martes, 10 de febrero de 2015

El DEBATE SOBRE LA COMUNIÓN PARA DIVORCIADOS A VUELTOS A CASAR CIVILMENTE

N.B. Esta entrada no toma en cuenta los resultados del reciente Sínodo de octubre de 2014. En realidad la Relatio final del Sínodo no cambia el análisis que hago a continuación.  Desde cunado se escribió, ha habido algunas aportaciones importantes. Por lo tanto, habrá que volver sobre el tema, esperando lo que sucede en la siguiente sesión sinodal y un documento posterior que vendrá del Papa Francisco. 

Planteamiento del problema

Probablemente el principal acto de lo que lleva el Papa Francisco de ministerio petrino ha sido la convocación de un Sínodo Extraordinario de Obispos para octubre de 2014 sobre el tema de la familia. En el viaje de regreso de la Jornada Mundial de la Juventud en Rio de Janeiro el 18 de julio de 2013 el Papa dio una entrevista a los periodistas que lo acompañaban en el avión. Sumándolas con otras declaraciones del mismo Papa Francisco en otras entrevistas, una al Director de la Revista de los Jesuitas en Roma, La Civiltá Cattolica y al Director del periódico italiano laicista La Stampa, no dejaron inquietar a no pocos sectores de la Iglesia. Sobre el tema de los divorciados y vueltos a casar civilmente declaró:
 Creo que ha llegado el momento de la misericordia, como había intuido Juan Pablo II que instituyó la fiesta de la Divina Misericordia. Los divorciados pueden hacer la comunión, son los divorciados en segunda unión los que no pueden Hay que ver el tema en la totalidad de la pastoral matrimonial. Abro un paréntesis: los ortodoxos, por ejemplo, siguen la teología de la economía y permiten una segunda unión..... Estamos en camino para una pastoral matrimonial más profunda. Mi predecesor en Buenos Aires, el cardenal Quarracino, siempre decía: "Para mí, la mitad de los matrimonios son nulos, porque se casan sin saber que es para siempre, porque lo hacen por conveniencia social, etc...". También debemos estudiar el tema de la nulidad”.

Estas declaraciones no dejaron de sorprender a muchos en la Iglesia y dar origen a varias preguntas ¿Qué quiere decir con “el momento de la misericordia? ¿Es que la Iglesia ha desconocido la misericordia de Dios a lo largo de sus veinte siglos de recurrido? ¿Cómo puede operar la misericordia de Dios sin el deseo sincero de lograr un cambio radical de vida? ¿Puede el Señor manifestar su misericordia a falta de un cambio real de vida una vez que el penitente se ha arrepentido de su pecado? ¿La pastoral va por una vía y la doctrina por otra? ¿Puede existir lo que se denomina como “solución pastoral”? ¿Que opinar sobre lo que dice el Papa acerca de la praxis de las Iglesias ortodoxas. En la práctica ellas aceptan el divorcio en toda regla, pese a que no consideran la segunda unión sacramental. ¿Si el Papa menciona esta opción en este contexto, al parecer de una forma positiva, entonces es posible que la Iglesia Católica asuma la practica ortodoxa? Surge otra serie de problemas del lo que dice un Papa en entrevistas a la prensa, que no son medios para la proclamación de la doctrina del Magisterio de la Iglesia, y mucho más abiertas a ser malinterpretadas por la prensa que los documentos oficiales que pasan por muchos filtros antes de ser promulgados. ¿Este tipo de entrevista ayuda a esclarecer los problemas o más bien crea confusión? ¿Le conviene a la Iglesia que entrevistas del Papa con la prensa siembren confusión sobre temas importantes de la doctrina de la Iglesia, pese a que ésta no ha sido su intención?

En la misma entrevista el Papa cita favorablemente un dicho de su antecesor como Arzobispo de Buenos Aires, el Candeal Quaracini, según la cual la mitad de los matrimonios celebradas en la Iglesia son nulos “porque se casan sin saber que es para siempre, porque lo hacen por conveniencia social, etc” Tal afirmación es muy grave y pudiera caber en una tertulia ente curas, pero ¿tal opinión tiene algún sustento? ¿El cardenal realizó alguna encuesta u otro estudio de tipo científico para poder hacer tal afirmación? ¿Por qué no saben que el matrimonio es para toda la vida? ¿Quienes son los responsables de darles a conocer la naturaleza del matrimonio cristiano y por qué han fracasado de una manera tan rotunda si es cierto lo que decía el Cardenal Quaracini con cuya opinión parece estar de acuerdo el Papa Francisco? Si éste es el caso real, ¿los párrocos que celebran tales matrimonios son conscientes de la nulidad de la mitad de estos matrimonios? Si no lo saben, a qué se debe, pues en el seminario estudian varios cursos de Derecho Canónico, el curso sobre el Sacramento del Matrimonio? ¿Se dan cuenta de que, según lo que dice el Papa la mitad de las celebraciones de matrimonios en la Iglesia no pasan de ser simulaciones de sacramentos? ¿Esto constituye sacrilegio? ¿Si la mitad de los que se casan no son capaces de comprender que el matrimonio cristiano es para siempre ni otras de sus características, a qué se debe esto? ¿No tienen la capacidad mental para poder comprendelo por su bajo cociente intelectual, o sea la mitad del los que acuden a una parroquia para casar simplemente no han recibido una explicación adecuada de la naturaleza del sacramento? ¿Si las parroquias no han explicado la naturaleza del matrimonio cristiano a los que acuden a ellas para celebrar el sacramento y lo hacen por razones sociales, ¿por qué no se les explica la naturaleza del matrimonio cristiano y darles la opción de aceptar tal doctrina o rechazarla? Si la rechazan, lo lógico es denegarles la posibilidad de casarse en la Iglesia en ese momento, e invitarles a una catequesis más prolongada? Si no aceptan esta opción y quieren proceder a celebrar su matrimonio, entonces no les queda más opción que celebrar un matrimonio civil., pero comúnmente acuden a la parroquia para celebrar su boda debido a presiones de los padres o por razones estética en cuanto que consideran la iglesia más adecuada para celebrar la ocasión con solemnidad que una sala municipal. ¿Se puede proceder así, sin cerrarles la puerta para una futura celebración del sacramento? ¿Pero, debido a que un cristiano bautizado tiene derecho a celebrar su matrimonio en la Iglesia, esto quiere decir que puede a sabiendas entrar en una matrimonio inválido? Otro problema es que “in internis nisi ecclesia, es decir, no podemos juzgar la conciencia de nadie. ¿No será ésta una mejor opción que intentar cambiar la doctrina de la Iglesia? ¿El hecho de que quieren celebrar su matrimonio en la Iglesia por razones sociales no es al menos una indicación de que quieren tener alguna relación, aunque sea tenua con la Iglesia, y no podría ser una oportunidad para una obra evangelizadora de estas personas?

El 23 de octubre de 2013 el Cardenal Muller, Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe publicó un artículo importante en L'Osservatore Romano en el que defiende la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la indisolubilidad del matrimonio y comunión a los divorciados y vueltos a casar civilmente. Cabe señalar que no se trata de unas opiniones personales, sino un resumen de la doctrina oficial de la Iglesia en su calidad de Prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe.

Aprovechando el Consistorio celebrado para la creación de nuevos cardenales el Papa Francisco invitó al Cardenal Walter Kasper a hacer una ponencia que fuera una colaboración a la preparación del próximo Sínodo sobre la familia, en la presencia de la casi totalidad de los cardenales presentes en Roma para la ocasión. La elección del Cardenal Kasper de parte del Papa Francisco para esta tarea es interesante, debido a que desde los años 90 cuando él era obispo diocesano en Alemania había promovido el cambio de la práctica de la Iglesia respecto al tema de la comunión y los divorciados en uniones civiles. Además, el 14 de febrero de 1994, precisamente con la intención de dar una respuesta a la controversia surgido en aquel momento sobre el tema, La Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe con el entonces Cardenal Joseph Ratzinger como Prefecto publicó el documento “A propósito de algunas objeciones contra la doctrina de la Iglesia sobre de la recepción de la Comunión eucarística por parte de los fieles divorciados y vueltos a casar”, en el que examina las propuestas de varios sectores de la Iglesia incluyendo Kasper y sus compañeros obispos alemanes. Volveremos a examinar este documento más adelante. El día siguiente de la ponencia del Cardenal Kasper, el Papa Francisco lo alabó profusamente, por lo cual podemos intuir que está de acuerdo con los planteamientos del cardenal alemán y que le gustaría que se produjera un cambio, si no en la doctrina, al menos en la pastoral o en la praxis de los tribunales eclesiásticos. De ahí surge otra pegunta: “Es posible que la acción pastoral de la Iglesia haga caso omiso de su doctrina en temas tan importantes como los sacramento de la Eucaristía y del Matrimonio?

