de Jesús es inmediata y el resultado fulminante y no se deja esperar. La voluntad del leproso corresponde con la voluntad de Jesús que a su vez expresa plenamente la voluntad del Padre y su misma compasión. San Marcos reslta con frecuencia como Jesús actuaba inmediatamente o enseguida (en griego eythys). Los milagros de Jesús le salen sin ningún esfuerzo e incluso con sólo tocar su manto creyendo en su poder la gente se curaba.

Jesús manda al leproso cumplir no decirle a nadie que lo ha curado y presentarse al sacerdote para que constatara la curación y pudiera ser oficialmente reintegrado en la comunidad. Como humanamente podemos comprender, luego de recibir un favor tan extraordinario no le fue posible al hombre quedar callado, sino que se puso a propagar la buena noticia por todos lados.

Este episodio encierra unas lecciones para nosotros. Primero, debido a que hemos escuchado y leído el Evangelio tantas veces desde la niñez puede que nos impacte poco los que allí se relata. La lepra en el evangelio tiene una referencia clara al pecado en general y lo que produce el pecado, es decir, la separación de Dios y de la comunidad, que es en nuestro caso la Iglesia. Hoy en día nos puede parecer exagerado y cruel el tratamiento mandado por el Libro del Levítico para los leprosos. Pero en nuestro caso, pese a tanto progreso científico, cuando se da una enfermedad contagiosa para la que no hay ni curación ni vacuna, se aísla a las personas y el personal sanitario tiene que ponerse un vestido especial, un poco como los trajes espaciales. Hace unos meses en España se trajo a Madrid a un misionero de la Orden de San Juan de Dios que se había contagiado de ébola, una de esas enfermedades incurables y muy contagiosas. En el hospital se murió, pero sin haberse contagiado una auxiliar de enfermería. Se armó un escándalo mayúsculo en todos los medios y los políticos intervinieron para sacar rédito político del episodio. No pocos médicos rehusaron tratar a personas que se hubieran afectado. Luego se curó la señora y proclamó que iba a demandar al Estado pidiendo un millón de euros. El episodio demostró lo peor de nuestra sociedad egoísta e insolidaria.

Ahora estamos a unos días del inicio de la Cuaresma. Como hemos señalado, la lepra nos introduce al tema del pecado como separación de Dios y de la comunidad a la que hacemos daños. Tal vez nos confesamos y pedimos perdón a Dios, cumplimos la penitencia y volvemos a caer en lo mismo. ¿Por qué será? ¿Porque no tomamos en serio el pecado? ¿No nos empeñamos a fondo a superarlo o que nuestra conciencia ha quedado adormecida por lo que vemos en la sociedad, en la televisión? San Ignacio en la primera semana de sus Ejercicios Espirituales propone una meditación sobre el pecado al inicio de la cual sugiere al ejercitante pedir gracia para conocer el pecado y aborrecerlo. En otros tiempos se veía como algo normal el ejercicio de la tortura en los tribunales como instrumento para alcanzar la verdad de los hechos. Igualmente la esclavitud no era vista como el mal que objetivamente es. En nuestra época la matanza de niños no nacidos se ha convertido en derecho para un sector bastante numeroso de la sociedad. Seguirá o en algunos países sigue ya la eutanasia aplicada sea a los recién nacidos o mayores con el pretexto de compasión. Muchos se rasgan las vestiduras antes males ajenos mientras no se dan cuenta de que los pecados graves que cometen o condonan.


Jesús mandó callar al leproso curado y solamente ir a declarar el hecho ante el sacerdote para cumplir lo mandado por Moisés en la ley. Sin embargo, él se puso a propagar la gran noticia inmediatamente y San Marcos comenta que Jesús no pudo entrar ya en los pueblos sino que se quedaba fuera en descampado y aun así al gente acudía a él. Podemos comprender la actitud del leproso, pues es muy humano comunicar a otos un bien tan enorme recibido. La evangelización es precisamente eso, comunicar “la buena noticia” de las maravillas que Dios ha realizado en uno para que de esa manera la otra persona pueda también beneficiarse. Por ello, el cristianismo desde el ´principio fue propagado por contagio. Los paganos comentaban “vean cómo se aman”. Una encuesta en Estados Unidos hecha a los que habían abandonado la Iglesia arroja un resultado interesante: Un buen porcentaje de ellos señalaba que una vez que ya no acudían a la misa nadie se acercó a ellos ni se interesó para saber porque ya no participaban. Todos los que participan en la misa tienen familiares y vecinos que ya no acuden. ¿Por qué no invitarles a volver e interesarse por las razones que les movieron para dejar de ser católicos practicantes? ¿Por qué no organizar un grupo en las parroquias que se fije en este detalle y acuda a las personas que ya no vienen para intentar que vuelvan?

martes, 10 de febrero de 2015

El DEBATE SOBRE LA COMUNIÓN PARA DIVORCIADOS A VUELTOS A CASAR CIVILMENTE

N.B. Esta entrada no toma en cuenta los resultados del reciente Sínodo de octubre de 2014. En realidad la Relatio final del Sínodo no cambia el análisis que hago a continuación.  Desde cunado se escribió, ha habido algunas aportaciones importantes. Por lo tanto, habrá que volver sobre el tema, esperando lo que sucede en la siguiente sesión sinodal y un documento posterior que vendrá del Papa Francisco. 

Planteamiento del problema

Probablemente el principal acto de lo que lleva el Papa Francisco de ministerio petrino ha sido la convocación de un Sínodo Extraordinario de Obispos para octubre de 2014 sobre el tema de la familia. En el viaje de regreso de la Jornada Mundial de la Juventud en Rio de Janeiro el 18 de julio de 2013 el Papa dio una entrevista a los periodistas que lo acompañaban en el avión. Sumándolas con otras declaraciones del mismo Papa Francisco en otras entrevistas, una al Director de la Revista de los Jesuitas en Roma, La Civiltá Cattolica y al Director del periódico italiano laicista La Stampa, no dejaron inquietar a no pocos sectores de la Iglesia. Sobre el tema de los divorciados y vueltos a casar civilmente declaró:
 Creo que ha llegado el momento de la misericordia, como había intuido Juan Pablo II que instituyó la fiesta de la Divina Misericordia. Los divorciados pueden hacer la comunión, son los divorciados en segunda unión los que no pueden Hay que ver el tema en la totalidad de la pastoral matrimonial. Abro un paréntesis: los ortodoxos, por ejemplo, siguen la teología de la economía y permiten una segunda unión..... Estamos en camino para una pastoral matrimonial más profunda. Mi predecesor en Buenos Aires, el cardenal Quarracino, siempre decía: "Para mí, la mitad de los matrimonios son nulos, porque se casan sin saber que es para siempre, porque lo hacen por conveniencia social, etc...". También debemos estudiar el tema de la nulidad”.

Estas declaraciones no dejaron de sorprender a muchos en la Iglesia y dar origen a varias preguntas ¿Qué quiere decir con “el momento de la misericordia? ¿Es que la Iglesia ha desconocido la misericordia de Dios a lo largo de sus veinte siglos de recurrido? ¿Cómo puede operar la misericordia de Dios sin el deseo sincero de lograr un cambio radical de vida? ¿Puede el Señor manifestar su misericordia a falta de un cambio real de vida una vez que el penitente se ha arrepentido de su pecado? ¿La pastoral va por una vía y la doctrina por otra? ¿Puede existir lo que se denomina como “solución pastoral”? ¿Que opinar sobre lo que dice el Papa acerca de la praxis de las Iglesias ortodoxas. En la práctica ellas aceptan el divorcio en toda regla, pese a que no consideran la segunda unión sacramental. ¿Si el Papa menciona esta opción en este contexto, al parecer de una forma positiva, entonces es posible que la Iglesia Católica asuma la practica ortodoxa? Surge otra serie de problemas del lo que dice un Papa en entrevistas a la prensa, que no son medios para la proclamación de la doctrina del Magisterio de la Iglesia, y mucho más abiertas a ser malinterpretadas por la prensa que los documentos oficiales que pasan por muchos filtros antes de ser promulgados. ¿Este tipo de entrevista ayuda a esclarecer los problemas o más bien crea confusión? ¿Le conviene a la Iglesia que entrevistas del Papa con la prensa siembren confusión sobre temas importantes de la doctrina de la Iglesia, pese a que ésta no ha sido su intención?

