sábado, 20 de junio de 2020

LA MISIÓN PROFÉTICA DE TODOS LOS BAUTIZADOS

HOMILÍA DOMINGO 21 DE JUNIO DE 2020

Hoy nos toca una lectura impresionante del Profeta Jeremías. Probablemente, bastantes católicos no conocen mucho de este profeta. Salen algunas lecturas de a lo largo del los tres ciclos de lecturas bíblicas dominicales. Frecuentemente, la primera lectura de las Misas de Ordenaciones se proclama. Me acuerdo que se leyó en mi ordenación. Como es normal en la Biblia, se identifica al personaje diciendo de quién era hijo y de donde era. Era hijo de Jilquías, sacerdote de Anatot, que era un pequeño pueblo tal vez a unos 30 km de Jerusalén. Hay un desacuerdo sobre su fecha de nacimiento. Algunos sostienen que nació alrededor del año 651 a. C. mientras otros sostienen que fue el año 630 más o menos. En todo caso, vivió un una época de una grandísima crisis para el pequeño reino de Judá y obviamente para Jerusalén. Como en el caso de otros profetas, se nos presente el relato de su vocación profética: Dios se comunica con él y le dice: ""Antes de haberte formado yo en el seno materno, te conocía, y antes que nacieses, te tenía consagrado: yo profeta de las naciones te constituí.", Jeremías, como otros profetas con la excepción de Isaías no tiene muchas ganas de aceptar la misión que Dios le entregaba y pone la objeción de su escasa edad que era un muchacho y que no sabía hablar en público, posiblemente alrededor de 16 a 18 años, pero Dios insiste: ""No digas: «Soy un muchacho», pues adondequiera que yo te envíe irás, y todo lo que te mande dirás. 8.No les tengas miedo, que contigo estoy yo para salvarte - oráculo de Yahveh", Entonces, Dios alargó su mano la colocó  sobre su boca y le dijo: ""Mira que he puesto mis palabras en tu boca. 10.Desde hoy mismo te doy autoridad sobre las gentes y sobre los reinos para extirpar y destruir, para perder y derrocar, para reconstruir y plantar." Obviamente, Dios no le estaba entregando una misión fácil, pues extirpar y destruir, perder y derrocar no iba a poder realizarse sin mucha oposición, que es lo que caracterizó a Jeremías a lo largo de su vida. El profeta es uno que habla de parte de Dios y como sabemos son muchos que simplemente no quieren escuchar el mensaje de Dios porque se opone a sus planes y su búsqueda del placer, de la riqueza o del poder. 

La crisis que afectaba el Reino de Judá en la época de Jeremías era que el Rey de Babilonia, luego de haber derrocado el Imperio de Asiria en el año 609 a. C. , que igual que Babilonia se encuentra en lo que es ahora Irak,  como cualquier imperio se pone a dominar y exigir tributo a los pequeños países periféricos o conquistarlos e integrarlos en su imperio. Ese ere al plan del Rey Nabucodonosor de Babilonia de manera que mandó a su ejército dos veces a Jerusalén y se llevó al exilio en Babilonia un nutrido grupo de judíos, de la gente importante e influyente, incluyendo a sacerdotes, entre ellos el Profeta Ezequiel, que también era del estamento sacerdotal. Resulta que Dios le mandaba a Jeremías que profetizar en el templo y pidiera a la gente que se entregara al Rey de Babilonia. Había otra facción que esperaba que Egipto les ayudara, pero ningún profeta era favorable a someterse a Egipto porque Dios había sacado su pueblo de la opresión del Faraón en Egipto, y volver allí sería como una negación de todo lo que Dios había hecho a favor del pueblo. Muchos consideraban a Jeremías como un traidor por pedir que se entregaran al Rey de Babilonia, y de ahí la tremenda oposición que encontró de parte de los funcionarios, sacerdotes y falsos profetas. Es lo que constatamos en nuestra primera lectura, que forma parte de lo que se llama La Confesión de Jeremías. Proclamaba terror por todos lados y como hoy en día, nadie quiere escuchar un mensaje de terror y destrucción. Hasta sus amigos decían: "A ver si se deja seducir, y lo abatiremos, lo cogeremos y nos vengaremos de él.". 

Jeremías se dirige a Dios para lamentarse de su situación. El rey, manejado por sus consejeros, se opuso al Rey de Babilonia que puso sitio a Jerusalén y Jeremías había ido al templo a proclamar la palabra de Dios que indicaba que tenían que rendirse al Rey de Babilonia. Lo escuchó Pasjur, el jefe del Templo y lo metió en el calabozo, pero Jeremías le aseguró que él moriría a manos de los caldeos y que sus allegados serían conducidos a Babilonia al exilio. En esta situación, Jeremías se dirige a Dios: ""Me has seducido, Yahveh, y me dejé seducir; me has agarrado y me has podido. He sido la irrisión cotidiana: todos me remedaban.". Sin embargo, a pesar de su situación dice"No volveré a recordarlo, ni hablaré más en su Nombre.» Pero había en mi corazón algo así como fuego ardiente, prendido en mis huesos, y aunque yo trabajada por ahogarlo, no podía" y  "Pero Yahveh está conmigo, cual campeón poderoso. Y así mis perseguidores tropezarán impotentes; se avergonzarán mucho de su imprudencia: confusión eterna, inolvidable" (20,11). Pese a todo, Jeremías puede decir "pero Yahveh está conmigo, cual campeón poderoso". Para él, la Palabra de Dios es como un fuego ardiente dentro de sus huesos y no lo puede apagar. Como que la la fuerza la tiene que comunicar. Jeremías era una persona sensible, amante de su país y preocupado por la suerte de sus contemporáneos que iban a morir o ser llevados a Babilonia como exiliados, y no pudo callar lo que Dios le comunicaba. 

El Concilio Vaticano II afirma que todo bautizado es profeta, es decir, le corresponde proclamar la Palabra de Dios a los que están a su alrededor. Vivimos en un mundo de extremo secularismo y lo cómodo sería callar y evitar líos, pues la gran mayoría de la gente de hoy no quiere escuchar la Palabra de Dios. "Y así mis perseguidores tropezarán impotentes; se avergonzarán mucho de su imprudencia: confusión eterna, inolvidable".