Las reacciones a las ideas propuestas por el Cardenal Kasper en su ponencia ante el Papa y el colegio cardenalicio no dejaron de llegar. El Cardenal Cafarra, ya Presidente del Pontificio Instituto de la Familia Juan Pablo II, y uno de los arquitectos de la Exhortación Apostólica Postsinodal de Juan Pablo II Familiaris Consortio, una entrevista, siguiendo la nueva metodología de las disputas teológicas en la Iglesia por medio de entrevistas a la prensa que se difunden rápidamente por Internet, cuestionó fuertemente los planteamientos de Kasper. Posteriormente La Conferencia Episcopal Española, al parecer movida por Monseñor Luis Ladaria, S.J, Secretario dela Congregación de la Fe, publicó una lista de todos los documentos del Magisterio sobre el tema de la comunión y los divorciados en nuevas uniones civiles. Más tarde intervino el Cardenal Velasio de Paolis, un peso pesado del Derecho Canónico con una conferencia en la que también rechaza con contundencia la posición defendida por el cardenal alemán. Ha intervenido también el Cardenal Burke, Prefecto de la Sagrada Signatura, el tribunal de apelaciones de la Santa Sede, es decir, el que detiene la mayor autoridad jurídica en la Iglesia. La blogosfera ha estado muy activa en este debate. Tampoco ha faltado otra entrevista el Cardenal Kasper en la revista norteamericana Commonweal en la que vuelve a defender su tesis y cita lo dicho por el Papa Francisco en la entrevista en el avión desde Rio de Janeiro a Roma, según lo cual la mitad de los matrimonios celebrados son nulos, como hemos notado arriba.

“También hay una intervención importante del Papa Benedicto XVI en un encuentro con el clero de la diócesis de Aosta el 25 de julio de 2005, respondiendo a una pegunta de un sacerdote afirma: comprender que el problema es muy difícil y que se debe profundizar aún más”. En este caso se trata de una situación concreta en la que una persona ha recibido el Sacramento del Matrimonio en una situación de poca fe, luego ha fracasado su matrimonio y ha tenido una experiencia de conversión. Por ello, el Papa Benedicto reconoce éste como un caso doloroso, pero no se puede decir que todos los casos sean así. “No me atrevo a decir si realmente se puede encontrar aquí un momento de invalidez, porque al sacramento le faltaba una dimensión fundamental. Yo personalmente lo pensaba, pero los debates que tuvimos me hicieron comprender que el problema es muy difícil y que se debe profundizar aún más”.

Posteriormente saltó a la prensa el caso de unas declaraciones de un argentino que declara que su esposa divorciada y vuelto a casar civilmente había escrito al Papa Francisco sobre su caso y que la había autorizado a comulgar en una llamada telefónica. Este caso provocó más confusión con unos titulares de periódicos afirmando: “El Papa autoriza a divorciada y vuelta a casar a comulgar”, y otros “El Vaticano aclaró que el papa Francisco no autoriza a los divorciados a comulgar”. De hecho la Sala de Prensa del Vaticano tuvo sus dificultades al intentar explicar este caso, afirmando en un comunicado: “Las noticias difundidas sobre esa materia -ya que están  fuera del ámbito propio de las relaciones personales- y su  amplificación mediática no tienen por lo tanto confirmación alguna  de fiabilidad y son fuente de malentendidos y confusión”. El mismo párroco del lugar donde vive la mujer en cuestión consideró “imposible” que el Papa Francisco le diera permiso a ella para comulgar. Parece muy raro que un Papa resolviera una consulta de este tipo por teléfono, saltando las instancias locales como son el párroco y el obispado local. En una entrevista posterior del Papa Francisco, este vez en el avión de vuelta de Tierra Santa, más que un cambio de doctrina parece enseñar la posibilidad de mejorar la actuación de los tribunales eclesiásticos. Este solución tampoco deja de tener sus problemas, pues no pocos cuestionan su actuación en algunos países y lo ven como un divorcio por la puerta trasera.

Artículo del Cardenal Gerhard L. Muller publicado en L'Osservatore Romano sobre Sobre la indisolubilidad del matrimonio y el debate acerca de los divorciados vueltos a casar y los sacramentos1 .

En este artículo el Prefecto de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe no deja ninguna duda sobre la doctrina de la Iglesia en el tema que estamos analizando. Al momento que reconoce la inquietud de no pocos católicos de países de larga tradición cristiana que pregunta sobre la posibilidad de que la Iglesia pueda permitir acceder a los sacramentos a personas divorciadas y en nuevas uniones civiles. Afirma que la respuesta teológica a tal problema parte de la revelación divina se le que tiene que prestar el pleno obsequio del entendimiento y de la voluntad (Dei Verbum 5). Luego realiza un amplio recorrido de la doctrina de la Iglesia partiendo de la Sagrada Escritura, la Tradición de la Iglesia y el Magisterio en épocas recientes para terminar ocn unos comentarios teológico morales y desde una perspectiva de la solicitud pastoral. A continuación presento una breve síntesis de los puntos salientes de la intervención del Cardenal Muller.

Partiendo de los textos clásicos del decálogo que prohíben el adulterio y reconociendo que aunque se acepta el divorcio en el Antiguo Testamento, hay una cierta reticencia hacia esta práctica que no concuerda con el importante concepto de la relación esponsal de Dios con su Pueblo y cita al Profeta Malaquías: “ “No traicionarás a la esposa de tu juventud... siendo así que ella era tu compañera y la mujer de tu alianza” (cfr Mal 2,14-15). Este es el contexto en el que Jesucristo presenta su doctrina en contra del divorcio, que Moisés había permitido debido a la “dureza de corazón” del hombre, mientras remite al plan originario de Dios sobre el matrimonio en el libro del Génesis (Mc 10,5-9; Mt 19; Lc 16,18), La Iglesia Católica siempre ha acogido esta doctrina como proveniente de Dios y sin posibilidad de revisión. El pacto establecido entre los cónyuges proviene de Dios y los hombres no pueden disponer de él.

Hay un discusión entre los exegetas acerca de cierta flexibilidad sobre el tema en referencia al texto de San Mateo sobre la porneia (fornicación) (Mt 5,32;19,9). Sin embargo, muchos consideran que tales textos se refieren a uniones inválidas que no constituyen ninguna excepción a la indisolubilidad. Luego analiza los textos de San Pablo de la Primera Carta a los Corintios (7,12-16), que ha llegado a ser la base del así llamado privilegio paulino según el cual es posible disolver un matrimonio de derecho natural “a favor de la fe” del cónyuge convertido al cristianismo, y el texto clásico de Efesios: “Maridos, amad a vuestras esposas, como Cristo amó a la Iglesia y se entregó por ella” (Ef 5,25; y “Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre para unirse a su mujer, y los dos serán una sola carne. Este es un gran misterio: y yo digo que se refiere a Cristo y a la Iglesia” (Ef 5,31-32).

Pasando a la Tradición de la Iglesia el Cardenal recuerda que los Padres de la Iglesia mantuvieron firmemente la doctrina del Señor sobre la indisolubilidad del matrimonio. Luego de la separación de las Iglesias Orientales de la Catedra Petri se desarrolló una “indulgencia pastoral” basada en la Oikonomía que permite segundas o terceras nupcias con carácter penitencial. Afirma con contundencia: “ Esta práctica no es coherente con la voluntad de Dios, tal como se expresa en las palabras de Jesús sobre la indisolubilidad del matrimonio, y representa una dificultad significativa para el ecumenismo “. La Reforma Gregoriana volvió a auténtica tradición de la Iglesia después de ciertas tendencias liberalizadoras. También el Concilio de Trento reitera la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio y afirma que no es cierto que ha habido una cierta tolerancia por la praxis oriental, sino al contrario se instó la práctica de exigir una profesión de fe a conversos al catolicismo que afirma la imposibilidad de un segundo o tercer matrimonio. Igualmente el Concilio Vaticano II en la Gaudium et Spes reafirma claramente la doctrina tradicional: “Esta íntima unión, como mutua entrega de dos personas, lo mismo que el bien de los hijos, exigen plena fidelidad conyugal y urgen su indisoluble unidad” (n. 48). El matrimonio sacramental pertenece a la economía de la gracia y sólo se puede vivir en relación con Jesucristo Nuestro Señor.