En la misma entrevista el Papa cita favorablemente un dicho de su antecesor como Arzobispo de Buenos Aires, el Candeal Quaracini, según la cual la mitad de los matrimonios celebradas en la Iglesia son nulos “porque se casan sin saber que es para siempre, porque lo hacen por conveniencia social, etc” Tal afirmación es muy grave y pudiera caber en una tertulia ente curas, pero ¿tal opinión tiene algún sustento? ¿El cardenal realizó alguna encuesta u otro estudio de tipo científico para poder hacer tal afirmación? ¿Por qué no saben que el matrimonio es para toda la vida? ¿Quienes son los responsables de darles a conocer la naturaleza del matrimonio cristiano y por qué han fracasado de una manera tan rotunda si es cierto lo que decía el Cardenal Quaracini con cuya opinión parece estar de acuerdo el Papa Francisco? Si éste es el caso real, ¿los párrocos que celebran tales matrimonios son conscientes de la nulidad de la mitad de estos matrimonios? Si no lo saben, a qué se debe, pues en el seminario estudian varios cursos de Derecho Canónico, el curso sobre el Sacramento del Matrimonio? ¿Se dan cuenta de que, según lo que dice el Papa la mitad de las celebraciones de matrimonios en la Iglesia no pasan de ser simulaciones de sacramentos? ¿Esto constituye sacrilegio? ¿Si la mitad de los que se casan no son capaces de comprender que el matrimonio cristiano es para siempre ni otras de sus características, a qué se debe esto? ¿No tienen la capacidad mental para poder comprendelo por su bajo cociente intelectual, o sea la mitad del los que acuden a una parroquia para casar simplemente no han recibido una explicación adecuada de la naturaleza del sacramento? ¿Si las parroquias no han explicado la naturaleza del matrimonio cristiano a los que acuden a ellas para celebrar el sacramento y lo hacen por razones sociales, ¿por qué no se les explica la naturaleza del matrimonio cristiano y darles la opción de aceptar tal doctrina o rechazarla? Si la rechazan, lo lógico es denegarles la posibilidad de casarse en la Iglesia en ese momento, e invitarles a una catequesis más prolongada? Si no aceptan esta opción y quieren proceder a celebrar su matrimonio, entonces no les queda más opción que celebrar un matrimonio civil., pero comúnmente acuden a la parroquia para celebrar su boda debido a presiones de los padres o por razones estética en cuanto que consideran la iglesia más adecuada para celebrar la ocasión con solemnidad que una sala municipal. ¿Se puede proceder así, sin cerrarles la puerta para una futura celebración del sacramento? ¿Pero, debido a que un cristiano bautizado tiene derecho a celebrar su matrimonio en la Iglesia, esto quiere decir que puede a sabiendas entrar en una matrimonio inválido? Otro problema es que “in internis nisi ecclesia, es decir, no podemos juzgar la conciencia de nadie. ¿No será ésta una mejor opción que intentar cambiar la doctrina de la Iglesia? ¿El hecho de que quieren celebrar su matrimonio en la Iglesia por razones sociales no es al menos una indicación de que quieren tener alguna relación, aunque sea tenua con la Iglesia, y no podría ser una oportunidad para una obra evangelizadora de estas personas?

El 23 de octubre de 2013 el Cardenal Muller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó un artículo importante en L'Osservatore Romano en el que defiende la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio y comunión a los divorciados y vueltos a casar civilmente. Cabe señalar que no se trata de unas opiniones personales, sino un resumen de la doctrina oficial de la Iglesia en su calidad de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Aprovechando el Consistorio celebrado para la creación de nuevos cardenales el Papa Francisco invitó al Cardenal Walter Kasper a hacer una ponencia que fuera una colaboración a la preparación del próximo Sínodo sobre la familia, en la presencia de la casi totalidad de los cardenales presentes en Roma para la ocasión. La elección del Cardenal Kasper de parte del Papa Francisco para esta tarea es interesante, debido a que desde los años 90 cuando él era obispo diocesano en Alemania había promovido el cambio de la práctica de la Iglesia respecto al tema de la comunión y los divorciados en uniones civiles. Además, el 14 de febrero de 1994, precisamente con la intención de dar una respuesta a la controversia surgido en aquel momento sobre el tema, La Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe con el entonces Cardenal Joseph Ratzinger como Prefecto publicó el documento “A propósito de algunas objeciones contra la doctrina de la Iglesia sobre de la recepción de la Comunión eucarística por parte de los fieles divorciados y vueltos a casar”, en el que examina las propuestas de varios sectores de la Iglesia incluyendo Kasper y sus compañeros obispos alemanes. Volveremos a examinar este documento más adelante. El día siguiente de la ponencia del Cardenal Kasper, el Papa Francisco lo alabó profusamente, por lo cual podemos intuir que está de acuerdo con los planteamientos del cardenal alemán y que le gustaría que se produjera un cambio, si no en la doctrina, al menos en la pastoral o en la praxis de los tribunales eclesiásticos. De ahí surge otra pegunta: “Es posible que la acción pastoral de la Iglesia haga caso omiso de su doctrina en temas tan importantes como los sacramento de la Eucaristía y del Matrimonio?

Las reacciones a las ideas propuestas por el Cardenal Kasper en su ponencia ante el Papa y el colegio cardenalicio no dejaron de llegar. El Cardenal Cafarra, ya Presidente del Pontificio Instituto de la Familia Juan Pablo II, y uno de los arquitectos de la Exhortación Apostólica Postsinodal de Juan Pablo II Familiaris Consortio, una entrevista, siguiendo la nueva metodología de las disputas teológicas en la Iglesia por medio de entrevistas a la prensa que se difunden rápidamente por Internet, cuestionó fuertemente los planteamientos de Kasper. Posteriormente La Conferencia Episcopal Española, al parecer movida por Monseñor Luis Ladaria, S.J, Secretario dela Congregación de la Fe, publicó una lista de todos los documentos del Magisterio sobre el tema de la comunión y los divorciados en nuevas uniones civiles. Más tarde intervino el Cardenal Velasio de Paolis, un peso pesado del Derecho Canónico con una conferencia en la que también rechaza con contundencia la posición defendida por el cardenal alemán. Ha intervenido también el Cardenal Burke, Prefecto de la Sagrada Signatura, el tribunal de apelaciones de la Santa Sede, es decir, el que detiene la mayor autoridad jurídica en la Iglesia. La blogosfera ha estado muy activa en este debate. Tampoco ha faltado otra entrevista el Cardenal Kasper en la revista norteamericana Commonweal en la que vuelve a defender su tesis y cita lo dicho por el Papa Francisco en la entrevista en el avión desde Rio de Janeiro a Roma, según lo cual la mitad de los matrimonios celebrados son nulos, como hemos notado arriba.

“También hay una intervención importante del Papa Benedicto XVI en un encuentro con el clero de la diócesis de Aosta el 25 de julio de 2005, respondiendo a una pegunta de un sacerdote afirma: comprender que el problema es muy difícil y que se debe profundizar aún más”. En este caso se trata de una situación concreta en la que una persona ha recibido el Sacramento del Matrimonio en una situación de poca fe, luego ha fracasado su matrimonio y ha tenido una experiencia de conversión. Por ello, el Papa Benedicto reconoce éste como un caso doloroso, pero no se puede decir que todos los casos sean así. “No me atrevo a decir si realmente se puede encontrar aquí un momento de invalidez, porque al sacramento le faltaba una dimensión fundamental. Yo personalmente lo pensaba, pero los debates que tuvimos me hicieron comprender que el problema es muy difícil y que se debe profundizar aún más”.

Posteriormente saltó a la prensa el caso de unas declaraciones de un argentino que declara que su esposa divorciada y vuelto a casar civilmente había escrito al Papa Francisco sobre su caso y que la había autorizado a comulgar en una llamada telefónica. Este caso provocó más confusión con unos titulares de periódicos afirmando: “El Papa autoriza a divorciada y vuelta a casar a comulgar”, y otros “El Vaticano aclaró que el papa Francisco no autoriza a los divorciados a comulgar”. De hecho la Sala de Prensa del Vaticano tuvo sus dificultades al intentar explicar este caso, afirmando en un comunicado: “Las noticias difundidas sobre esa materia -ya que están  fuera del ámbito propio de las relaciones personales- y su  amplificación mediática no tienen por lo tanto confirmación alguna  de fiabilidad y son fuente de malentendidos y confusión”. El mismo párroco del lugar donde vive la mujer en cuestión consideró “imposible” que el Papa Francisco le diera permiso a ella para comulgar. Parece muy raro que un Papa resolviera una consulta de este tipo por teléfono, saltando las instancias locales como son el párroco y el obispado local. En una entrevista posterior del Papa Francisco, este vez en el avión de vuelta de Tierra Santa, más que un cambio de doctrina parece enseñar la posibilidad de mejorar la actuación de los tribunales eclesiásticos. Este solución tampoco deja de tener sus problemas, pues no pocos cuestionan su actuación en algunos países y lo ven como un divorcio por la puerta trasera.

Artículo del Cardenal Gerhard L. Muller publicado en L'Osservatore Romano sobre Sobre la indisolubilidad del matrimonio y el debate acerca de los divorciados vueltos a casar y los sacramentos1 .

