sábado, 12 de noviembre de 2016

PACIENCIA y PERSEVERANCIA JUNTAMENTE CON UNA GRAN CONFIANZA EN EL SEÑOR QUE VIENE

XXXIII DOMING DE TIEMPO ORDINARIO, CICLO C, 13 DE NOVIEMBRE DE 2016.

Estamos en el penúlitmo domingo de nuestro año litúrgico y siguiendo el orden que se encuentra en los tres primeros evangelios, llamados sinópticos, la Iglesia nos presenta parte de lo que se llama el discurso escatólogico de Jesús. En el caso de San Lucas, hay una gran expectación a lo largo de muchos capítulos mientras Jesús se dirige a Jerusalén donde se va dar el desenlace final de su vida terrena, el aparente fin de todas las esperanzas que sus seguidores habían puesto en Èl, su victoria totalmente inesperada en la resurrección y su Ascensión al cielo, juntamente con la extraordinaria venida del Espíritu Santo en Pentecostés. Todos estos acontecimientos definitivos de la historia de la salvación se dan en Jerusalén.

En estos días en los que nosotros vivimos, mucha gente ha quedado conmovida por todos los acontecimientos que se han dado en torno a las elecciones de los Estados Unidos. No pocos de la banda que perdió las elecciones han llorado desconsoladamente y se han lanzado a las calles en lo que parecen unas manifestaciones concertadas para no aceptar los resultados. Mientras tanto, los de la otra banda consideran que han alcanzado una victoria notable en contra del globalismo, que quiere acabar con las naciones/estado e instalar algún tipo de gobierno global, que al parecer es la agenda tanto de las Naciones Unidas como la Unión Europea. Hay no pocos, particularmente entre los Protestantes,  que echan mano de la Biblia y de manera especial del libro del Apocalipsis y de estos discursos escatólogicos de Jesús como el de San Lucas que hoy hemos escuchado, para intentar  demostrar que efectivamente estamos en los últimos tiempos, que viene una hecatombe tremenda etc. Quisiera con a la ayuda de nuestra primera lectura y el evangelio responder de alguna manera a esta situación en la que vivimos y en general tomando en cuenta los muchos males que constatamos en nuestro mundo actual, encontrar la respuesta que Jesús nos entrega en nuestra Liturgia de la Palabra de hoy.

Empezamos con una breve lectura del libro del Profeta Malaquías, situada a unos 450 años antes de Cristo cuando un buen número de los judios había regresado del exilio en Babilonia y habían reconstruido el templo. La promesa de la llegada del "Día del Señor" y el juicio juntamente con la condena de los malos y el premio de los buenos se repite con frecuencia en los libros proféticos, y aquí lo vemos en Malaquías. La Divina Comedia de Dante se llama  comedia no porque se trate de una obra que provoca risa y sea un buen entretenimiento, sino porque comienza mal, con Dante perdido en un selva oscura, simbolizando una vida de pecado, y termina bien o felizmente en el Paraíso. La Biblia, en cambio, comienza bien con la obra maravillosa de Dios en la creación según la relatan los primeros dos capítulos del Libro del Génesis, pero con la caida de Adán y Eva en el pecado en el tercer capítulo se da inicio a una serie interminable de males. En gran medida el resto de la Biblia es una historia de la infidelidad del pueblo de sus interminables pecados, sobre todo el pecado por antonomasia en la Biblia que es la idolatría. Pese a todo el cúmulo ingente y  aparentemente infinito de pecados, Dios jamás abandona su pueblo ni se olvida de él.  La Biblia termina con un gran mensaje de esperanza en el Libro del Apocalipsis: Dice el que da testimonio de todo esot: "sí,pronto vendré. Amen, ven, Señor, Jesús". 

Los justos siempre tenían la confianza de que vendría una intervención definitiva de Dios, que se daría en el Día del Señor en el que rectificaría todo y se daría la victoria de Dios, de su justicia y la condena de los malvados. Terminado el período de los profetas se dieron unos libros llamados apocalípticos, algunos formando parte de la Biblia y otros no entraron en el canon. Utilizan una gran variedad de símbolos y hablan de grandes desastres. Así fue también en tiempos de Jesús y la misma aparición de Juan Bautista predicando un juicio definitivo de parte de Dios aumentó esta expectación.

Jesús y sus discìpulos llegan a Jerusalén que se encuentra un tierra alta y ven el templo con toda su majestuosidad, pues era considerado una de las grandes obras de arquitectura del mundo antiguo. Quedaron muy impresionados por la grandeza de los edificios y de la calidad de la decoración. Jesús llega a decir que todo eso, que parecia tan maravilloso, iba a quedar en nada, que no quedaría una piedra sobre otra. Se piensa que San Lucas escribió su evangelio en los años 80 de nuestra era, de manera que sería despuès de la destrucción del templo de la mano del Emperador Tito en el año 70. Los discípulos le preguntan cuando van a suceder estas cosas. Como en otras ocasiones, Jesus se abstiene de hablar de tiempos concretos, sino que  toma pie de este hecho histórico que profetiza para pasar a hablar de lo que se puede esperar antes del final de los tiempos. Tened cuidado de no dejaros engañar. Muchos vendrán en mi nombre diciendo que "soy yo", y tiempo está cerca". No vayáis detrás de ellos".  Luego habla de noticias de guerras y grandes desastres. De estas palabras de Jesús, podemos deducir que es fácil engañarse y pensar que ya pronto es la vuelta del Señor en su gloria, pero no es así. A este gran acontecimineto tendrán que preceder muchos acontecimientos dolorosos. Lo cierto es que cuando llegue El, no va a haber ninguna duda y será un acontecimiento tan portentoso que todo mundo se dará cuenta. Profetiza persecuciones de los cristianos. Ciertamente, en nuestros días se está dando una gran persecución de los seguidores de Jesucristo en muchas partes del mundo y en el mundo supuestamente libre, se viene dando discriminación y, leyes dictatoriales, unas imposiciones de la mano de leyes que prohiben lo que se llama "lenguaje de odio" (hate speech). Así, por ejemplo un ministro Protestante fue llevado ante un juez en Canadá por predicar la doctrina bíblica sobre la homosexualidad, y un consejala francés fue multada por lo que dijo sobre el mismo tema.

Jesús reconoce que va a haber mucha persecución y otros males, pero lo que intenta resaltar es que sus discìpulos deben de mantener siempre una gran confianza en Èl y en Dios su Padre, pues ni un cabello de su cabeza se escapa de cuidado del Padre. Por ello, exhorta a que tengamos paciencia y perseverancia. Los dos conceptos con muy similares. La paciencia, según la etimología de la palabra signfica la capacidad de sufrir. El sufrimiento es inevitable en un mundo imperfecto y marcado por el pecado como el nuestro desde el inicio de la historia con la introducción del pecado que es una suerte de idolatría. Tanto la paciencia como la perseverncia están estrechamente relacionadas con la esperanza. La perseverancia se alimienta de la esperanza porque con una gran confianza en Dios que está cerca de nosotros, que con su Providencia maravillosa gobierna el mundo y al final restaurará todas las cosas en Jesucristo, no debemos de perturbarnos ante los muchos peligros que podemos constatar en nuestro mundo. La victoria está asegurada porque Jesucristo tomó sobre sí todos los dolores de nuestro mundo en la cruz, y triunfó sobre el pecado, sobre todo posible mal y Èl ha prometido estar con nosotros todos los días hasta el fnal de los tempos. La vigilancia va de la mano con la paciencia y la perseverancia, porque debido a nuestra debilidad y las heridas que nos han dejado el Pecado Original, el cúmulo de pecado que hay en el mundo como un poder que pese sobre cada uno y sobre la misma Iglesia, estamos todavía en peligro de caer, o de tropezar. San Pablo, en su Carta a los Romanos c. 5, explica ese poder del pecado (hamartía), pero tiene la seguridad de ser liberado por la victoria de Jesús resucitado. Con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas (Lc 2,19), Más adelante dice Jesus: Cuando empiecen a suceder estas cosas, cobrad ánimo y levantad la cabeza, poru ese aceca vuestra liberación.