 Vivimos en un mundo extremadamente secularista y relativista, como decía el Papa Benedicto, reina la dictadura del relativismo, y un gran porcentaje de la gente se opone  tajantemente a la Palabra de Dios, no la quieren escuchar y no es que sean tolerantes. . Es la primera vez en la historia de la humanidad en la que se quiere vivir la vida sin ninguna referencia a un Dios o creador ni hacerle caso a las exigencias morales. Muchos tienen su confianza en la ciencia como la única fuente de la verdad y consideran el planteamiento de la fe cristiana como mero mito a no ser tomado en serio y reaccionan con mucha virulencia como los contemporáneos de Jeremías. Probablemente la mayoría de los católicos se quedan callados, no comunican su fe, incluso entre sus familiares. Es un tema tabú. En el mundo actual prevalece la ideología masónica que proclama el secularismo, la supuesta tolerancia, aunque ellos son extremadamente intolerantes ante el cristianismo, Una norma de los masones que se que se habla de la religión ni la política en la logia, algo que ha sido asumido por muchos católicos. ¿Acaso algún político español y menos un francés, aunque sea católico,  menciona a Dios? Muchos católicos piensan que no les corresponde como laicos la misión profética, que es cosa de curas y monjas. Pero, ¡qué dice Jesús? Antes de subir al cielo les dijo a un gran grupo de sus seguidores en una montaña de Galilea " Id y hacen discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el Nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo y yo estaré con vosotros todos los días hasta el final de los tiempos" (Mt 28,16-20). Había un tiempo en el que en Europa se consideraba que esta comisión se había cumplido y para poder proclamar el evangelio había que ir a otra parte del mundo. Hoy en día, lo que hay es un nuevo paganismo, mucho peor que el paganismo que encontró San Pablo, que en buena medida estaba abierta a la proclamación del Evangelio. Entonces, uno tendría que pensar que ante esta apostasía generalizada todos los católicos están llamados a hacer un esfuerzo especial por evangelizar sea en la familia, en el lugar de trabajo, en cualquier circunstancia, pero son pocos los que asumen esta obligación, 
¿Si por el bautismo somos profetas, ¿a quién ha llegado nuestro mensaje? ¿Al menos hemos hecho un esfuerzo sincero y constante para darla a conocer como hizo el Profeta Jeremías aunque pocos querían hacerle caso? En el año 1969, el entonces Profesor Ratzinger, en una charla de radio en Alemania dejó una profecía sobre el futuro de la Iglesia, que a mi parecer se está cumpliendo ya hoy: "El futuro de la Iglesia puede venir y vendrá también hoy sólo de la fuerza de quienes tienen raíces profundas y viven de la plenitud pura de su fe. El futuro no vendrá de quienes sólo dan recetas. No vendrá de quienes sólo se adaptan al instante actual. No vendrá de quienes sólo critican a los demás y se toman a sí mismos como medida infalible.
Tampoco vendrá de quienes eligen sólo el camino más cómodo, de quienes evitan la pasión de la fe y declaran falso y superado, tiranía y legalismo, todo lo que es exigente para el ser humano, lo que le causa dolor y le obliga a renunciar a sí mismo. Digámoslo de forma positiva: el futuro de la Iglesia, también en esta ocasión, como siempre, quedará marcado de nuevo con el sello de los santos. Y, por tanto, por seres humanos que perciben más que las frases que son precisamente modernas. Por quienes pueden ver más que los otros, porque su vida abarca espacios más amplios.
La generosidad que libera a las personas se alcanza sólo en la paciencia de las pequeñas renuncias cotidianas a uno mismo. En esta pasión cotidiana, la única que permite al ser humano experimentar de cuántas formas diferentes, lo ata su propio yo, en esta pasión cotidiana y sólo en ella, se abre el ser humano poco a poco. Él solamente ve en la medida en que ha vivido y sufrido. Si hoy apenas podemos percibir aún a Dios, se debe a que nos resulta muy fácil evitarnos a nosotros mismos y huir de la profundidad de nuestra existencia, anestesiados por cualquier comodidad. Así, lo más profundo en nosotros sigue sin ser explorado. Si es verdad que sólo se ve bien con el corazón, ¡qué ciegos estamos todos!
¿Qué significa esto para nuestra pregunta? Significa que las grandes palabras de quienes nos profetizan una Iglesia sin Dios y sin fe son palabras vanas. No necesitamos una Iglesia que celebre el culto de la acción en oraciones políticas. Es completamente superflua y por eso desaparecerá por sí misma. Permanecerá la Iglesia de Jesucristo, la Iglesia que cree en el Dios que se ha hecho ser humano y que nos promete la vida más allá de la muerte.
De la misma manera, el sacerdote que sólo sea un funcionario social puede ser reemplazado por psicoterapeutas y otros especialistas. Pero seguirá siendo aún necesario el sacerdote que no es especialista, que no se queda al margen cuando aconseja en el ejercicio de su ministerio, sino que en nombre de Dios se pone a disposición de los demás y se entrega a ellos en sus tristezas, sus alegrías, su esperanza y su angustia.
Demos un paso más. También en esta ocasión, de la crisis de hoy surgirá mañana una Iglesia que habrá perdido mucho. Se hará pequeña, tendrá que empezar todo desde el principio. Ya no podrá llenar muchos de los edificios construidos en una coyuntura más favorable. Perderá adeptos, y con ellos muchos de sus privilegios en la sociedad. Se presentará, de un modo mucho más intenso que hasta ahora, como la comunidad de la libre voluntad, a la que sólo se puede acceder a través de una decisión. Como pequeña comunidad, reclamará con mucha más fuerza la iniciativa de cada uno de sus miembros.
Ciertamente conocerá también nuevas formas ministeriales y ordenará sacerdotes a cristianos probados que sigan ejerciendo su profesión: en muchas comunidades más pequeñas y en grupos sociales homogéneos la pastoral se ejercerá normalmente de este modo. Junto a estas formas seguirá siendo indispensable el sacerdote dedicado por entero al ejercicio del ministerio como hasta ahora. Pero en estos cambios que se pueden suponer, la Iglesia encontrará de nuevo y con toda la determinación lo que es esencial para ella, lo que siempre ha sido su centro: la fe en el Dios trinitario, en Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la ayuda del Espíritu que durará hasta el fin. La Iglesia reconocerá de nuevo en la fe y en la oración su verdadero centro y experimentará nuevamente los sacramentos como celebración y no como un problema de estructura litúrgica.
Será una Iglesia interiorizada, que no suspira por su mandato político y no flirtea con la izquierda ni con la derecha. Le resultará muy difícil. En efecto, el proceso de la cristalización y la clarificación le costará también muchas fuerzas preciosas. La hará pobre, la convertirá en una Iglesia de los pequeños. El proceso resultará aún más difícil porque habrá que eliminar tanto la estrechez de miras sectaria como la voluntariedad envalentonada. Se puede prever que todo esto requerirá tiempo.
El proceso será largo y laborioso, al igual que también fue muy largo el camino que llevó de los falsos progresismos, en vísperas de la revolución francesa –cuando también entre los obispos estaba de moda ridiculizar los dogmas y tal vez incluso dar a entender que ni siquiera la existencia de Dios era en modo alguno segura– hasta la renovación del siglo xix.
Pero tras la prueba de estas divisiones surgirá, de una Iglesia interiorizada y simplificada, una gran fuerza, porque los seres humanos serán indeciblemente solitarios en un mundo plenamente planificado. Experimentarán, cuando Dios haya desaparecido totalmente para ellos, su absoluta y horrible pobreza. Y entonces descubrirán la pequeña comunidad de los creyentes como algo totalmente nuevo. Como una esperanza importante para ellos, como una respuesta que siempre han buscado a tientas.
A mí me parece seguro que a la Iglesia le aguardan tiempos muy difíciles. Su verdadera crisis apenas ha comenzado todavía. Hay que contar con fuertes sacudidas. Pero yo estoy también totalmente seguro de lo que permanecerá al final: no la Iglesia del culto político, ya exánime, sino la Iglesia de la fe. Ciertamente ya no será nunca más la fuerza dominante en la sociedad en la medida en que lo era hasta hace poco tiempo. Pero florecerá de nuevo y se hará visible a los seres humanos como la patria que les da vida y esperanza más allá de la muerte.
La Iglesia católica sobrevivirá a pesar de los hombres y las mujeres, no necesariamente gracias a ellos. Y aun así, todavía nos queda trabajo por hacer. Debemos rezar y cultivar el autosacrificio, la generosidad, la lealtad, la devoción sacramental y una vida centrada en Cristo.
En 2007, se publicó Fe y futuro, un libro donde queda recogido al completo este discurso del padre Joseph Ratzinger. https://es.aleteia.org/2016/11/28/cuando-el-sacerdote-joseph-ratzinger-predijo-el-futuro-de-la-iglesia/
¿Cómo nos va en este momento ante tales desafíos?