En este artículo el Prefecto de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe no deja ninguna duda sobre la doctrina de la Iglesia en el tema que estamos analizando. Al momento que reconoce la inquietud de no pocos católicos de países de larga tradición cristiana que pregunta sobre la posibilidad de que la Iglesia pueda permitir acceder a los sacramentos a personas divorciadas y en nuevas uniones civiles. Afirma que la respuesta teológica a tal problema parte de la revelación divina se le que tiene que prestar el pleno obsequio del entendimiento y de la voluntad (Dei Verbum 5). Luego realiza un amplio recorrido de la doctrina de la Iglesia partiendo de la Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio en épocas recientes para terminar ocn unos comentarios teológico morales y desde una perspectiva de la solicitud pastoral. A continuación presento una breve síntesis de los puntos salientes de la intervención del Cardenal Muller.

Partiendo de los textos clásicos del decálogo que prohíben el adulterio y reconociendo que aunque se acepta el divorcio en el Antiguo Testamento, hay una cierta reticencia hacia esta práctica que no concuerda con el importante concepto de la relación esponsal de Dios con su Pueblo y cita al Profeta Malaquías: “ “No traicionarás a la esposa de tu juventud... siendo así que ella era tu compañera y la mujer de tu alianza” (cfr Mal 2,14-15). Este es el contexto en el que Jesucristo presenta su doctrina en contra del divorcio, que Moisés había permitido debido a la “dureza de corazón” del hombre, mientras remite al plan originario de Dios sobre el matrimonio en el libro del Génesis (Mc 10,5-9; Mt 19; Lc 16,18), La Iglesia Católica siempre ha acogido esta doctrina como proveniente de Dios y sin posibilidad de revisión. El pacto establecido entre los cónyuges proviene de Dios y los hombres no pueden disponer de él.

Hay un discusión entre los exegetas acerca de cierta flexibilidad sobre el tema en referencia al texto de San Mateo sobre la porneia (fornicación) (Mt 5,32;19,9). Sin embargo, muchos consideran que tales textos se refieren a uniones inválidas que no constituyen ninguna excepción a la indisolubilidad. Luego analiza los textos de San Pablo de la Primera Carta a los Corintios (7,12-16), que ha llegado a ser la base del así llamado privilegio paulino según el cual es posible disolver un matrimonio de derecho natural “a favor de la fe” del cónyuge convertido al cristianismo, y el texto clásico de Efesios: “Maridos, amad a vuestras esposas, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella” (Ef 5,25; y “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia” (Ef 5,31-32).

Pasando a la Tradición de la Iglesia el Cardenal recuerda que los Padres de la Iglesia mantuvieron firmemente la doctrina del Señor sobre la indisolubilidad del matrimonio. Luego de la separación de las Iglesias Orientales de la Catedra Petri se desarrolló una “indulgencia pastoral” basada en la Oikonomía que permite segundas o terceras nupcias con carácter penitencial. Afirma con contundencia: “ Esta práctica no es coherente con la voluntad de Dios, tal como se expresa en las palabras de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio, y representa una dificultad significativa para el ecumenismo “. La Reforma Gregoriana volvió a auténtica tradición de la Iglesia después de ciertas tendencias liberalizadoras. También el Concilio de Trento reitera la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio y afirma que no es cierto que ha habido una cierta tolerancia por la praxis oriental, sino al contrario se instó la práctica de exigir una profesión de fe a conversos al catolicismo que afirma la imposibilidad de un segundo o tercer matrimonio. Igualmente el Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes reafirma claramente la doctrina tradicional: “Esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad” (n. 48). El matrimonio sacramental pertenece a la economía de la gracia y sólo se puede vivir en relación con Jesucristo Nuestro Señor.

En cuanto al Magisterio más reciente la Familiaris Consortio, publicada el 22 de noviembre de 1981 como fruto del Sínodo de Obispos sobre la familia mantiene con toda claridad la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio y trata el tema de los cristianos divorciados y vueltos a casar. La exhortación invita a los pastores a discernir bien cada situación. Estas personas pertenecen a la Iglesia y necesitan de la solicitud pastoral de los pastores. Sin embargo no pueden acceder a la Eucaristía debido a que su estado contradice objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía” (FC 84) Otra práctica induciría a los fieles al error acerca de la indisolubilidad del matrimonio.



Síntesis de la intervención del Cardenal Kasper ante el Papa y el Colegio Cardenalicio.
En primer lugar el cardenal alemán propone el problema de la comunión para los divorciados y vueltos a casar civilmente se debe tocar según un nuevo paradigma, que no sea el de la Iglesia y los sacramentos sino de los que sufren y piden ayuda. Propone plantear unas preguntas.

Kasper, como no puede ser de otra manera, reitera el hecho de que no se puede proponer un nuevo matrimonio en el caso de personas ya casadas válidamente en la Iglesia con el Sacramento del Matrimonio mientras vivan los dos cónyuges, pues esto proviene de una tradición de fe vinculante que no se puede abandonar. A continuación plantea una suerte de disyuntiva entre los que llama “un binomio indisoluble de fidelidad y misericordia de Dios” en la acción pastoral de la Iglesia en el caso de los divorciados y en una unión civil con otra persona. Esta situación la considera similar a la que se enfrentó el Concilio Vaticano II en casos como el ecumenismo y la libertad religiosa. Constatando la fidelidad del Concilio a la tradición y al mismo tiempo una solución que abría las puertas. Pregunta el docto cardenal alemás si no se puede hacer otro tatno en el caso espinoso que nos toca tratar ahora.

Basándose en el discurso del Papa Francisco a la Rota Romana el 24 de enero de 2014 en el que afirma que la dimensión jurídica y la pastoral no están opuestas. La pastoral y la misericordia no se contraponen a la justicia sino que son “la justicia suprema”. Recuerda que los tribunales eclesiásticos no resuelven meros casos sino se trata de personas con una dignidad única y que no bastaría resolver estas situaciones tan sólo en base a documentos.

En segundo lugar, Kasper no le parece oportuno ni conveniente resolver ettas situaciones mediante la ampliación de la acción de los tribunales eclesiásticos porque daría la impresión de que la Iglesia estuviera entregando divorcios de una forma tramposa. Hace referencia a la invitación hecha por la Congregación de la Doctrina de la Fe en 1994 y por el Papa Benedicto XVI en el Encuentro de las Familias en Milán en 2012 a estas personas de hacer una comunión espiritual. Sin embargo, nuestro cardenal si bien reconoce el valor de la comunión espiritual, cuestiona esta solución:  “¿no es tal vez una instrumentalización de la persona que sufre y pide ayuda si hacemos de ella un signo y una advertencia para los otros? ¿La dejamos morir sacramentalmente de hambre para que otros vivan?

A continuación y en tercer lugar, Kasper trae a colación algunos casos que se dieron en la Iglesia antigua como posible solución en tales casos difíciles al tiempo que hace referencia a un artículo de J. Ratzinger publicado en 1972 que menciona un derecho consuetudinario  según el cual cristianos vivían un segundo vínculo mientras vivía el primer esposo después de un período de penitencia. Indica que a través de la comunión tenían a disposición “una tabla de salvación”. Por ello plantea la siguiente pregunta: ¿esta vía más allá del rigorismo y del laxismo, la vía de la conversión, que desemboca en el sacramento de la misericordia, en el sacramento de la penitencia, es también el camino que podemos recorrer en la presente cuestión?
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Por lo tanto el Cardenal Kapser pregunta si en el caso de personas que se han arrepentido del fracaso de su primer matrimonio y que no pueden abandonar los nuevos compromisos asumidos y si intenta con todas sus fuerzas vivir el segundo matrimonio, si se debe negarles después de un tiempo de “metanoia” el acceso al sacramento de la penitencia y luego la comunión, No la plantea como una vía general sin más bien un pequeño grupo de personas en esta situación. Además, señala el cardenal alemán que el hecho de ver a sus padres acercarse a los sacramentos, los hijos de la nueva unión estaria más inclinados a hacer otro tanto ellos, y así no perderíamos una nueva generación.

En cuarto lugar, Kasper acude a la práctica de la Iglesia de los orígenes para sacar otro argumento. Después de mencionar varios estudios históricos y exegéticos sobre el tema, afirma que en muchas iglesias locales, después de un período de penitencia, de acuerdo con el derecho consuetudinario, después de la penitencia se practicaba “ la tolerancia pastoral, de la clemencia y de la indulgencia”. Este derecho consuetudinario habría sido reconocido por Orígenes, San Basilio el Grande y San Gregorio Nacianceno. Tal práctica debido a la autoridad de San Agustín fue abandonada en Occidente, aunque según el cardenal alemán, no parece que éste hubiera excluído toda solución pastoral porque en algún texto habla de pecado venial. También cuestiona, al igual que otros autores, las declaraciones de nulidad por defecto de forma, práctica muy tardía en la tradición. Para terminar con tema afirma: J. Ratzinger ha sugerido retomar de manera nueva la posición de Basilio. Parecería ser una solución apropiada, solución que está en la base de mis reflexiones”.


