sábado, 17 de septiembre de 2016

ACCIÓN DECISIVA Y EL PODER DE LA GRACIA

HOMILÍA PARA EL DOMINGO XXV, DEL CICLO C, 18 DE SEPTIEMBRE DE 2016

Nuestro evangelio de hoy nos pesenta una parábola de Jesús que nos puede parecer un poco curioso. Se trata de un mayordomo que ha sido pillado estafando a su padrón. Es llamado por el padrón y sin más miramientos despedido, como es lógico. Ahora se encuentra en una situación límite. Si bien esta pagando las consecuencias de sus fechorías, ha recibido un golpe duro y se pone a pensar qué puede hacer. Podemos suponer que ya nadie lo va a contrarar como mayordomo, pues ha sido desleal con su jefe y seguramente el que quisiera contratarlo consultaría al empleador anterior para saber qué ha habido de él. En aquella época, cuando no existía protección social, ni seguro de desempleo ni nada por el estilo, estaría literalmente en la calle. Si no pudiera contar con algún apoyo de familiares, estaría realmente en una situación límite. Por eso, dice "cavar no puedo, mendigar me da verguenza". Podemos suponer que no era una persona joven con fuerzas para realizar trabajos físicos. Entonces inventa una estrategia que piensa que podría ayudarle a solucionar su problema, abundando en los malos manejos por los que ya fue despedido. Llama a uno y otro de los  deudores de su jefe y le pregunta a cada uno  cuánto le deben a su jefe. Les da el recibo y les dice que escriban menos. De esta manera se queda con la esperanza de que ellos se acordarán de este favor que les ha hecho y lo van a acoger en sus casas. Es una estrategia arresgado porque no tiene ninguna garantía de que ellos van a responder con la generosidad que espera de ellos.

La pregunta es: ¿por qué Jesús cuenta esta historia con la moraleja que reza "los hijos de las tinieblas son más astutos que los hijos de la luz"? Obviamente, no es que Jesús esté alabanando o aprobando lo que hizo el mayordomo, pues como es obvio,  va en contra de la ética y lo retrata como estafador. Lo que alaba Jesús es la astucia y la diligencia que tiene al encontarse en una situación límite. No se queda con los brazos cruzados, sino intenta, aunque sea por medios deshonestos, superar la crisis en la que se encuentra. Cualquiera de nostotros si vamos al médico y luego de habernos hecho análisis nos dice que tenemos cáncer, no vamos a quedarnos con los brazos cruzados. Si tenemos unos ahoros o un negiocio  y resulta que por los motivos que sea estamos a punto de sufrir pérdidas cuantiosas, vamos a reaccionar para proteger nuestra hacienda y movernos con toda rapidez, como es el caso del mayordomo deshonesto de nuestro evangelio. Son realidades que percibimos inmediatamente como muy peligrosas y perjudiciales y no esperamos un minuto para intentar hacer lo que haga falta para salvar nuestra situación.

Por otro lado, cuando se trata de nuestra vida espiritual, el asunto más serio de nuestra existencia, la salvación de nuestra alma, ¿acaso procedemos con la misma celeridad y acción decisiva? Sabemos que las personas que han caído en un vicio grave o adicción como el alcoholismo la droga, el sexo como puede ser la pornografía, acudir a prostitutas u otras manifestaciones de la adicción al sexo? Pues, bien sabemos que los que tienen estas adicciones lo tienen difícilísimo cortar por lo sano y dejar el vicio. Tienen que tocar fondo y encontrarse en una auténtica desgracia, como por ejemplo el abandono de la esposa o del esposo, sufrir una humillación pública para reaccionar y buscar ayuda. Sin embargo, el mensaje del evangelio no es solamente para estos casos. El problema es que no percibimos la gravedad de los peligros espirituales, Jesús dice "¿qué aprovecha al hombre ganar el mundo entero, si pierde su alma? Nos damos cuenta fácilmente del valor de los bienes materiales y de lo que significa perder el trabajo y otras desgracias de este tipo, pero no  vemos la gravedad del pecado y de los vicios, de lo que es olvidarnos de Dios y vivir como si no existiera.

El gran poeta y dramaturga del Siglo de Oro Español, Lope de Vega, además de ser poeta era también sacerdote y tenía una particular debilidad en cuanto al cumplimiento de la obligación al celibato que va con esta vocación. Hacía buenos propóstios, pero luego volvía a caer en pecado. Así lo expresa en este bien conocido soneto:

Qué tengo yo, que mi amistad procuras?
¿Qué interés se te sigue, Jesús mío,
que a mi puerta, cubierto de rocío,
pasas las noches del invierno oscuras?
¡Oh, cuánto fueron mis entrañas duras,
pues no te abrí! ¡Qué extraño desvarío,
si de mi ingratitud el hielo frío
secó las llagas de tus plantas puras!
¡Cuántas veces el ángel me decía:
«Alma, asómate ahora a la ventana,
verás con cuánto amor llamar porfía»!
¡Y cuántas, hermosura soberana,
«Mañana le abriremos», respondía,
para lo mismo responder mañana

Jesús venía a tocar a la puerta de su alma pero una y otra vez respondía "Mañana le abriremos...para lo mismo responder mañana". San Agustín, que también antes de su conversión oraba a Dios diciendo "Dame castidad, pero todavía no", luego dijo "Temo a Dios que pasa y no vuelve". Cuando Dios llama y no le abrimos, ¿qué garantía tenemos que tendremos otra oportunidad?

Otro caso extrarodinario en el que se manifestó de manera fuerte la gracia de Dios es el del inglés
JOHN NEWTON Clérigo,
Antes un Infiel y Libertino,
Un siervo de esclavos en África,
fue por la misericordia de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Preservado, Restaurado y Perdonado.
Y señalado para predicar la Fe que él por tanto tiempo había estado destruyend
Éste es el epitafio que escribó él mismo para su tumba. Nació en 1725 y su madre le enseñó de niño unos buenos y sólidos principios cristianos, pero murió cuando John tenía 7 años. . De joven seguió la carrera de su padre, primero como marinero en la Marina Real, de la que desertó y fue castigado con latigazos. Luego se dedicó a llevar a esclavos de África a América en su propio barco. Una noche en el medio del Atlántico el barco entró en una tormenta tremenda. Recordando la fe que había recibido a través de su madre elevó con toda su alma una súplica a Dios para que lo salvara y a toda su tripulación. Una vez pasada la tormenta, se retiro a su cámara y se puso a reflexionar. Vio que Dios lo había tocado profundamente con su gracia. Dejó su carrera de marino y se hizo Ministro cristiano. Colaboró estrechamente con su amigo John Wilberforce para lograr la prohibición de la esclavitud en todas las colonias inglesas y que se acabara con el tráfico de esclavos. Se dedicó también a escribir himnos y una de ellos ha llegado a ser el himno más conocido y querido en la lengua inglesa, cantada siempre cuando hay grandes deastres, como por ejemplo, en la ocasión del atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York. Se titula Amazing Grace (La gracia asombrosa). Se sintió tan fuertemente tocado por la gracia que nunca se olvidó de lo que Dios hizo por el, como queda patente en el epitafio. Aquí va una  verión de Amazing Grace y que tiene subtítulos en inglés y en castellano. A continuación enlazo otra versión que a mi parecer es mucho más hermosa y por ha sido vista casi 25 millones de veces en Youtube

https://www.youtube.com/watch?v=7dZ1Ypd8wJs (con subtítulos)

Versión más hermosa

https://www.youtube.com/watch?v=CDdvReNKKuk

La úlitmas palabras de John Newton fueron: "Mi memoria casi se ha ido pero recuerdo dos cosas, que soy un gran pecador, y que Cristo es un gran salvador".  Que cada uno de nosotros actúe decisivamente ante la desgrcacia más grande que es el pecado y respondamos decisivamente a la llamada de la gracia, como hizo John Newton.


sábado, 10 de septiembre de 2016

UN DIOS QUE AMA HASTA EL EXTREMO.