Un examen cuidadoso de las palabras de Jesús en este discurso nos asegura que no es su intención provocar miedo o perturbar a sus discípulos ni a nosotros, sino que seamos realistas. Su misión es una batalla, una lucha en contra del mal cuyo capataz es Satanás. No debemos de extrañarnos de que las fuerzas del demonio se pongan muy diligentes en su intento de separar a muchos cristianos de su Señor a través del pánico. San Juan Pablo II al inicio de su Pontificado proclamó con gran fuerza "No tengáis miedo y repitió este mensaje a lo largo de sus casi 26 años de Papa. Como cantamos en el Salmo 17, El Señor es mi fuerza, mi luz y mi salvación. Mantegamos estas palabras en nuestro corazón siempre que nos encontramos agobiados por los muchos sufrimientos que inevitablemente tendremos que enfrentar.




domingo, 6 de noviembre de 2016

MARTIRIO Y RESURRECCIÓN

HOMILÍA PARA EL XXXII DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO, 6 DE NOVIEMBRE DE 2016

Hace unos meses, una profesora de unos muchachos de 12 años de un colegio de un pueblo en Italia hizo un experimento. Les explicó con suficientes detalles lo que es el grupo terrorista se se llama Estado Islámico  las barbaridades que están haciendo. Luego les pidió que indicaran qué harían ellos si llegar el EI a su pueblo. El resultado fue que toda la clase menos uno respondió que se harían musulmanes para evitar perder la vida o tener que escaparse a otra parte. Hoy en día, cuando la cultura popular animada la televisión y el Internet considera que el sufrimiento es el mayor mal imaginable, y que vale cualquier cosa con tal de evitar el sufrimiento, muchos piensan que el martirio es absurdo. ¿Cómo puede una persona renunciar a la vida y enfrentarse con unas torturas increíbles? Afortunadamente, no todos piensan eso. Hay habido muchos casos tanto en Siria e Irak, como en partes de África que han peferido ser crucificados, degollados o quemados vivos por los terroristas islámicos, que por otra parte sólo están cumpliendo lo que manda el Corán y demás fuentes canónicas islamicas,  que renunciar a su fe cristiana. Uno de los casos más sonados hace poco más de un año fue el asesinato de 20 hombres de la Iglesia Ortodoxa Copta de Egipto que fueron asesinados en una playa en Libia. Ellos habían ido allí porque encontraron trabajo. Los vistieron de amarillo, porque los musulmanes detenidos en Guantanamo por los Estados Unidos los visten de amarillo. Les dieron la oportunidad de renunciar a su fe cristiana y hacerse musulmanes, pero todos rehusaron. Algunos de ellos repetían el nombre de Jesús momentos antes de que les cortaran la cabeza. Posteriormente, se supo que otro hombre africano de Chad los acompaba y aunque no era cristiano, movido por su testimionio (la palabra mártir) signfica testigo, también rechazó la oferta de hacerse musulmán y lo mataron con el resto.

Otro ejemplo sonado en estas úlitmas semanas ha sido el caso de la canonización del adolescente mexicano José Sánchez del Río, que a los  14 años dio su vida por su fe en Cristo y gritaba "Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!" El caso ha sido objeto de una película que salió hace unos 3 o cuatro años, llamada La Cristiada. El gobierno de tipo masónico liderado por el Presidente Plutarco Elías Calles inició una tremenda persecución en cotra de la Iglesia Cátolica en México, siendo católicos la grandísima mayoría de los mexicanos en el año 1926. Prohibieron el culto católico entre otras medidas y el pueblo católico se levantó en contra de este gobierno nefasto. El niño José, cariñosamente llamado Joselito quiso seguir el ejemplo de sus dos hermanos mayores y participar en el levantamiento. Despuès de mucho insistir le permitieron colaborar como auxiliar. Un día las tropas federales del gobierno atacaron a los cristeros cerca del pueblo de Cotija de la Paz en el Estado de Michuacán. Al caballo  general de los cristeros le alcanzó una bala y Joselito le ofreció su propio caballo, y resultó preso. Lo metieron preso en el baptisterio de la Iglesia de su pueblo, y después de poco más de un día le cortaron las plantas de los pies y lo llavaron por las calles al cementerio donde le habían preparado la sepultura. En medio de dolores horrorosos rechazaba las invitaciones de rechazar su fe en Jesucristo y repetía Viva Cristo Rey y la Virgen de Guadalupe!. Allí lo mataron. Antes de unirse a los cristerios, decía que nunca ha había sido tan fácil alcanzar el cielo.

Creo que el motivo que han tenido todos los mártires que los ha llevado a anteponer su fe en Jesucristo a su misma vida la encontramos en nuestra primera lectura de hoy tomada de los Macabeos cuando uno de los siete hermanos martarizados por mantener sus tradiciones judías y no querer comer carne de cerdo, cosa prohibida por la ley de Dios, le responde al tirano que los mataba: Es preferible mmorir por manos de los hombres cuando Dios de la esperanza de estar con Él de nuevo resucitados" . Los libros de los Macabeos relatan el intento del Rey Antioco Epifanes IV de imponer a los judíos la cultura, las costumbres y la religión griega. Incluso, habían creado en Jerusalén un gimnasio donde hacía deportes estando desnudos, cosa escandalosa para los judíos. Además desescró el Templo de Jerusalé y se llevó los vasos sagrados del mismo. El Primer Libro de los Macabeso cuenta cómo en el pueblo natal de los hermanos Macabeos, su padre Matatías se opuso a los esfuerzos de los funcionarios del rey a imponer las costumbres griegas y se fueron al monte, iniciando así una gran revuelta que logró echar a los griegos de Jerusalén y volver a consagrar el Templo. Esta ocasión la celebran los judíos con la fiesta de Januca, que cae en diciemrbe, alrededor de tiempo de Navidad. Constatamos en el Evangelio de San Juan que Jesús celebró esa fiesta en Jerusalén uno de los años de su vida pública.

 Dios promete una vida nueva y mejor a partir de la resurrección. Este hecho nos lleva a comentar nuestro pasaje evangélico de hoy. Entre los judíos en tiempos de Jesús, había varias sectas. La que más conocemos a través del evangelio eran los fariseos Luego están los saduceos, los esenios, celotes y otros. Los saduceos eran, para utilizar el leguaje corriente hoy en día, conservadores. Sólo aceptaban el Pentateuco, o los primeros cinco libros de la Biblia que se pensaba eran escritos por Moisés. Además, tenían mucho interés en la política y contrariamente a los fariseos, eran más bien gente acomodada. Los Sumos Sacerdotes provenían de ellos. Dado que la doctrina de la resurrección era una doctrina bastante nueva y no se encuentra en el Pentateuco, sino en nuestra prmera lectura de hoy del Segundo Libro de los Macabeos, no la aceptaban. Intentan dejar a Jesús en el ridículo ante el pueblo con el caso rebuscado de la mujer que se había casado con los siete hermanos.

Jesús acepta el desafío y con su acostumbrada brillantez rechaza su argumento, acusándoles de desconocer la Escritura y el poder de Dios. En el proceso aprovecha para dar unas aclaraciones acerca de la verdadera naturaleza de la resurrección de los muertos y el plan de Dios. La nueva vida de la resurrreción, que ha inaugurado Jesucristo con su propia resurrección y que nos promete a nosotros a partir de nuestro bautismo, es por mucho superior a todo lo que pudieran imaginar los saduceos, o nosotros. No va a haber casamiento, y por lo tanto el nacimiento de nuevos hijos. Humanamente, podríamos pensar que la intimidad más profunda y completa es la del hombre y la mujer que se casan y que luego colaboran con Dios al traer al mundo nuevos hijos suyos como fruto de ese amor, que también Jesucristo ha bendecido como sacramento. Sin embargo, el plan de Dios mucho más maravilloso. Ya no pueden morir, porque serán semejantes a los ángeles y serán hijos de Dios. No podemos imaginar cómo va a ser esta nueva vida. Lo que sí sabemos que la resurrección de Jesucristo es una verdad real que se dio en la historia y que los apóstoles y demás discípulos que experimentaron las apariciones de Jesús resucitado dan testimonio, también con sus vidas de su realidad. El Papa Benedicto XVI en su libro Jesús de Nazaret señala que se trata de una nueva dimensión de la realidad que se manifiesta en Jesús al volver de entre los muertos y compartir, incluso la comida con sus discípulos. Aparecía y desaparecía sin tener que pasar por las puertas. Este hecho cambió radicalmente sus vidas. Sabemos que los dos que iban camino de Emaús se iban a sus casas desconsolados y deprimidos. Veían todas la historia de Jesús como una gran espernaza pero que habia acabado en un fracaso. Sin embargo, con la experiencia del encuentro con Jesús resucitado, todo cambió para ellos. Fue un hecho tan revolucionario que cambió radicalmente la historia del mundo. Se llenaron de la certeza de que las promesas de Jesús son reales y que vale la pena cualquier sacrificio, incluso la propia vida con tal de alcanzar este premio estar con Èl eternamente como "hijos en el Hijo" Así se explicael hecho del martirio.