Crítica de los planteamientos del Cardenal Kasper

Siguiendo la costumbre ya establecida en este debate de dar entrevistas, el Cardenal Carlo Caffarra, Arzobispo de Boloña, dio una entrevista importante al periódico italiano Il Foglio en su ediciónd el 14 de marzo de 2014. Sin mencionar al Cardenal Kasper y sus propuestas, las rechaza radicalmente y hace una defensa cerrada de la Familiaris Consortio (FC) y también de la Humanae Vitae, además de recomendar volver a estudiar las 93 catequesis del Papa Juan Pablo II dadas en los primeros años de su Pontificado sobre el tema del amor y la sexualidad, comúnmente denominada su Teología del Cuerpo. Cabe señalar que en el contexto de la preparación del próximo Sínodo Extraordinario sobre la Famila se ha dicho que existe una situación completamente nueva o inédita en cuanto a la familia y que la doctrina de Humanae Vitae yo no tiene vigencia, cosa demostrada por las encuestas.

Afirma Caffarra que en la FC se sigue un nuevo método en relación con el matrimono y la familia. Tal método sigue la línea establecida por el mismo Jesús cuando le preguntaron sobre el divorcio, Es decir, rehusó entrar en la casuística, y más bien quiso volver a la verdad sobre el matrimonio inscrita por Dios en la misma creación. Es decir: debéis mirar allá donde el hombre y la mujer vienen a la existencia, en la verdad plena de su ser hombre y mujer llamados a ser una sola carne”.

La FC tiene “un sentido sobrenatural de la fe” que no depende de las opiniones de los fieles, La Iglesia puede también recurrir a los estudios sociológicos para conocer mejor la verdad y la cultura de la época, pero el sentido de la fe se refiere a lo que Dios en la creación ha constituido en la misma naturaleza del hombre y la mujer e igualmente la naturaleza del matrimonio y la familia, No se trata tan solo de una norma a la que se pueda o no encontrar excepciones. El Arzobispo de Bolonia afirma que la imagen que la FC no tiene nada que decir al mundo actual es una caricatura.

También el cardenal italiano hace una fuerte defensa de la acción poderosa de la gracia cuando un pastor predica la verdad sobre el matrimonio y la familia y no sus propias opiniones. Juntamente con esta proclamación de la verdad entra en acción el Espíritu Santo en los corazones de los oyentes. Afirma también que lo que piensan en países centroeuropeos como Alemania, Austria o Suiza no corresponde al sentir de la Iglesia en continentes enteros como Africa o Asia. En el caso de África la Iglesia tiene que luchar contra la poligamia. Afirma que 75% de los católicos en los países africanos son contrarios a dar la comunión a los divorciados en uniones civiles, e invita a escuchar también la voz de los pobres.

Entrando ya en el tema específico de dar la comunión a los divorciados y vueltos a casar civilmente, el Cardenal Caffarra pregunta: “¿qué pasa con el primer matrimonio rato y consumado? Si la Iglesia da la Eucaristía a estas personas está legitimando implícitamente esa segunda unión. En tal caso hay un ejercicio de la sexualidad humana fuera del matrimonio legítimo que la Iglesia no puede reconocer. Recuerda que el Papa Juan Pablo II en su alocución a la Rota en el año 2000: “se deduce claramente que el Magisterio de la Iglesia enseña la no extensión de la potestad del Romano Pontífice a los matrimonios sacramentales ratos y consumados como doctrina que se ha de considerar definitiva, aunque no haya sido declarada de forma solemne mediante un acto de definición» (NdR. n.6 de la Alocución). En lenguaje técnico se trata de una doctrina definitivamente propuesta por el Magisterio que no admite discusión entre los teólogos a la que tienen que acatar los fieles.

En cuanto al sacramento del matrimonio, ciertamente sana en cuanto libera en el hombre y la mujer la capacidad de amarse para siempre. Además, es un don de Dios, pues “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. Gran parte del problema que tenemos hoy es que no se enseña el verdadero sentido del matrimonio como sacramento a los jóvenes que se casan y luego tenemos las consecuencias que ya conocemos.

Caffarra también toca el tema de la misericordia, que, como hemos señalado arriba, lo tiene muy a pecho el Cardenal Kasper y el mismo Papa Francisco. Lo ilumina con una referencia a la actitud de Jesús ante el caso espinoso que le presentaron los fariseos de la mujer cogida in fragranti en adulterio. Ni la condeno, ni condonó el pecado cometido sino la manda irse y no pecar más. La Iglesia tiene la misión de perdonar pero en las misma condiciones que Jesús. Se perdonan los pecados más graves como el homicidio cuando hay verdadero arrepentimiento, pero “en el caso del divorciado vuelto a casar, la Iglesia dice: «éste es el mal, el rechazo del don de Dios, la voluntad de despreciar el vínculo puesto por el mismo Señor»” El arrepentimiento quiere decir volver al matrimonio. De otra manera no es serio decir que estoy arrepentido y permanezco en la misma situación, cuando en realidad hay un ruptura objetiva del vínculo del que se arrepienta esta persona.

Antes de terminar la entrevista el Cardenal toca el tema de la misión del confesor y la diferencia entre lo que se llamaba el púlpito y el confesionario. A esto volveremos más adelante2.

Intervención del Cardinal Velasio de Paolis.

Otro cardenal que ha salido con una defensa cerrada de la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la propuesta del Cardenal Kasper de dar la comunión a divorciados y vueltos a casa es S.E. Velasio de Paolis, ya Delegado Pontificio para los Legionarios de Cristo y un notable experto en Derecho Canónico, en una conferencia pronunciada el 14 de mayo de este año. Señalo a continuación los puntos salientes de la intervención del cardenal italiano en este debate, sin repetir puntos ya tratados arriba. En su Conferencia dictada el 14 de mayo en la ocasión de la inauguración del año jurídico del Tribunal Eclesiástico de Umbria, De Paolis trata ampliamente la temática fundamental actualmente en discusión en la ocasión del próximo Sínodo Extraordinario sobre la Familia. Se propone no sólo comentar sobre las consecuencias de la crisis que padece la familiar en la actualidad sino buscar sus causas fundamentales.
El cardenal italiano hace un amplio recorrido de los antecedentes históricos de la crisis que padecemos en la actualidad y señala la fractura de la fe y la razón tan característica del mundo moderno. En este sentido luego de muchas condenas de parte de la Iglesia del derrotero del mundo moderno, como es el caso del Syllabus Errorum de Pío IX , llegando al gran programa de “aggiornamento” promovido por el Papa Juan XXIII y el Concilio Vaticano II, que no fue bien interpretado por muchos, se llega a la situación actual. Manifiesta con fuerza que la gran crisis de nuestra Iglesia actual es la crisis de fe, En dos intentos de fortalecer la fe en los fieles católicos los Papas Pablo VI y Benedicto XVI proclamaron sendos Años de la Fe. Indica que el gran problema no es el del acceso o no de los divorciados y vueltos a casar a la comunión sino el sentido de los sacramentos del matrimonio y la Eucaristía. “El Papa Benedicto XVI dirá en la encíclica Spe salvi[7]que con la revolución francesa la esperanza cristiana pierde su carácter de trascendencia y se hace inmanente: se reduce a la dimensión humana, es fruto simplemente de la actividad del hombre y se mueve en esa dimensión. El hombre proclama su autonomía e independencia de Dios. El hombre no tiene necesidad de Dios. El hombre ocupa el lugar de Dios. Es el punto más alto de la modernidad, si por modernidad se entiende la exaltación del hombre.”.