sábado, 13 de junio de 2020

Corpus Christi

HOMILÍA EN LA SOLEMNIDAD DEL CUERPO Y LA SANGRE DEL SEÑOR, 14 DE JUNIO DE 2020.

Al estar preparando la homilía, me enteré de este caso: https://www.hispanidad.com/confidencial/satanismo-profanaciones-eucaristicas-se-disparan-en-espana_12019124_102.html Como sabemos en casi todo el mundo, por mandato de los gobiernos, las Iglesias han estado cerradas con el pretexto del coronavirus. Aquí se trata de un episodio que se dio en la ciudad de León en España en San Marcos, que es un edificio emblemático que se ha convertido en hotel de la cadena estatal Paradores de Turismo. Parte del conjunto arquitectónico es la Iglesia en la que se celebra la misa diaria. Un señor acude a la comunión y el ministro se da cuenta de que no consume la sagrada hostia sino que se va hacia la puerta. El ministro lo sigue y exige que o la consuma o la devuelva que no está permitido llevarla fuera de la Iglesia. El tipo se molesta y rompe la forma en dos- El personaje se declara católico y hace mención del Vaticano II, indicando que no es un ignorante ni un loco. Las sagradas hostias, aprovechando el hecho de que se da la comunión en la mano se llevan para ser profanadas y se comete sacrilegio en ritos satánicos. Esto se va dando con cada vez más frecuencia en España y en otros países y no hay ninguna defensa de tipo jurídico porque según el sistema liberal que rige en todo el mundo, no es más que llevarse un pedazo de pan ázimo que por otra parte el sacerdote da gratis a los que acuden a recibirlo.

Otro episodio preocupante que se ha dado hace unos meses es la encuesta realizada por el Instituto Pew de Washington a católicos que arroja como uno de los resultados que 70% de los participantes declararon no creer en la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía. El Concilio Vaticano II declaró que la Eucaristía es el centro y cumbre de toda la vida de la Iglesia, verdad que debería ser obvia a cualquier católico. Se trata del tesoro más grande que tiene la Iglesia y que desde los primerísimos tiempos ha celebrado y resguardado con gran devoción, como manifiesta San Pablo en su Primera Carta a los Corintios. Es verdad que a lo largo de los siglos ha habido unas herejías en torno a la Eucaristía. En el siglo XI, un teólogo francés llamado Berengario de Tours negó la transubstanciación, llamada por los Padres de la Iglesia sin excepción "transformación" o el hecho de que el pan y el vino se convierten o son transformados en el cuerpo y sangre de Jesucristo Nuestro Señor. Todo el ser de Jesucristo, cuerpo y alma, humanidad y divinidad se transforman y lo que era pan y vino deja de serlos y lo que hay a partir de la consagración en la misa es precisamente el Cuerpo y Sangre del Señor. Luego en el siglo XVI con los heresiarcas Lutero, Calvino y Zwingli se volvió a rechazar la auténtica doctrina de la Iglesia, que como digo, se remonta a los primerísimos tiempos de la Iglesia. Lutero proponía doctrina que se denomina consubstanciación o impanación, es decir sí se da un cambio de substancia pero queda al mismo tiempo el pan por lo cual se dice "impanación", y consubstanciación o sea que está presente el pan y Jesucristo, cosa que es imposible, pues cae en una contradicción y un atentado contra el principio de no contradicción, algo no puede ser dos cosas a la vez. Calvino y Zwingli proponían una variación de la idea de que lo que hay es que el pan y el vino son símbolos nos hacen recordar lo que hizo Jesús en la última cena. Estas falsas doctrinas fueron rechazadas en el Concilio de Trento y el verdadero doctrina de siempre.

A continuación, quiero presentar una reflexión acerca del pan y del vino y por qué el Señor escogió esos dos elementos para hacerse presente y seguir siendo presente entre nosotros de la manera más fuerte hasta su segunda venida o la parusía.  En primer lugar, sabemos que en muchos pasajes del Antiguo Testamento el cielo o la vida eterna se presenta como un banquete, sea banquete de bodas u otro tipo de banquete. Todos somos conscientes de la gran diferencia que hay entre como el hombre come y se alienta y los animales. Uno de los elementos más queridos y que siempre que nos reunimos queremos compartir comida y bebida y en la ocasión de grandes fiestas como bodas, celebraciones de la Navidad, la Pascua, cumpleaños y otros aniversarios lo hacemos con más solemnidad y se prepara con mayor esmero. Me acuerdo de una encuesta que se hizo en Australia en la que preguntaban a la gente sobre qué aspecto de la vida les da más alegría y la mayoría contestaba que era las ocasiones en las que compartían una comida o una cena con amigos y familiares, incluso más que los deportes o el sexo, Por ello, no es de extrañar que Jesús haya escogido el banquete eucarístico como adelanto del banquete celestial para que podamos cumplir su mandato "haced esto en memoria mía". Además, en la cultura judía, los banquetes ceremoniales como la Pascua eran muy comunes, y constatamos que Jesús compartía la mesa con frecuencia con amigos y también con fariseos, como por ejemplo en los casos de San Mateo y Zaqueo que eran recaudadores de impuestos y odiados por la gente, como se constata por la actitud de los fariseos. Compartir la mesa con uno significaba una comunión de vida. Hoy en día, en la época de la comida chatarra  cuando la gente, especialmente los jóvenes, sacan alguna comida preparada de la nevera y se pone a comerlo estando conectado a un teléfono móvil o delante del televisor. De hecho en Estados Unidos, no solamente ahora,  sino desde hace tiempo, se venden platos combinados completos congelados que se calienten en microondas y se llaman "almuerzo TV". Esta costumbre hace más difícil captar todo el simbolismo del banquete y del compartir la comida y por ende la vida que están detrás de la Eucaristía.