Jesús insiste en el hecho de que Dios es Dios de vivos no de muertos. En toda la Biblia está claro que Dios es la fuente de la vida, y totalmente opuesto a la muerte. Por eso dice: El Señor es Dios de Abrahán, Dios de Isaac y de Jacob. Es Dios no de muertos, sino de vivos porque todos viven para Èl". La vida consiste en la plenitud del ser y la perfección que sólo Dios tiene y quiere compartir con nosotros en la resurrección.




sábado, 29 de octubre de 2016

EL DESEO DE VER A JESÚS

DOMINGO XXXI DE TIEMPO ORDINARIO, CICLO C, 30 DE OCTUBRE DE 2016.

En primer lugar, vamos a examinar un poco la relación que hay entre nuestra primera lectura de hoy del Libro de la Sabiduría y el pasaje evangélico de San Lucas que nos toca y que trata de recaudador de impuestos Zaqueo de Jericó.

El Libro de la Sabiduría es el último libro del Antiguo Testamento, y tiene la particularidad de estar escrito en griego, y de provenir de la grande e importante ciudad egipcia de Alejandría, fundada por Alejandro Magno. Allí había una muy numerosa comunidad de judíos. No sólo en Israel, sino también en todos los países de la antiguedad, la sabiduría tenía una gran importancia y tenía que ver con el modo de vivir bien, según la moralidad. Nuestro pasaje de hoy nos presenta una reflexión sobre el valor de nuestro mundo. Comienza afirmanda que todo el mundo a los ojos de Dios es como un grano de polvo sobre la balanza o como una gota de rocío sobre la tierra. Es decir, absolutamente todo lo creado depende de Dios y no tiene sentido ni explicación sino como creatura de Dios totalmente dependiente de Él. "Tú tienes compasión de todos porque todo lo puedes y cierras los ojos a los pecados de los hombres, esperando su arrepentimiento". "¿Cómo podría existir algo si ni siquera tú no lo hubiera formado?". Luego prosigue: "Tú corriges poco a poco a los que se equivocan, y los amonestas recordándoles en qué han pecado, para que abandonen toda maldad y crean en ti, Señor". Se trata de una proclamación  muy elocuente de la bondad de Dios de quien todo depende y de su deseo de que se arrepiente el hombre de sus pecados. Aquí es donde se enlaza con la historia de Zaqueo.

A lo largo de unos 12 capítulos de su evangelio, San Lucas nos presenta a Jesús realizando un gran viaje a Jerusalén, en el que realiza un gran número de prodigios, y los discípulos van a aprendiendo muchas cosas, porque ciertamente es en Jerusalén donde se tiene que dar el deselace final de toda la historia de Jesús, como fue el caso de tantos profetas antiguos. Llegò, pues a Jericó, una de las ciudades más antiguas del mundo y que está a más o menos un día de camino de Jerusalén. En Jericó los romanos tenían un centro de auduanas, porque seguramente se trataba de un lugar de paso del comercio. Por ello, allí había un buen número de los odiados publicanos o recaudadores de impuestos, tan denostados y en general justamente odiados por la población por las ganancias ilícitas que hacía, y también por ser agentes del Imperio Romano, que tan mal trataba a sus súbditos judíos.

Se acerca Jesús a la ciudad y se junta una gran muchedumbe, como era la costumbre, debido a su voluntad de curar a los enfermos y expulsar a los demonios. No sabemos cómo Zaqueo se enteró de la presencia de Jesús, pero podemos suponer que le habían llegado noticias del rabino de Nazaret que se había hecho amigo de "publicanos y pecadores". Recordemos lo que dijo Jesús, "nadie viene a mí si no lo atrae mi Padre"  (Jn 6, 24). Podemos suponer que se llenó el corazón de Zaqueo con un gran deseo de vera a Jesús. No encontrando ningún sitio adecuada al que pudiera subir y ver a Jesús, en parte debido a la muchedumbre que estaba alrededor de Jesús, y también a su baja estatura, decide subre a un árbol, un sicómoro, para ver pasar a Jesús. A nadie le llamaría la atención que un niño subiera a un árbol, pero que lo hiciera  un hombre respetable ciertamente era algo insólito, pero a Zaqueo no le importaba el qué dirán, tantas ganas tenía de ver a Jesús.

¡Cuál debiò de ser la sorpresa de Zaqueo cuando el mismo Jesús lo vio y se invitó a sí mismo a cenar en su casa! ¡Que´alegría debía de llenar el corazón de Zaqueo en ese momento! El evangelio, como de costumbre, no nos entrega detalles acerca del banquete, pues va a lo esencial y no quiere meramente satisfacer nuestra curiosidad. Muchos de los presentes empezaron a murmurar acerca del hecho de que Jesús haya ido a cenar en la casa de un pecador tan notorio, pues no era un recaudador de impuestos cualquiera sino en jefe de todos ellos, y el que probablemente más se había aprovechado de su posición para enriquecerse ilícitamente. Zaqueo manifiesta que la visita de Jesús a su casa y el haber compartido la cena con él no trataba de una ocasión social, sino de un encuentro profundo con Jesús que había cambiado radicalmente su vida. Promete dar la mitad de sus bienes a los pobes y restiruir cuatro veces más al que haya estafado. Jesús reacciona diciendo estas palabaras maravillosas: "Hoya ha venido la salvación a esta casa, porque también él es hijo de Abrahán. El hijo del hombre ha venido a buscar y slavar lo que estaba perdido".

Aquí vemos que la salvación consiste en el encuentro personal con Jesús. Como hemos visto, este encuentro fue preparado anteriormente por la gracia de Dios que atrajo y movió a Zaqueo a querer ver a Jesús y a supear los obstáculos para poderlo lograr. Jesús dice que "hoy la salvación ha llegado a esta casa". Para poder alcanzar la salavación, tenemos que darnos cuenta de que estamos en una situaicón de necesidad, Al igual que el hijo pródigo, Zaqueo tenía que haberse dado cuenta de que era un pecador, un estafador, que sí había juntado mucho dinero, pero que el dinero no le compraba la verdadera felicidad. Por ello, tenía que haber sentido un vacío en su interior, que con la gracia de Dios lo movió a salir a buscar el modo de vera a Jesús. Por otra parte, Jesus correspondió de modo extraordinario a esta disponibilidad de Zaqueo.Muchos más que en nuestro tiempo, en aquela época, el compartir la mesa con una persona era señal clara de comunión, de fratenrnidad y de amistad.

Hace unos cuarenta años se publicó en Estados Unidos un libro que se titulaba "I'm Ok, tú estas OK", "Yo estoy bien,tú estás bien". La realidad es que ninguno de nosotros esá bien. Es cierto que la gente se da cuenta de que la falta mucho para alcanzar la anhelada felicidad,que ni el dinero, ni el prestigio social, ni el éxito en la profesión o los negocios nos dan la verdadera felicidad. Por ello, en todas las librerías, hay una sección muy grande dedicada a la autoayuda. Algún gurú ha escrito un libro sobe como superar alguno o varios de los obstáculos para alcanzar la felididad. En las últimas décadas la psiciología se ha extendido más allá de la ayuda a las personas para superar traumas, neurosis y otros males psíquicas. Ahora existe la psiclología positiva que intenta ayudar a la gente a alcanzar la felidicad que se entiende como un sentirse bien y contento. El famoso psicólogo vienés, Vicktor Frankl, que pasó un tiempo en el campamento de concentración de Dachau por ser judío, desarrolló una nuevo tipo de terapia basada en la búsqueda del sentido de la vida, llamada logoterapia. En griego, logos, además de signfiicar palabra, tiene otros muchos matices, incluyendo el de sentido. Con estos hechos podemos descubrir que mucha gente reconoce que algo le falta, que no está contenta, que quiere hacer algo más para ser feliz.

Surge un obstáculo en esta búsqueda de la felicidad, y es que somos muy dados a apuntar el dedo a otros y culpar a los demás por los males del mundo y por nuestros propios males.Buscamos algún chivo expiatorio para no enfrentarnos con nuestros vicios y pecados. Muchos acusan a los políticos de ser corruptos, de enriquecerse gracias a aprovecharse ilícitamente de los caudales públicos. Otros inventan teorías de conspiración para explicar los males que evidentemente existen a nuestro alrededor y son evidentes. Una reportera le preguntó a la Madre Teresa de Calcuta, recientemente canonizada por el Papa Francisco, qué pasa con la situación de la Iglesia. Ella respondió "Tú y yo". De nada nos  sirve rasgarnos las vestiduras acerca del mal que hay en la sociedad o fuera de nosotros. Nuestras posibilidades de arreglar los males de otros son muy reducidos, pero podemos, si queremos, hacer algo para arreglar el mal que ha dentro de cada uno de nosotros. Esto no es fácil, porque tenemos que examinarnos y no queremos enfrentarnos con la realidad de nuestros vicios.  Por ello, los grandes santos y maestros espirituales siempre resaltan la importancia del conocimiento de nosotros mismo. Recordemos que somos el peor juez en la propia causa y muy prontos a justificar nuestra vida viciosa con cualquier pretexto mientras nos ensañamos en contra del mal de otros.