DOMINGO XXIV DE TIEMPO DURANTE EL AÑO,CICLO C, 11 DE SEPTIEMBRE DE 2016

Se habla bastante acerca de la búsqueda de Dios de parte de muchas personas. Sin embargo, en toda la Biblia lo que prevalece no es la búsqueda de Dios de parte del hombre, sino al contrario, el empeño constante y permanente de Dios de salir al encuentro del hombre. Este domingo nuestro pasaje del Evangelio de San Lucas nos pesenta tres parábolas nos demuestran cuál es la lógica de Dios, de Jesús, y que no coincide con lo  que nosotros consideramos razonable. Hace unos quince años, todavía  en el Pontificado de San Juan Pablo II, le tocó al cardenal vientamita Van Tuan dirigir los Ejercicios Espirituales anuales que dan en el Vaticano durante la Cuaresma. Este cardenal sufrió unos 15 años de prisión y trabajos forzados en Vietnam cuando los comunistas de apdoeraron del país en el año 1975. Una de las cosas que dijo en este retiro, que luego fue publicado como libro, fue que "Jesús no sabe matemáticas". Vemos en las tres parábolas que hoy hemos escuchado Dios procede de manera completamente diferente de la nuestra. 

En primer lugar, tenemos la Parábola de la Oveja Perdida. Jesús dice: ¿Quién de vosotros, si tiene cient ovejas, si pierde una, no deja las 99 en el desierto y va tra la perdida? Según nuestra lógica la respuesta es evidente. NINGUNO. Parece una opción de verdadero loco abandonar a las 99 ovejas a merced de lobos y posibles ladrones para ir a buscar una que se perdió. Desde el punto de visto del análisis económico, no tiene sentido. Cualquiera diría: se ha perdido una y no vale la pena buscarla y poner en peligro al resto del rebaño. Si una pareja que tiene,  por ejemplo, seis hijos, y se muere uno, a nadie se le ocurre decirles, "No se preocupen, todavía quedan cinco". Así es con Dios, ama a cada uno como si fuera el único en el mundo y no hace el tipo de cáclulos que nosotros acostumbramos hacer. 

Veamos el otro ejemplo, el de la moneda perdida, que es incluso más exagerado. Una señora pierde una moneda en su casa. ¿Pero cuanto valía esa moneda? Pues casi nada, tal vez unos cinco céntimos. Cualquiera diría, se ha perdido esa moneda, pues no importa porque vale muy poco y no vale la pena gastar tiempo y esfuerzo en buscarla. Sin embargo, la señora de la parábola, se pone a barrer diligentemente la casa entera hasta que encuentra la moneda. Luego, hace una cosa que parece más loca todavía. Llama a sus vecinas y amigas y las invita a celebrar con ella por haber encontrado su moneda de 5 céntimos!¿Quién haria eso? NADIE. Además, si alguno hiciera una cosa semejante, caeria en el ridículo al celebrar con las amigas el hecho de haber recuperado una moneda de cinco centímos" Sacando la lección que Jesús nos quiere entregar, podemos decir, que no hay nadie que no tenga valor delante de Dios. Dios se preocupa de la persona que pudiera parecer a nosotros la más despreciable, la más humilde, la más ignorante, delincuente. Pongamos todos los calificativos que queramos, todo mundo tiene un valor y una dignidad infinita ante Dios. En realidad, lo que se enseña aquí lo resume San Pablo en la frase: "Dios no salvó a su propio Hijo, sino que lo entregó por nosotros". 

Llegamos ahora a la conocidísma Parábola del Hijo Pródigo. La actitud del hijo es verdaderamente despreciable. Lo que le dice al padre al pedir que reparta la herencia cuando el padre vive aun es que quisiera que hubiera muerto. En la época nadie haría eso. Sin embargo, el padre accede y el hijo se marcha a "un país lejano" y "derrochó su fortuna viviendo perdidamente". Cuando vivía en Estados Unidos en los años 70 del siglo pasado, me tocó conocer un caso semejante a éste de la Parábola. Un chico, hijo de una familia acaudalada, que había estudiado en un colegio de Jesuitas, se fue de"hippy" a Arizona, siendo él de un lugar cercano a Nueva York. Luego de unos años, regresó a casa en compañía de su novia. El padre, que era un católico tradicional al que le había dolido muchísmo todo este recorrido del hijo que andaba de vago, tomaba droga, y ahora se presenta en casa con una chica, lo echó. Sin embargo, más adelante, tuve ocasión de visitar a la famila, constaté que padre e hijo se habían reconciliado y estaba felizmente de regreso en su casa. No son pocos los padres que han sufrido este tipo de episodio con sus hijos. 

Aunque tradicionalmente la parábola se titula "El Hijo Pródigo", en realidad lo que más se resalta es la actitud del padre, que una vez más es completamente contaria a la que a nosotros nos parecería lógica y razonable. Es la lógica del perdón y la reconciliación, en una palabra, del amor,  y no la de la contabilidad. En primer lugar, el padre le entrega los bienes, sin tener en realidad ninguna obligación de hacerlo, y lo deja irse. La parábola indica que el padre lo vio de lejos, por lo que podemos suponer que nunca perdió la esperanza de que el hijo volviera. Conviene señalar que San Lucas indica que la ocasión que provocó que Jesús contara estas parábolas fue que algunos lo criticaban diciendo:Ese acoge a pecadores y come con ellos. Es decir, Jesús quiso demostrar a sus críticos lo equivocado que era su actitud. Todos los detalles que contiene la parábola acerca de la acogida del padre hacia el hijo, el beso, el ponerle una túnica nueva, matar el becerro cebado y hacer un banquete, juntamente con el contraste con la actitud del hijo mayor, tienden a demostrar lo que es la lógica del amor de Dios como Padre. 

También nuestra primera lectura del libro del Éxodo, que relata el episodio del becerro de oro, manifiesta por un lado, la facilidad que tiene el hombe para pecar, pese a las evidentes manifestaciones del amor y la solicitud de Dios para con su pueblo. En este caso, esto se da poco después de la manifestaicón extraordinaria del poder de Dios al haberles librado del poder del Faraón haciendo posible su escape al cruzar el mar. En realidad, a lo largo de toda la Bibla, sean los libros llamados históricos, sean los libros proféticos, no hacen más que abundar en el mismo tema, la infidelidad del pueblo que una y otra vez cae en la idolatría, que en la Bibla es el pecado por antonomasia, En los libros históricos constatamos que la casi totalidad de los reyes son malos, y no cumplen la alianza que Dios ha hecho con su pueblo. Lo mismo en todos los profetas. Ellos advierten acerca de la infidelidad del pueblo, y el castigo que les espera, pero Dios nunca pierde la paciencia con un pueblo "duro de cerviz", como hemos escuchado en la primera lectura. La finalidad de los castigos de Dios es la de lograr que se corrija el pueblo. En todo caso, no fracasa el proyecto de Dios porque siempre queda un resto fiel. 

También San Pablo en nuestra segunda lectura de la Primera Carta a Timoteo, escribe: Es palabra digna de credito y merecedora de total aceptación que Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores, y yo soy el primero; pero por esto precisamente se compadeció de mí: para que yo fuese el primero en el que Cristo Jesús mostrase toda su paciencia y para que me conviertiera en uno de los que han de creer en él y tener vida eterna.

En mis casi 35 años de ministerio sacerdotal, me ha tocado encontrarme con algunas personas que están convencidas de que no tienen pecados. Las hay que vienen a confesar los pecados del esposo. Si son delincuntes, y no tienen problemas con la ley se consideran buenas personas y que no tienen pecados. En el silgo IV había un señor muy devoto, que era director espiritual de bastantes personas en Roma. Se llamaba Pelagio, y él pensaba que dado que Dios nos ha dado el libre albedrío, podemos ejercerlo y evitar el pecado si queremos. Tenemos esa fuerza por naturaleza. Según él, Jesucristo es tan sólo un buen ejemplo que nos ha de estimular en lo que por naturaleza ya podemos hacer. La Iglesia de la época y de todas las épocas posteriores, ante todo en la persona de San Agustín, que es Doctor Gratiae. San Pablo reconocía que había sido un gran pecador y perseguidor de la Iglesia, y que Jesucristo se compadeció  de él. Eso para que llegase a creer en Jesucristo y  a alcanzar la vida eterna. 