Nuestro cardenal italiano reitera la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la imposibilidad de las personas divorciadas y vueltas a casar civilmente de acceder sea al sacramento de la penitencia como de la Eucaristía, por estar en un estado objetivo de contradicción a la ley divina y manifestar una falta de voluntad de remediar esta situación. Rechaza con fuerza un concepto de misericordia que no vaya de la mano con la conversión del pecador: “ El cumplimiento de un mandamiento de Dios no es ni puede ser visto como opuesto al amor y a la misericordia. Es más, todo mandamiento de Dios, incluso el más severo, refleja el rostro del amor de Dios, aunque no sea el de su amor misericordioso”. Como consecuencia no se puede admitir a los divorciados y vueltos a casar a la Eucaristía con el pretexto de la misericordia:
Ni se puede aducir la debilidad humana o la falta de la vocación a la continencia perfecta. La ley del Señor a v
a veces puede pedir acciones heroicas. Si el Señor nos encuentra en esta condición no nos hará faltar la gracia. Ni se puede justificar la ayuda de la cual la eventual persona inocente tiene necesidad para la educación de los hijos. Y tanto menos se puede aducir la irreversibilidad de la situación. Siempre por las mismas razones. Vivir conyugalmente con una pareja que no es el propio marido o la propia mujer es un acto intrínsecamente malo que no se puede jamás justificar por ningún motivo. Es la doctrina moral católica confirmada recientemente por el Sumo Pontífice Juan Pablo II en la encíclica  Veritatis Splendor. Justificar en estos casos el acceso a la Eucaristía afirmando que se trata de casos singulares que no se pueden medir con la ley, porque la ley no puede cubrir todos los casos, es olvidar que en el caso presente se trata de una ley divina que por su misma naturaleza cubre todos los casos y no admite excepción, a menos que se quiera admitir la doctrina de la ética de la situación, condenada por la Iglesia en la mencionada encíclica Veritatis splendor”

De Paolis, en respuesta al planteamiento de Kasper arriba señalado, recuerda que pese a que sean problemas individuales y dolorosos, topan con un mismo obstáculo: “la ilicitud de una convivencia more uxorio entre dos personas que no están ligadas por un verdadero vínculo matrimonial”.

Luego De Paolis aborda el tema de la pastoral en cuanto según algunos la ley siendo universal o los principios dogmáticos no tienen aplicación a todos los casos concretos y declara tal noción de la pastoral errónea: “ sea el arte con el cual la Iglesia se edifica a sí misma como pueblo de Dios en la vida cotidiana. Es una arte que se funda sobre la dogmática, sobre la moral, sobre la espiritualidad, y sobre el derecho de obrar prudentemente en el caso concreto, Igualmente rechaza lo que llama “los equívocos de la misericordia”. Aunque la misericordia sea un aspecto del amor, no se identifica con el amor, pues el amor tiene muchas facetas, Si bien es cierto que Dios es amor y perdona siempre que no nos quedamos fuera del camino de ese amor de Dios por nuestra falta de voluntad de conversión. Si bien es cierto que no debemos ni podemos condenar a una persona, pero esto dista mucho de no poder valorar moralmente una situación.

Después de señalar que la cultura que es una manifestación de una concepción filosófica y antropológica y que la fe tiene necesidad de ella para expresarse, recuerda que la Iglesia siempre ha reivindicado la competencia de interpretar el derecho natural, peor la cultura no puede ser criterio último de verdad. El Carnebal De Paolis termina su intervención con la siguiente pregunta: “ ¿Cómo puede ser que tantos cristianos sientan esto como un peso más bien que como un don y lleven a cabo grandes esfuerzos para redimensionarlo o aun más para anularlo en vez de trabajar para defender la verdad y dar el testimonio del gozo de vivirlo? 3


Instrumentum laboris para el Sínodo Extraordinario de octubre de 2014

El 25 de junio de 2014 se presentó en el Vaticano el Instrmentum laboris o Documento de trabajo para el Sínodo de 2014.4 Está basado principalmente en las respuestas de las Conferencias Episcopales al cuestionario enviado hace varios meses con la intención de conocer la situación de los fieles católicos en todo el mundo respecto a los temas fundamentales que constituyen la actual crisis de la familia en el mundo y en la Iglesia. El tema de los divorciados vueltos a casar lo trata dentro del Capítulo III sobre Situaciones pastorales difíciles. En realidad el documento presenta una imagen desoladora de la familia desde la perspectiva cristiana y los datos que presente son preocupantes. Da la impresión que los únicos que tienen una idea clara de la naturaleza del matrimonio la familia cristianos son los que forman parte de movimientos apostólicos y familiares. El numeral 89 presenta una sintesis de la situación de estas personas que va de “la falta de conciencia de su situación a la indiferencia. Los hay que ven su situación irregular con despreocupación y no tienen interés en acudir a los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. De éstos, gracias a un camino catequético o de conversión, los hay que toman conciencia de su situación irregular. Frecuentemente no entienden la relación intrínseca entre el bautismo, la Eucaristía y el matrimonio. Fallan los itinerarios catequéticos en cuanto no explican bien el vínculo entre estos sacramentos.

Muchos sienten frustración y se sienten marginados. Algunos se preguntan por qué los otros pecados se perdonan y éste no;o bien por qué los religiosos y sacerdotes que han recibido la dispensa de sus votos y de las obligaciones sacerdotales pueden celebrar el matrimonio y recibir la comunión, mientras que los divorciados vueltos a casar no. Todo esto pone de relieve la necesidad de una oportuna formación e información “ (IL 92)

A continuación el documento. observa que hay un buen número de conferencias episcopales que expresan el deseo de que la Iglesiase dote de instrumentos pastorales mediante los cuales se abra la posibilidad de ejercer una misericordia, clemencia e indulgencia más amplias respecto de las nuevas uniones” (IL 92). En cuanto a los sacramentos se indica que un buen número de los que se encuentran en esta situación la resuelven “ a través de un sacerdote que condescienda a la petición de acceso a los sacramentos. Al respecto, se señala (en particular en Europa y en América Latina) un modo distinto de responder de parte de los pastores. A veces, estos fieles se alejan de la Iglesia o pasan a otras confesiones cristianas”. (ibid 93). También se sugiere la agilización de las causas matrimoniales en los tribunales eclesiásticas y posiblemente eliminar la necesidad de tener dos sentencias y reducir el costo de tales procesos. Existe la propuesta de obviar los procesos judiciales largos y difíciles a través de procesos administrativos. Recurriendo a ideas expresadas por el Papa Francisco el documento sugiere la necesidad de que la Iglesia “Ciertamente, en estos casos, la Iglesia no debe asumir la actitud de juez que condena (cfr. Papa Francisco, Homilía del 28 de febrero de 2014), sino la de una madre que acoge siempre a sus hijos y cura sus heridas (cfr. EG 139-141). Con gran misericordia, la Iglesia está llamada a encontrar formas de “compañía” para sostener a estos hijos suyos en un itinerario de reconciliación. Con comprensión y paciencia, es importante explicar que el hecho de no poder acceder a los sacramentos no significa quedar excluidos de la vida cristiana y de la relación con Dios “ (Ibid 103). ene

Observaciones críticas acerca del debate en curso sobre la situación eclesial de los divorciados vueltos a casar.

Después de nuestro recorrido por las principales intervenciones de parte de los defensores de y opositores de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, cabe preguntar ¿cuál ha sido el motivo del Papa Francisco en abrir tal debate? Pareciera que favoreciese personalmente una solución que diera la comunión a estas personas de acuerdo con la tesis del Cardenal Kasper. Sin embargo, el Sínodo tiene un fin pastoral y no tiene competencia para proponer cambios en la doctrina de la Iglesia. El debate ha sacado a luz varios temas que pudieran ser profundizados por los teólogos. Pareciera que en la mente de algunos la doctrina puede ir por un carril y la pastoral por otro, de manera que se hable de un “solución pastoral”, gracias a la cual el confesor autorizaría a una persona divorciada y vuelta a casar comulgar en el caso de que no se pudiera lograr una resolución favorable en el tribunal eclesiástico competente y la persona esté subjetivamente convencida de que su matrimonio no fue válida.

El Papa San Juan Pablo II, con su encíclica Dives en misericordia y su posterior institución de la Fiesta de la Divina Misericordia, ha promovido la gran importancia de la misericordia en la vida de la Iglesia. La Iglesia ha de ejercer el ministerio de la misericordia de Dios sobre todo el el Sacramento de la Penitencia, pero ¿se puede hablar de la misericordia infinita de Dios en el caso de los que no están dispuestos a convertirse, a dejar el camino del pecado y volver al cumplimento de los mandamientos de la ley de Dios? Conviene volver a recordar la naturaleza bíblica y teológica de la misericordia divina. El Cardenal Kasper argumenta que como en el caso del ecumenismo y la libertad religiosa en el Concilio Vaticano, así también en este caso hay posibilidad de un desarrollo de la doctrina. ¿Qué se puede decir de esta propuesta? ¿ La propuesta de agilizar los procesos matrimoniales en los tribunales eclesiásticos también tiene sus problemas. ¿No se daría una suerte de declaraciones de nulidad “exprés” y por ende un divorcio eclesiástico? ¿Tanto énfasis en la misericordia de Dios y el sufrimiento de las personas que se encuentran en este tipo de irregularidad debido a haber entrado en unas nupcias civiles luego del fracaso de su matrimonio no deja en la sombra otras verdades fundamentales del cristianismo como la necesidad imperiosa de seguir a Jesucristo hasta ha cruz y que no hay vida humana sin sufrimientos y dolores a veces agudos y prolongados, o el poder de la gracia?