El encuentro personal con Jesús, como en el caso de Zaqueo, y también el de San Pablo, provocó un cambio radical dentro de ellos y dieron un viraje total a sus vidas.  Que aprendamos de esta lección de este domingo, de Zaqueo. La lección que hemos recibido del pasjae del Libro de la Sabiduría pone de manifiesto la gandeza de Dios y su deseo de perdonarnos.


sábado, 15 de octubre de 2016

ORAR SIEMPRE SIN CANSARSE

HOMILÍA, XXIX DOMINGO DE TIEMPO ORDINARIO, CICLO C, 16 DE OCTUBRE DE 2016.

En los primeros siglos del cristianismo, los cristianos y concretamente los Padres de la Iglesia tomaban muy en serio el mandato del Señor de "orar siempre y sin desfallecer", como también la advertencia de San Pablo de orar sin interrupción. En el siglo IV, muchos cristianos como San Antonio de Egipto se retiraron al desierto, sea en Egipto como en Siria y otras partes, con el fin de buscar el modo de dedicarse exclusivamente a Dios y cumplir el mandado de orar siempre.  Con la ayuda del silencio y la soledad y dediccándose a unas labores sencillas como la fabricación de cestas, consideraban que podían cumplir el madato del Señor y de San Pablo. En cambio, algunos Padres de la Iglesia, como Orígenes y San Agustín, no veían la necesidad de tal intento de tomar al pie de la letra el mandato de orar siempre. Según ellos, lo más importante no es la dedicación exclusiva de muchas o casi todas las horas del dí a la oración, sino hacer de toda nuestra vida una ofrenda a Dios, como también San Pablo recomienda cuando invita a los romanos a ofrecer sus cuerpos como sacrificio agradable a Dios (Rom 12,1). San Agustín, en una carta a una dama romana llamada Proba le explica que no es la multiplicación de las palabras que  hace la oración más eficaz sino la fuerza del deseo. Cita el salmo 26,4 que reza "Una cosa pido al Señor. Eso buscaré, estar en la casa del Señor todos los días de mi vida", de manera que los tiempos dedicados explícitamente a la oración han de fortalecer ese deseo de estar en la presencia del Señor, cosa que se cumplirá plenamente en la vida eterna que nos espera. San Agustín está convencido de que la insistenica de la oración no responde a que Dios deconoce lo que necesitamos o se manifieste poco dispuestos a concedèrnoslo, sino más bien nos sirve a nosotros para darnos mayor cuenta de nuestra indigencia, y aumentar así nuestra confianza en el Señor. 

Nuestra primera lectura está tomada del libro del Éxodo y tiene que ver con una batalla que se dio entre el pueblo de Israel después de su salida de Egipto, el rey Amalec se opone a los planes del pueblo y resulta necesario darle batalla para poder proceder. En realidad, si no se hubiera incluido este episodio en la Biblia, no sabríamos nada de este personaje, pues probablemente ni los mismos expertos en la historia antigua sabrían quién era. El episodio no tiene gran importancia en sí mismo, pero nos da un mensaje importante para nosotros miembros de la Iglesia Militante. ¿Qué queremos decir con la expresión la Iglesia Militante. San Pablo con frecuencia echa mano de la imagen del entrenamiento y las batallas que tienen que realizar los soldados y también las carreras de los atletas. Aunque quisiéramos vivir una vida tranquila y serena, no podemos si es que queremos ser fieles a la misión que el Señor nos entrega. La misma vida de Jesús se nos presenta en el Evangelio como una lucha contra Satanás y su reino. Jesús dice: "Si un hombre fuerte bien armado  guarda su casa, sus posesiones están seguras, pero si otro más fuerte lo de él lo ataca y le quita sus armas, divide su botín"(Lc 11,21). 

Moisés se da cuenta de que la única manera de slair adelante y cumplir la misión que Dios le había encomendado es salir a dar batalla a Amalec. Entonce,s escoge a un grupo de hombres bien armados y entrenados para el combate. Ya sabemos que el Moisés ya no tiene edad para tomar la espada, pues en aquel momento habría tenido 80 años. Como ha sido el caso de otros reyes y jefes, se retira a una montaña desde la que puede tener una visión de todo lo que sucede en la batalla. Levanta sus brazos en posición de súplica a Dios para que Israel tenga la victoria. Los acompañantes de Moisés se dan cuenta de que cuando se cansa y no logra mantener en alza los brazos, la batalla la va ganando Amalec. Por lo tanto, deciden sostener en alto sus brazos para que con la fuerza de la oración de Moisés Israel gange la batalla.

Otro dicho de Jesús nos da la imagen de la Iglesia en plan de batalla contra Satanás y contra el mundo es cuando Jesús promete a Pedro que "las puertas del infierno no prevalecerán contra ti" (Mt 16,18). Aquí la imagen es la de un sitio de una ciudad que estaría representando la fortaleza de Satanás que estaría sitiada por la Iglesia. Sabemos que en la Antiguedad y en la Edad Media cuando se realizaba un sitio en contra de una ciudad, la parte más débil eran las puertas.

Ser cristiano, pues, no es llevar una vida serena y tranquila. Hay una batalla que se va llevando a cabo en el interior de cada uno de nosotros. Un poco como un caballo de Troya, tenemos al enemigo dentro de nosotros, debido a la debilidad de nuestra voluntad, los pocos deseos que con frecuencia tenemos en el empeño de hacer el bien y prácticar la virtud. Por ejemplo, nos encontramos ante una situación como la del hombre tirado en el camino debido al ataque de los ladrones en la Parábola del Buen Samaritano, y preferimos pasar de largo y no meternos en líos, como el sacerdote y el levita.

La Iglesia la llamamos militante mientras está en este mundo, es decir, tiene que luchar por el bien, para que no se imponga en el mundo tanto mal como el aborto, la eutanasia, la mentira, el engaño o simplemente para poder ser libre para pronunciar un juicio cristiano en la sociedad. En días pasados han sido publicados unos mensjaes de correos electrónicos de miembros del Patrido Demócrata en Estados Unidos que manifiestan que ellos fundaron dos grupos de lobby con la intención de presionar a los obispos para que no se opongan a la agenda del gobierno en relación con la política santiaria que intenta obligar a las empresas de católicos a pagar seguros de salud que cubren aborto y anticonceptivos. Otro tema es la oposición a así llamado matrimonio gay, pues declaran que la Iglesia es retrógrada. Aquí en España, hay cada vez más ataques a la Iglesia. En días pasados ha quedado gravemente herido e ingresado en la UCI un sacerdote de 83 años en un asalto a la parroquia.

En la Iglesia, hay algunos como son los monjes y monjas de clausura que dedican su vida a la tarea de orar por el mundo no estándo directamente en la batalla, sino como Moisés que se había retirado a la montaña para contemplar la batalla. Podemos aplicar lo que nuestro evanglelio de hoy nos enseña acerca de este tipo de oración por el mundo y la Iglesia en estos tiempos complicados, que tiene que ser insistente. El cúmulo de mal en el mundo es enorme, y probablemente siempre lo ha sido. Por lo tanto, es urgente que haya un gran número de personas que se dedique a este tipo de oración de intercesión. Forma parte de la misión sacerdotal de la Iglesia. Cuando digo sacerdotal, no me refiero solamente al ministerio sacerdotal que nosotros los sacerdtoes estamos llamados a ejercer, sino también lo que se llama el sacerdocio bautismal o común de todos los fieles. Por nuestro bautismo tenemos la misión de participar en el verdadero culto a Dios por Jesucristo Nuestro Señor, y de interceder por todos los hombres. De ahí la importancia de las intercesiones que hacemos en la Santa Misa, tanto después del Credo como en la misma plegaria eucarística.

Otros están llamados a estar más directamente en la batalla a través de su profesión. Por ejemplo, es urgente que la Iglesia se empeña en la formación de unos jóvenes que sean capaces de intervenir en la política para promover un nuevo modo de hacer política de aucerdo a los principios del evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia. Es un tema bastante relegado en la vida de la Iglesia en la actualidad. Los católicos en casi todos los países no encuentran por quien o por qué partido pueden votar tranqulamente porque la totalidad de los partidos actuales proponen políticas opustos al evangelio y a los principios cristianos y a la misma ley natural. La síntesis de todos los mandamientos que Jesús nos da es "amar a Dios con todo el corazón, con todo el alma y con todas las fuerzas y al prójimo como a si mismo". La segunda parte "amar al prójimo como a tí mismo" se refiere de manera general a la política. No me refiero a la política estrecha de partidos, sino de la búsqueda del bien común de la sociedad, de la familia y de cada individuo. No se puede pasar de la política en su sentido amplio, si que no queemos retirarnos a una isla en solitario como la de Robinson Crusoe.