En cuanto al Magisterio más reciente la Familiaris Consortio, publicada el 22 de noviembre de 1981 como fruto del Sínodo de Obispos sobre la familia mantiene con toda claridad la doctrina de la indisolubilidad del matrimonio y trata el tema de los cristianos divorciados y vueltos a casar. La exhortación invita a los pastores a discernir bien cada situación. Estas personas pertenecen a la Iglesia y necesitan de la solicitud pastoral de los pastores. Sin embargo no pueden acceder a la Eucaristía debido a que su estado contradice objetivamente la unión de amor entre Cristo y la Iglesia, significada y actualizada en la Eucaristía” (FC 84) Otra práctica induciría a los fieles al error acerca de la indisolubilidad del matrimonio.



Síntesis de la intervención del Cardenal Kasper ante el Papa y el Colegio Cardenalicio.
En primer lugar el cardenal alemán propone el problema de la comunión para los divorciados y vueltos a casar civilmente se debe tocar según un nuevo paradigma, que no sea el de la Iglesia y los sacramentos sino de los que sufren y piden ayuda. Propone plantear unas preguntas.

Kasper, como no puede ser de otra manera, reitera el hecho de que no se puede proponer un nuevo matrimonio en el caso de personas ya casadas válidamente en la Iglesia con el Sacramento del Matrimonio mientras vivan los dos cónyuges, pues esto proviene de una tradición de fe vinculante que no se puede abandonar. A continuación plantea una suerte de disyuntiva entre los que llama “un binomio indisoluble de fidelidad y misericordia de Dios” en la acción pastoral de la Iglesia en el caso de los divorciados y en una unión civil con otra persona. Esta situación la considera similar a la que se enfrentó el Concilio Vaticano II en casos como el ecumenismo y la libertad religiosa. Constatando la fidelidad del Concilio a la tradición y al mismo tiempo una solución que abría las puertas. Pregunta el docto cardenal alemás si no se puede hacer otro tatno en el caso espinoso que nos toca tratar ahora.

Basándose en el discurso del Papa Francisco a la Rota Romana el 24 de enero de 2014 en el que afirma que la dimensión jurídica y la pastoral no están opuestas. La pastoral y la misericordia no se contraponen a la justicia sino que son “la justicia suprema”. Recuerda que los tribunales eclesiásticos no resuelven meros casos sino se trata de personas con una dignidad única y que no bastaría resolver estas situaciones tan sólo en base a documentos.

En segundo lugar, Kasper no le parece oportuno ni conveniente resolver ettas situaciones mediante la ampliación de la acción de los tribunales eclesiásticos porque daría la impresión de que la Iglesia estuviera entregando divorcios de una forma tramposa. Hace referencia a la invitación hecha por la Congregación de la Doctrina de la Fe en 1994 y por el Papa Benedicto XVI en el Encuentro de las Familias en Milán en 2012 a estas personas de hacer una comunión espiritual. Sin embargo, nuestro cardenal si bien reconoce el valor de la comunión espiritual, cuestiona esta solución:  “¿no es tal vez una instrumentalización de la persona que sufre y pide ayuda si hacemos de ella un signo y una advertencia para los otros? ¿La dejamos morir sacramentalmente de hambre para que otros vivan?

A continuación y en tercer lugar, Kasper trae a colación algunos casos que se dieron en la Iglesia antigua como posible solución en tales casos difíciles al tiempo que hace referencia a un artículo de J. Ratzinger publicado en 1972 que menciona un derecho consuetudinario  según el cual cristianos vivían un segundo vínculo mientras vivía el primer esposo después de un período de penitencia. Indica que a través de la comunión tenían a disposición “una tabla de salvación”. Por ello plantea la siguiente pregunta: ¿esta vía más allá del rigorismo y del laxismo, la vía de la conversión, que desemboca en el sacramento de la misericordia, en el sacramento de la penitencia, es también el camino que podemos recorrer en la presente cuestión?
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Por lo tanto el Cardenal Kapser pregunta si en el caso de personas que se han arrepentido del fracaso de su primer matrimonio y que no pueden abandonar los nuevos compromisos asumidos y si intenta con todas sus fuerzas vivir el segundo matrimonio, si se debe negarles después de un tiempo de “metanoia” el acceso al sacramento de la penitencia y luego la comunión, No la plantea como una vía general sin más bien un pequeño grupo de personas en esta situación. Además, señala el cardenal alemán que el hecho de ver a sus padres acercarse a los sacramentos, los hijos de la nueva unión estaria más inclinados a hacer otro tanto ellos, y así no perderíamos una nueva generación.

En cuarto lugar, Kasper acude a la práctica de la Iglesia de los orígenes para sacar otro argumento. Después de mencionar varios estudios históricos y exegéticos sobre el tema, afirma que en muchas iglesias locales, después de un período de penitencia, de acuerdo con el derecho consuetudinario, después de la penitencia se practicaba “ la tolerancia pastoral, de la clemencia y de la indulgencia”. Este derecho consuetudinario habría sido reconocido por Orígenes, San Basilio el Grande y San Gregorio Nacianceno. Tal práctica debido a la autoridad de San Agustín fue abandonada en Occidente, aunque según el cardenal alemán, no parece que éste hubiera excluído toda solución pastoral porque en algún texto habla de pecado venial. También cuestiona, al igual que otros autores, las declaraciones de nulidad por defecto de forma, práctica muy tardía en la tradición. Para terminar con tema afirma: J. Ratzinger ha sugerido retomar de manera nueva la posición de Basilio. Parecería ser una solución apropiada, solución que está en la base de mis reflexiones”.


Crítica de los planteamientos del Cardenal Kasper

Siguiendo la costumbre ya establecida en este debate de dar entrevistas, el Cardenal Carlo Caffarra, Arzobispo de Boloña, dio una entrevista importante al periódico italiano Il Foglio en su ediciónd el 14 de marzo de 2014. Sin mencionar al Cardenal Kasper y sus propuestas, las rechaza radicalmente y hace una defensa cerrada de la Familiaris Consortio (FC) y también de la Humanae Vitae, además de recomendar volver a estudiar las 93 catequesis del Papa Juan Pablo II dadas en los primeros años de su Pontificado sobre el tema del amor y la sexualidad, comúnmente denominada su Teología del Cuerpo. Cabe señalar que en el contexto de la preparación del próximo Sínodo Extraordinario sobre la Famila se ha dicho que existe una situación completamente nueva o inédita en cuanto a la familia y que la doctrina de Humanae Vitae yo no tiene vigencia, cosa demostrada por las encuestas.

Afirma Caffarra que en la FC se sigue un nuevo método en relación con el matrimono y la familia. Tal método sigue la línea establecida por el mismo Jesús cuando le preguntaron sobre el divorcio, Es decir, rehusó entrar en la casuística, y más bien quiso volver a la verdad sobre el matrimonio inscrita por Dios en la misma creación. Es decir: debéis mirar allá donde el hombre y la mujer vienen a la existencia, en la verdad plena de su ser hombre y mujer llamados a ser una sola carne”.

La FC tiene “un sentido sobrenatural de la fe” que no depende de las opiniones de los fieles, La Iglesia puede también recurrir a los estudios sociológicos para conocer mejor la verdad y la cultura de la época, pero el sentido de la fe se refiere a lo que Dios en la creación ha constituido en la misma naturaleza del hombre y la mujer e igualmente la naturaleza del matrimonio y la familia, No se trata tan solo de una norma a la que se pueda o no encontrar excepciones. El Arzobispo de Bolonia afirma que la imagen que la FC no tiene nada que decir al mundo actual es una caricatura.

También el cardenal italiano hace una fuerte defensa de la acción poderosa de la gracia cuando un pastor predica la verdad sobre el matrimonio y la familia y no sus propias opiniones. Juntamente con esta proclamación de la verdad entra en acción el Espíritu Santo en los corazones de los oyentes. Afirma también que lo que piensan en países centroeuropeos como Alemania, Austria o Suiza no corresponde al sentir de la Iglesia en continentes enteros como Africa o Asia. En el caso de África la Iglesia tiene que luchar contra la poligamia. Afirma que 75% de los católicos en los países africanos son contrarios a dar la comunión a los divorciados en uniones civiles, e invita a escuchar también la voz de los pobres.