Como constatamos en el Padre Nuestro, Jesús nos propone la petición "danos hoy nuestro pan de cada día". La traducción correcta del griego que dice "arton epioousion" que sería "pan super substancial"- No se trata, pues de cualquier pan sino como dice San Juan "el pan de vida" que nos conduce a la vida eterna. En el ofertorio de la misa, el sacerdote eleva la patena con el pan y reza: "Bendito sea el Señor Dios del universo por este pan, fruto de la tierra y del trabajo del hombre que será para nosotros pan de vida". En el mundo mediterráneo donde vivía Jesús, el pan era el alimento básico, común y diario y en este sentido también "super substancial". Provenía del trigo como don de Dios que dependía también del agua y del sol, pero requería una intervención del hombre, que implicaba la siembra, la cosecha, todo el proceso de convertir el trigo en harina, el de convertir la harina en pan con el agua y la levadura además del trabajo de amasarla con las manos. Por otro lado, Dios prometía una nueva creación, cielos nuevos y tierra nueva de manera que todo el universo será transformado siendo el primer paso la Resurrección de Jesús y nuestra celebración de la Eucaristía una actualización del Misterio Pascual, de todo lo que hizo Jesús sobre todo su muerte y resurrección. En cuanto al vino, tiene otro simbolismo en la Biblia, pues sin vino no hay fiesta ni celebración como podemos constatar en el caso de a Boa de Caná (J 2). También la protesta presentan la época mesiánico como caracterizada por una abundancia de vino suculento. El vino simboliza la alegría, como reza el dicho latino "vinum laetificat cor" (el vino alegra el corazón"). Dios nos promete alegría y gozo abundantes y nuestra participación en la Sagrada Eucaristía es un adelante del gozo eterno que nos tiene reservado.

Desde el siglo XIII, cuando se creó la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Nuestro Señor, esta fiesta con su procesión ha sido una de las ocasiones de mayor alegría del pueblo cristiano. Decoraban las calles del recorrido de la solemne procesión con banderas y abundantes flores, además, la gente vestida con su mejor ropa. Se trata de una gran ocasión en la que el Señor es llevado solemnemente  por las calles donde normalmente se lleva a cabo los negocios y al final de  la solemne bendición con el Santísimo. ¡Cómo no celebrar con alegría la presencia del Señor que es paseado por las calles, manifestando así su presencia en medio de nosotros!. En esta época rara que nos toca vivir en el que los gobiernos nos han obligado a confinarnos en las casas, a tapar la boca con mascarillas y otras medidas poco justificadas, que esta celebración del Corpus Christi nos llene de alegría y nos recuerde que, aunque todavía vivimos "gimiendo y llorando en este valle de lágrimas", dándonos cuenta de que así como la muerte no pudo tener poder sobre Jesús, sino que resucitó gloriosamente en el Domingo de Pascua, nosotros resucitaremos plenamente con Él, para se cumpla el plan de Dios que no termina en la muerte sino en la vida sin fin".  "Esta es la morada de Dios con los hombres. Pondrá su morada entre ellos, y ellos serán su pueblo, y Él, Dios, con ellos será su Dios". Y enjugará toda lágrima de sus ojos y no habrá muerte ni llanto, ni gritos, ni fatigas porque el mundo viejo ya ha pasado" (Ap 21,4-5). 




sábado, 6 de junio de 2020

LA SANTÍSIMA TRINIDAD

HOMILÍA PARA LA SOLEMNIDAD DE LA SANTÍSIMA TRINIDAD, 7 DE JUNIO DE 2020

El domingo que sigue a Pentecostés lo dedica la Iglesia a recordar el misterio más grande y central del nuestra fe, el hecho de que Dios es una naturaleza y tres personas. Si nos fijamos, cada vez que nos persignamos lo hacemos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Si ponemos atención a la Santa Misa, veremos que desde el inicio hasta el final toda la oración de la Iglesia que es la Liturgia está dirigida al Padre, por Jesucristo su Hijo Nuestro Señor y el Espíritu Santo. No pocas personas piensan que no hace falta intentar reflexionar sobre este misterio, porque es un misterio y por ello más allá de nuestra capacidad de comprensión. Sabemos, como afirma Santo Tomás de Aquino, sabemos más sobre lo que Dios no es que lo que. San Agustín dice "Si comprehendis non est Deus", si lo comprende no es Dios. Es decir, Dios no forma parte de nuestro mundo que somos capaces de comprender. En todo caso, piensan que es una cuestión especulativa que poco o nada tiene que ver con la vida real y concreta, que se dediquen a reflexionar sobre la Trinidad los teólogos. Vamos a ver, pues que tal actitud esta´equivocada y que Dios no se ha revelado para satisfacer nuestra curiosidad sin para nuestra salvación, para que lleguemos dentro de lo posible a conocer el misterio de la creación y del hombre, que según nos dice el Libro del Génesis, Dios nos creó a su imagen y semejanza. Con la ayuda de las lecturas bíblicas que la Iglesia nos propone hoy procuraremos descubrir deberíamos interesarnos no solo del misterio del hombre sino que sin su relación a Dios que es uno y trino no es posible alcanzar a comprender al hombre, su naturaleza y  su destino

San Pablo en la breve segunda lectura, tomada del final de su Segunda Carta a los Corintios se despide de la comunidad con este deseo: "La gracia del Señor Jesucristo, el amor de Dios y la comunión del Espíritu Santo estén siempre con vosotros". Es uno de los textos importantes del Nuevo Testamento que en una frase se refiere a las tres personas y el aspecto central que se resalta es la gracia y el amor.   Otro texto emblemático que también resalta el amor es el del Evangelio de San Juan que nos toca escuchar hoy, 3,16: "Tanto amó Dios al mundo que para que no perezca ninguno de los que creen en Él sino que tengan vida eterna".