Jesús, al dar inicio a su ministerio público, según leemos en el Evangelio de San Marcos, proclamó: "El tiempo se ha cumplido, y el reino de Dios se ha acercado, creed en el Evangelio" (Mc 1,15). Desde el mismo incio de su predicación Jesús invitaba a sus oyentes a un cambio de mentalidad, un cambio de sentido, como si anduviéramos por un camino equivocado y tuivéramos que dar vuelta en U. Nuestras lecturas de hoy nos han señalado con más detalle en qué estamos equivocados. Nuestras actitudes no son las de Dios, sino del mundo, marcado por el pecado, el mal y la muerte. Si Dios es amor, es obvio que va a actuar de acuedo con lo que es el amor, como vemos en el caso del padre del hijo pródigo. Incluso lo que humanamente nos parece razonable, como sería dejar perderse la oveja extraviada, o dejar perderse una moneda que aparentemente no tiene valor, está equivocado porque no corresponde a la lógica de Dios, que ama infinitamente a cada uno por más mal que haya hecho. No seamos, pues, seguidores de Pelagio que pensaba, como hemos visto que cada uno puede salvarse, sino más bien convenzámonos de lo que dice San Pablo, que Jesucristo se compadeció de él y y sólo se compadecerá de nosotros si reconocemos la verdad de nuestra vida, que todos somos pecadores, no sólo los delincuente so los terroristas. Si San Pablo y todos los santos se consideraban grandes pecadores, ¿cómo es que nosotros podemos llegar a considerarnos carentes de pecado? Alguno ha dicho que hay dos categorías de personas, los santos que se consideran pecadores y los pecadores que se consideran santos. Dios quiera que nos nos enceguemos nosotros y nos pongamos entre las filas de los primeros.  

sábado, 3 de septiembre de 2016

¿Un Cristo cruel?

HOMILÍA PARA EL DOMINGO XXIII DURANTE EL AÑO, 4 DE SEPTIEMBRE DE 2016.
(Lc 14, 25, 33).

El pasaje evangélico que nos toca este domingo nos presenta a Jesús seguido por una gran muchedumbre. Cualquiera que tiene cierta edad, tanto en España como en muchos otros países, puede constatar que comparado con hace cuatro o cinco décadas, las iglesias se van vaciando cada vez más. En mi país, Irlanda, hace 50 años, casi todo mundo "iba a Misa", unos 98%. Los pocos que no iban eran mayormente enfermos. Todo eso ha cambiado y ahora ni va un tercio de los que profesar la fe católica. En España la cosa está semejante o peor. Aquí se puede calcular que participa un 3% de los bautizados a la misa dominical y mayormente mujeres de la Tercera Edad. A nosotros sacerdotes nos gusta ver las Iglesias llenas, poder celebrar misas en las que participan vivamente los fieles cantando con gozo y alegría, pero eso ya casi no se da. Los padres no traen a los hijos a la iglesia, y luego de haber recibido la Primera Comunión, los niños desaparecen de la parroquia y muchos ni quieren la Confirmación. El número de matrimonios católicos está disminuyendo. Algunos celebran una boda civil en el Ayuntamiento, o simplemente conviven en un concubinato. Todo esto nos parece mal, y nosotros los sacerdotes y también los pocos que nos quedan de colaboradores o agentes de pastoral lamentan esta situación.

En este sentido, deseo recordar un texto del entonces Profesor Joseph Ratzinger, posteriomente el Papa Benedicto XVI, acerca del futuro de la Iglesia. Se trata un texto fue formaba parte de una serie de charlas que dio en la radio en Alemania en el año 1968, que posteriomente fueron recogidos como libro llamado Fe y Futuro. De la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que sólo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros. Ciertamente conocerá también nuevas formas ministeriales y ordenará sacerdotes a cristianos probados que sigan ejerciendo su profesión: en muchas comunidades más pequeñas y en grupos sociales homogéneos la pastoral se ejercerá normalmente de este modo. Junto a estas formas seguirá siendo indispensable el sacerdote dedicado por entero al ejercicio del ministerio como hasta ahora. 

¿Qué reacción tenía Jesús ante la gran muchedumbre que lo seguía? ¿Tenía la misma actitud que nosotros que nos gustan tanto los números? Se podría decir que Jesús no era experto en la mercadotecnia, es decir, no actuaba como los que hacen la publicidad sobre los productos o los polìticos que piden el voto, más bien manfiestaba claramente y sin ningún desparpajo lo que implicaba ser discípulo suyo. No solamente en esta ocasión sino en otras, Jesús no quería seguidores superficiles. En la época, existía una gran expectación acerca de la posible llegada del Mesías, visto como un libertador de Israel, que fuera a expulsar a los odiados romanos y estableciera el Reino de Dios, entendido como resultado de una campaña política y militar como lo que hizo el Rey David, un milenio antes.

Jesús le pone a la gente que lo quiere seguir unas exigencias realmente extraordinarias que pudieran parecer crueles e inhumanas. Haciendo una traducción literal de lo que presenta San Lucas en su evangelio, Jesús dice: "El que viene a mí y no es capaz de odiar a su padre, su madre, a sus hijos , a sus hermanos y hermanas, y su propia vida, no puede ser mi discípulo"  Aquí he hecho una traducción literal del texto de San Lucas y utiliza el verbo misei que signfica odia. Claro, las traducciones oficiales dan un paso más y explican que se trata de preferir a sus familiares más cercanos que al mismo Jesús, pero el verbo que utiliza San Lucas es odiar, que ciertamente tenemos que entender en el sentido que dice nuestra traducción litúrgica. En todo caso, resalta la radicalidad de lo que dice Jesús. Nadie, ni antes ni después de Èl, pudo exigir un compromiso tan radical de los que deseaban seguirlo, prescisamente por ser quien es, el Hijo mismo de Dios, segunda persona de la Santísima Triniadad hecho uno de nosotros y que tiene una autoridad como la de ningún otro. Ciertamente, los lazos de afecto familiar son importantes y se nota esto en muchos pasajes de la Biblia, pero no se comparan con lo que se exige de un verdadero discípulo de Jesús.

Jesús procede diciendo: El qew no toma su cruz y me sigue no puede ser mi discípulo". Para los contemporáneos de Jesús, el concepto la imagen de la cruz provocaba horror. Debido a que parte de efecto de la tortura que era la cruz era su exhibición pública, ellos sabían perfectamente lo que eso signficaba, el dolor tremendo, y la desesperación y la muerte lenta y angustiosa. Jesús estaba de camino hacia Jerusalén y sabía perfectamente que iba a acabar ajusticiado por los romanos en la cruz. Se piensa que todos los apóstoles, con la excepción de Juan, fueron mártires. Sabemos que en el siglo XX hubo más mártires por la fe cristiana que en todos los siglos anteriores de la historia de la Iglesia. No ha cambiado en el siglo XX, sosbre todo con el surgimiento con fuerza del Islam en todo el mundo que está matando, incluso crucificando y degollando a cristianos. Llevar la cruz detrás de Jesús no es solamente de los que son llamados a dar el testimonio supremo del martirio. Implica que el cumplimiento del mandamiento fundamental que nos entregó Jesús de amar a Dios con todo el corazón, con toda el alma, con todas las fuerzas y  al prójimo como a nostros mismos exige de cada uno mucho sacrifico y dolor. Tambien el amor necesariamente no ha de hacer vulnerables ante el dolor de otros y a practicar la caridad cristiana, que es lo opuesto de indiferentismo, del egoismo y demás vicios que nos son tan comunes.

A continuación, Jesús cuenta dos parábolas que tienden a ilustar el mismo punto, es decir, la necesidad de reflexionar bien antes de asumir un compromiso tan serio com el del seguimiento de Jesús. En primer lugar menciona a un señor que desea construir una torre y se sienta para calcular si va a tener con qué terminarlo, para no quedar mal ante los vecinos. En el otro caso, se trata de un general de ejército que con 10,000 soldados, tiene que caluclar si puede enfrentar a otro que le viene en contra con 20,000. Si no, entonces pedirá condiciones de paz. Jesús quiere que reflexionemos bien antes de asumir el compromiso del seguimiento de Èl que es la vida cristiana.