Entrando ya en el tema específico de dar la comunión a los divorciados y vueltos a casar civilmente, el Cardenal Caffarra pregunta: “¿qué pasa con el primer matrimonio rato y consumado? Si la Iglesia da la Eucaristía a estas personas está legitimando implícitamente esa segunda unión. En tal caso hay un ejercicio de la sexualidad humana fuera del matrimonio legítimo que la Iglesia no puede reconocer. Recuerda que el Papa Juan Pablo II en su alocución a la Rota en el año 2000: “se deduce claramente que el Magisterio de la Iglesia enseña la no extensión de la potestad del Romano Pontífice a los matrimonios sacramentales ratos y consumados como doctrina que se ha de considerar definitiva, aunque no haya sido declarada de forma solemne mediante un acto de definición» (NdR. n.6 de la Alocución). En lenguaje técnico se trata de una doctrina definitivamente propuesta por el Magisterio que no admite discusión entre los teólogos a la que tienen que acatar los fieles.

En cuanto al sacramento del matrimonio, ciertamente sana en cuanto libera en el hombre y la mujer la capacidad de amarse para siempre. Además, es un don de Dios, pues “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. Gran parte del problema que tenemos hoy es que no se enseña el verdadero sentido del matrimonio como sacramento a los jóvenes que se casan y luego tenemos las consecuencias que ya conocemos.

Caffarra también toca el tema de la misericordia, que, como hemos señalado arriba, lo tiene muy a pecho el Cardenal Kasper y el mismo Papa Francisco. Lo ilumina con una referencia a la actitud de Jesús ante el caso espinoso que le presentaron los fariseos de la mujer cogida in fragranti en adulterio. Ni la condeno, ni condonó el pecado cometido sino la manda irse y no pecar más. La Iglesia tiene la misión de perdonar pero en las misma condiciones que Jesús. Se perdonan los pecados más graves como el homicidio cuando hay verdadero arrepentimiento, pero “en el caso del divorciado vuelto a casar, la Iglesia dice: «éste es el mal, el rechazo del don de Dios, la voluntad de despreciar el vínculo puesto por el mismo Señor»” El arrepentimiento quiere decir volver al matrimonio. De otra manera no es serio decir que estoy arrepentido y permanezco en la misma situación, cuando en realidad hay un ruptura objetiva del vínculo del que se arrepienta esta persona.

Antes de terminar la entrevista el Cardenal toca el tema de la misión del confesor y la diferencia entre lo que se llamaba el púlpito y el confesionario. A esto volveremos más adelante2.

Intervención del Cardinal Velasio de Paolis.

Otro cardenal que ha salido con una defensa cerrada de la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la propuesta del Cardenal Kasper de dar la comunión a divorciados y vueltos a casa es S.E. Velasio de Paolis, ya Delegado Pontificio para los Legionarios de Cristo y un notable experto en Derecho Canónico, en una conferencia pronunciada el 14 de mayo de este año. Señalo a continuación los puntos salientes de la intervención del cardenal italiano en este debate, sin repetir puntos ya tratados arriba. En su Conferencia dictada el 14 de mayo en la ocasión de la inauguración del año jurídico del Tribunal Eclesiástico de Umbria, De Paolis trata ampliamente la temática fundamental actualmente en discusión en la ocasión del próximo Sínodo Extraordinario sobre la Familia. Se propone no sólo comentar sobre las consecuencias de la crisis que padece la familiar en la actualidad sino buscar sus causas fundamentales.
El cardenal italiano hace un amplio recorrido de los antecedentes históricos de la crisis que padecemos en la actualidad y señala la fractura de la fe y la razón tan característica del mundo moderno. En este sentido luego de muchas condenas de parte de la Iglesia del derrotero del mundo moderno, como es el caso del Syllabus Errorum de Pío IX , llegando al gran programa de “aggiornamento” promovido por el Papa Juan XXIII y el Concilio Vaticano II, que no fue bien interpretado por muchos, se llega a la situación actual. Manifiesta con fuerza que la gran crisis de nuestra Iglesia actual es la crisis de fe, En dos intentos de fortalecer la fe en los fieles católicos los Papas Pablo VI y Benedicto XVI proclamaron sendos Años de la Fe. Indica que el gran problema no es el del acceso o no de los divorciados y vueltos a casar a la comunión sino el sentido de los sacramentos del matrimonio y la Eucaristía. “El Papa Benedicto XVI dirá en la encíclica Spe salvi[7]que con la revolución francesa la esperanza cristiana pierde su carácter de trascendencia y se hace inmanente: se reduce a la dimensión humana, es fruto simplemente de la actividad del hombre y se mueve en esa dimensión. El hombre proclama su autonomía e independencia de Dios. El hombre no tiene necesidad de Dios. El hombre ocupa el lugar de Dios. Es el punto más alto de la modernidad, si por modernidad se entiende la exaltación del hombre.”.

Nuestro cardenal italiano reitera la doctrina tradicional de la Iglesia sobre la imposibilidad de las personas divorciadas y vueltas a casar civilmente de acceder sea al sacramento de la penitencia como de la Eucaristía, por estar en un estado objetivo de contradicción a la ley divina y manifestar una falta de voluntad de remediar esta situación. Rechaza con fuerza un concepto de misericordia que no vaya de la mano con la conversión del pecador: “ El cumplimiento de un mandamiento de Dios no es ni puede ser visto como opuesto al amor y a la misericordia. Es más, todo mandamiento de Dios, incluso el más severo, refleja el rostro del amor de Dios, aunque no sea el de su amor misericordioso”. Como consecuencia no se puede admitir a los divorciados y vueltos a casar a la Eucaristía con el pretexto de la misericordia:
Ni se puede aducir la debilidad humana o la falta de la vocación a la continencia perfecta. La ley del Señor a v
a veces puede pedir acciones heroicas. Si el Señor nos encuentra en esta condición no nos hará faltar la gracia. Ni se puede justificar la ayuda de la cual la eventual persona inocente tiene necesidad para la educación de los hijos. Y tanto menos se puede aducir la irreversibilidad de la situación. Siempre por las mismas razones. Vivir conyugalmente con una pareja que no es el propio marido o la propia mujer es un acto intrínsecamente malo que no se puede jamás justificar por ningún motivo. Es la doctrina moral católica confirmada recientemente por el Sumo Pontífice Juan Pablo II en la encíclica  Veritatis Splendor. Justificar en estos casos el acceso a la Eucaristía afirmando que se trata de casos singulares que no se pueden medir con la ley, porque la ley no puede cubrir todos los casos, es olvidar que en el caso presente se trata de una ley divina que por su misma naturaleza cubre todos los casos y no admite excepción, a menos que se quiera admitir la doctrina de la ética de la situación, condenada por la Iglesia en la mencionada encíclica Veritatis splendor”

De Paolis, en respuesta al planteamiento de Kasper arriba señalado, recuerda que pese a que sean problemas individuales y dolorosos, topan con un mismo obstáculo: “la ilicitud de una convivencia more uxorio entre dos personas que no están ligadas por un verdadero vínculo matrimonial”.

Luego De Paolis aborda el tema de la pastoral en cuanto según algunos la ley siendo universal o los principios dogmáticos no tienen aplicación a todos los casos concretos y declara tal noción de la pastoral errónea: “ sea el arte con el cual la Iglesia se edifica a sí misma como pueblo de Dios en la vida cotidiana. Es una arte que se funda sobre la dogmática, sobre la moral, sobre la espiritualidad, y sobre el derecho de obrar prudentemente en el caso concreto, Igualmente rechaza lo que llama “los equívocos de la misericordia”. Aunque la misericordia sea un aspecto del amor, no se identifica con el amor, pues el amor tiene muchas facetas, Si bien es cierto que Dios es amor y perdona siempre que no nos quedamos fuera del camino de ese amor de Dios por nuestra falta de voluntad de conversión. Si bien es cierto que no debemos ni podemos condenar a una persona, pero esto dista mucho de no poder valorar moralmente una situación.