Pasemos ahora a nuestra `primera lectura, tomada del Libro del Éxodo. Se sitúa en el momento en el que después de recibir Moisés  las dos tablas de la Ley de Dios en el Monte de Sinaí y de haber descubierto que el Pueblo juntamente con Aarón estaba adorando el becerro de oro, y en su ira haber roto las tablas y hecho polvo del becerro, Moisés vuelve a subir al monte. Notemos que Moisés al subir la montaña entra en una nube. Es algo común en la Biblia, Dios se manifiesta en una densa nube, significando que, como hemos visto que no lo conocemos cara a cara en este mundo. Por experiencia probablemente sabemos lo difícil es conducir un coche en medio de una niebla pesada y cómo se ve muy poco. En las grandes fiestas, la Iglesia suele utilizar el incienso en la Misa. Además del olor, el significado de la quema del incienso es formar este tipo de ambiente. También en Sinaí cuando Moisés estaba en la montaña se veía relámpagos y fuego. Todo esto tiende a indicar que es imposible ver a Dios directamente, al menos en esta vida.

Podríamos preguntarnos si Dios no hubiera creado el universo y todos nosotros, igualmente sería: "compasivo y misericordioso", expresión que encontramos en nuestra primera lectura de hoy.  o si podríamos conocer estas características de Él". Obviamente, Dios no tenía ninguna necesidad de crear nada y si lo ha hecho es por pura bondad y el deseo de hacer que nosotros podamos participar en su felicidad eterna, o como dice San Juan "que tengamos vida eterna". Dado que la misericordia y la compasión son aspectos del amor, y en su Primera Carta, San Juan afirma que "Dios es amor", y San Juan Pablo II dice que la misericordia es el aspecto más exquisito del amor de Dios, no es algo  extra o secundario. Por otro lado, Santo Tomás de Aquino nos recuerda que "todo lo que hay en Dios es Dios". Posee la plena perfección de manera infinita.

A lo largo de los primeros siglos de la vida de la Iglesia, se dieron varias herejías en contra de la doctrina de la Santísima Trinidad. Esta doctrina era un obstáculo para que algunos judíos se hicieron cristianos debido a su monoteísmo extremo. La principal herejía que se dio fue la de Arrio, un sacerdote de Alejandría que decía que "hubo un tiempo en el que el Verbo no existía". Sí era la criatura primera y más perfecta pero no divino. Se celebraron muchos concilios y no pocos cristianos se sumaron a este error. El Concilio de Nicea del año 325 se enfrentó con este error y publicó el Credo de Nicea. Es el que recitamos en la Misa, excepto que fue completado por otro Concilio en Constantinopla (año 381) porque solo decía "creo en el Espíritu Santo" de manera que se suele llamar el Credo Niceno-constantinopolitano. En el tiempo entre los dos concilios, surgieron otros herejes que fueron llamados "enemigos del Espíritu Santo" porque negaban la divinidad del Espíritu Santo.

Vamos a comentar un poco más lo que es a mi parecer el aspecto central de la doctrina trinitaria resumida por San Juan en su Primera Carta cuando afirma que "Dios es amor" 4,8). El islam niega rotundamente que Alá tenga "asociados" que sería el pecado más grave concebible. Es un dios lejano con el que no se puede entrar en una relación y más bien parece un tirano. Si Dios es amor, tiene que haber uno que ama, que es el Padre, principio y fundamento de la divinidad, uno que es amado, que es el Hijo y el amor entre ellos o como dice San Pablo "la comunión" del Espíritu Santo. Podemos afirmar esto de Dos por lo que nos ha enseñado Jesús. San Agustín  en su obra maestra sobre la Trinidad se esfuerza por encontrar analogías y huellas de la trinidad en la creación y de manera especial en el hombre, imagen y semejanza de Dios. Por otra parte, si Dios nos ha creado con las características que tenemos y  nos invita a entrar en comunión con Él, eso tiene que necesariamente ser posible. Tenemos un alma espiritual  o inmaterial e inmortal, es decir, aunque está unida al cuerpo no depende tan radicalmente de la materia  que es capaz de una vida separada del cuerpo, precisamente cuando morimos hasta la resurrección al  final de los tiempos. Tiene que haber una cierta semejanza aunque obviamente la diferencia entre nosotros y Dios es mucho mayor para poder alcanzar la promesa de la vida eterna. Hace falta que haya una suerte de "enganche", para que podamos participar en la naturaleza divina (2 Pe 3-21).  Esto se llama la gracia, que como hemos señalado arriba, San Pablo menciona en nuestra segunda lectura de hoy. Se da una elevación de la naturaleza humana nuestra para que podamos llegar a esta comunión con las divinas personas, cosa simplemente imposibles para los meros animales, incluso los más perfectos de ellos como los monos.

Espero haber podido explicar por qué el Misterio de la Santísima Trinidad no es algo remoto que no tiene que ver con nuestra vida concreta, algo sobre el que bien podrán discutir los teólogos y lejano de nosotros. San Pablo decía a los filósofos de Atenas "en el vivimos, nos movemos y existimos".

sábado, 23 de mayo de 2020

LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR

HOMILÍA DE LA SOLEMNIDAD DE LA ASCENSIÓN DEL SEÑOR, 24 DE MAYO DE 2020

¿Cuál es la importancia de esta Fiesta de la Ascensión?

Una lectura superficial de nuestra primera lectura de hoy pudiera dar la impresión de que Jesús subió entre las nubes y que se encuentra alguna galaxia o algo así. Sabemos que después de la resurrección Jesús apareció a los apóstoles durante un tiempo, 40 días según San Lucas, es decir un periodo no muy largo. No se trata de un traslado físico, El Papa Benedicto XVI explica que la a resurrección de Jesús inaugura una nueva dimensión de la realidad. A lo largo de este periodo entre la resurrección y la Ascensión, Jesús aparecía y desapareció sin tener que someterse a las leyes de la física. También, el Domingo de la Resurrección se llama el octavo día, es decir,  se inaugura la nueva creación, el nuevo mundo. En la Biblia, para ayudarnos a comprender las cosas, se suele pensar que el cielo está arriba y el infierno abajo, y decimos que Jesús subió al cielo, pero  el cielo no es un espacio más allá de las nubes. En el Credo decimos que se siente a la derecha del Padre. Esta es una imagen política en cuanto que en la antigüedad el Rey se sentaba en su trono y el que estaría a su derecho sería algo así como su Primer Ministro, el que comparte con él el gobierno.