¿Y en el caso de la mayoría de nosotros que hemos nacido en un ambiente católico y nuestros padres no levar a la Iglesia a ser bautizados en las primeras semanas de nuestra vida, que es lo que recomiend el Código de Derecho Canónico. En un ambiente más cristiano, de cultura cristiana, en lo que se denomina la Cristiandad, que ya no existe, esto funcinaba, pero ya no, como he señalado arriba. Uno no nace cristiano, sino se hace. Se trata de una opción personal y bien pensada. Ciertamente el ambiente familiar y social, la petenencia a una comunidad caristiana, sea parroquial u otra relacinada tiene una gran importancia y se de desear. Lo que ha pasado en las úlitmas décadas es que se ha ido debilitando las comunidades parroquiales y otras. Los padres que llevan a sus hijos a la parroquia para ser bautizados, pese a escuchar unas charlas, que ciertamente son manifiestamente insuficientes, no puden o no quieren asumir el compromiso que han asumido al responder, con el apoyo de los padrinos, el compromiso de educar al niño en la fe. Dado que los padres son los que prinicpalmente influyen en la vida del niño, y si la fue no cuenta en sus vidas, difícilmente se remediará tal situación, aunque tuvieramos unas catequistas estrella. Si los padres no acuden a la Misa, ni entran en la Iglesia más que dos o tres veces al año, en la ocasión de alguna boda o entierro, no se puede esperar que los niños vayan a seguir viniendo una vez pasada la fiesta y ocasión social que ha sido la Primera Comunión. Idealmente, se la fe se vive en la familia y existe una comunidad parroquial realmente creyente, amén de otros grupos o movimientos, el joven católico, por ejemplo, al ser confirmado en la adolescencia asume personalmente el compromiso de seguir a Jesucristo y ser miembro vivo de su cuerpo que es la Iglesia, y se va conviertiendo en un cristiano maduro y activo. Lamentablemente, este caso es hoy en día la excepción.  Pareciera, según nuestro pasaje evangélico, que Jesucristo no quiere este tipo de seguidor desde lejos, que acude a Èl un par de veces al año y el resto se olvida completamente de la fe. La fe, siendo como un músculo, si no se ejercita se va debilitando hasta que al final desaparece. Una generacion se convierte en "no practicante" e inevitablemnte la siguiente se hace indiferente a la religión y busca un sustituto al que rinde culto. Tales sustitos sueles ser el fúbol y otro deportes, el culto al cuerpo que lleva a mucha gente a la gimnasia y sacrificarse para tener un cuerpo esbelto, el dinero y lo que puede comprar, el culto al medio ambiente que se podría llamar la ·ecoreligión", el poder, aunque el que lo quiere ejercer lo hace sobre su familia o sus empleados si es empresario o comerciante etc. Si el hombre no rinde culto al verdadero Dios, como lo enseña Jesucristo, pronto encontrará un ídolo, un falso Dios para converitlo en la gran preocupación de su vida.

Por lo tanto, ¿Jesús es cruel? Así como no es cruel el entrenador de deportes que exige muchísmo esfuerzo y compromiso de sus pupilos, largas horas de ejercicios, de correr, del aprendizaje de las reglas del deporte en cuestión etc,, sino un buen entrenador, tampoco Jesús es cruel ni pide más de lo que podemos dar. Al contrario, nos da la gracia, la fuerza para poder seguirlo. Obviamente, es muy importante la comunidad, no sólo porque la misma naturaleza exige una vivencia familiar y comunitaria, sino también porque unos ayudan y estimulan a otros. Esto sucede en grupos de apoyo como son Alcohólicos Anónnimos. Nadie puede superar solo una adicción como el del alcohol, de la droga, del sexo, del juego y tantos otros. Recordemos que la palabra salvación es la misma que sanación en latín. Todos nacimos con una enfermedad espiritual, con unas tendencias que nos llevan a hacer el mal, lo que la teología llama del Dogma del `Pecado Original y la concupiscencia, y está claro que nada de esto podemos superar sólo. Por esto Jesús se ha quedado en su Iglesia, que es su Cuerpo y su Esposa. También por esto, entre otras razones, es tan importante la Eucaristía, que San Ignacio de Antioquia, mártir en Roma en el año 107, decía que la Eucaristía es "fármaco para la inmortalidad". Acojamos la invitación de Jesús hoy de reflexionar seriamente y no seamos como el señor que se pudo a constuir la torre sin tener con que´temrinarlo.


sábado, 27 de agosto de 2016

LA HUMILDAD

XXII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO, 28 DE AGOSTO 2014

Es difícil, por no decir imposible, exagerar la importancia de la humildad para nuestra vida cristiana. San Agustín afirma: "Primero, la humildad;segundo, la humildad; tercero, la humildad; y cuantas veces me preguntes, otras tantas te diré lo mismo. No es que falten otros que se llaman preceptos; pero si la humildad no precede, acompaña y sigue todas nuestras buenas acciones, para que miremos a ella cuando se nos propone, nos unamos a ella cuando se nos aproxima y nos dejemos subyugar por ella cuando se nos impone, el orgullo nos lo arrebatará todo de las manos cuando nos estemos ya felicitando por una buena acción. Porque los otros vicios son temibles en el pecado, mas el orgullo es también temible en las mismas obras buenas. Pueden perderse por el apetito de alabanza las empresas que saludablemente ejecutamos. Si me preguntas, y cuantas veces me preguntes, acerca de los preceptos de la religión cristiana,me gustaría descargarme siempre en la humildad, aunque la necesidad me obligue a decir otras cosas" (Carta 118, 22).

¿Y por qué tiene la humildad tanta importancia en la vida cristiana? Santo Tomás de Aquino afirma que la humildad es la verdad, y Santa Teresa de Jesús coinicde con él cuando dice que "la humildad es andar en la verdad". ¿Entonces, cuál es la verdad a la que se refieren estos y tantos otros santos? Se trata de la realidad de nuestra vida, que somos criaturas de Dios, de Él venimos y no podemos alcanzar la felicidad que anhelamos si no reconocemos la verdad fundamental que somos de Dios, que venimos de Él y sin Ël nada podemos". Lo dice Jesús en la Ültima Cena, "sin mí no podéis hacer nada". En realidad, si Dios no sostuviera el universo y cada uno de nosotros, caeríamos en la nada. Todos lo santos y maestros de vida espiritual están convencidos de que la humildad coniste en primer lugar en conocernos a nosotros mismos, y por ello, en primer lugar, nuestra condición de criaturas dependientes de Dios en todo.

En día de Miércoles de Cenizas cuando el sacerdote nos impone la ceniza con la señal de la cruz, dice "acuérdate de que eres polvo y en polvo vas a volver". En latín, la palabra humildad proviene de humus que significa tierra, o barro. Que vamos a volver a ser polvo, lo sabemos, pero no queremos recordar esta verdad porque no coincide con nuestros sueños de grandeza. El poeta inglés del siglo XVII expresa muy bien nuestra fragilidad y la inutilidad de nuestros sueños de grandeza:

Las glorias de nuestra sange y estado
Son sombras, no cosas substanciales
No hay armadura contra el destino
La muerte pone sus manos heladas sobre los reyes
El esceptro y la corona tendrán que caerse
Y ser igualados a la pobre torcida guadaña y espada.

El poema se titula La muerte el nivelador.

No es poco común oir a políticos y gente famosa en general referirse a la humildad en el contexto de que ellos la están practicando. Sin embargo, la humildad, como el rocío de la madrugada, desaparece una vez que su supuesto practicante hace alarde de ella.

Veamos lo que dice Jesús en nuestra página evangélica de hoy. Es invitado a un almuerzo por una persona de prestigio en un pueblo en el día de fiesta, un fariseo, el sábado, Estando allí Jesús observa el comportamiento de varios de los convidados y aprovecha para contar dos parábolas con una clara lección sobre la verdadera humildad. Un señor llega y se coloca en un lugar destacado. Llega otro de más honor y al primero le inivta el anfitreón que ceda el puesto al otro, y tiene que ir al último lugar y sentirse humillado. No es que Jesús favorezca la humillación de nadie, pero es lo que sucede al que se deja guiar por un ego desporporcionado. Su egoísmo y su falso concepto de la propia importancia lo traicionan. Por el contrario, el que es humilde y modesto se coloca en el último puesto, y es honrado porque el anfitreón lo invita a ocupar un puesto de mayor honor. El problema de este personaje que quiere promocionarse a toda costa es un ego sobredimensionado. SE ha dejado guar por este ego. En vez de acudir al almuerzo con la intención de practicar la amistad, de gozar de la presencia y conversación de amigos, de escuhcar a los demás para ir aprendiendo cosas provechosas de ellos, se preocupa por satisfacer el ego. El ego lo lleva a preocuparse constantemente para ganar la atención de otros, sobre todo la gente importante y famosa.