Después de señalar que la cultura que es una manifestación de una concepción filosófica y antropológica y que la fe tiene necesidad de ella para expresarse, recuerda que la Iglesia siempre ha reivindicado la competencia de interpretar el derecho natural, peor la cultura no puede ser criterio último de verdad. El Carnebal De Paolis termina su intervención con la siguiente pregunta: “ ¿Cómo puede ser que tantos cristianos sientan esto como un peso más bien que como un don y lleven a cabo grandes esfuerzos para redimensionarlo o aun más para anularlo en vez de trabajar para defender la verdad y dar el testimonio del gozo de vivirlo? 3


Instrumentum laboris para el Sínodo Extraordinario de octubre de 2014

El 25 de junio de 2014 se presentó en el Vaticano el Instrmentum laboris o Documento de trabajo para el Sínodo de 2014.4 Está basado principalmente en las respuestas de las Conferencias Episcopales al cuestionario enviado hace varios meses con la intención de conocer la situación de los fieles católicos en todo el mundo respecto a los temas fundamentales que constituyen la actual crisis de la familia en el mundo y en la Iglesia. El tema de los divorciados vueltos a casar lo trata dentro del Capítulo III sobre Situaciones pastorales difíciles. En realidad el documento presenta una imagen desoladora de la familia desde la perspectiva cristiana y los datos que presente son preocupantes. Da la impresión que los únicos que tienen una idea clara de la naturaleza del matrimonio la familia cristianos son los que forman parte de movimientos apostólicos y familiares. El numeral 89 presenta una sintesis de la situación de estas personas que va de “la falta de conciencia de su situación a la indiferencia. Los hay que ven su situación irregular con despreocupación y no tienen interés en acudir a los sacramentos de la Penitencia y la Eucaristía. De éstos, gracias a un camino catequético o de conversión, los hay que toman conciencia de su situación irregular. Frecuentemente no entienden la relación intrínseca entre el bautismo, la Eucaristía y el matrimonio. Fallan los itinerarios catequéticos en cuanto no explican bien el vínculo entre estos sacramentos.

Muchos sienten frustración y se sienten marginados. Algunos se preguntan por qué los otros pecados se perdonan y éste no;o bien por qué los religiosos y sacerdotes que han recibido la dispensa de sus votos y de las obligaciones sacerdotales pueden celebrar el matrimonio y recibir la comunión, mientras que los divorciados vueltos a casar no. Todo esto pone de relieve la necesidad de una oportuna formación e información “ (IL 92)

A continuación el documento. observa que hay un buen número de conferencias episcopales que expresan el deseo de que la Iglesiase dote de instrumentos pastorales mediante los cuales se abra la posibilidad de ejercer una misericordia, clemencia e indulgencia más amplias respecto de las nuevas uniones” (IL 92). En cuanto a los sacramentos se indica que un buen número de los que se encuentran en esta situación la resuelven “ a través de un sacerdote que condescienda a la petición de acceso a los sacramentos. Al respecto, se señala (en particular en Europa y en América Latina) un modo distinto de responder de parte de los pastores. A veces, estos fieles se alejan de la Iglesia o pasan a otras confesiones cristianas”. (ibid 93). También se sugiere la agilización de las causas matrimoniales en los tribunales eclesiásticas y posiblemente eliminar la necesidad de tener dos sentencias y reducir el costo de tales procesos. Existe la propuesta de obviar los procesos judiciales largos y difíciles a través de procesos administrativos. Recurriendo a ideas expresadas por el Papa Francisco el documento sugiere la necesidad de que la Iglesia “Ciertamente, en estos casos, la Iglesia no debe asumir la actitud de juez que condena (cfr. Papa Francisco, Homilía del 28 de febrero de 2014), sino la de una madre que acoge siempre a sus hijos y cura sus heridas (cfr. EG 139-141). Con gran misericordia, la Iglesia está llamada a encontrar formas de “compañía” para sostener a estos hijos suyos en un itinerario de reconciliación. Con comprensión y paciencia, es importante explicar que el hecho de no poder acceder a los sacramentos no significa quedar excluidos de la vida cristiana y de la relación con Dios “ (Ibid 103). ene

Observaciones críticas acerca del debate en curso sobre la situación eclesial de los divorciados vueltos a casar.

Después de nuestro recorrido por las principales intervenciones de parte de los defensores de y opositores de dar la comunión a los divorciados vueltos a casar, cabe preguntar ¿cuál ha sido el motivo del Papa Francisco en abrir tal debate? Pareciera que favoreciese personalmente una solución que diera la comunión a estas personas de acuerdo con la tesis del Cardenal Kasper. Sin embargo, el Sínodo tiene un fin pastoral y no tiene competencia para proponer cambios en la doctrina de la Iglesia. El debate ha sacado a luz varios temas que pudieran ser profundizados por los teólogos. Pareciera que en la mente de algunos la doctrina puede ir por un carril y la pastoral por otro, de manera que se hable de un “solución pastoral”, gracias a la cual el confesor autorizaría a una persona divorciada y vuelta a casar comulgar en el caso de que no se pudiera lograr una resolución favorable en el tribunal eclesiástico competente y la persona esté subjetivamente convencida de que su matrimonio no fue válida.

El Papa San Juan Pablo II, con su encíclica Dives en misericordia y su posterior institución de la Fiesta de la Divina Misericordia, ha promovido la gran importancia de la misericordia en la vida de la Iglesia. La Iglesia ha de ejercer el ministerio de la misericordia de Dios sobre todo el el Sacramento de la Penitencia, pero ¿se puede hablar de la misericordia infinita de Dios en el caso de los que no están dispuestos a convertirse, a dejar el camino del pecado y volver al cumplimento de los mandamientos de la ley de Dios? Conviene volver a recordar la naturaleza bíblica y teológica de la misericordia divina. El Cardenal Kasper argumenta que como en el caso del ecumenismo y la libertad religiosa en el Concilio Vaticano, así también en este caso hay posibilidad de un desarrollo de la doctrina. ¿Qué se puede decir de esta propuesta? ¿ La propuesta de agilizar los procesos matrimoniales en los tribunales eclesiásticos también tiene sus problemas. ¿No se daría una suerte de declaraciones de nulidad “exprés” y por ende un divorcio eclesiástico? ¿Tanto énfasis en la misericordia de Dios y el sufrimiento de las personas que se encuentran en este tipo de irregularidad debido a haber entrado en unas nupcias civiles luego del fracaso de su matrimonio no deja en la sombra otras verdades fundamentales del cristianismo como la necesidad imperiosa de seguir a Jesucristo hasta ha cruz y que no hay vida humana sin sufrimientos y dolores a veces agudos y prolongados, o el poder de la gracia?

¿Qué implica la idea expresada, al parecer con aprobación por el Papa Francisco que la mitad de los matrimonios celebrados en la Iglesia son inválidos? ¿Esto es posible? Un canonista estadounidense laico Edward Peters propone que se revise la disposición del Concilio de Trento en su Decreto Tametsi según el cual es necesario la forma canónica para validez del matrimonio, que en en Estados Unidos se están dando muchas declaraciones de nulidad debido a que parejas se han casado en la Iglesia de forma tramposa a sabiendas de que el matrimonio era inválido. ¿Qué se puede decir de esto y sería una solución al menos parcial al problema? Esta solución puede resolver algunos problemas que se dan en Estados Unidos donde al parecer algunas parejas por falta de la forma canónica se casan inválidamente y luego es posible declarara tal matrimonio nulo.

Requisitos generales para que un católico puede recibir la Sagrada Eucaristía

Dado que nuestra discusión versa sobre la posibilidad o no de que los divorciados y vueltso a casar civilmente puedan recibir la comunión, conviene recordar las normas de la Iglesia para que cualquier fiel la pueda recibir. Ya el Papa San Pío X invitaba a los católicos a recibir la comunión con frecuencia y permitió que los niños a partir de gozar del uso de la razón que se considera que se da a los siete años de edad. El santo Ponfice intentaba terminar con ciertos resquicios del jansenismo que todavía perduraba en la Iglesia. Los principales requisitos para que cualquier católico pueda recibir la comunión son que cumpla el ayuno eucarístico que en nuestros días queda reducido a una hora y principalmente que tenga conciencia de estar libre de pecados graves o mortales, de acuerdo con lo establecido por San Pablo en su Primera Carta a los Corintios: “Examínese, pues, cada cual, y coma así el pan y beba la copa. Pues, quien come y bebe sin discernir el Cuerpo. Come y bebe su propio castigo (11,28-29). Por ello, el Derecho Canónico en su canon 915 indica:  “No deben ser admitidos a la sagrada comunión los excomulgados y los que están en entredicho después de la imposición o de la declaración de la pena, y los que obstinadamente persistan en un manifiesto pecado grave”.