La segunda lectura de la Carta a los Hebreos nos ayuda a captar una dimensión importante de este misterio. El que escribió es carta debió de ser un sacerdote, o alguno con una gran familiaridad con el templo y su liturgia. Retomando la imagen de la Fiesta de la Expiación o Yom Kippur, Jesús como el Sumo Sacerdote entra en el Santo de los Santos, pasando el velo (6,9). El templo tenía tres espacios, en primer lugar el atrio y se entraba en la sala en la que se ofrecía incienso, y el parte más santa estaba separada por un velo, que según cuentan los evangelios, este velo se rompió en dos partes. En la sala interior que era cúbica, estaba en el caso del primer templo construido por Salomón estaba el Arca de la Alianza que contenías las tablas de la ley que Moisés recibió en Sinaí y restos del maná del desierto. El Sumo Sacerdote podía entrar allí una vez al año, en esa fiesta y ofrecer incienso. Luego se  extendía la mano sobre el chivo expiatorio que simbólicamente cargaba los pecados del pueblo y el chivo se mandaba al desierto.  y como hombre, ya resucitado con las llagas en las manos y los pies y la herida de la lanza en su costado entra en el espacio divino y toma su lugar a la derecha de Dios su Padre, "para juzgar a vivos y muertos". No es que Jesús desaparece de nosotros, sino que supera los límites del tiempo y espacio y ejerce su dominio sobre el universo, como señala nuestro evangelio de hoy: "Se me ha dado todo poder en el cielo y en la tierra". En su vida terrena durante su ministerio en Galilea y Jerusalén, solo pocas personas pudieron escucharle. Ahora, a través de la Iglesia tiene que alcanzar a todos los pueblos y reinar. Ya había prometido "yo estaré con vosotros todos los días hasta el fin del mundo".

Otro aspecto importante de esta fiesta, lo encontramos en nuestra primera lectura como en el evangelio, y es que al parecer, los apóstoles seguían viendo hacia el cielo. Aparecieron dos hombre, que podemos suponer que eran ángeles y les dicen: "Galileos, ¿qué hacéis ahí mirando al cielo? El mismo Jesús que os ha dejado para subir al cielo volverá como lo habéis visto  marcharse. En el evangelio les entrega la gran misión y predicar el evangelio hasta los confines de la tierra. Igualmente podemos notar en  olas apariciones del Señor resucitado, se les encomienda una misión. Aquí los ángeles les están llamando la atención, como diciendo que no es momento de estar viendo al cielo y de nostalgia, sino que hay una misión urgente que realizar. Por tanto, Jesús no se ha ido, sino que ha pasado a la nueva dimensión que llamamos el cielo desde donde dirige la Iglesia hasta su vuelta gloriosa  y lo hace a través de la acción del Espíritu Santo. Les correspondía reunirse juntamente con María en oración en espera de la venida del Espíritu Santo en Pentecostés que es el nacimiento de la Iglesia. Así como Jesús nació de María Santísima, convenía que ella, siendo también Madre de la Iglesia estuviera presente y activa en el nacimiento de la Iglesia.





sábado, 16 de mayo de 2020

DAR RAZÓN DE LA ESPERANZA QUE HAY EN NOSOTROS

HOMILÍA DEL VI DOMINGO DE PASCUA, CICLO A, 17 DE MAYO, 2020.

Vamos a reflexionar hoy sobre nuestra segunda lectura que, como los demás domingos de Pascua este año, está tomada de la Primera Carta de San Pedro. Primero escribe el apóstol: "Glorificad en vuestros corazones a Cristo Señor". Primero, Jesucristo el Señor está en nuestros corazones y eso a partir del bautismo a no ser que lo hayamos expulsado por haber cometido algún pecado mortal, El bautismo ha sido un momento absolutamente fundamental en nuestra vida cristiana, ha sido una nueva creación, se nos ha comunicado una nueva vida que es la participación a través de nuestra unión con Jesucristo de la vida divina, Por esto podemos glorificar al Señor Jesús. La palabra gloria en la Biblia se refiere a la manifestación de la bondad, de la grandeza de Dios, Tal vez estamos acostumbrados a estas ideas y no nos sorprenden ni producen asombro en nosotros.

San Pedro prosigue; "Estad siempre prontos para dar razón de vuestra esperanza a todo el que la pidiere". Analicemos lo que es la virtud teologal de la esperanza, El Papa Benedicto XVI en su carta Encíclica Spe Salvi escribe:  En efecto, « esperanza » es una palabra central de la fe bíblica, hasta el punto de que en muchos pasajes las palabras « fe » y « esperanza » parecen intercambiables. Así, la Carta a los Hebreos une estrechamente la « plenitud de la fe » (10,22) con la « firme confesión de la esperanza » (10,23). También cuando la Primera Carta de Pedro exhorta a los cristianos a estar siempre prontos para dar una respuesta sobre el logos –el sentido y la razón– de su esperanza (cf. 3,15), « esperanza » equivale a « fe ». El haber recibido como don una esperanza fiable fue determinante para la conciencia de los primeros cristianos, como se pone de manifiesto también cuando la existencia cristiana se compara con la vida anterior a la fe o con la situación de los seguidores de otras religiones. (2), 

Volviendo a lo que ha realizado el bautismo en nosotros, los teólogos explican que en primer lugar, la nueva creación y nueva vida a la que he aludido arriba tomando píe de lo que escribe San Pablo a los Romanos, consiste ante todo en lo que se llama la inhabitación de las tres divinas personas en nuestra alma. San Juan en su c.15 recoge el discurso de Jesús en la Última Cena y repite varias veces el verbo manein en griego que significa permanecer o hacer morada. La presencia de las tres divinas personas en nuestra alma no nos deja iguales, al contrario, nos transforma y eleva a un nuevo nivel de vida que es precisamente lo que significa una nueva creación. Es una realidad que en ningún caso podemos alcanzar nosotros. Esta transformación o elevación se llama también gracia santificante o gracia habitual. También los Padres Griegos la llamaban divinización o deificación, Esta nueva realidad se da en nuestro mismo ser, porque Dios ha creado al hombre con una apertura,  con la posibilidad de recibir este don inaudito. Ahora bien, eso no es todo. También esta nueva vida se tiene que manifestar en nuestros actos como potencia operativa que nos permite actuar y vivir según esta nueva realidad. Así también Dios nos infunde  las virtudes teologales de fe, esperanza y caridad. 