El ego nos lleva a muchas malas jugadas. Queremos ser los primeros en todo, que los demás se fijen en nosotros, nos sentimos ofendidos por muchas cosas cuando el otro no tenían ninguna intención de ofendernos. El ego nos lleva a tener una visión distorsionada de la realidad. Tenemos que ganar a toda costa. No sólo en los deportes, sino en todos los aspectos de la vida, debemos de aprender a ser buenos perdedores. En las olimpiadas recientes un francés que esperaba alcanzar la medalla de oro, perdió en contra de un brazileño. Echó la culpa al auditorio, pues según él lo abuchearon y no logró concentrarse y así perdió. Además, expresó desprecio en contra de los brazileños. El ego nos lleva a querer tener siempre la razón. Si consideramos que tenemos la razón en alguna discusión y que el otro está equivocado, si somos humildes, no insistiremos. Dejaremos pasar el punto, que en todo caso no es de gran importancia. ¿Por qué tenemos que sentirnos superiores a otros? Puede ser que en algún aspecto hemos alcanzado un prestigio o conocimientos más grandes que otros, pero si somos humildes y reocnocemos la verdad, nos daremos cuenta del hecho de que en muchos aspectos de la vida, por no decir casi todos, nos ganan otros en ciencia, sabiduría y experiencia. El ego también quiere tener más, aparentar rico y de buen gusto, pero "¿Que aprovecha al hombre ganar todo el mundo se pierde su vida? Nuestro ego nos lleva a querer alcanzar la fama, pero si somos sensatos, sabemos que la fama no perdura, es sumamente pasajera.

En su segunda parábola, Jesús propone otra solución para alcanzar la humildad: si uno da un banquete, invitar a los pobres, cojos,y lisiados, de manera que no se pueda esperar que nos devuelvan la invitación. La caridad, que es la reina de todas las virtudes, no se pude practicar sin la humildad. El que entrega a otro algún bien porque reconoce que es una persona necesitada y no va a poder darle nada o devolver el favor, practica la verdadera caridad y no una falsa humildad. No es poco común que algunos políticos manipulen a la gente pobre haciéndoles algún bien o servicio, cuando lo que quieren es que luego les voten, es decir, comprarles el voto. Es una verdadera manipulación y ciertamente reprobable. "Andar en la verdad" en lo que consiste la humildad nos exige respetar la dignidad de cada persona como criatura de Dios hecha a su imagen y semejanza (Gen 1,26) y no manipularlo para fines ulteriores.

Si Dios escogió a la Sma. Virgen María como Madre de su Hijo, y era una persona de procedencia humilde, es una señal de la importancia que da a la humildad. Si en palabras de San Pablo, "Jesucristo no hizo alarde de su condición divina, sino se rebajó a sí mismo, haciéndose como uno cualquiera" y luego Dios lo enalteció haciéndolo Señor, ante el cual toda criatura se arrodillaría, es clara señal de la importancia fundamental de la humildad. El misterio de la encarnación del Hijo de Dios y de su entrega redentora en la cruz es prueba de la importancia de la humildad para nosotros. Por lo tanto, hagamos un gran esfuerzo por no alimentar nuestro falso ego, con deseos vanos sino más bien andemos en la verdad y la realidad de nuestra situación de ser no sólo criaturas de Dios sino pecadores que no merecemos la misericordia que Dios libre y amorosamente nos ofrece.






sábado, 20 de agosto de 2016

¿SON MUCHOS LOS QUE SE SALVAN?

DOMINGO XXI DURANTE EL AÑO, CICLO C, 21 DE AGOSTO DE 2016.

He puesto como título "¿Son muchos los que se salvan? porque es la pregunta que alguno le hizo a Jesús en nuestro pasaje evengélico de hoy. Jesús no responde a la pregunta sino más bien da una advertencia que todos debemos tomar en serio. De hecho, no es un tema nuevo. Ya en el siglo III, el gran Orígenes de Alejandría , el más grande de los Padres de la Iglesia de lengua griega, llegó a pensar que al final todos se salvarían, incluso los demonios, y se vaciará el infierno. Esta teoría se llama la Restauración Universal, y otros Padres como San Gregorio de Nisa la seguían en el siglo IV, pero no fue aceptado por la Iglesia. Otros grandes doctores de la Iglesia como San Agustín y Santo Tomás de Aquino pensaban que más bien pocos se salvarían. Hasta los años 70 del siglo pasado era común la convicción de que la slavación no era fácil de alcanzar, que debido a los muchos pecados que cometemos, sobre todo se ponía énfasis en los pecados contra el sexto mandamiento, y más bien pocos se salvarían. Los católicos se confesaban con frecuencia, ayunaban en tiempo de Cuaresma y practicaban la abstinencia de la carne los viernes, rezaban muchos rosarios, y salían en procesiones y peregrinaciones. Existía la devoción al Sagrado Corazón de los 9 primeros viernes del mes, seguiendo las revelaciones privadas dadas a Santa María María de Alacoque. Había grandes misiones populares en las parroquias que recalcaban la necesidad de la conversión, del arrepentimiento del pecado y el verdadero peligro de acabar en el infierno. Todo eso ha acabado, y ahora muchos católicos piensan que todos se salvarán. Están tan convencidos de la misericordia de Dios que al parecer piensan que Dios va a acoger a todos en el cielo, sin que siquiera se arrepienten de sus pecados ni se confiesen. Ahora, cuando una persona ha fallecido, comúnmnete se dice que "está en el cielo". Sin embargo, la Iglesia sólo declara beatos y santos a unos cuantos después de unos procesos sumamente rigorosas y con pruebas basadas en milagros, además de testimonios exhaustivos de la práctica de la virtu heroica de parte del candidato a la santidad. ¿Entonces, quiénes tienen la razón? ¿Los de antes que consideraban que más bien pocos se salvan o que todos se salvan?

En primer lugar, Jesús no da cifras ni porcentajes, pero no deja pasar la oportunidad sin dar una importante advertencia: "Esforzaos por entrar por la puerta estrecha, porque os digo  muchos intentarán entrar y no podrán". Por lo tanto, tendríamos que descartar la teoría del infierno vacío, que todos se salvan. En fin, si todos fueran a salvarse sin arrepentirse de sus pecados, sin un esfuerzo serio y constante para vivir según la Ley de Dios y la práctica de la virtud, la misma misión de Jesus, su venida a este mundo, su muerte dolorosa en la cruz y su resurrección a la vida nueve serían supérfluas y no tendrían sentido. Por otro lado, a Dios le daría lo mismo que fueramos grandes asesinos, adúlteros, estafadores etc.,  lo cual es absurdo.

¿Qué quiere decir Jesús con el concepto de la "puerta estrecha". Creo que tiene en cuenta el realismo expresado en toda la Biblia acerca del hecho de que el hombre tiene la tendencia a pecar, que es más fácil pecar que no pecar, debido a las consecuencias del pecado original, que según el catecismo antiguo que yo aprendí de niño "nuestra entendimiento es oscurecido, nuestra voluntad es debilitada y nuestras pasiones nos inclinan al mal", lo que los teólogos y el Concilio de Trento llaman la concupiscencia. Se trata de la dificultad de integrar las fuerzas instintivas bajo el dominio de la voluntad ilumnada por la razón y la fe. De ello habla San Pablo cuando dice "No hago el bien que quiero sino hago el mal que no quiero" (cfr. Rom 7,14-24). En resumidas cuentas, la salvación no es fácil de alcanzar porque encontramos dentro de nosotros mucha resistencia al bien y facilidad en hacer el mal. San Pablo en varias ocasiones hace una lista de los pecados que son ejemplo de esta tendencia de nuestra naturaleza caída al pecado: fornicación, impureza, libertinaje, idolatría,hechicería, odios, discordia, celos, iras, rencillas, divisiones, disensiones, enviadias, embriagueces, orgías y cosas semejantes... los que hacen tales cosas no heredarán el Reino de Dios"" (Gal 6, 18-22). También dice: "Trabajad con temor y temblor para vuestra salvación" (Fil 2,12). Por lo tanto, la salvación, alcanzar la vida eterna o el cielo no es fácil y nos exige un gran esfuerzo.