Debido a que que no pocos opinaban que este canon no se aplica a los divorciados y vueltos a casar la Pontificia Comisión para los Textos Legislativos señala enn una declaración publicada el 24 de junio de 200o al tiempo que recuerda lo que indica el Catecismo en su numeral 1820, señala:

Hoy son numerosos en muchos países los católicos que recurren al divorcio según las leyes civiles y que contraen también civilmente una nueva unión. La Iglesia mantiene, por fidelidad a la palabra de Jesucristo (‘Quien repudie a su mujer y se case con otra, comete a adulterio contra aquélla; y si ella repudia a su marido y se casa con otro, comete adulterio’: Mc 10,11-12), que no puede reconocer como válida esta nueva unión, si era válido el primer matrimonio. Si los divorciados se vuelven a casar civilmente, se ponen en una situación que contradice objetivamente a la ley de Dios. Por lo cual no pueden acceder a la comunión eucarística mientras persista esta situación, y por la misma razón no pueden ejercer ciertas responsabilidades eclesiales. La reconciliación mediante el sacramento de la penitencia no puede ser concedida más que aquellos que se arrepientan de haber violado el signo de la Alianza y de la fidelidad a Cristo y que se comprometan a vivir en total continencia”.

El 25 de julio 2013 el Pontificio Consejo para la Familia se sintió obligada a negar una noticia publicada en el diario italiano La república la Santa Sede estaba preparando un documento que iba a cambair esta disciplina. La única via que les queda abierta a estas personas es la de la comunión espiritual que todos los católicos pueden hacer con fruto cuando por alguna razón se encuentran en la imposibilidad de comulgar sacramentalmente.

Los Papas y documentos oficiales han reiterado constantemente el hecho que las personas que se encuentran en situaciones irregulares debido al divorcio y estar en una nueva unión civil no están excluidos de la Iglesia. Tampoco la Iglesia juzga su culpabilidad subjetiva en su situación pero participar en la celebración de la Eucaristía sin comulgar tiene un gran valor. Durante muchos siglos grandes santos, como por ejemplo Santa Teresa de Jesús, no comulgaban diariamente y no podemos pensar que era inútil su participación en la misa, que por otra parte no entendían si desconocían el latín. De hecho existe una pobreza litúrgica en cuanto que prácticamente la única liturgia que muchos católicos conocen es la misa. Tradicionalmente se cantaban vísperas solemnes en las catedrales y monasterios los domingos y días festivos con la participación de fieles. También participaban en la exposición al Santísimo con un período de adoración y posiblemente algún sermón. Afortunadamente estas prácticas se están recuperando en un buen número de parroquias y catedrales. También las bendiciones son liturgia y el Bendicional entrega una gran multitud de posibilidades para celebrar solemnemente diversas bendiciones, que pueden ser no solamente de cosas como edificios, sino también de personas, Existen las liturgias penitenciales según el segundo rito del Ritual del Sacramento de la Penitencia que se celebra con cantos, lecturas, salmos, homilía, examen de conciencia con confesión individual a los sacerdotes. Este rito que puede ser muy provechoso para los fieles y puede ayudar a que capten el sentido comunitaria de la reconciliación con Dios y con la Iglesia que se realiza a través del sacramento, requiere la asistencia de varios sacerdotes. Habría que insistir en la catequesis en el hecho de que la Eucaristía es un don inmerecido para cuya recepción debemos disponernos y cargar menos sobre el derecho de recibirla.

La importancia de la misericordia

Ciertamente el legado que ha dejado San Juan Pablo II a la Iglesia en relación a la misericordia es un gran tesoro que se está viviendo con más fuerza en muchas partes. También sabemos que el Papa Francisco tiene muy a pecho la necesidad de que la Iglesia sea una instancia de misericordia, según la conocida metáfora que ha utilizado comparando la Iglesia como un hospital de campaña. En la encíclica Dives en misericordia, después de tratar ampliamente el concepto de misericordia en el Antiguo Testamento, con particular énfasis en la palabra, cuyo significado explica ampliamente en una larga nota, manifiesta como la misericordia de Dios está presente a lo largo de todo el Antiguo Testamento y en particular en los textos proféticos. En el Nuevo Testamento repara de manera particular en la parábola del Hijo Pródigo qua largamente haciendo hincapié en el hecho de que lo más grave es que el hijo pierda su dignidad de hijo en la casa de su padre y cómo la recupera por la actitud misericordiosa del padre que lo acoge y restituye a su antigua dignidad de hijo. El papa polaco se manifiesta muy interesado en señalar cómo la misericordia supera la estrechez de la justicia, pues ésta parece ser la idea central de su carta. De manera muy oportuna expresa la íntima relación que existe entre la conversión y la experiencia de la misericordia de Dios: “El auténtico conocimiento de Dios, Dios de la misericordia y del amor benigno, es una constante e inagotable fuente de conversión, no solamente como momentáneo acto interior, sino también como disposición estable, como estado de ánimo. Quienes llegan a conocer de este modo a Dios, quienes lo « ven » así, no pueden vivir sino convirtiéndose sin cesar a El”56. Es decir, la Iglesia ha de proclamar la misericordia de Dios para que los fieles puedan llegar a convertirse, que que se conviertan primero para descubrir la misericordia, pues, “Dios nos ama primero”.

Si bien es cierto que la misericordia supera la fría justicia, tampoco anula la justicia, pues Jesucristo tes también Juez de Vivos y Muertos. El evangelio la misericordia va de la mano de la auténtica conversión o cambio de vida (metanoia, que significa “cambio de mente o mentalidad”; “epistrofe” que significa “dar una vuelta en U”, como se dice coloquialmente), como es el caso del mismo hijo pródigo, de Zaqueo, de la mujer encontrada en flagrante adulterio. El relato del juicio final tal y como lo encontramos en el evangelio de San Mateo, tiene al Señor ejerciendo misericordia con los que en su vida terrena la ejercieron con “los más pequeños”, y condenando al “fuego eterno” a los que no la practicaron (Mt 25,31-46). En el caso del fariseo y el publicano en el tiemplo, éste se presenta a Dios en toda su miseria y le pide que le haga misericordia. Jesús indica que éste bajo a su casa justificado mientras el fariseo no, pues no reconoció sus pecados ni su miseria. Por ello para poder experimentar la misericordia de Dios se requiere una humilde admisión de los propios pecados y no un intento de reivindicar la propia inocencia (Lc 18,0-14). Por ellos, tanto en el Antiguo Testamento como el el Nuevo, la experiencia de la misericordia divina necesita no sólo de la intervención de Dios sino de la acogida de ella de parte del hombre. Por lo tanto la Iglesia en su pastoral en el caso de personas que han experimentado situaciones dolorosas de abandono de parte de un cónyuge ha de proclamar la misericordia de Dios, pero ojalá pueda intervenir a tiempo y acompañar a estas personas para que no lleguen al “hospital de campaña”. Con frecuencia los abuelos ayudan a criar a los hijos abandonados por el cónyuge que irresponsblemente los ha abandonado. También la comunidad parroquial podría hacer mucho para ayudar a estas personas. Se podría formar grupos parroquiales dedicados a esta tarea. Se les podría ayudar a averiguar si su caso tiene remedio en los tribunales eclesiásticos. Primero debemos intentar evitar que se sientan solas y abandonadas y puedan superar el trauma de la separación y a los hijos también.

La así llamada “solución del fuero interno”.

Cuando una persona divorciada y vuelta a casar acude a un sacerdote para intentar volver a los sacramentos , esta persona estás subjetivamente convencida que su matrimonio no fue válido, suele recomendar que acuda al tribunal eclesiástico para intentar resolver su caso. A veces no es posible proceder for falta de datos o testigos. Entonces se ha propuesto que se puede recurrir a lo que se llama la solución en el “fuero interno”. He leído en webs de sacerdotes en Estados Unidos que proponen esta “solución” en la confesión. Autorizan a esta persona a comulgar tal vez en otra parroquia debido al posible escándalo. Un sacerdote franciscano llamado Tom Richstatter, Profesor de Teología Sistemática en Meinerad Seminaary en Estados Unidos. en su web personal entrega con lujo detalles una explicación de lo que consistiría la solución de fuero interno7. Sin embargo, no sustenta su opinión en ningún documento oficial del Magisterio. Sí hace referencias generales y vagas a documentos del Vaticano, pero no tienen que ver con este tema. Es decir, según él y otros, los que no pueden lograr una declaración de nulidad y están subjetivamente convencidos que su matrimonio es nulo pueden, previa consulta con un sacerdote en la confesión acudir a comulgar.. Sin embargo, ésta no es la auténtica solución de fuero interno8.