Como afirma Benedicto XVI, la fe se desarrolla o se manifiesta como esperanza. La fe es el primer paso de nuestra santificación y como explica San Pablo en su Carta a los Romanos, nos justifica. Se trata de un concepto técnico en la teología que significa pasar del pecado y la enemistad con Dios a la amistad y unión con él. San Pedro nos invita a "dar razón de la esperanza" que hay en nosotros. Utiliza la palabra logos que era un concepto fundamental para los griegos y que San Juan recoge al inicio de su Evangelio cuando escribe "En el principio era el Logos, y el Logos estaba con Dios y era Dios", refiriéndose al misterio de la Encarnación de la segunda Persona de la Sma. Trinidad. Logos significa razón y orden entre otros muchos matices que tiene. La esperanza tradicionalmente se ha considerado como la virtud o hábito que nos dispone a alcanzar un bien difícil (bonum arduum) pero posible. Obviamente, la esperanza para el cristiano consiste en la promesa de Dios de la salvación que no solo es difícil para nosotros sino imposible sin la gracia de Dios. El motivo de nuestra esperanza como cristianos es la misericordia infinita de Dios que no puede fallar en sus promesas. 
San Pablo dice "en esperanza fuimos salvados" y considera que mientras la fe se refiere a las cosas no vistas o de las que no tenemos una experiencia directa, la esperanza se refiera a las cosas no poseídas plenamente. Por ello, nuestra salvación sí es real, pero no se ha alcanzado plenamente. De ahí la importancia fundamental de la esperanza del cristiano en esta vida. San Pablo pensaba también que los paganos no tienen esperanza, pues sus dioses no son más que demonios e incapaces de realizar lo que nuestra naturaleza racional anhela que es la plena felicidad que obviamente no se alcanza en este mundo. Por ello, hemos de intentar explicar a los paganos, o en nuestro caso a los neopaganos, que hoy en día son una mayoría, aunque no pocos de ellos se dicen católicos, por qué nuestra esperanza existe, cómo Jesucristo sobre todo con su resurrección es nuestra esperanza, la única esperanza que no falla. 

San Pedro va más allá, y explica cómo hemos de dar razón de nuestra esperanza a los que no tienen fe: pero con mansedumbre y respeto y en buena conciencia, para que en aquello mismo en que sois calumniados queden confundidos los que denigran vuestra buena conducta en Cristo. En el diálogo con los no católicos, hemos de ser humildes y saber escuchar lo que dicen aceptando todo lo que es positivo y no con prepotencia. La palabra católico significa según la totalidad, es decir, todo lo que es verdad y lo positivo que tienen los no católicos forma parte de la fe católica  o no está con contradicción con ella, y hay que reconocerlo. No se trata de ganar un argumento sino de llegar a la verdad.  Hay que respetar al otro, pues si están el error, no es culpa suya sino que ha nacido en el paganismo y se requiere paciencia para conducirlo hacia la verdad plena. San Pablo  normalmente relaciona la esperanza con la paciencia y la perseverancia y utiliza la palabra hipómene en este caso, que sería un verbo auxiliar de la esperanza. 

San Pedro no se está refiriendo aquí a un grupo de teólogos o apologistas profesionales, sino a cualquier fiel. ¿Me doy cuenta de que a mí me corresponde dar  a los que no tienen fe o la tienen muy débil y poco desarrollado una explicación acerca de diversos puntos de la fe. ¿Y cuál es el mayor problema de los católicos respecta a su fe? Me parece que la respuesta de esta pregunta consiste en una sola palabra LA IGNORANCIA. 
Si no, ¿cómo se explica que según una encuesta reciente hecha en EEUU, 70% de los católicos no saben no creen en el dogma de la presencia real de Jesucristo en la Eucaristía, que el pan y el vino se transforma en el cuerpo y la sangre de Jesucristo? ¿Qué nivel de conocimiento tentemos de la Sagrada Escritura? San Jerónimo decía que "Ignorancia de la Sagrada Escritura es ignorancia de Jesucristo". Los niños y los jóvenes reciben una educación basada en el secularismo, el relativismo y no pocos de los profesores se burlan de la doctrina católica porque piensan que todo lo que no se puede demostrar con la ciencia es mito, leyenda etc. ¿Sabemos que se puede probar la existencia de Dios y que necesariamente el universo ha sido creado por él, que el hombre no es meramente un animal más evolucionado etc.? 

Si somos sinceros, no podemos decir que no tenemos tiempo para ir estudiando la fe, y descubriendo las respuestas a las dudas que podemos descubrir nosotros o en otros. Hay abundante material disponible hoy en día en Internet, por ejemplo el Catecismo de la Iglesia Católica en su versión completa o el Compendio, Videos con buenas explicaciones etc. No basta lo que recibimos en la catequesis cuando éramos niños, pues el traje del niño ya no nos sirve. ¿Y no será un pecado de omisión dejar de interesarnos por conocer la fe mejor y poder dar razón de la esperanza que hay en nosotros". 

sábado, 9 de mayo de 2020

SUPERANDO CONFLICTOS EN LA IGLESIA

HOMILÍA PARA EL V DOMINGO DE PASCUA, CICLO A, 10 10 DE MAYO DE 2020

El libro de los Hechos de los Apóstoles es de gran importancia para nosotros no solo por los múltiples datos que nos da acerca de los primeros pasos de la Iglesia en Jerusalén, las primeras persecuciones, cómo los primeros cristianos es decir, los diáconos como Felipe salieron a Samaría y  otras partes alrededor de Palestina a ser los primeros evangelizadores, la conversión de San Pablo y una multitud de datos acerca tanto su misión evangelizadora, y antes la de San Pedro, hasta terminar con la llegada de San Pablo a Roma. Recomiendo vivamente leerlo en estos días.

Nuestra primera lectura de hoy nos presenta las circunstancias de la creación del ministerio del diaconado. También nos presenta con una realidad que es común a cualquier grupo o comunidad humana incluyendo las familias, es decir, el hecho de que existen conflictos y que son inevitables, pero en este caso nos deja una pautas importantes para ir superando tales conflictos. La comunidad contenía dos grupos, uno oriundo de Palestina de habla aramea, la misma lengua que hablaba Jesús, pero en Jerusalén había sinagogas de judíos de la Diáspora y había en la Iglesia primitiva representantes de ambos grupos. Surgió un problema con las quejas de los de lengua griega porque en la atención a sus viudas consideraban que no se les daba suficiente atención o servicio.

Cabe señalar que los apóstoles, por ejemplo, San Pedro como Cabeza, no dictaron una solución, sino que convocaron una reunión de la comunidad para resolver el problema. También dijeron que no convenía que ellos se pusieran a la administración, sino ante todo tenían que dedicarse a la oración y a la Palabra de Dios. De hecho, todavía, los obispos, como sucesores de los apóstoles deberían de tener la misma prioridad. Tanto el Concilio Vaticano II como todos los papas posteriores han puesto hincapié en que la prioridad de la Iglesia es la evangelización que implica la predicación de la Palabra. En todo caso, antes de poder predicar hay que orar. Según el dicho de Santo Domingo repetido por Santo Tomás de Aquino, el apostolado consiste en "contemplata aliis tradere", "entregar a otros lo que uno ha contemplado, la Palabra de Dios que los invita a la conversión y el seguimiento del Señor.