Jesús proclamó el Reino de Dios y lo hizo presente en el mundo en primer lugar a través de su propia persona, pues Èl es el reino en persona. También lo hizo presente en el mundo a través de su predicación, de sus milagros, especialmente las curaciones y los exorcismos. Declaró con toda claridad que se da una lucha de su reino contra el reino de Satanás. Dijo que el Reino de Dios está dentro de nosotros, que no es un reino como era el Imperio Romano. Además, después de su resurrección mandó a apóstoles y demás discípulos a proclamar el evangelio hasta los confines de la tierra. Por lo tanto, el reino no es una realidad interior e invisible, sino que tiene que cambair radicalmente las estructuras de pecado tan enquistadas en el mundo. Es un reino de paz, de justicia, de amor, de fraternidad. Sin una lucha enoconado, no se va a establecer ni dentro de nosotros ni en la sociedad porque se le opone el reino de Satanás, que consiste en la injusticia, el odio, la manipulación, la esclavitud que todavía está presnte de tantas maneras en nuestro mundo. Lo primero que Jesús proclamó en su predicación era la necesidad de la conversión, del arrepentimiento y cambio de actitud, de mentalidad, y de rumbo, tanto en lo personal como en la sociedad. En este proceso, la oración es un instrumento esencial. Lo fue para el mismo Jesús, que se retiraba a la montaña a orar a solas toda la noche, y otró en Getsemaní en el momento de la gran prueba, y en la misma cruz. Esta oración tiene que ser insistente y animar la acción concreta del cristiano en el mundo, según su misión específica. 


sábado, 8 de octubre de 2016

LA LEPRA Y LA GRATITUD

DOMINGO XXVIII DE TIEMPO ORDINARIO, CICLO C, 9 DE OCTUBRE DE 2016

La lepra en la Biblia trata de varias enfermedades de la piel y ciertamente provocaba mucho miedo en la comunidad, de manera que el pobre que la sufría era expulsado de ella y obligado a vivir lejo.. Al ver a a lguna persona acercarse a él, tenía que gritar "impuro". Tenía conotaciones no solamente de enfermedad física, sino también de impureza ritual, de manera que el leproso, además de la separación de la vida de la comunidad, era excluido del culto del templo y de la sinagoga. era algo verdaderamente horroroso y provocaba mucha desazón. Esto lo podemos constatar del contexto más amplio del pasaje que hemos escuchado del Segundo Libro de los Reyes. Namaán el sirio era un hombre importante en su país, el jefe del ejército. Luego de haber descubierto alguna mancha en la piel, que   era considerada lepra, le sugerió una israelita que era esclava en su casa, probablemente caputrada durante alguna guerra, que fuera a Israel a que el profeta Eliseo  lo curara, pues este profeta era notable por los milagros que realizaba. Luego de haber conseguido una carta de recomendación de su rey, se dirige al Rey de Israel, que en un primero momento lo recibió con desconfianza, considerando que su llegada trataría de algún tipo de trampa. Luego acude a la casa del profeta, y éste ni siquiera sale a recibirlo, pero le manda bañarse siete veces en el río Jordán para ser curado. Se siente desairado, pues esperaba que el profeta saliera a recibirlo y lo curara de manera notable. Bañarse en el Jordán, un río bastante miserable comparado con los ríos de Siria no le parecía digno de su posición. Los de su cometiva le persuadieron que lo hiciera diciendo que si el profeta le hubiera mandado hacer algo más complicado seguramente lo hubiera hecho. Finalmente se baña siete veces en el Jordán y que curado. El hecho le convince que el Dios de Israel es más poderoso que cualquier otro dios, de manera que lleva consigo unos carros llenos de tierra de Israel para poder sacrificar a Él al volver a su casa. En la época pensaban que cada tierra tenía su dios, y por ellos se llevó la tierra de Israel para poder así sacrificar al Dios de Israel. Esto indica que quedó agradecido por el milagro, sino quiso rendir culto al verdadero Dios, el Dios de Israel.

Paralelamente en el evangelio de hoy, tenemos otro episodio de la curación de la lepra. Se trata de un episodio que se dio cuando Jesús andaba de viaje de Galilea a Jerusalén y estaba de paso por Samaria. Diez leprosos le pidieron limpiarlos de la lepra. Jesús los mandó presentarse al sacerdote, para que constatara el hecho de su curación, cosa necesaria para poder reintegrarse a la comunidad y participar otra vez en el culto. Quearon curados ya de camino al sacerdote. Uno de ellos, un samaritano volvió a agradecer a Jesús, mientras los otros nueva se fueron por su camino y no dieron las gracias por tan gran beneficio recibido. Jesús le pregunta al samaritano curado dónde están los otros nueve, y le llama la atención que sólo uno vuelve a dar gracias a Dios y que sea un extranjero.

Se trata de un tipo de comportamiento humano que no es poco común. Probablemente todos hemos experimentado algo semejante. Luego de habernos sacrificado para hacer un gran favor a otro, éste ni se acuerda de volver a agradecernos por el beneficio recibido. Es algo que molesta y bastante, porque la persona que se pasa de agradecer los favores hechos a su favor por otros es una persona mezquina que al parecer piensa que todo se le debe y ni se le ocurre agradecer. Por algo existe el refrán "es de bien nacidos ser agradecidos". ¿Cuántos de nosotros recordamos los inmensos beneficios que dones que hemos recibido de Dios, en realidad todo lo que somos y tenemos es don de Él? Somos tan superficiales que ni siquiera reflexionamos sobre este hecho y no agradecemos a Dios por el don de la vida, de la entega de su Hijo hasta la muerte en la cruz para salvarnos a nosotros de la condena a la eterna muerte que mereceríamos por nuestros pecados. La persona agradecida es humilde y la humildad es la tierra en donde crecen todas las demás virtudes (de hecho, la palabra humildad proviene de la palabra latina humus que signfica precisamente tierra). 

En el griego la palabra eucharistein signfica dar gracias bien. Jesús, según relata el evangelio, al bendecir los panes y peces que iba a multiplicar dio gracias. Hizo lo mismo en la Ültima Cena, Ya en todo el Antiguo Testamento, la acción de gracias y la alabanza a Dios son actitudes fundamentales que se encuentran de manera especial en los Salmos. En el Salmo 117, se canta: "Dad gracias al Señor, porque eterna es su misericordia", y San Pablo hace la pregunta retórica "¿Qué tienes que no hayas recibido?" 

Se suele dividir la oración en cuatro tipos: la petición, la intercesión, la acción de gracias y la alabanza. Si, como he señalado arriba, eucaristía signfica acción de gracias, es obvio que nuestra Celebración Eucarística es nuestr acción de graias por antonomasia. En realidad, no somos capaces de dar gracias a Dios debidamente por todo lo que nos ha dado y continúa dando, pues si no nos sostuviera en la vida en cada momento, caeríamos en la nada, al igual que toda la creación que no tiene su razón de ser en sí mimso sino en Él como Creador. La Plegaria Eucaristíca es la gran oración de acción de gracias y alabanza a Dios que es el centro de nuestra Misa en la que se cumple el mandato dejado por Jesús en la Ùltima Cena, haced esto en memoria mía. Al emepzar el Prefacio, el celebrante invita a los paritcipantes a dar gracias al Señor: Demos gracias al Señor Nuestro Dios" y todos responden es justo y necesario. El resto del Prefacion nos proporciona los motivos concretos de cada celebración, según sea la fiesta que celebramos,  por los cuales tenemos que dar gracias a Dios

La lepra simboliza también en cuanto que provocaba la separación de la comunidad, lo que es la realidad del pecado en nuestra vida. El pecado nos separa de la vida divina que hemos recibido en el bautismo. El pecado no sólo es una ofensa a Dios que nos ha creado y nos ha redimido por la sangre de su Hio derramada en la cruz, sino que también daña gravemente la Iglesia. Este hecho se puede constatar más claramente en el caso del escándalo, de manera especial en el caso de los ministros de la Iglesia, pero se da en todo pecado. Por ello, en el Sacramento de la Penitencia somos reconciliados con Dios, pero también con la Iglesia. Profesamos en el Credo nuestra fe en la Iglesia que es "una, santa, católica y apostólica". Lo es ante todo por su Fundador Jesucristo, por la Santísima Virgen, sin pecado concebida y preservada de pecado en toda su vida y en los santos que ya están en el cielo. También tiene que ser santa en nosotros. Que no seamos, pues como aquellos leprosos que ni siquiera regresaron a Jesús para darle gracias por el milagro. Vivamos cada Misa como auténtica acción de gracias,  y extendamos esta actitud que es un don de Dios y fruto de la humildada a los demás momentos de nuestra vida, tanto en relación con Dios como con los hermanos.


sábado, 1 de octubre de 2016

LA FE, UNA REALIDAD ABSOLUTAMENTE ESENCIAL EN LA BIBLIA

DOMINGO XXVII DE TIEMPO DURANTE EL AÑO O TIEMPO ORDINARIO, 2 DE OCTUBRE DE 2016, CICLO C. 