En la parte que sigue de nuestro pasaje evengélico de hoy encontramos otras indicaciones acera de cómo debemos y cómo no debemos actuar para alcanzar la salvación. Pone la similitud o parábola de un padrón que cierra la puerta. Será la puerta de un banquete como se nota en el pasaje correspondiente de San Mateo que trata de las vírgenes prudentes y las necias (25,10-1). Jesús dice cuando se cierra la puerta e insisten los que han comido y bebido con Él, los que lo han escuchado en sus plazas protestan, Èl les dirá "No sé de donde sois". ¿Qué signfiica todo eso? En otra ocasión, dijo Jesús, "No el que dice Señor, Señor, sino el que cumple la voluntad de mi Padre que está en el cielo entrará en el Reino de los Cielos" (Mt 7,21). No basta dedicarse solamente  a la oración, incluso participar en la misa dominical y la misa diaria, salir en procesiones y otras devociones para alcanzar la vida eterna. Aunque hay que hacer estas cosas, hay que practicar las virtudes que en ellas nos enseñan la Palabra de Dios y el ejemplo de Jesús. En la Eucarístía, dice Jesús "Hacen esto en memoria mía", Esto no solamente signfica que nos manda repetir un rito, sin que que toda nuestra vida se conforme al modelo que él nos dejó, de amor, de entrega al bien de los demás, de perdón, de misericordia. En la parabola del juicio final en el Evangelio de San Mateo 25,31-46, el criterio de juicio no lo constituye las largas y repetidas oraciones sino haber socorrido a los "más pequeños" en sus grandes necesidades: "Tuve hambre y me distéis a comer; tuve sed y me distéis a beber...." No es que esto excluya la oración y la participación en la misa, sin más bien estas prácticas, si no nos llevan a vivir la caridad, la justicia y la misericordia no cumplen su función de ayudarnos a seguir a Jesús.

Para concluir quiero citar los siguintes versículos del pasaje a los Gálatas ya citada para indicar que nuestra oración, nuestra participación en la misa y demás devociones han de llevarno a practicar la virtud: "En cambio, el fruto del Espíritu es amor, alegría, paz, paciencia, afabilidad, baondad, fidelidad, mansedrumbre templanza; contra tales cosas no hay ley. Pues, los que son de Cristo Jesús han crucificaado  la carne con sus pasiones y sus aptentencias" (5, 23-24). Podemos deducir, pues que no es fácil entrar en el Reino de Dios o en el cielo, y por lo tanto es probable que no pocos no llegan porque no ponen el esfuerzo necesario.  










sábado, 13 de agosto de 2016

PALABRAS QUE QUEMAN.

HOMILÍA DEL XX DOMINGO DE TIEMPO DURANTE EL AÑO, 14 DE AGOSTO 2016, CICLO C. 

              Este domingo nos ha tocado escuchar un pasaje del Profeta Jeremías. A Jeremías le toco vivir y ejercer su ministerio profético en la época más dramática y dolorosa de la historia de Israel, es decir, antes y después de la destrucción de Jerusalén y del Templo de parte del Rey de Babilonia, Nabucodonosor en el año 586 a. C. El primer capítulo del libro relata la vocación profética de Jeremías, cuando era muy joven, “un muchacho”. Dios le dice que antes de formarse en el seno materno, Dios lo había escogido como profeta. El concepto de profeta se expresa con varias palabras en la Biblia, pero la palabra profeta proviene del griego y significa hablar de parte de Dios delante del pueblo. Dios le dice: “No tengas miedo, que contigo estoy yo para salvarte -oráculo del Señor-. Dios le tocó la boca y le dijo: “Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para recconstuir y plantar”. (Jer 1,4ss). La vocación de Jeremías era durísima. Se puso a proclamar lo que Dios le comunicaba, es decir, que iba a venir un castigo tremendo de parte de Dios por todos los pecados de su pueblo, que el agente que Dios había escogido para tal castigo era precisamente el Rey Naboconodosor, que iba conquistando y sometiendo a todos los pequeños reinos de la zona. Jeremías les decía que tenían que entregarse a Naboconodosor, y por ellos lo declararon traidor a la patria. Conviene leer todo el libro de Jeremías, que no es fácil, para descubrir la dureza de la misión que le tocó y sobre todo los pasajes que se denominan Confesiones de Jeremías en las que manifiesta a Dios lo que siente ante el total rechazo de su mensaje. Las autoridades ponían su confianza en el hecho de que Dios había prometido a David a través del profeta Natán que la dinastía davídica iba a perdurar. Esta promesa la tomaban como cheque en blanco y no se convertían de sus malos caminos. Además, había unos falsos profetas que profetizaba paz. Todos se echaron en contra de Jeremías. La figura de Jeremías, que en tiempos de Jesús fue muy apeciada, prefigura la de Jesús. Al final, algonos de los exiliados le obligaron a ir con a ellos a Egipto. Para cuaalquier profeta, volver a Egipto era algo impensable, así como deshacer todo lo que había hecho Dios al sacar a su pueblo de Egipto. Se dice que murió asesinado en Egipto, pero no hay seguridad sobre esto.

              Nuestro pasaje de hoy está tomada de la parte final del libro cuando estaba bajo asedio la ciudad de Jerusalén de parte de las tropas babilónicas. El Rey Sedecías era un personaje débil, y aunque apeciaba a Jeremías, no se atrevía a eviitar que lo metieran en una cisterna. El mensaje es claro. El profeta que anuncia lo que Dios le manda acaba mal. Se le echa encima todo el mundo. Le hacen violencia. Si nos colocamos en las circunsancias del momento, desde el punto de vista humana, la pedicación de Jeremías se ve como fuente de desaliento para los soldados que defendían las murallas y para el pueblo, porque Jeremías les pedía que se entregaran al Rey de Babilonia para poder salvar sus vidas, para que no se destruyera la ciudad y el Templo. y que Dios los castigaba de esta manera. Las infidelidades de los reyes y grandes del pueblo eran verdaderamente notables. Debido que Judá era un reino pequeño a merced de las grandes potencias del momento, se veía obligado no sólo a pagar tributo a ellos, sino incluso mportar los dioses de aquellos imperios y colocarlos en el mismo templo del Señor, que para los profetas era una barbaridad. En aquella época, si un pueblo dominaba a otro, lo interpretaban como una victoria del dios del pueblo vencedor en contra del dios del pueblo vencido. Esta situación también provocaba una crisis de fe para los hebreos, porque no comprendían cómo pudieron aqueelos imperios con sus dioses falsos someterlos a ellos que luchaban por Yahvé el verdadero Dios que todo lo había creado. Los profetas explicaban que Dios utilizaba a los asirios y babilónicos como instrumentos para castigar a su pueblo por sus pecados.

              Pasemos al evangelio que nos toca hoy. Puede que a algunos les resulte chocante que Jesús pronuncie palabras como “Yo he venido a traer fuego a la tierra y !cómo me siento anhelante hasta que se encienda”. Y “no he venido a traer paz sobre la tierra, sino división”. ¿No que Jesús vino como Príncipe de Paz? ¿Cómo se explican estas palabras de Jesús? Ser cristiano no es una receta para la tranquilidad, para una vida burguesa ni para acomodarnos con los valores dominantes en un mundo que se va a pique debido al cúmulo de males que acepta como normales. Ahora se nota cómo se está aprovechando las Olimpiadas para dar más pasos hacia la normalización de la homosexualidad y lo que se llam LGBT (la ideología de género y lo que se llama transexualidad). Jesús dice que las puertas del infierno no prevalecerán en conta de la Iglesia. Esto implica que la Iglesia es como un ejército en orden de batalla y sitiando la ciudad de Satánas. En lo sitios a las ciudades antiguas, como es obvio, las puertas eran la parte más débil de la ciudad para los defensores y más ventajosa para los asediadores. La imagen implica que la Iglesia sí va a prevalecer, aunque hoy en día parece que ya ha vencido la revolución sexual, la revolución gay, la normalización del aborto convertido ya en derecho, derecho de matar y tirar a la basura al ser humano más indefenso. Jesús en otro pasaje afirma: “El que no está conmigo, está contra mí”

              En los medios de comunicación escuchamos noticias sobre terroristas yihadistas que “se radicalizaron”. La palabra radical proviene de radix en latín que signfiica raíz. Es lo contrario de superficial que obviamente signfica estar a la superficie, a raz de tierra. Sabemos que los grandes árboles tiene raíces profundas. ¿Jesús es radical? Ciertamente lo es y todo el evangelio indica que pide a sus seguidores un compromiso no superficial sin radical, es decir, que vay a lo más hondo de nuestro ser y nos transforme. En los tiempos que corren, no vale ser cristiano más o menos. Parece que la gran mayoría de los que se dicen católicos en España, en mi país también, Irlanda, se dicen “no practicantes”. ¿Acaso Jesús salió por los caminos de Galilea y Judea a buscar a gente que fuera “no practicante”, es decir, que no tomarían en serio lo que les proponía? Siempre tienen alguna excusa para justifiicar o racionalizar su falta de seriedad. Hoy en día la gente le da una importancia enorme a la salud. El que no va al gimnasio, va a correr o al menos caminar por allí. Lee artículos y escucha reportajes sobre la salud en la radio y la televisión y acude al médico para que le mande a hacer análisis de sangre. Todo eso eso bueno, si no sale de lo razonable. Nadie me ha dicho nunca que es “no practicante en cuanto a la salud”. Claro, no se necesita ser científico de los que mandan los cohetes al espacio para saber que si uno de acude al médico cuando siente algún síntoma, puede que en no mucho tiempo se muera. La diferencia con la salud espiritual es que las consecuencias no se ven tan cercanas y urgentes. Si no seguimos lo que Dios nos manda en el Decálogo, lo que la Iglesia nos enseña, si no acudimos a la Misa, eso tendrá sus efectos negativos en nuestra vida, pero igual no nos damos cuenta. Seremos más viciosos, menos tolerantes y pacientes con los demás, menos honrados, y no formaremos nuestra conciencia de acuerdo con la Palabra de Dios y la doctrina de la Iglesia.