Tampoco los apóstoles desestimaron la petición. Encomendaron a la comunidad a buscar entre la misma a siete hombres  "de buena fama, llenos de espíritu y de sabiduría" para atender los menesteres de la administración, y ellos les encomendarían ese ministerio. La Iglesia es el Cuerpo de Cristo y todos los miembros tienen que ser activos y contribuir a que todo funcione bien, y no esperar que las autoridades dicten las soluciones. Escogieron a los siete de acuerdo con los criterios mencionados- Cabe señalar que todos ellos tienen nombres griegos, pues eso convenía porque el problema surgió en esa parte de la comunidad. Se trata del tercer grado del Sacramento del Orden y por tanto les impusieron las manos significando el establecimiento del diaconado "de servicio". Ellos fueron los primeros en sufrir persecución, como sabemos por el caso de San Esteban, y tuvieron que irse de Jerusalén, lo cual fue la primera experiencia de evangelización.

De aquí podemos deducir que la Iglesia, aunque es de naturaleza jerárquica, no es una dictadura sino los miembros tienen que ser vivos y están llamados a la comunión y participación en la vida de la Iglesia según sus dones o carisma, como señala San Pablo en el c. 12 de su Primera Carta a los Corintios. Es así hoy en día también Los obispos, aunque están llamados a gobernar y santificar una Iglesia Particular, también colaboran con el Papa en el gobierno y la predicación de la Palabra en toda la Iglesia. Les corresponde también mantener la unidad de la Iglesia. Por ello, se han dado los concilios o sínodos  sea diocesanos, nacionales y ecuménicos. Cuentan también con la colaboración imprescindible de los sacerdotes en su propia diócesis. Igualmente, las comunidades religiosas suelen tener capítulos, a nivel local, provincial o general con el mismo fin de lograr que todos los miembros participen en el gobierno y la solución de los problemas que van surgiendo. Existen también consejos a nivel parroquial, diocesano etc.

Uno de los principios fundamentales de la Doctrina Social de la Iglesia,  que es la aplicación de la doctrina de la Iglesia a la vivencia de la comunidad humana, teniendo en cuenta los aspectos principales de la vida de la sociedad  como la familia, la política, el trabajo etc. Todo lo que se puede resolver a nivel local debe de resolverse a ese  nivel, siendo las capas superiores de gobierno como el regional o nacional, el Principio de la Subsidiaridad, También el Derecho Canónico indica que los fieles cristianos deberían de comunicar a los Pastores de la Iglesia sus preocupaciones o inquietudes acerca de la vida de la Iglesia. Por ello, los Pastores obviamente no deberían de ignorar tales comunicaciones sino responder oportunamente. El Espíritu Santo no reduce su acción a los jefes o autoridades sino que inspira y mueve a todos los miembros de la comunidad.

sábado, 2 de mayo de 2020

SUFRIENDO CON PACIENCIA

HOMILÍA DEL IV DOMINGO PASCUA, CILCO A, 3 DE MAYO DE 2020.

Este cuarto domingo de Pascua la lectura del Evangelio está tomada del c. 10 de San Juan que trata del Buen Pastor. Ya desde los años 60 del siglo pasado, el Papa Pablo  VI estableció ese domingo como Jornada de Oración por las vocaciones al sacerdocio y la vida consagrada. Podríamos preguntarnos por qué el papa sintió la necesidad de hacer eso, más allá del hecho de que considerara que escaseaban las vocaciones. En España, el promedio de la edad de los sacerdotes es mayor que los 60 año. Ha habido más de 900 conventos de clausura y poco a poco mucho se están cerrando dado que las monjas se van muriendo y no hay nuevas entradas. Algo está fallando en la Iglesia. El Papa Juan Pablo II decía que la comunidad católico tiene la obligación de asegurar a la Iglesia un número suficiente de sacerdotes y sin la vida religiosa la Iglesia no sería lo que debería de ser. Como todos los males que hay en nuestra Iglesia actual, se debe al debilitamiento de la fe en las familias y las comunidades debido a la secularización rampante de nuestros países. ¿Acaso la gente es más feliz prescindiendo de Jesucristo Nuestro Señor y del amor infinito que manifestó tanto con su doctrina como el ejemplo de entrega de su vida por amor hasta la cruz? Mientras pedimos al Señor que mueva a los jóvenes a considerar la grandeza de la vocación de la consagración a Él por el bien de la Iglesia y de las almas, pensemos también en cómo nosotros podríamos aumentar nuestra fe y propagarla a otros.

Me voy a fijar en la lectura de la Primera Carta de San Pedro que hemos escuchado hoy. El apóstol se dirigía a una comunidad o varias comunidades de cristianos "dispersos" que seguramente sufrían persecución y la carta intenta animarles para que  vivan esa situación con alegría y esperanza. Es un mensaje muy apropiado en este tiempo de Pascua y especialmente este año que no es como otros. "Si, obrando bien, soportáis el sufrimiento, hacéis cosa hermosa ante Dios". Cuando nos atacan o insultan ¿cuál es la actitud que comúnmente asumimos? Pues, no normal sería insular o atacar al que nos ha hecho ese daño. ¿Y se practicamos paciencia y no devolvemos mal por mal?   También si hemos hecho un favor a otra persona, o le hemos dado algún dinero para que pudiera atender algún apuro  y resulta que ni siquiera lo reconoce o da las gracias, obviamente no cae mal y si no decimos nada a otros, tendemos a pensar mal de esa persona. ¿Cuál es la actitud de Jesús en tales circunstancias? En el Sermón de la Montaña dice Jesús: "Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, orad por los que os persiguen" También dice"si amáis a los que os aman, "¿qué mérito tenéis? Incluso los paganos lo hacen". Manda que si nos piden prestado no exigir que devuelvan el bien prestado, etc. El motivo que da Jesús para este tipo de comportamiento es que seremos como nuestro Padre en el cielo que "hacen llover sobre malos y buenos". San Pedro recuerda a los cristianos de sus días que así hacen algo hermoso ante Dios. Eso porque Dios es amor y el amor consiste en querer y hacer el bien al otro en cuanto otro, no esperando algún beneficio por las obras de caridad que hacemos.

"Pues para esto habéis sido llamados, ya que también Cristo padeció su pasión por vosotros, dejándoos un ejemplo para que sigáis sus huellas."  Es decir, que Jesús cumplió en su vida lo que predicó. No podemos llamarnos de verdad cristianos si no seguimos en nuestra vida lo que Jesús predicó y practicó.  San Pedro recuerda a aquellos a quienes dirigía su carta el tipo de vida que llevaban antes de su conversión al cristianismo: "Andabais descarriados como ovejas, pero ahora habéis vuelto al pastor y guardián de vuestras vidas. Jesús es el Buen Pastor que guía a sus ovejas por el camino que lleva a su padre y es guardián de las ovejas. 

Además de pedir al Señor con gran confianza que envíe a buenos pastores a su Iglesia, que nosotros aprendamos a no ser ovejas descarriadas porque nos dejamos guiar por nuestros vicios y malas costumbres. Eso lo realizaremos solo si tenemos en mente el ejemplo y la palabra de Jesús. No seamos de los que dicen "Señor, Señor", sin hacer la voluntad del Señor.