¿Qué implica la idea expresada, al parecer con aprobación por el Papa Francisco que la mitad de los matrimonios celebrados en la Iglesia son inválidos? ¿Esto es posible? Un canonista estadounidense laico Edward Peters propone que se revise la disposición del Concilio de Trento en su Decreto Tametsi según el cual es necesario la forma canónica para validez del matrimonio, que en en Estados Unidos se están dando muchas declaraciones de nulidad debido a que parejas se han casado en la Iglesia de forma tramposa a sabiendas de que el matrimonio era inválido. ¿Qué se puede decir de esto y sería una solución al menos parcial al problema? Esta solución puede resolver algunos problemas que se dan en Estados Unidos donde al parecer algunas parejas por falta de la forma canónica se casan inválidamente y luego es posible declarara tal matrimonio nulo.

Requisitos generales para que un católico puede recibir la Sagrada Eucaristía

Dado que nuestra discusión versa sobre la posibilidad o no de que los divorciados y vueltso a casar civilmente puedan recibir la comunión, conviene recordar las normas de la Iglesia para que cualquier fiel la pueda recibir. Ya el Papa San Pío X invitaba a los católicos a recibir la comunión con frecuencia y permitió que los niños a partir de gozar del uso de la razón que se considera que se da a los siete años de edad. El santo Ponfice intentaba terminar con ciertos resquicios del jansenismo que todavía perduraba en la Iglesia. Los principales requisitos para que cualquier católico pueda recibir la comunión son que cumpla el ayuno eucarístico que en nuestros días queda reducido a una hora y principalmente que tenga conciencia de estar libre de pecados graves o mortales, de acuerdo con lo establecido por San Pablo en su Primera Carta a los Corintios: “Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba la copa. Pues, quien come y bebe sin discernir el Cuerpo. Come y bebe su propio castigo (11,28-29). Por ello, el Derecho Canónico en su canon 915 indica:  “No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o de la declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave”.

Debido a que que no pocos opinaban que este canon no se aplica a los divorciados y vueltos a casar la Pontificia Comisión para los Textos Legislativos señala enn una declaración publicada el 24 de junio de 200o al tiempo que recuerda lo que indica el Catecismo en su numeral 1820, señala:

Hoy son numerosos en muchos países los católicos que recurren al divorcio según las leyes civiles y que contraen también civilmente una nueva unión. La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo (‘Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete a adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio’: Mc 10,11-12), que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el primer matrimonio. Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación, y por la misma razón no pueden ejercer ciertas responsabilidades eclesiales. La reconciliación mediante el sacramento de la penitencia no puede ser concedida más que aquellos que se arrepientan de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo y que se comprometan a vivir en total continencia”.

El 25 de julio 2013 el Pontificio Consejo para la Familia se sintió obligada a negar una noticia publicada en el diario italiano La república la Santa Sede estaba preparando un documento que iba a cambair esta disciplina. La única via que les queda abierta a estas personas es la de la comunión espiritual que todos los católicos pueden hacer con fruto cuando por alguna razón se encuentran en la imposibilidad de comulgar sacramentalmente.

Los Papas y documentos oficiales han reiterado constantemente el hecho que las personas que se encuentran en situaciones irregulares debido al divorcio y estar en una nueva unión civil no están excluidos de la Iglesia. Tampoco la Iglesia juzga su culpabilidad subjetiva en su situación pero participar en la celebración de la Eucaristía sin comulgar tiene un gran valor. Durante muchos siglos grandes santos, como por ejemplo Santa Teresa de Jesús, no comulgaban diariamente y no podemos pensar que era inútil su participación en la misa, que por otra parte no entendían si desconocían el latín. De hecho existe una pobreza litúrgica en cuanto que prácticamente la única liturgia que muchos católicos conocen es la misa. Tradicionalmente se cantaban vísperas solemnes en las catedrales y monasterios los domingos y días festivos con la participación de fieles. También participaban en la exposición al Santísimo con un período de adoración y posiblemente algún sermón. Afortunadamente estas prácticas se están recuperando en un buen número de parroquias y catedrales. También las bendiciones son liturgia y el Bendicional entrega una gran multitud de posibilidades para celebrar solemnemente diversas bendiciones, que pueden ser no solamente de cosas como edificios, sino también de personas, Existen las liturgias penitenciales según el segundo rito del Ritual del Sacramento de la Penitencia que se celebra con cantos, lecturas, salmos, homilía, examen de conciencia con confesión individual a los sacerdotes. Este rito que puede ser muy provechoso para los fieles y puede ayudar a que capten el sentido comunitaria de la reconciliación con Dios y con la Iglesia que se realiza a través del sacramento, requiere la asistencia de varios sacerdotes. Habría que insistir en la catequesis en el hecho de que la Eucaristía es un don inmerecido para cuya recepción debemos disponernos y cargar menos sobre el derecho de recibirla.

La importancia de la misericordia

Ciertamente el legado que ha dejado San Juan Pablo II a la Iglesia en relación a la misericordia es un gran tesoro que se está viviendo con más fuerza en muchas partes. También sabemos que el Papa Francisco tiene muy a pecho la necesidad de que la Iglesia sea una instancia de misericordia, según la conocida metáfora que ha utilizado comparando la Iglesia como un hospital de campaña. En la encíclica Dives en misericordia, después de tratar ampliamente el concepto de misericordia en el Antiguo Testamento, con particular énfasis en la palabra, cuyo significado explica ampliamente en una larga nota, manifiesta como la misericordia de Dios está presente a lo largo de todo el Antiguo Testamento y en particular en los textos proféticos. En el Nuevo Testamento repara de manera particular en la parábola del Hijo Pródigo qua largamente haciendo hincapié en el hecho de que lo más grave es que el hijo pierda su dignidad de hijo en la casa de su padre y cómo la recupera por la actitud misericordiosa del padre que lo acoge y restituye a su antigua dignidad de hijo. El papa polaco se manifiesta muy interesado en señalar cómo la misericordia supera la estrechez de la justicia, pues ésta parece ser la idea central de su carta. De manera muy oportuna expresa la íntima relación que existe entre la conversión y la experiencia de la misericordia de Dios: “El auténtico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino también como disposición estable, como estado de ánimo. Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo « ven » así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a El”56. Es decir, la Iglesia ha de proclamar la misericordia de Dios para que los fieles puedan llegar a convertirse, que que se conviertan primero para descubrir la misericordia, pues, “Dios nos ama primero”.

Si bien es cierto que la misericordia supera la fría justicia, tampoco anula la justicia, pues Jesucristo tes también Juez de Vivos y Muertos. El evangelio la misericordia va de la mano de la auténtica conversión o cambio de vida (metanoia, que significa “cambio de mente o mentalidad”; “epistrofe” que significa “dar una vuelta en U”, como se dice coloquialmente), como es el caso del mismo hijo pródigo, de Zaqueo, de la mujer encontrada en flagrante adulterio. El relato del juicio final tal y como lo encontramos en el evangelio de San Mateo, tiene al Señor ejerciendo misericordia con los que en su vida terrena la ejercieron con “los más pequeños”, y condenando al “fuego eterno” a los que no la practicaron (Mt 25,31-46). En el caso del fariseo y el publicano en el tiemplo, éste se presenta a Dios en toda su miseria y le pide que le haga misericordia. Jesús indica que éste bajo a su casa justificado mientras el fariseo no, pues no reconoció sus pecados ni su miseria. Por ello para poder experimentar la misericordia de Dios se requiere una humilde admisión de los propios pecados y no un intento de reivindicar la propia inocencia (Lc 18,0-14). Por ellos, tanto en el Antiguo Testamento como el el Nuevo, la experiencia de la misericordia divina necesita no sólo de la intervención de Dios sino de la acogida de ella de parte del hombre. Por lo tanto la Iglesia en su pastoral en el caso de personas que han experimentado situaciones dolorosas de abandono de parte de un cónyuge ha de proclamar la misericordia de Dios, pero ojalá pueda intervenir a tiempo y acompañar a estas personas para que no lleguen al “hospital de campaña”. Con frecuencia los abuelos ayudan a criar a los hijos abandonados por el cónyuge que irresponsblemente los ha abandonado. También la comunidad parroquial podría hacer mucho para ayudar a estas personas. Se podría formar grupos parroquiales dedicados a esta tarea. Se les podría ayudar a averiguar si su caso tiene remedio en los tribunales eclesiásticos. Primero debemos intentar evitar que se sientan solas y abandonadas y puedan superar el trauma de la separación y a los hijos también.

La así llamada “solución del fuero interno”.