Hoy en día el tema de la fe no es bien visto. Se da como dogma secularista que la fe es inferior e incluso contraria a la ciencia. Se piensa que no proporciona certeza, como supuestamente lo hace la ciencia. La palabra fe en castellano proviene del latín fides (griego pistis) que tiene que ver con la palabra latina fiducia o confianza. Se distingue entre fe humana y fe divina. En realidad sin la fe humana no podríamos vivir. Si, por ejemplo, hemos encargado algún producto a una empresa como Amazon y nos asegura que se entregará tal fecha. Normalmente nos fiamos de tal promesa, a no ser que tengamos una experiencia negativa con tal empresa. Confiamos en que cuando salimos a la calle a ir a alguna tienda que vamos a poder hacerlo, que no hay algún obstáculo, por ejemplo, disturbios, o que por algún motivo desconocido la tienda simplemente se cerró sin avisar. Si hemos encargado un servicio para que nos entegue el pan para el desayuno normalmente damos por supuesto que el pan llegará antes de la hora del desayuno. Supongamos que no hemos estudiado la teoría de la evolución, pero creemos que es cierta debido a que otros la han estudiado y al parecer es algo comúnmente aceptado. Hoy en día, se da por asentada la teoría del calentamiento global y un día sí y otro los políticos y  los medios de comunicación nos aseguran de los desastres inminentes debido a un aumento del gas CO2 en la atmosfera. Probablemente creemos que tal teoría es correcta. Sin embargo, hay un número de científicas que se basan en mediciones objetivas que niegan la validez de esta teoría, o que aseguran que aunque haya calentamiento o aumento de CO2, no es nada negativo, sino al contrario favorece el crecimiento de los árboles y el aumento de las cosechas. El ateo cree que Dios no existe, que el universo se produjo por mera casualidad, basándose en unas probabilidades que a una persona sensata parecieran una locura, y un larguísimo tiempo, piensa que se produjo el univers, la vida de las plantas, los animales y el hombre por pura casualidad. ¿El ateo, pues, tiene fe, o no la tiene? Ciertamente, tiene fe, pero más bien se trata de credulidad o lo que llamamos fideísmo, que es una fe a la que le falta racionalidad. No es razonable que algo provenga de la nada. Es de sentido común que todo lo que existe tiene una causa que lo trajo a la existencia.  El ateo tiene tanto fideísmo que lo que cree es más absurdo que creer que si uno tuviera todas las letras de la Biblia o el Quijote  en un recipiente y las echara por la ventana a la calle que se juntarían exactament como se encuentran en estas obras. 

Por lo tanto, la fe human es esencial para que podamos vivir, y no volvernos locos en el proceso. En la Biblia, la fe es algo esencial. No se trata solamente de un asentimiento intelectual a una serie de verdades, como las que profesamos en el Credo. La palabra fe en la Biblia signfiica "estar firme" o tener fundamento. En nuestra primera lectura de hoy del libro de Habacuc, en primer lugar, el profeta se lamenta ante Dios por la situaicón dolorosa o casi catastrófica en la que se encuenta el Pueblo de Dios. El imperio neobabilónico va conquitando y sometiendo a todos los pueblos del Medio Oriente y el profeta pide desesperadamente explicaciones a Dios por este desastre que parece inminente para el pueblo. Dios responde que el que no tiene el alma recta, el malvado, socumbre, pero "el justo vivirá por su fe". A lo largo de toda la Biblia, Dios se ha manifestado como fiel, de fiar y que cumple sus promesas. Según Santo Tomás de Aquino: "creer es un acto del entendimiento que asiente a la verdad divina por imperio de la voluntad movida por Dios mediante la gracia”. Más allá de lo que podemos descubir con la razón, hay otras verdades que Dios ha revelado pero en sí mismas no tienen suficiente evidencia para que la razón las acepte. Es el caso de los dogmas de la fe como la Santísima Trinidad, la Encarnación, el misterio de la transubstanciación por el que el pan y el vino se transforman en el cuerpo y la sangre de Cristo. La voluntad interviene, movida poar la gracia de Dios para que la inteligencia asienta a tales dogmas de fe que la Iglesia nos propone. No basta un mero asentmiento intelectual, aunque es muy importante. Lo que Dios nos ha revelado es para nuestra salvación y nos invita a entrar en comunión con Él a través de la gracia que se expresa luego en la fe, la esperanza y la caridad. 

En nuestro pasaje evangélico, los apóstoles piden a Jesus que aumente su fe. Tal petición nos indica qu ela fe no es algo meramente teórico, que sí creo en Dios, pero tal fe incide poco o nada en mi vida concreta, en mis acciones de cada día. Santiago nos asegura en su carta que los demonios creen en Jesús, pero no les trae ningún beneficio (Sant 2,1), y en el evangelio vemos que los demonios saben quien es Jesús (Mc 1,24.25). La fe, pues, es una realidad dinámica, no estática y es capaz de aumentar de crecer e influir más ítima y profundamente en nuestra vida concreta. También Santiago asegura que la fe sin obras es muerta. 

Parece que la gran mayoría de los católicos no cree que "el justo vivirá por su fe". Hace unos día me encontré con una señora que me dijo que no participa en la Eucaristía porque le cae mal el Cura Párroco de su pueblo y lo  considera un soberbio. ¿Vive por la fe? No parece, si cuando Jesús la invita y convoca para celebrar la Eucaristía domincal en unión con la comunidad parroquial, en común con toda la comunidad de la dióces, y con la Iglesia extendida por todo el mundo, se fija en un elemento subjetivo, un mero sentimiento y rehúsa acoger la invitación del Señor. Prefiere privarse del alimento de la Palabra de Dios, del Cuerpo del Señor y basar su comportamiento en una antipatía que siente hacia el cura. Puede ser que sea antipático, que sería un juicio subjetivo, pues he de suponer que su madre no lo considera antipático. En una palabra, no vive de la fe. Si tuviera una fe viva, aunque le cayera mal el cura, se daría cuenta del hecho de que el Señor es tan poderoso que se hace representar por personas indignas, y que en realidad ningún sacerdote es digno de la vocación y misión que ha recibido. En realidad,  ningún fiel cristiano es digno de ser miembro del Cuerpo de Cristo, que e es la Iglesia, y que Dios nos amó primero, que no nos ama por ser buenos, sino amándonos nos hace buenos. Nos transformará  si le abrimos la puerta por la fe y lo dejamos entrar en nuestra vida. "He aquí que estoy a la puerta y llamo; si alguno me abre entraré y centarmos juntos" (Apoc 3,20).  

En el evangelio que hemos escuchado Jesús pone una comparacion acerca del poder de la fe: Si tuviérais fe del tamaño de una semilla de mostaza, podríais decir a esa morera, "arráncate y plántate en el mar" y os obedcería". ciertamente se trata de hipérbole y no se ha de tomar al pie de la letra. No obstante, no se puede negar que la verdadera fe que mueve montañas sí existe, y en la historia de la Igleisa podemos encontrar muchos ejemplos.  Viene a la memoria el caso de San Francisco de Asís, cuya fiesta celebramos en un par de días. Fue tocado profundamente por la gracia de Dios y la llamada a seguir a Jesús exactamente como queda escrito en los evangelios. Abandonó la vida burgués en la que había nacido. Su padre, que era un cristiano normal, pensaba que había perdido el juicio cuando regaló sus telas a los pobres. Llegó a desnudarse en la plaza de Asís delante del Obispo y otros muchos desprendiénsose de su padre y de todas las cosas del mundo para seguir la vocación a la que Jesús lo había llamado. Tales gestos fueron el inicio del gran movimiento franciscano que cambió la Iglesia y a lo largo de 800 años ha tenido un impacto en la vida de millones de personas en todo el mundo. Otro ejemplo más cercano a nosotros es el de la Madre Teresa de Calcuta, recientemente declarada santa por el Papa Francisco. Ella, movida por una fuerte experiencia de encuentro con el Señor, dejó la relativa seguridad de una vida religiosa en la que enseñaba en un colegio de gente más bien acomodada en Calcuta, para dedicarse a ayudar a los "más pobres de los pobres" en los tugurios más miserables del mundo. Cuenta el libro "Sé tú mi luz", lo duro que fue dejar todo lo que había vivido, su comunidad, sus amistades, para ponerse a levantar a muribundos en las calles de Calcuta. Sin embargo, llegó a ser uno de los más grandes personajes del siglo XX, juntamente con el Papa San Juan Pablo II, a recibir el Premio Nobel de la Paz y sobre todo fundar la Congregación de las Misioneras de la Caridad que trabaja en todo el mundo con las personas más abandonadas como los que sufren de SIDA y otros. Así la historia de la Iglesia cuenta con muchísimos casos similares de personas de todo tipo cuya fe hizo más que mover montañas físicas, sino cambió el mundo. 