              En cuanto al fuego, en estos días escuchamos en las noticias sobre incendios boscales en diversas partes de España y en otros países. Sabemos que los bosques se reconstituyen después de los incendios, aunque el proceso es lento. También los encargados de las áreas boscales provocan de forma ordenada incendios contorlados para eliminar abrojos y otra vegetación que pudiera dar pie a la extensión del incendio cuando ocurre. Hacen zanjas libres de vegetación. Si la palabra de Jesús es fuego traído del cielo para purificar a la humanidad, pues hay mucho que quemar. ¿Qué encuentra Jesús en nuestro mundo? Encontrar un mundo lleno de egoismo, de violencia, venganza y todo tipo de injusticia, la búsqueda del poder, del placer, del dios dinero y una larga lista de males? Debería de parecernos obvio que la eliminación de tanto mal y vicio requiera unos remedios radicales? Además, en la Biblia el fuego simboliza al Espíritu Santo y el amor. Tiene que quemar, pues toda esa inmensa masa de desperdicios que el hombre ha ido acumulando en su vida y en el mundo entero. Preguntèmonos, ¿por qué Dios considieraba necesario que su Hijo tuviera que llegar al extremo de morir en la cruz, de padecer tantos dolores físicos, malso tratos, la traición y el abandono de sus mismos seguidores etc? ¿No podia haver encontrado un modo más “razonable” para salvarnos? Parece que no, porque a grandes males, grandes remedios.

              Como todos tenemos en parte al menos el mal del mundo dentro de nosotros, Jesús preveía con gran certeza la división dentro de las mismas familias y comunidades que su mensjae iba a provocar. Desde el inicio, los seguidores de Jesús han sido perseguidos. Veamos el ejemplo de San Pablo. En prácticamente todas las ciudades que visitaba, iba a la sinagoga porque en primer lugar tenía que presentar la Buena Nueva del Evangelio a los miembros del Pueblo de Dios, elegido desde Abrahán. Normalmente, lo rechaban, a veces luego de muchas horas de discusiones en las que él intentaba convencerles basándose en los profetas. Luego, iba con los paganos, y al final con mucha fecuencia acbaban agediéndole, dándole palizas o apedreándole y a veces dejándolo por muerto hasta que llegaba sus amigos a llevar y curarlo. En cambio, hoy en dia , como decía un Obispo Anglicano, cuando él predica le ofrecen té. Si el mensaje de Jesús no provoca rechazo, es que no se ha presentado de verdad.

                            Creo que el mensaje de nuestras lecturas de hoy nos inivita a pensar que la opción por seguir a Jesús es algo muy serio, que no es un hobby, un pasatiempo al que dedicamos un cierto porcentaje de nuestro tiempo. La imagen del fuelgo indica también dolor. Si tenemos que llegar a quemar mucho desperdicio, abrojo en nuestra vida y hemos llegado a acostumbrarnos a este tipo de vida cambiar no es fácil, y por eso duele. Que el ejemplode la fidelidad hasta el final del Profeta Jeremías como el testimonio de Jesus hasta el extremo de la cruz nos muevan a no ser meros espectadores en este drama de la rendención, la salvación eterna, sino protagonistas activos. Ni Dios nos puede salvar si no colaboramos con su gracia.


domingo, 7 de agosto de 2016

LA FE:, LA ARMADURA DE DIOS (EFESIOS 6,10)

HOMILÍA, DOMINGO XIX DURANTE EL AÑO, CILCO C, 7 DE AGOSTO DE 2016.

San Pablo invita a sus lectores de su Carta a los Cristianos de Éfeso a vesitrse con la armadura de Dios. Hoy en día sabemos que los funcionarios policiales entre otros, sobre todo cuando les toca realizar intervenciones peligrosas, suelen llevar una camiseta anti-balas. La armadura antigua servía para evitar ser alcanzado por las flechas y otras armas. Esta idea expresada por San Pablo la repite en varias ocasiones de manera que consideraba la vida cristiana como un combate. Hoy en día todos los  ejércitos de países importantes cuenta con fuerzas especiales, que cuentan con un entrenamiento excepcional y están siempre preparadas para intevervenir en situaciones excepcionales como secuestros y otras acciones violentas, que se dan con cada vez más frecuencia hoy en día. Hay una conciencia muy extendida en las últimas décadas, de manera especial desde que se celebró el Concilio Vaticano II en los años 1962 a 1965, y de manera especiall a partir de la década de los 70 del siglo XX, que hay en la Iglesia una crisis de fe que tiene múltiples manifestaciones. Entre tales manifestaciones de debilitamiento de la fe entre los católicos está por ejemplo, la crisis vocacional en muchas partes de la Iglesia, la caída vertiginosa de la assitencia a misa, de la práctica del sacramento de la penitencia, del rechazo de la doctrina moral de la Iglesia, de manera especial la sexual de parte de un gran porcentaje de los que son católicos bautizados y se consideran católicos. Muchísimos abandonaron la vocación sacerdotal y religiosa. Otros pensaban que asumiendo varias de las tesis del Marxismo iban a poder servir mejor al Pueblo de Dios. El Beato Pablo VI resumía la situación con unas palabras tremendas al afirmar que "el humo de Satanás" había entrado en la Iglesia y tantos males no podían tener otro origen que el mismo demonio:

"Cómo ha ocurrido todo esto? Nos, os confiaremos nuestro pensamiento: ha habido un poder, un poder adverso. Digamos su nombre: él Demonio. Este misterioso ser que está en la propia carta de San Pedro —que estamos comentando— y al que se hace alusión tantas y cuantas veces en el Evangelio —en los labios de Cristo— vuelve la mención de este enemigo del hombre. Creemos en algo preternatural venido al mundo precisamente para perturbar, para sofocar los frutos del Concilio ecuménico y para impedir que la Iglesia prorrumpiera en el himno de júbilo por tener de nuevo plena conciencia de sí misma." Homilía del 29 de junio, Solemnidad de San Pedro y San Pablo, 1972) . 

El Papa no se contenta con un diagnosis sino afirma claramente el remedio, ESTAR FUERTES EN LA FE. 
Nuestro evangelio de hoy nos invita a  estar vigilantes y poner nuestra confianza en la Providencia de Dios. No es que Dios forme parte de nuestro mundo y está allí como el Sr. Arragelotodo cuando dejamos el mundo en mal estado. La intervención de Dios en la historia de los hombres, sobre todo a partir de la vocación de Abraham, y culminando en la vendia de Jesucristo al mundo, es una verdad absolutamente fundamental en toda la Biblia. Dios queire que colaboremos con Èl en la realización de su plan maravilloso sobre la historia entera y sobre cada uno de nosotros. El primer paso en este camino es la fe. Nuestro evangelio también nos inivta a la vigilancia, que es una actitud típica de la esperanza. 

El Papa Benedicto XVI publicó su Carta Encíclica Spe Salvi en el año 2007, y al inicio de su carta afirma: 
 "En efecto, « esperanza » es una palabra central de la fe bíblica, hasta el punto de que en muchos pasajes las palabras « fe » y « esperanza » parecen intercambiables. Así, la Carta a los Hebreos une estrechamente la « plenitud de la fe » (10,22) con la « firme confesión de la esperanza » (10,23)."