Cuando una persona divorciada y vuelta a casar acude a un sacerdote para intentar volver a los sacramentos , esta persona estás subjetivamente convencida que su matrimonio no fue válido, suele recomendar que acuda al tribunal eclesiástico para intentar resolver su caso. A veces no es posible proceder for falta de datos o testigos. Entonces se ha propuesto que se puede recurrir a lo que se llama la solución en el “fuero interno”. He leído en webs de sacerdotes en Estados Unidos que proponen esta “solución” en la confesión. Autorizan a esta persona a comulgar tal vez en otra parroquia debido al posible escándalo. Un sacerdote franciscano llamado Tom Richstatter, Profesor de Teología Sistemática en Meinerad Seminaary en Estados Unidos. en su web personal entrega con lujo detalles una explicación de lo que consistiría la solución de fuero interno7. Sin embargo, no sustenta su opinión en ningún documento oficial del Magisterio. Sí hace referencias generales y vagas a documentos del Vaticano, pero no tienen que ver con este tema. Es decir, según él y otros, los que no pueden lograr una declaración de nulidad y están subjetivamente convencidos que su matrimonio es nulo pueden, previa consulta con un sacerdote en la confesión acudir a comulgar.. Sin embargo, ésta no es la auténtica solución de fuero interno8.

Sí existe la solución de fuero interno avalado por el Magisterio de la Iglesia en tales casos, con la diferencia que la persona en cuestión que no puede lograr una declaración de nulidad puede acudir a su párroco y si se compromete a vivir en perfecta continencia, lo que se suele llamar “como hermano y hermana” pueden recibir la comunión, pero si es el caso tendrían que acudir a una parroquia donde su caso no es conocidio para evitar escándalo o malos entendidos.

En el Pontificado del Papa Pablo VI hay una carta de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe del 9 de abril de 1973, y otra el 31 de marzo de 1973, que se refieren a la “práctica aprobada por la Iglesia”, y ésta última carta explica que consiste en que vivan “según principios morales cristianos” y que se evite el escándalo9. El canon 1085,2 prohíbe entrar en otra unión a no ser que se haya logrado la declaración de nulidad del matrimonio o su disolución. Hay también una carta de la misma Congregación de la Doctrina de la Fe, firmada por el Cardenal Joseph Ratzinger del 14 de septiembre de 1994 , mencionada arriba, que reitera la misma doctrina y se basa en la Familiaris Consortio de Juan Pablo II que también insiste en la necesidad de mantener perfecta continencia en tales casos. Cualquier otra propuesta de una solución del fuero interno que no coincida con ésta repetidamente propuesta por el Magisterio de la Iglesia no es válida.

Algunos argumentan en contra de esta solución desde la supremacía de la propia conciencia subjetiva, como han lo han hecho también en contra de la doctrina de la Iglesia en contra del uso de los anticonceptivos según la encíclica Humanae Vitae. En primer lugar, el fiel católico tiene el deber de formar bien su conciencia y lo hará guiándose por el Magisterio de la Iglesia. El fiel común no tiene ni la capacidad ni el tiempo disponible de hacer un estudio pormenorizado de todos los temas morales desde sus principios en la ley natural y la Sagrada Escritura, como la Tradición de la Iglesia, los Concilios y la tradición teológica. Tampoco es necesaria tal tarea cuando la Iglesia ha publicado el Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio del mismo fácilmente disponible para orientar al fiel católico sobre lo que la Iglesia enseña. También las encíclicas y otros documentos importantes están a la mano en Internet. Además, el matrimonio, tanto civil como canónico, es una realidad objetiva, externa con importancia en la sociedad y su existencia o falta de ella no está sujeta al capricho de la conciencia personal de cada uno. En el caso del sacramento, es Dios quien une a los esposos, “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. Retomando una idea recogida arriba de la intervención del Cardenal De Paolis, la tradición moral católica basada en la Sagrada Escritura no permite realizar los actos propios del consorcio sexual más que a los que están legítimamente casados en la Iglesia. Por ello la situación de los divorciados y vueltos a casar civilmente están en una situación objetivamente contrario al proyecto de Dios, no pueden acudir a recibir los sacramentos, excepto en el caso de la “solución de fuero interno” descrita arriba según el Magisterio de la Iglesia.

Deficiencias en la catequesis prematrimonial

Además del tema que nos ocupa, el Documento de Trabajo para el Sínodo trata de otros muchos problemas relacionados como las parejas de hecho, los que se casan civilmente para luego tal vez hacer el casamiento en la Iglesia. El documento tambíén indica que el tema de fondo es la falta de verdadera evangelización y una catequesis adecuada además de la tremenda presión que ejerce la sociedad actual a través de los medios de comunicación y las mismas leyes de los estados en contra de sentido cristiano del matrimonio y la familia y de la sexualidad humana en general. La gran mayoría de los católicos bautizados o desconocen la doctrina de la Iglesia acerca de la sexualidad humana y el verdadero sentido del matrimonio cristiano, o simplemente la rechazan en parte porque las noticias que reciben de ella provienen de los medios que tienen a propagar una concepción hedonista, materialista y relativista, individualista de la vida. La ven como un atentado contra su libertad personal y un resto de épocas oscurantistas como la Edad Media. El concepto de la educación que manejan los políticos, los medios y la sociedad en general es materialista, “economista”. Es decir, el joven aprende que es preciso estudiar duro para sacar una carrera o una profesión. Igualmente sabe que para tener éxito en el deporte tiene que esforzarse, y hacer muchos sacrificios. En cambio, es prácticamente un dogma secularista que todo mundo tiene “derecho” al máximo de goce sexual con tal de que no sea con menores de edad. Así que se inician a temprana edad en el consumo del alcohol y de otras drogas recreativas, y en las experiencias sexuales, sean éstas pornografía, masturbación, relaciones sexuales. En vez de enseñarles a los jóvenes el valor del autocontrol, del respeto al otro y la virtud, le entrega este mensaje: “tengan sexo, pero aquí están estos condones o estas píldoras para “protegerse”. Muchos padres de familia no dialogan con sus hijos o simplemente les recomiendan a usar “protección” para no quedarse embarazadas las chicas. Sin embargo, tales consejos no funcionan porque los embarazos juveniles y el número de madre solteras, como el número de abortos aumenta exponencialmente.
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¿Ante tal avalancha de propaganda barata dirigida por todos los medios a una juventud erotizada, qué puede hacer la Iglesia? Incluso jóvenes que participan en grupos juveniles parroquiales quedan embarazadas o se juntan sin casarse. El fracaso rotundo de la catequesis tanto para la Primera Comunión como la Confirmación evidente. Durante los seis meses que dura la catequesis que se da en preparación para amnos sacramentos se ven muchos niños y jóvenes en la misa. El domingo siguiente después de recibir el sacramento y no regresa casi ninguno. En el período entre la Primera Comunión y la Confirmación, unos cinco años no han tenido ninguna experiencia de Iglesia ni se han confesado. ¿Es posible cambiar esta situación y lograr que la catequesis para la Confirmación se convierta en una ocasión en la que los jóvenes hagan un compromiso personal de seguir a Jesucristo y asumir su posición en la Iglesia como cristianos adultos? Estamos entregando sacramentos a personas no evangelizadas. Si decimos que no, entonces la causa está perdida, pero en este momento no se ve ninguna inquietud sobre esta situación de parte de los obispos ni de los párrocos. Muchos de estos jóvenes entran luego en universidades a estudiar carreras que los llevan al hábito de la racionalidad científica. Con una formación cristiana basada principalmente en sentimientos, piedad popular difícilmente podrán llegar a tener una fe madura que sepa responder a estos desafíos.

Luego cuando acuden a la parroquia para casarse se les ofrece unas charlas que suportan como una suerte de peaje en muchos casos para mantener contentos a los padres o para casarse en un ambiente más hermoso que una sala municipal. Parece obvio que estas charlas no son suficientes ni la parroquia está adecuadamente preparada para entregar una preparación a la altura de las exigencias actuales cuando muchos de los que acuden a ella para casarse no están evangelizados. . Debería de encargarse de esta catequesis prematrimonial el obispado organizándola tal vez a nivel de Vicarías Foráneas, o Arziprestazgos. Tendría que ser más dinámica y participativa e involucrar a psicólogos y otros profesionales, como también parejas mayores que sean capaces de estimular a los jóvenes con sus testimonios y rica experiencia. Luego se requiere un seguimiento de los jóvenes recién casados que se quedan a vivir en la misma parroquia poder avisar a la otra parroquia donde se van a vivir para que desde allí los atiendan. Esto requiere una buena pastoral familiar y la colaboración de movimientos familiares.