Sí existe la solución de fuero interno avalado por el Magisterio de la Iglesia en tales casos, con la diferencia que la persona en cuestión que no puede lograr una declaración de nulidad puede acudir a su párroco y si se compromete a vivir en perfecta continencia, lo que se suele llamar “como hermano y hermana” pueden recibir la comunión, pero si es el caso tendrían que acudir a una parroquia donde su caso no es conocidio para evitar escándalo o malos entendidos.

En el Pontificado del Papa Pablo VI hay una carta de la Sagrada Congregación de la Doctrina de la Fe del 9 de abril de 1973, y otra el 31 de marzo de 1973, que se refieren a la “práctica aprobada por la Iglesia”, y ésta última carta explica que consiste en que vivan “según principios morales cristianos” y que se evite el escándalo9. El canon 1085,2 prohíbe entrar en otra unión a no ser que se haya logrado la declaración de nulidad del matrimonio o su disolución. Hay también una carta de la misma Congregación de la Doctrina de la Fe, firmada por el Cardenal Joseph Ratzinger del 14 de septiembre de 1994 , mencionada arriba, que reitera la misma doctrina y se basa en la Familiaris Consortio de Juan Pablo II que también insiste en la necesidad de mantener perfecta continencia en tales casos. Cualquier otra propuesta de una solución del fuero interno que no coincida con ésta repetidamente propuesta por el Magisterio de la Iglesia no es válida.

Algunos argumentan en contra de esta solución desde la supremacía de la propia conciencia subjetiva, como han lo han hecho también en contra de la doctrina de la Iglesia en contra del uso de los anticonceptivos según la encíclica Humanae Vitae. En primer lugar, el fiel católico tiene el deber de formar bien su conciencia y lo hará guiándose por el Magisterio de la Iglesia. El fiel común no tiene ni la capacidad ni el tiempo disponible de hacer un estudio pormenorizado de todos los temas morales desde sus principios en la ley natural y la Sagrada Escritura, como la Tradición de la Iglesia, los Concilios y la tradición teológica. Tampoco es necesaria tal tarea cuando la Iglesia ha publicado el Catecismo de la Iglesia Católica y el Compendio del mismo fácilmente disponible para orientar al fiel católico sobre lo que la Iglesia enseña. También las encíclicas y otros documentos importantes están a la mano en Internet. Además, el matrimonio, tanto civil como canónico, es una realidad objetiva, externa con importancia en la sociedad y su existencia o falta de ella no está sujeta al capricho de la conciencia personal de cada uno. En el caso del sacramento, es Dios quien une a los esposos, “lo que Dios ha unido no lo separe el hombre”. Retomando una idea recogida arriba de la intervención del Cardenal De Paolis, la tradición moral católica basada en la Sagrada Escritura no permite realizar los actos propios del consorcio sexual más que a los que están legítimamente casados en la Iglesia. Por ello la situación de los divorciados y vueltos a casar civilmente están en una situación objetivamente contrario al proyecto de Dios, no pueden acudir a recibir los sacramentos, excepto en el caso de la “solución de fuero interno” descrita arriba según el Magisterio de la Iglesia.

Deficiencias en la catequesis prematrimonial

Además del tema que nos ocupa, el Documento de Trabajo para el Sínodo trata de otros muchos problemas relacionados como las parejas de hecho, los que se casan civilmente para luego tal vez hacer el casamiento en la Iglesia. El documento tambíén indica que el tema de fondo es la falta de verdadera evangelización y una catequesis adecuada además de la tremenda presión que ejerce la sociedad actual a través de los medios de comunicación y las mismas leyes de los estados en contra de sentido cristiano del matrimonio y la familia y de la sexualidad humana en general. La gran mayoría de los católicos bautizados o desconocen la doctrina de la Iglesia acerca de la sexualidad humana y el verdadero sentido del matrimonio cristiano, o simplemente la rechazan en parte porque las noticias que reciben de ella provienen de los medios que tienen a propagar una concepción hedonista, materialista y relativista, individualista de la vida. La ven como un atentado contra su libertad personal y un resto de épocas oscurantistas como la Edad Media. El concepto de la educación que manejan los políticos, los medios y la sociedad en general es materialista, “economista”. Es decir, el joven aprende que es preciso estudiar duro para sacar una carrera o una profesión. Igualmente sabe que para tener éxito en el deporte tiene que esforzarse, y hacer muchos sacrificios. En cambio, es prácticamente un dogma secularista que todo mundo tiene “derecho” al máximo de goce sexual con tal de que no sea con menores de edad. Así que se inician a temprana edad en el consumo del alcohol y de otras drogas recreativas, y en las experiencias sexuales, sean éstas pornografía, masturbación, relaciones sexuales. En vez de enseñarles a los jóvenes el valor del autocontrol, del respeto al otro y la virtud, le entrega este mensaje: “tengan sexo, pero aquí están estos condones o estas píldoras para “protegerse”. Muchos padres de familia no dialogan con sus hijos o simplemente les recomiendan a usar “protección” para no quedarse embarazadas las chicas. Sin embargo, tales consejos no funcionan porque los embarazos juveniles y el número de madre solteras, como el número de abortos aumenta exponencialmente.
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¿Ante tal avalancha de propaganda barata dirigida por todos los medios a una juventud erotizada, qué puede hacer la Iglesia? Incluso jóvenes que participan en grupos juveniles parroquiales quedan embarazadas o se juntan sin casarse. El fracaso rotundo de la catequesis tanto para la Primera Comunión como la Confirmación evidente. Durante los seis meses que dura la catequesis que se da en preparación para amnos sacramentos se ven muchos niños y jóvenes en la misa. El domingo siguiente después de recibir el sacramento y no regresa casi ninguno. En el período entre la Primera Comunión y la Confirmación, unos cinco años no han tenido ninguna experiencia de Iglesia ni se han confesado. ¿Es posible cambiar esta situación y lograr que la catequesis para la Confirmación se convierta en una ocasión en la que los jóvenes hagan un compromiso personal de seguir a Jesucristo y asumir su posición en la Iglesia como cristianos adultos? Estamos entregando sacramentos a personas no evangelizadas. Si decimos que no, entonces la causa está perdida, pero en este momento no se ve ninguna inquietud sobre esta situación de parte de los obispos ni de los párrocos. Muchos de estos jóvenes entran luego en universidades a estudiar carreras que los llevan al hábito de la racionalidad científica. Con una formación cristiana basada principalmente en sentimientos, piedad popular difícilmente podrán llegar a tener una fe madura que sepa responder a estos desafíos.

Luego cuando acuden a la parroquia para casarse se les ofrece unas charlas que suportan como una suerte de peaje en muchos casos para mantener contentos a los padres o para casarse en un ambiente más hermoso que una sala municipal. Parece obvio que estas charlas no son suficientes ni la parroquia está adecuadamente preparada para entregar una preparación a la altura de las exigencias actuales cuando muchos de los que acuden a ella para casarse no están evangelizados. . Debería de encargarse de esta catequesis prematrimonial el obispado organizándola tal vez a nivel de Vicarías Foráneas, o Arziprestazgos. Tendría que ser más dinámica y participativa e involucrar a psicólogos y otros profesionales, como también parejas mayores que sean capaces de estimular a los jóvenes con sus testimonios y rica experiencia. Luego se requiere un seguimiento de los jóvenes recién casados que se quedan a vivir en la misma parroquia poder avisar a la otra parroquia donde se van a vivir para que desde allí los atiendan. Esto requiere una buena pastoral familiar y la colaboración de movimientos familiares.

Conclusiones

Después de haber analizado la propuesta de un cambio en la praxis de la Iglesia respecto a la negativa de dar la comunión a los fieles divorciados y vueltos a casar, pero no la doctrina, cosa muy difícil de entender, y las principales respuestas provenientes de voces autorizadas dentro del colegio cardenalicio, podemos sacar algunas conclusiones. No queda muy claro por qué el Papa Francisco promovió este debate al nombrar al Cardnal Kasper para dar una ponencia a los cardenales sobre el tema cuando la posición de Kapter es muy conocida desde hace un par de décadas. No cabe duda que el cardenal alemán es un teólogo de peso en la Iglesia. Sin embargo, no calza la opinión que expresa según la cual pudiera darse aquí un ejemplo de desarrollo de la doctrina como se dio en el Vaticano II acerca del ecumenismo y la libertad religiosa. El Beato John Henry Newman en su obra clásica sobre el desarrollo de la doctrina10 propone siete “notas” para un genuino desarrollo de la doctrina cristiana. Un somero examen de tales notas y nos revela que no tienen aplicación en el caso de esta doctrina. Tomemos, por ejemplo, la cuarto nota de Newman que es “sequencia lógica” que obviamente no se cumpliría si la Iglesia cambiara su doctrina sobre el matrimonio, los requisitos para poder recibir la Sagrada Eucaristía y su doctrina moral según la cual nadie excepto personas debidamente casadas según el Sacramento del Matrimonio en la Igleisa puede realizar actos sexuales .