Nuestra segunda lectura de hoy de la Carta de los Hebreos nos trae un famoso pasaje sobre la fe y el tesitmono de los grandes personajes de la historia sagrada de Israel como hombres de fe. ¿En qué consiste la fe? Dice que la fe es el fundamento de lo que esperamos y prueba de lo que no se ve. El Papa Benedicto explica la importancia de la fe y la esperanza para el cristiano: " El haber recibido como don una esperanza fiable fue determinante para la conciencia de los primeros cristianos, como se pone de manifiesto también cuando la existencia cristiana se compara con la vida anterior a la fe o con la situación de los seguidores de otras religiones. Pablo recuerda a los Efesios cómo antes de su encuentro con Cristo no tenían en el mundo « ni esperanza ni Dios » (Ef 2,12). La fe, pues es un fundamento sòlido sobre el que se construye la vida del cristiano. Sin embargo, está muy difundida la idea según la cual la fe es infantil, un refugio para los que no se atreven a intentar comprender el mudnocon principios empíricos, o bastados en la ciencia, lo que se puede medir. Los que tienen fe serían unos primitivos que no se atreven a utilizar la inteligencia para encontrar el sentido de la vida. 

¡Es cierto esto? En primer lugar, la ciencia exacta,  como es el caso de la física, tiene que reconocer sus límites. Hay muchas realidades que no se pueden comprender a través del método científica de hipótesis, búsqueda de preubas para intentar probar la hipótesis y establecer una teoría que tendría fundametnos más sólidos. ¿Acaso puede la ciencia explicar el amor, la justicia, la felicidad y otras muchas realidades que no son menores? Además, algunas de lass personas con las mentes más brillantes de la historia de la humanidad eran también hombres  y mujeres de fe: San Agustín, San Buuenaventura, Santa Teresa de Jesús, El Beato Cardenal Newman, G.. Chesterton, y un buen número de científicos como el mismo Galileo y Isaac Newton. ¿Acaso fueron personas sencillas sin inteligencia? 

Santo Tomás de Aquino define la fe como: "”creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia”. Aquí habla de fe divina, no humana. También existe la fe humana sin la cual no se podría vivir. Si no tuvieramos confianza en que el agua que sale del grifo no est envenenada, o que el pan que comemos en el desayuno no esta envenenado, no podrñiamos vivir. Caso contrario, nos mandarían a un psiquiatra con un problema de  paranoia.  Se trata, pues,  de una verdad divina, es decir, revelada por Dios, y por lo tanto presentada por la Iglesia sea en el Credo y en los dogmas. Dentro de pocos minutos, vamos a recitar el Credo, y expresaremos nuestra fe en  las verdades reveladas por Dios de la Trinidad, la Encarnación, muerte y resurrección de Jesús, etc. Los primeros principios, tanto especulativos como prácticos, son evidentes. Nadie puede negar el principio de no contradicción sin caer en un absurdo, o nadie niega que tenemos que hacer el bien y evitar el mal, y ciertos actos como el asesinato etc, que se encuentran prohibidos en el Decálogo son malos y están prohibidos. Nadie puede negar su propia existencia, Son verdades per se (por sí mismas) evidentes. Otras verdades se derivan de estos principios por un proceso lógico. En cambio, las verdades de la fe, como la existencia de la Santísma Trinidad, el hecho de que Jesucristo es el Hijo de Dios Padre y que se hizo hombre, no se puede deducir de la razón, Se necesita que la voluntad mueva la inteligencia a aceptarlas, porque no tiene en sí mismas la necesaria evidencia para que la inteligencia sola las puede asentir. Dios mueve la voluntad por su gracia, es decir, su amor benevolente que busca el bien del hombre. 

La fe no está en pugna con la razón ni la ciencia. Si nos nos ha dado como parte esencial de nuestro ser humano la razón, sin la cual no seríamos seres humanos, parece obvio que quiere que la utlicemos en nuestra vida diaria para orientarnos a buscar la verdad y llegar hasta donde podemos en esta búsqueda. Otro principio que enfatiza Santo Tomás de Aquino es que "la gracia no destruye la naturaleza, sino que la perfeciona". En la práctica, necesitamos esta ayuda de Dios porque como resultado del pecado original y del inmenso cúmulo de  los pecados personales no podemos descubrir siquiera aquella que la razón tiene la capacidad de descubrir. EL pecado nos deja heridos con una inteligencia poco persicas, una voluntad debilitada y nuestros instintos y pasiones muy difíciles de controlar, que nos inclinan más a hacer el mal que el bien (cfr. Rom 7, 13ss). 


Aunque la fe es un don de Dios,  es una virtud, y una virtud es un hábito bueno, pero es una virtud infusa, es decir proviene de Dios juntamente con la gracia que nos hace hijos de Dios y hermanos de Jesús por el bautismo. Una virtud es una disposición permanente que nos dispone a actuar bien en una cierta área de nuestra vida, En el caso de la fe, perfecciona nuestra mente para ayudar a la razón a aceptar lo que Dios nos ha revelado para nuestro bien y nustra salvación. Una virtud nos facilita para realizar cosas difíciles sin grandes esfuerzos. Así el violinista, una vez que ha logrado dominar todo lo que se refiere a tocar el violin, logra tocar obras maravillosas de Mozart con gran perfección pero no sin haber practicado miles y miles de horas. Lo mismo, una gimnasta u otro deportista. En el caso de la fe, la esperanza y la caridad si bien son virtudes infusas, dones gratuitos de Dios, podemos y debemos ejercitarlas para que lleguen a perfeccionar nuestro ser y así cumplamos el proyecto de Dios sobre nosotros y alcancemos la vida eterna. 

¿Còmo podemos practicar la fe y la esperanza? Como nos indica la Carta a los Hebreos y comenta el Papa Benedicto,  la fe acogemos todo lo que Dios nos promete y llegamos a una convicción profunda de su verdad, pero también por la esperanza del hecho de que vamos a alcanzar plenamente lo que Dios promete. En el fondo de su alma, todo mundo quiere conocer la verdad, quiere amar a fondo, alcanzar la paz, la felicidad, pero en realidad no tiene las fuerzas en sí mismo para logararlo. Se trata de un deseo natural que Dios ha metido en neustro mismo ser. Ahora bien, dice Santo Tomás de Aquino, que un deseo natural no puede quedar fustrado. Por eso, decían los medievales que la esperanza tiene como fin "una realidad difícil o ardua de alcanzar, pero posible".  ¿Por qué podemos confiar en que alcanzaremos la vida eterna, el cielo? Porque sabemos por la fe que Dios nos lo ha prometido y Èl no puede engañar ni ser engañado. 

¿Cómo se puede practicar la fe y la esperanza? Las virtudes son como los músculos. Se fortalecen con la práctica. Si reconocemos que en nuestro mundo actual y en la misma Iglesia, hay una crisis de fe, nos urge hacer un esfuerzo en practicar la fe. En primer lugar se hace a través de la oración, y ante todo la Liturgia que tiene su culmen en la Eucaristía o la Santa Misa. La Eucarístá es Mysterium Fidei, como proclamamos al terminar la consagración en la Misa. También la oración personal que es elevar la mente y el corazón a Dios para pedir cosas convenientes, o en palabras de Santa Teresa de Jesús, "una conversación con quien sabemos nos ama". Sabemos que nos ama por la fe y cada vez que profundizamos en esta verdad, vamos aumentando la fe, la esperanza y la caridad. También el esfuerzo por conocer la Palabra de Dios  que está expresada en la Santa Biblia ha de fortalecer nuestra fe, y nuestro conocimiento de Jesucristo, pues San Jerónimo decía "ignorancia de la Escitura es ignorancia de Cristo". 

Si, como ya he señalado, la vida cristiana para San Pablo es un combate y la fe es una de nuestras principales armas, y nuestra armadura, cada día debemos pedir a Dios que nos aumente la fe. Constatamos en el Evangelio que Jesús no pudo hacer milagros si los beneficiarios no manifestaban su fe, su confianza en la persona y el poder que tenía Jesús. La Carta a los Hebreos nos deja el testimonio de los grandes personajes bíblicos que actuaron movidos por la fe, que también esto y el testimonio de los mártires que murieron por la fe, debido al odium fidei, manifestando así que la fe vale más que la vida y nos lleva a la vida eterna. Pidamos al Señor, hoy que aumente nuestra fe cada día y que nos colme de su alegría gracias a la esperanza que no falla "porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que se nos ha dado".