Conclusiones

Después de haber analizado la propuesta de un cambio en la praxis de la Iglesia respecto a la negativa de dar la comunión a los fieles divorciados y vueltos a casar, pero no la doctrina, cosa muy difícil de entender, y las principales respuestas provenientes de voces autorizadas dentro del colegio cardenalicio, podemos sacar algunas conclusiones. No queda muy claro por qué el Papa Francisco promovió este debate al nombrar al Cardnal Kasper para dar una ponencia a los cardenales sobre el tema cuando la posición de Kapter es muy conocida desde hace un par de décadas. No cabe duda que el cardenal alemán es un teólogo de peso en la Iglesia. Sin embargo, no calza la opinión que expresa según la cual pudiera darse aquí un ejemplo de desarrollo de la doctrina como se dio en el Vaticano II acerca del ecumenismo y la libertad religiosa. El Beato John Henry Newman en su obra clásica sobre el desarrollo de la doctrina10 propone siete “notas” para un genuino desarrollo de la doctrina cristiana. Un somero examen de tales notas y nos revela que no tienen aplicación en el caso de esta doctrina. Tomemos, por ejemplo, la cuarto nota de Newman que es “sequencia lógica” que obviamente no se cumpliría si la Iglesia cambiara su doctrina sobre el matrimonio, los requisitos para poder recibir la Sagrada Eucaristía y su doctrina moral según la cual nadie excepto personas debidamente casadas según el Sacramento del Matrimonio en la Igleisa puede realizar actos sexuales .

El recurrir a algunos hechos aislados que se encuentran en algunos Padres de la Iglesia que fueron excepcionales no puede ser la base de un auténtico desarrollo de la doctrina católica. La Tradición de la Iglesia no termina con los Padre, pese a ser ellos autorizados testigos de ella, sino se va enriqueciendo a lo largo de la historia de la Iglesia bajo la guía del Espíritu Santo. Así como no es posible volver a la situación que reinaba cuando todavía no se había dado la separación de las Iglesias de Oriente de la Sede de Pedro, tampoco podemos sustentar un cambio de doctrina y de praxis pastoral tan insistentemente proclamada y repetido por todos los Papas recientes. Antes de la publicación de la encíclica Humanae Vitae en 1968 se crearon grandes expectativas de un cambio en la doctrina acerca de licitud o no del recursos a los anticoncpetivos. Debido a que muchos teólogos disintieron de la doctrina propuesta por el Papa que fue la misma que la Iglesia había sostenido siempre, se creó una gran confusión en la mente de muchos fieles y desprestigio del Magisterio de la Iglesia. Pese a los grandes esfuerzos hechos por el Papa Juan Pablo II en los primeros años de su Pontificado por dar un fundamento más sólido y ampliar la doctrina dando a la Iglesia una verdadera “teología del cuerpo”, todavía no se ha logrado superar la crisis que se instaló a partir del año 1968. Por ello, no conviene hacer otro tanto con este tema de la posibilidad de dar la comunión a divorciados y vueltos a casar. El Instrumentum Laboris entrega amplia información con lujo detalles acerca de muchos que se llaman católicos pero no están dispuestos a acoger los que el Magisterio de la Iglesia enseña sobre la sexulidad y la familia. No le conviene a la Iglesia más confusión de la que ya hay en la mente de los fieles, y como es bien sabido, los medios de comunicación por lo general no suelen ser capaces de hacer ls distinciones que son comunes en la teología católica, sin más bien tiende a tergiversar las noticias con titulares llamativos. Muchos de los fieles no leen ningún documento oficial de la Iglesia y forman su conciencia con los que dice la prensa.

En una época marcada por el individualismo, subjetivismo y el relativismo cuando hay una crisis general de las instituciones y un rechazo de la religión organizada, por más que la Iglesia intente presentar y explicar mejor su doctrina acerca de la sexualidad y la familia, una gran porción de los que se denominan católicos no la van a aceptar por haber aceptado lo que propone el mundo secularista. Sabemos que hay progresos y retrocesos en relación con la vivencia de la fe cristiana a lo largo de los siglos. Es generalmente reconocido que no son las masas las que mueven la humanidad, algo que Lenin y otros revolucionarios sabían muy bien, pues los Bolcheviques no llegaron nunca a tener una mayoría a su favor en Rusia. Hay un consenso general que afirma que esamos al fin de una época, y por ello al inicio de otras que algunos laman posmoderna11.

Algunos opinan que la pastoral puede ir por un camino mientras la doctrina va por otro, Sin embargo, la doctrina de la Iglesia proclama la verdad del Evangelio tal y como la proclamó Jesucristo Nuestro Señor. Ciertamente Jesús tuvo mucha paciencia con sus apóstoles que entendían muy poco de su predicación del Reino. Prueba de ello es su interés en quién iba a estar a su derecha y a su izquierda en su Reino. El, como Buen Pastor, los u fue conduciendo por el camino de la verdad con la acción del Espíritu Santo. Incluso cuando muchos de sus discípulos lo abandonaron debido a lo poco aceptable que su doctrina del pan de vida fue para ellos, Jesús les preguntó a los doce si ellos también quería marcharse ( Jn 6,67). De la misma manera la Iglesia tiene que seguir proclamando la verdad del evangelios, de manera que la puedan captar las generaciones actuales, sin querer cambiarla. Seguir a Jesucristo implica llegar con Él a la cruz. El Cardenal Kasper dice que al cristiano normal no se le pide heroísmo, pero el Evangelio le invita a tomar su cruz y seguir al Señor. La nueva ley proclamada por Jesús en el Sermón de la Montaña y en otros pasajes del Evangelio es imposible de cumplir para cualquiera con las meras fuerzas de nuestra naturaleza caída y herida por la concupiscencia. La nueva ley está pensada para nuevas criaturas, reengendrados “a una esperanza viva” (1 Pe 1,3) por el bautismo por el que hemos sinodo incorporados a Jesucristo y hechos hijos de Dios. La Nueva Ley, dice Santo Tomás, es el Espíritu Santo mismo. El matrimonio es signo del amor de Cristo por su Iglesia por la que se entrega para que sea santa, inmaculada, sin mancha ni arruga de cualquier tipo (Ef 5,30). Las personas que se encuentran en situaciones dolorosas debido a un fracaso matrimonial no deben de desanimarse sino confiar en la providencia amorosa de Dios y en la fuerza de la gracia. Además, la Iglesia primitiva se enfrentaba con una situación bastante peor que la nuestra y eran unos cuantos. Por lo tanto, la gran tarea es la de la Nueva Evangelización y no la de rebajar las exigencias del evangelio. Obviamente eso no nos dispensa de acompañar y apoyar a las personas que se encuentran con grandes dificultades, como imágenes del Buen Pastor.

















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1El artículo se recoge también en la web oficial del Vticano: http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/muller/rc_con_cfaith_20131023_divorziati-risposati-sacramenti_sp.html
2H ver http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=20265. Para una traducción de la entrevista al castellano.
3 Ver traducción española de la conferencia del Cardenal De Paolis en http://quenotelacuenten.verboencarnado.net/?p=650


4http://www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_20140626_instrumentum-laboris-familia_sp.htm
5 Dives in Misericordia 13, cfr. www.vatican.va
6Ibid 13
7http://www.tomrichstatter.org/gmarriage/g66goodc.htm
8http://www.tomrichstatter.org/gmarriage/g66goodc.htm
9Ver un resumen de las disposiciones de la Santa Sede sobre este tema en un artículo por Mons. Tarcisio Bertone, a la sazón Secretario de la Congregación de la Doctrina de la Fe http://www.mscperu.org/matrimofam/1matrimonio/divorcio/divorc_vueltosacasar_principiosdoctrinales.htm
10John Henry cardinal Newman, Conscience, Consensus, and the Development of Doctrina, New York, Image Books, 1992, 175-200.

11Ver por ejemplo, José Manuel Otero Novas, El retorno de los césares, Madrid, Libros.Libres, 2007. El autor, que ha sido Ministro de la Cultura en Espala, escribe en su introducción: “He llegado ala conclusión de que muy probablemente, estamos finalizando una de las períódicas fases “apolíneas” dela Cultura Occidental -que en su vertiente positiva significa serenidad, igualdad, racionalismo, democracia, tolerancia, armonía, -; y de que nos encontramos próximos a la también retornante etapa dionisiáca -que en lo favorable resalta esfuerzo, mérito, ideales, exigencia, sacrificio, entusiasmo”. No cabe duda que estamos todavía en una época “apolinea” sobe todo en Europa, pero también en Estados Unidos aunque tal vex en menor medida. Los europeos no están dispuestos a levantarse y defender los valores que sustentan la civilización occidental que es en producto No quieren tener hijos que manifiesta una enorme fatla de esperanza. del cristianismo. Tal vez eso vaya cambiando cuando se den cuenta del grave peligro del ihadismo islámico que puede llegar a apoderarse de Europa debido al suicidio demográfico de los europeos, y la incapacidad de defender principios por las cuales vale la pena dar la vida.