El recurrir a algunos hechos aislados que se encuentran en algunos Padres de la Iglesia que fueron excepcionales no puede ser la base de un auténtico desarrollo de la doctrina católica. La Tradición de la Iglesia no termina con los Padre, pese a ser ellos autorizados testigos de ella, sino se va enriqueciendo a lo largo de la historia de la Iglesia bajo la guía del Espíritu Santo. Así como no es posible volver a la situación que reinaba cuando todavía no se había dado la separación de las Iglesias de Oriente de la Sede de Pedro, tampoco podemos sustentar un cambio de doctrina y de praxis pastoral tan insistentemente proclamada y repetido por todos los Papas recientes. Antes de la publicación de la encíclica Humanae Vitae en 1968 se crearon grandes expectativas de un cambio en la doctrina acerca de licitud o no del recursos a los anticoncpetivos. Debido a que muchos teólogos disintieron de la doctrina propuesta por el Papa que fue la misma que la Iglesia había sostenido siempre, se creó una gran confusión en la mente de muchos fieles y desprestigio del Magisterio de la Iglesia. Pese a los grandes esfuerzos hechos por el Papa Juan Pablo II en los primeros años de su Pontificado por dar un fundamento más sólido y ampliar la doctrina dando a la Iglesia una verdadera “teología del cuerpo”, todavía no se ha logrado superar la crisis que se instaló a partir del año 1968. Por ello, no conviene hacer otro tanto con este tema de la posibilidad de dar la comunión a divorciados y vueltos a casar. El Instrumentum Laboris entrega amplia información con lujo detalles acerca de muchos que se llaman católicos pero no están dispuestos a acoger los que el Magisterio de la Iglesia enseña sobre la sexulidad y la familia. No le conviene a la Iglesia más confusión de la que ya hay en la mente de los fieles, y como es bien sabido, los medios de comunicación por lo general no suelen ser capaces de hacer ls distinciones que son comunes en la teología católica, sin más bien tiende a tergiversar las noticias con titulares llamativos. Muchos de los fieles no leen ningún documento oficial de la Iglesia y forman su conciencia con los que dice la prensa.

En una época marcada por el individualismo, subjetivismo y el relativismo cuando hay una crisis general de las instituciones y un rechazo de la religión organizada, por más que la Iglesia intente presentar y explicar mejor su doctrina acerca de la sexualidad y la familia, una gran porción de los que se denominan católicos no la van a aceptar por haber aceptado lo que propone el mundo secularista. Sabemos que hay progresos y retrocesos en relación con la vivencia de la fe cristiana a lo largo de los siglos. Es generalmente reconocido que no son las masas las que mueven la humanidad, algo que Lenin y otros revolucionarios sabían muy bien, pues los Bolcheviques no llegaron nunca a tener una mayoría a su favor en Rusia. Hay un consenso general que afirma que esamos al fin de una época, y por ello al inicio de otras que algunos laman posmoderna11.

Algunos opinan que la pastoral puede ir por un camino mientras la doctrina va por otro, Sin embargo, la doctrina de la Iglesia proclama la verdad del Evangelio tal y como la proclamó Jesucristo Nuestro Señor. Ciertamente Jesús tuvo mucha paciencia con sus apóstoles que entendían muy poco de su predicación del Reino. Prueba de ello es su interés en quién iba a estar a su derecha y a su izquierda en su Reino. El, como Buen Pastor, los u fue conduciendo por el camino de la verdad con la acción del Espíritu Santo. Incluso cuando muchos de sus discípulos lo abandonaron debido a lo poco aceptable que su doctrina del pan de vida fue para ellos, Jesús les preguntó a los doce si ellos también quería marcharse ( Jn 6,67). De la misma manera la Iglesia tiene que seguir proclamando la verdad del evangelios, de manera que la puedan captar las generaciones actuales, sin querer cambiarla. Seguir a Jesucristo implica llegar con Él a la cruz. El Cardenal Kasper dice que al cristiano normal no se le pide heroísmo, pero el Evangelio le invita a tomar su cruz y seguir al Señor. La nueva ley proclamada por Jesús en el Sermón de la Montaña y en otros pasajes del Evangelio es imposible de cumplir para cualquiera con las meras fuerzas de nuestra naturaleza caída y herida por la concupiscencia. La nueva ley está pensada para nuevas criaturas, reengendrados “a una esperanza viva” (1 Pe 1,3) por el bautismo por el que hemos sinodo incorporados a Jesucristo y hechos hijos de Dios. La Nueva Ley, dice Santo Tomás, es el Espíritu Santo mismo. El matrimonio es signo del amor de Cristo por su Iglesia por la que se entrega para que sea santa, inmaculada, sin mancha ni arruga de cualquier tipo (Ef 5,30). Las personas que se encuentran en situaciones dolorosas debido a un fracaso matrimonial no deben de desanimarse sino confiar en la providencia amorosa de Dios y en la fuerza de la gracia. Además, la Iglesia primitiva se enfrentaba con una situación bastante peor que la nuestra y eran unos cuantos. Por lo tanto, la gran tarea es la de la Nueva Evangelización y no la de rebajar las exigencias del evangelio. Obviamente eso no nos dispensa de acompañar y apoyar a las personas que se encuentran con grandes dificultades, como imágenes del Buen Pastor.

















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1El artículo se recoge también en la web oficial del Vticano: http://www.vatican.va/roman_curia/congregations/cfaith/muller/rc_con_cfaith_20131023_divorziati-risposati-sacramenti_sp.html
2H ver http://infocatolica.com/?t=noticia&cod=20265. Para una traducción de la entrevista al castellano.
3 Ver traducción española de la conferencia del Cardenal De Paolis en http://quenotelacuenten.verboencarnado.net/?p=650


4http://www.vatican.va/roman_curia/synod/documents/rc_synod_doc_20140626_instrumentum-laboris-familia_sp.htm
5 Dives in Misericordia 13, cfr. www.vatican.va
6Ibid 13
7http://www.tomrichstatter.org/gmarriage/g66goodc.htm
8http://www.tomrichstatter.org/gmarriage/g66goodc.htm
9Ver un resumen de las disposiciones de la Santa Sede sobre este tema en un artículo por Mons. Tarcisio Bertone, a la sazón Secretario de la Congregación de la Doctrina de la Fe http://www.mscperu.org/matrimofam/1matrimonio/divorcio/divorc_vueltosacasar_principiosdoctrinales.htm
10John Henry cardinal Newman, Conscience, Consensus, and the Development of Doctrina, New York, Image Books, 1992, 175-200.

11Ver por ejemplo, José Manuel Otero Novas, El retorno de los césares, Madrid, Libros.Libres, 2007. El autor, que ha sido Ministro de la Cultura en Espala, escribe en su introducción: “He llegado ala conclusión de que muy probablemente, estamos finalizando una de las períódicas fases “apolíneas” dela Cultura Occidental -que en su vertiente positiva significa serenidad, igualdad, racionalismo, democracia, tolerancia, armonía, -; y de que nos encontramos próximos a la también retornante etapa dionisiáca -que en lo favorable resalta esfuerzo, mérito, ideales, exigencia, sacrificio, entusiasmo”. No cabe duda que estamos todavía en una época “apolinea” sobe todo en Europa, pero también en Estados Unidos aunque tal vex en menor medida. Los europeos no están dispuestos a levantarse y defender los valores que sustentan la civilización occidental que es en producto No quieren tener hijos que manifiesta una enorme fatla de esperanza. del cristianismo. Tal vez eso vaya cambiando cuando se den cuenta del grave peligro del ihadismo islámico que puede llegar a apoderarse de Europa debido al suicidio demográfico de los europeos, y la incapacidad de defender principios por las cuales vale la pena dar la vida.    

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