Hace pocos años el Papa Benedicto XVI convocó el Año de la Fe, precisamente porque veía que cada vez más la fe se va debilitando en el mundo, y de manera especial en Europa. Una generación de padres se ha preocupado del bienestar material y han renunciado, explícita o implícitamente a la fe en Dios y en Jesucristo como fundamento de su vida. No la han comunicado a los hijos y se ha roto la cadena de la comunicación de la fe de una generación a otro en España y otros países después de casi 70 generaciones. Los resultados están a la vista, con un aumento vetriginoso de los suicidios entre los jóvenes, la búsqueda desesperada del placer a través del sexo, la droga, el alcohol en la forma del famoso "botellón" el entretenimiento en discotecas etc. Hay padres que se pesentana ante un juez para quitarse de la necesidad de dar alojamiento y alimento a sus hijos vagos que "ni estudian ni trabajan" (NINI). Hay otros padres que han hecho un esfuerzo notable por educar a sus hijos en la fe cristiana, pero éstos se han desviado dejándose guiar por el ambiente neopagano que hay y el qué dirán de los compañeros. Hay hasta cardenales  y obispos, y obviamente teólogos que desean adaptar la doctrina moral que la Iglesia ha enseñado a lo largo de sus 20 siglos de historia, basada en la doctrina de Jesucristo, al mundo actual. Sin embargo, en el evangelio constatamos que Jesús, al final del c. 6 del evangelio de San Juan en el que expone la doctrina de la Eucaristía como Pan de Vida, y muchos incluso de sus seguidores lo abandonaron. Dado que Jesús enseñaba la verdad, estaba dispuesto a no tener ningún discípulo si no aceptaban la verdad que anunciaba. Preguntó a los apóstoles si ellos también querían marcharse, y Pedro respondió de parte de todos: ¿A quién iremmos, tú tienes palabras de vida eterna?

Examinémonos en este domingo para descubrir si realmente tenemos una fe vida y operante, no meramente intelectual y teórica, y pidamos al Señor con las mismas palabras de los apóstoles: "Señor, aumenta nuestra fe". Esta petición no está pidiendo un milagro, pues la fe y la razón han de ser la estructura fundamental de nuestra vida, y si no se nota, es que no existe y casi no existe. 

sábado, 24 de septiembre de 2016

LA POBREZA

HOMILÍA PARA EL VIGÉSIMO SEXTO DOMINGO DE TIEMPO DURANTE EL AÑO, 25 DE SEPTIEMBRE DE 2010

Hoy nos toca reflexionar sobre  otra parábola que sólo San Lucas nos entrega y trata de uno de sus temas favoritas, es decir la pobreza y la riqueza. No es que San Lucas sea ni el primero ni el úlitmo en resaltar este aspecto que también se resalta fuertemente en el Antiguo Testamento y posteriormente en la predicación de los Padres de la Iglesia. Hoy nos toca escuchar la lectura de un pasaje del profeta Amós, que predicó en el siglo VIII en la parte norte de Tierra Santa. Le tocó vivir en un período de lo que hoy llamamos crecimiento económico. También como hoy en día, no se daba una distribución equitativa de la riqueza producida por el trabajo de todos. Los latifundistas y en general los nobles, allegados al rey y la corte vivían en el lujo, mientras los campesinos vivían en la miseria. Amós denuncia las injusticias de los nuevos ricos y les promete un desastre, es decir, el exilio, que de hecho se dio en el año 721, cuando el Rey de Asiria, el gran imperio de la época, conquistó Samaria, destruyó la ciudad y llevó a gran parte de la población al exilio en otras partes de su imperio, mientras llevó allí poblaciones de otras partes. Así empezó la dispersión del pueblo de Israel que continuó poco más de de un siglo después con la conquista de Jerusalén, su destrucción y la del templo de parte del rey de Babilonia, el nuevo imperio que sucedió al de Asiria, y en tres ocasiones llevó a miles de judíos al exilio. En los primero siglos de la Iglesia también se veía una preocupación por el tema de la pobreza y la riqueza, por ejemplo, en le caso de Clemente de Alejandría, que a principios del siglo III escribió una oba que se llama en latín Quis dives salvetur (qué rico se salvará). Se ve que en la época los cristianos se preocupaban acerca del hecho de que existían ya en la Iglesia algunos ricos, y viendo el mensaje de Jesús acerca de la dificultad que tendría el rico en salvarse, se preguntaban si algún rico se salvaría. También en el siglo IV y V, cuando se venía abajo el Imperio Romano, sobre todo en Occidente, y el gobierno para hacer frente a los desastres, tanto naturales, como las invasiones de los pueblos germánicos iba subiendo los impuestos a la clase media, ni qué decir de la clase pobre de manera que sólo unos cuantos ricos podían establecerse en unas grandes fincas rurales y a veces despreocuparse de la suerte de la gran mayoría de la población. Los obispos más elocuentes en la denuncia de las injusticias de los ricos y poderosos en contra de los pobres eran San Ambrosio de Milán y San Juan Cristóstomo que era Patriarca de Constantinopla. 

Todos nosotros tenemos la experiencia de haber encontrado a pordioseros por la calle que estiran la mano para pedir limosna. ¿Cómo reacionamos? Sobre todo cuando yo vivñia en Sudamérica, he tenido con mucha fecuencia este tipo de experiencia, algunas de ella negativas. Alguna vez, estando en el confesionario, llegó un tipo no a confesar sus pecados sino a pedir limosna. En otra ocasión me encontré con una pareja con un niño en la calle en las afueras de la catedral en la ciudad en Chile donde vivía. Me contaron que habían llegaod de Bolivia para vender zapatillas, pero al llegar alguno les había robado la mercancía. Los llevé a un supermercado a comprar unos víveres para ellos y a la estación de autobuses para comprarles un billete para llegar al menos al norte de Chile. Posteriormente supe que era todo un engaño y que habían engañado a otro sacerdote también. Unos años más tarde, se presentaron los mismos, y me andaban buscando y esta vez dijeron que eran de Brazil, pese a hablar español como nativos, no como segunda lengua. En otra ocasión, esta vez en Perú, me tocó celebrabrar la misa en la capilla del seminario, pues los domingos venían gente de fuera a la misa. Despuès de la misa me busca un señor de unos 35-40 años que andaba cojeando.  La experiencia me ha enseñado que normalmente cuando vienen a pedir hablar con un sacerdote es para pedir dinero. Me contó que era albañil y que se había caido de un andamio y que la empresa constructora no tenía seguro de accidentes de trabajo, que tenía que ir había estado en el hospital a operarse, que necesitaba dinero para comprar un medicamento que el hospital no le daba, que tenía muchos dolores. Para no alargar, le dije que no llevaba dinero y le reocmendé ir con una monja irlandesa que audaba en tales casos. Otro día, llegó a mi casa, sin saber yo cómo sabía donde vivía yo y me dijo que tenía dos hijos gemelos y que uno de ellos necesitaba una operación del pene que tenía problemas al orinar. Luego, me llamó muchas veces un señor que decía que era médico en el hospital e intentaba ayudarle, que si yo le daba tanto al señor, él iba a poder conseguirle las medicinas, que conseguía otras ayudas. Posteriormente, llegó varias veces más, y dijo que el niño se había muerto. Le pegunté donde vivía y le dije que fuera a hablar con el párroco de allí. Recibí otra llamada de uno que decía que era el párroco. Pedí a un amigo que averiguase  si era cierto, y él fue a hablar con el párroco y descubrimos que todo era una gran estafa. Como no le había pedido el DNI, cuando avisamos a la Policía, no pudieron hacer nada. Estos son tan sólo dos casos de los muchos que he tenido en esos países y algunos aquí en España también. Después de haber sido estafado varias veces, cuando me encontraba con uno en la calle que me pedía limosna, más bien no le daba nada, aunque a veces sí. He visto programas en la televisión que le dan seguimiento a algunos casos de los "cuenteros" que piden limosna en la calle y recogen más de lo que sería un sueldo de un profesional. Recomiendan dar aportaciones a Caritas y que vayan los pordioseros a la parroquia para pedir, pero luego dicen ellos que no les dan por no ser de la parroquia. Si van al Municipio, suelen decirles que vayan a la parroquia a pedir a Cáritas porque hay tanto tramiteo que tendría que esperar varias semanas. 

Debido a este tipo de mala experiencia, cuando nos piden limosna, solemos tener una buena lista de pretextos para no dar, como lo va a gastar en alcohol, o en droga, o sospechamos que será otro engaño o estafa.  No es fácil discernir, pero en tiempos de Jesús no existía ningún sistema de seguridad social ni red de protección para los más desmparados, como es el caso de Lázaro, uno de los dos protagonistas de nuestro parábola de hoy. San Lucas, siendo un verdadero maestro de estilo, nos pinta la escena con unos detalles conmovedores. Primero, nos dice el nombre del pobre y no se da el nombre del rico, aunque tradicionalmente se le llama Dives, que significa en latín rico. Lázaro se encuentra tirado a la puerta de la casa del rico, como hoy en día se encuentran a veces pordioseros o a la puerta de las iglesias o a la puerta de los supermercados. Su cuerpo está cubierto de úlceras. El rico, en cambio, se viste de púrpora y de lino fino. Hay que decir que el color púrpora era característico de la realeza por su gran precio, lo mismo dígase del lino, como es el caso hoy también que es muy costoso.  Banquetea suntuosamente, mientras a  Lázaro no  le daban ni "las migajas que caeían de la mesa del rico". 

Ambos mueren y les toca una suerte contraria a la que tuvieron en esta vida. Lázaro es acogido en "el seno de Abrahán, es decir un espacio abierto representando la acogida de Dios que ha intervenido en la historia del hombre en primer lugar con Abrahán y le ha prometido una tierra, es decir la verdadera tierra prometida que no solo mana leche y miel materiales, sino que es el verdadero descanso de los dolores y sufrimientos de este mundo. En cambio, al rico, debido a su soberbia, su egoismo y su olvido del bien de su prójimo, ahora se encuentra en el infierno con unos sufrimientos horrorosos. Recordemos que según el Evangelio de San Mateo (25,31-46), la materia del juicio final es precisamente si hemos dado de comer al hambriendo, si hemos dado de beber al sediento, si hemos visitado a los enfermos, a los presos etc. porque "cuando habéis hecho esto a uno de estos mis más peuqeños hermanos, a mí me lo hicieron.". En realidad, el rico no llegó al infierno por ser rico, sino por haber puesto su confianza en las riquezas y cerrado el corazón al pobre Lázaro tirado a su puerta. Eso mismo lo señala San Juan en su Primera Carta: "Si alguno tiene bienes en este mundo y cierra su corazón a su hermano en el dolor, ¿cómo puede el amor de Dios estar en él" (IJn 3,17). La Carta de Santiago nos dice algo similar: "Si un hermano o una hermana están desnudos y carecen del sustento diario,y alguno de vosotros les dice: «Idos en paz, calentaos y hartaos», pero no les dais lo necesario para el cuerpo, ¿de qué sirve. "

Si Dios permite que haya ricos, suponiendo que han adquerido sus riquezas en una manera moralmente recta, es que quiere algo del rico. El rico ha llegado a rico, si no es el caso de haber heredado la riqueza, debido al buen uso de los talentos que Dios le dio. Por lo tanto, Dios quiere que haga el bien con tales talentos. Por ejemplo, uno que tiene buena capacidad en los negocios, o es inventivo y debido a su talento ha acumulado mucho dinero, tiene un deber de hacer buen uso del dinero para bien de la comunidad. Si es un empresario, debería de crear más puestos de trabajo y tratar bien a sus trabajadores. Podría contribuir eficazmente a la ayuda de países pobres. Habiendo vivido en tres países en Sudamérica, he podido constatar que la solución a la pobreza no es regalar dinero a los pobres, sino intentar contribuir a que ellos mismos se levanten por sus propios esfuerzos y talentos y que tengan el apoyo necesario para hacerlo. De lo contrario, se puede caer en el mal que se denomina "asistencialismo" que tiene a crear una clase de gente que depende de subsidios del Estado o de ONG  y no hace nada para salir de la pobreza. Existen hoy en día unas buenas iniciativas para lograr este fin. La gente pobre tendría que ser protagonisita ella misma de su salida de la pobreza, y la mejor manera de lograrlo es que tengan unos puesto de trabajo seguros o la posibilidad de crear su pequeña o mini-empesa. El trabajo, es colaboración con el plan de Dios para la creación y una manera de desarrollar y perfeccionar a la pesona, como el Papa Sann Juan Pablo II señala en su Carta Encíclica Laborem exercens, 

Otro punto que cabe señalar es la respuesta de Jesús cuando el rico desde el infierno le pide a Abrahán que mande a Lázaro a avisar a sus hermanos para que al moririse no lleguen al infierno, Jesús responde "tienen a Moisés y a los profetas, que los escuchen".  Si no escuchan a ellos, tampoco van a escuchan a ellos, tampoco van a escuchar si un muerto resucita para avisarles. Es decir, no debemos esperar que venga alguna intervención milagrosa de Dios, una aparición de la Virgen María para movernos a la conversión, a abandonar nuestros malos hábitos basados en el egoísmo y el olvido del prójimo,sino escuchar atender a lo que Dios ha revelado y lo que predica la Iglesia. 

Todavía estamos en el Año de la Misericordia, pero debemos ser sensatos y no aceptar una noción equivocada de la misericordia de Dios, como si Dios fuera un bonachón a quien no le importa el mal que hacemos, que al final todos seremos salvados. No puede haber misericordia de Dios, si no hay arrepentimiento y cambio de vida de parte nuestra. Sólo tenemos esta vida para lograr hacer el bien, evitar el mal y al final alcanzar la salvación. Dios es misericordioso, pero esa verdad no está en pugna con su justicia. Si nosotros cerramos la puerta nuestoo corazón "al hermano en el dolor", Dios que nos ha regalado el libre albedrío va a respetar nuestras opciones y simplemente no puede salvar al que no quiere ser salvado. Cuando yo era niño y nos enseñaban el catecismo, que había memorizar, había una pregunta sobre el pecado de la presunción. Se decía en el antiguo catecismo que "la pesunción es la vana esperanza de alcanzar la salvación, sino hacer uso de los medios necesarios para alcanzarla". Hay un dicho en latín que reza qui vult finem, vult media, el que quiere el fin quuiere los medios. Se podría formular esta verdad al revés, es decir, el que no quiere el fin, tampoco quiere los medios. Si no queremos hacer el esfuerzo por alcanzar la salvación, tampoco vamos a poner los medios, porque nos exigen esfuerzo. No podemos ver claramente el premio que nos ofrece Dios, porque en esta vida caminamos en la fe, y una de las caracterñisticas de la fe es la oscuuidad, nos dedicamos como el rico Epulón a pasarla bien en este mundo y olvidarnos de  que la vida es breve, stentanta años, y ochenta para los fuertes, como dice la Biblia. Después viene el juicio. 

Todo mundo se considera buena persona y rara vez se consdera malo. Muchos dicen "yo soy buena persona, yo soy honrado etc.", pero luego tienen que reconocer que hacen cosas males, o dejan de hacer el bien. Nuestrra catadura moral depende de nuestras acciones buenas o malas, y por ende de los hábitos que formamos. Si son buenos, serán virtudes, si malos, vicios. No podemos decir, "yo soy buena persona, pero hago cosas malas". Es una contradicción.  Siempre tendremos una excusa porque somos los peores jueces en la propia causa. ¿Cómo es que los santos se consideran grandes pecadores? Seguramente el rico Epulón se consideraba buena persona, y tenia buenas intenciones, pero dejó que se cerrara su corazón a Lázaro que "estaba en el dolor". Podemos hacer algo conceto al haber reflexionado sobre este evangelio. Por ejemplo, podríamos decidirnos a contribuir a Cáritas o a Manos Unidas que son entes eclesiales que se dedican a la ayuda sistemática de los pobres. De esta manera también podremos evitar ser engañados por frescos como ha sido mi caso en varias ocasiones, como he contado arriba. Tenemos una serie de gastos que necesarimente tenemos que hacer, como es pagar el recibo de la luz, del agua, telèfono, etc. ¿No deberíamos calcular al hacer nuestro presupuesto unas contribuciones tanto a la Iglesia como a alguna obra de caridad, como las que he mencionado? También, Jesús quiere que seamos ordenados en nuestros gastos y actividades en general, pues para eso nos dio la razón. Santo Tomás de Aquino dice sapientis es ordinare, es propio del sabio ser ordenado.  Es cierto que algunos de los pordioseros que nos encontramos en la calle están en verdadera necesidad. San Alberto Hurtado, un santo Jesuita que fundó una gran organizaicón de beneficiencia en Chile, llamada Hogar de Cristo, decía que si nos engañan algunas veces, no debemos de dejar de dar limosna porque hay otras muchas ocasiones en las que sí se nos presenta la oportunidad de ayudar a una persona verdaderamente necesitada.